Bajo las olas del mar

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Summary

Lian siempre ha preferido mantenerse en segundo plano, refugiado en sus propios pensamientos y lidiando en secreto con su ansiedad social. Pero todo su mundo hace cortocircuito el día que Kimi entra por la puerta de su salón: un chico nuevo, luminoso, alegre y con una sonrisa que parece de otro mundo. El flechazo es inevitable. Dispuesto a todo para acercarse a él, Lian se adentra en el club de teatro de la preparatoria, creyendo que será su oportunidad perfecta. Sin embargo, el director del grupo tiene una sorpresa que pondrá el escenario de cabeza: la próxima presentación será una obra BL (Boys' Love). Pronto, lo que parecía un simple enamoramiento escolar se convierte en un caos de enredos dramáticos. Lian tendrá que sobrevivir a los celos de ver a Kimi actuando con otros, enfrentarse al regreso de su tóxico exnovio Diego (quien no está dispuesto a dejarle el camino libre), y tratar de no derretirse cada vez que Kimi se le acerca demasiado. Entre libretos, helados compartidos a escondidas y ensayos donde la actuación se confunde con la realidad, Lian descubrirá que Kimi no es solo un chico lindo. Para Kimi, estar a su lado es un refugio, un lugar tan tranquilo "como escuchar las olas del mar". Pero en el teatro escolar, el drama nunca se queda solo en el escenario. Cuando un desastroso malentendido amenaza con arruinar la noche del estreno y separarlos por completo, Lian tendrá que decidir si sigue escondiéndose detrás del telón, o si reúne el valor para confesar sus verdaderos sentimientos antes de que la obra llegue a su fin. ¿Qué pasa cuando el beso que debió ser falso despierta los sentimientos más reales?

Genre
Romance
Author
SinuCrash
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

El Chico Nuevo

Lian arrastraba los pies por la entrada de la preparatoria, soltando un suspiro pesado que demostraba toda su falta de energía.

—Qué flojera venir a la escuela —murmuró para sí mismo—. ¿Para qué vengo si nada más me la paso sentado? En fin, tengo clases y detesto llegar tarde.

Estaba a punto de acelerar el paso cuando una voz aguda rompió sus pensamientos desde el otro lado del patio.

—¡Liaaaaan! —gritó Samantha, agitando la mano para llamar su atención.

—¿Qué pasó, Sami? ¿Tienes clase? —preguntó él al acercarse.

—Ah, no. Es que no tengo clases a esta hora y quería ver si te querías quedar conmigo un rato.

Lian hizo una mueca de disculpa. —Perdóname, Sami, pero tengo taller y ya ves cómo es la maestra. Si quieres te busco en el receso y platicamos. Oye, por cierto... ¿Y Amelia? Vi que ya no se junta contigo.

El rostro de Samantha cambió de inmediato, recordando el drama. —Ya ves lo que pasó el otro día que nos peleamos... Pues ya no nos hemos hablado desde entonces. Así estuvo la cosa.

—Ohhh... —Lian se rascó la nuca. Como de costumbre, no sabía muy bien qué decir cuando se trataba de problemas ajenos—. Pues sí está feo. Pero bueno, ya me tengo que ir, nos vemos más tarde. ¡Bye!

Lian salió corriendo, esquivando a un par de estudiantes por los pasillos hasta llegar a su aula. Entró agitado, sudando un poco por el calor y la prisa, pero aliviado de haber llegado a tiempo. Se dejó caer en uno de los asientos de la primera fila, intentando recuperar el aire.

—Ay, qué calor... Todo por entretenerme platicando —se quejó en voz baja.

La maestra de taller no tardó en empezar a hablar, dictando su clase con su tono monótono de siempre. Lian, fiel a su costumbre, estaba completamente distraído mirando hacia la puerta, sin prestar la más mínima atención.

De repente, unos zapatos desconocidos aparecieron en el umbral. Lian parpadeó, volviendo a la realidad, y fue subiendo la mirada poco a poco, con curiosidad.

¿Quién es ese?, pensó.

El chico que estaba en la puerta tenía una sonrisa radiante y desprendía una energía alegre que iluminó todo el salón. —Buenos días, maestra, ¿puedo entrar? —preguntó con amabilidad.

La maestra asintió y le pidió que pasara al frente para presentarse. Mientras tanto, Lian se había quedado completamente congelado en su asiento, mirándolo fijamente como si estuviera hipnotizado.

—Buenos días, compañeros. Soy Kimi... —empezó a decir el chico nuevo, pero Lian ya no escuchaba nada más.

Qué... qué lindo es, gritaba la voz en la cabeza de Lian. Esa carita, ese pelo tan hermoso... El sol dándole directo en el rostro lo hace parecer un maldito ángel. ¿Qué es esto que siento? ¿Es amor? ¡Qué asco! Pero... De pronto, una emoción incontrolable recorrió todo su cuerpo. Su cerebro hizo cortocircuito. ¡No puede ser, me gusta! Para sorpresa y desgracia de los nervios de Lian, Kimi caminó por el pasillo y tomó asiento justo a su lado.

—Hola —le dijo Kimi, dedicándole una sonrisa casual.

Lian sintió que la sangre le subía a las mejillas. Estaba rojo como un tomate. —Ah... eh... h-hola —tartamudeó, torpemente.

Kimi soltó una pequeña risita tierna, se acomodó en su lugar y comenzó a escribir lo que la maestra estaba dictando.

Lian, por su parte, estaba colapsando internamente. ¡No puedo creerlo, me habló! ