La última sangre

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Summary

El mundo humano, con todo su amor y su violencia, se ha detenido por completo. De un instante a otro, las pantallas se apagan, la lluvia se congela en el aire y la humanidad entera es despojada de su alma por seres divinos e incomprensibles. Las deidades han dictado su veredicto: la humanidad es un error y debe pagar por sus pecados. Sin embargo, los dioses deciden otorgar un último acto de piedad y entretenimiento: un coliseo titánico donde más de 100 mil millones de almas humanas deberán presenciar una batalla, que al principio era para entretener a los dioses.

Genre
Fantasy
Author
Endher
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

La ascensión (parte 1)

La ascensión: El fin del Inicio (Parte 1) - (3 páginas)

El sol saliendo, llevándose la oscuridad y el sueño de la noche, al otro lado del mundo, desapareciendo, llevándose la luz y el trabajo del día.

Una madre que prepara el desayuno de sus hijos. El sonido del aceite salpicando. Los niños bajando de sus habitaciones con el uniforme puesto, el choque del zapato contra el suelo de madera, sus risas inocentes mostrando sus dientes perlados. El silbido de la tetera marcando que su interior está listo. El padre apareciendo vestido con un traje, sus manos cerca de su corbata, arreglando los últimos detalles. Se despide rápido para ir al trabajo, un beso tierno a su esposa y una risa sincera a sus hijos. El crujido de la puerta seguida de un golpe seco marcando que el padre se ha ido.

El murmullo de la televisión, los conductores presentando las noticias diarias. Un caso sin resolver, un crimen con un criminal que sale impune, un accidente que se pudo evitar, informes del clima por la lluvia repentina. El informe acaba, se da el inicio de un comercial, un hombre lanzándose desde un avión, un grito de victoria y en su mano una lata de Red Bull.

Afuera en la ciudad, las nubes ocultando el sol, el chapoteo continuo de la lluvia. El agua acumulándose en charcos, los pasos húmedos de la gente. En una mano el paraguas y el teléfono en la otra, se escuchaba el clic de los teclados, las vibraciones, los sonidos de espera, las notificaciones, los murmullos, el claxon de los vehículos, el sonido de cientos de personas yendo a su destino.

El silbido metálico del aeropuerto. En el cielo un vuelo comercial acaba de despegar, una pareja que el día anterior sello su amor frente a dios y el hombre, ambos recordando los aplausos. La promesa que les unió y el beso que lo confirmo, entre risas y besos, imaginan su futuro juntos, de fondo escuchando el zumbido constante de las turbinas del avión. El avión surcando los cielos por encima de las nubes.

Debajo de ellos, agricultores cosechando la siembra exitosa de arándano. En las instalaciones más trabajadores clasificando, dando el mejor producto con la mejor calidad. Los envases subidos a un camión, el golpe de un trabajador cerrando la puerta del vehículo, dando aviso que el producto esta colocado y sellado, el vehículo partiendo. El chirrido de la rueda y el golpe contra un bache. El producto llegando a un puerto, siendo colocados en un contenedor refrigerante. El estruendo de la bocina del navío rumbo al otro lado del mundo. El barco deteniéndose en un muelle de Asia, las luces brillantes y resplandecientes de la noche, el cielo estrellado y en medio, la luna recordando la inmensidad del universo.

Las madres arropando a sus hijos. Padres llegando del trabajo tras horas extras, el cansancio en sus ojos, pero la sonrisa genuina ante la escena de ver a su esposa arropando a sus hijos. Jóvenes aprovechando la noche para estudiar, repasar una última vez. Otros vistiéndose para una fiesta, para sentir el ritmo de la música y el alcohol en las venas.

Una pareja en la privacidad de su habitación, el sonido de la ciudad de fondo, pero solo importa ese momento. La mujer acostada en la cama, su espalda contra el respaldo de esta, sus manos cerca de su pecho descubierto, nerviosa sin poder mirar a su amado. El hombre temblando de anticipación, combinada con miedo y excitación, acercándose a su amada. Entonces, el amante la mira a los ojos para calmarla, el brillo en los ojos de ambos amantes cruzándose. Una sonrisa de confianza compartida. Los labios acercándose hasta estar conectados, un beso lento, los ojos de la chica cerrándose, sus manos despegándose de su pecho y envolviéndolas en el cuello de su amante para traerlo más cerca, su piel fundiéndose. El gemido ahogado de la mujer por el beso. Un sonido placentero al sentir la conexión intima. La promesa de un paso más cerca para una vida juntos.

Las sirenas de la policía aullando a lo lejos, Los perros ladrando a la calle. El sonido de un arma siendo recargada. La mirada fría de un individuo seguido de un estruendo que resuena y hace eco en las calles. El cuerpo de alguien sin vida chocando contra el asfalto, la sangre extendiéndose en el suelo, una mirada de horror seguida de un grito. El sonido del metal frio cayendo en el suelo, unas manos llevándose a la nuca, su mirada llena de arrepentimiento para algo demasiado tarde.

Cada aspecto de la tierra, su amor, su violencia, sus colores oscuros y claros, las tragedias, las felicitaciones, el trabajo, el descanso, las risas, el llanto, placer, así es el mundo humano y así ha sido por siempre.

Pero…

El mundo se detiene, los teléfonos fallan, la televisión, un siseo en cada dispositivo. Las pantallas gigantes en los edificios ahora oscuras, emitiendo nada.

Lo empleados se acercan al cristal del edificio, dejándoles de importar su empleo, todos sintiendo una fuerza que los impide voltear.

Las gotas de lluvia se quedan estáticas en el aire, ahora siendo cristales transparentes. El cielo se despeja no dejando rastro de las nubes grisáceas que había, los transeúntes bajando sus paraguas, elevando la mirada al cielo, los agricultores deteniendo su cosecha para mirar el cielo.

Los animales se detienen, dejan de comer, dejan de correr, no emiten sonido, bajan la cabeza, miran al cielo, una reverencia a su forma en cada espécimen.

Los vehículos no avanzan, los conductores bajan de sus coches. Las madres mirando al cielo con sus hijos en mano, los niños que nunca prestaban atención, sus ojos fijos en el cielo. Los pasajeros del avión notan el ambiente extraño, el avión no avanza, solo se quedó estático en el aire. Los pasajeros acercándose a ver por las ventanas del avión, el piloto y copiloto no pudiendo apartar su mirada de lo que tienen encima de ellos. Los oficiales tragando saliva, hipnotizados viendo el cielo que hace instantes era oscuro, el hombre que fue arrestado, mirando desde dentro de la patrulla.

Los jóvenes con botellas en la mano, el sonido cristalino de las botellas haciéndose añicos. La pareja se detiene frente al cristal, la mujer se cubre son las sábanas, aferrándose a ellas y el brazo de su amante, los ojos de la mujer luchaban por mirar a su amante por respuestas, pero una voluntad que no era la suya, le impedía apartar la mirada.

Los que estaban a punto de morir se levantan, sus heridas se cierran, sus huesos se reparan, el sangrado se detiene, los pacientes en coma, se acercan al cristal. Los que nunca habían caminado antes, se levantan. Los que nacieron ciegos, abren los ojos para mirarlo.

Los ancianos débiles, se levantan y alzan la mirada, los que nacieron sin piernas ahora completos se ponen de pie, los que alguna vez les dijeron que estarían toda su vida postrada en una cama, estaban parados, hipnotizados, atraídos por lo que hay en el cielo.

El que cayó, levantándose intacto solo para mirar hacia arriba, el que estaba encerrada siendo libre solo para presenciar la escena en lo alto.

Las celdas abriéndose, cada reo, saliendo solo para mirar el cielo. Los oficiales no tomándole importancia, el que estaba oculto, obligado a salir por motivos que no entiende.

El que estaba en el fondo del mar, arrastrado hacia la superficie en un instante, las tormentas desapareciendo, los incendios desapareciéndose, el calor no se sentía, el frio no existía.

El mundo en silencio. Solo el sonido de la brisa y el movimiento de las hojas. El tic tac del reloj detenido, la gente no se atrevía a hablar, no se atrevía a moverse, no se atrevía a respirar fuerte, no se atrevía a señalar, no se atrevía a parpadear ni apartar la mirada.

En diferentes partes del mundo miraban a diferentes direcciones. Pero todos veían lo mismo.

Seres brillantes en cielo, cubriendo por encima cada centímetro del mundo. Donde antes era de noche, parecía de día, y donde era de día se veía más brillante, las sombras dejaron de existir, pero nadie se atrevía a confirmarlo. Los seres brillaban intensamente pero no lastimaban los ojos, es más, obligaba más a verlos.

Los que estaban en el avión, incluso ellos no podían mirar hacia abajo, miraban hacia arriba, admirando a estos seres.

¿Ángeles? ¿Aliens? ¿Dioses? Se preguntaban las personas, pero sea lo que sea, era claro. Que esto iba a cambiar su mundo.

Una voz inundo la tierra, era una lengua nunca antes escuchada, aun así, cada humano la podía entender.

­ ­̶ Humanidad, habéis sido sentenciados ̶ Se oyó al unísono. ̶ Habéis sido considerados errores por quienes nos enviaron.­̶ continuo la voz.

El sonido venia en todas direcciones, por los costados, por delante, por detrás, por arriba y por debajo de sus pies, pero los humanos solo miran al frente. Sin más, empezaron a temblar, pero negándose a voltear, incluso el suelo bajo sus pies retumbo.

­ ̶ Los que alguna vez se les ha dado, ahora será arrebatado ̶ Sentencio la voz. ̶ El perdón ya es opción, ni mención.

̶ Los de arriba, los que nos mandaron, los que a ustedes les rezan, los que alaban- Dijeron las voces. ̶ Pero también a los que escupieron en su cara, olvidaron su poder, olvidaron lo que hicieron por ustedes.

Cada persona recordó sus pecados. Los que pasaba de largo por la iglesia, las palabras de maldición hacia quien tenia una mejor vida que ellos llenaron su cabeza.

Las infidelidades, las burlas y exclusión para los que eran diferente, los crimines de los que salían impunes.

Las parejas de amantes que se entregaron al placer aun no siendo marido y mujer.

Las personas que le negaron la moneda el mendigo y posada al necesitado, que se escondían antes los Testigos de Jehová, los que se olvidaron de sus padres ancianos y dejaron a sus enfermos a la suerte.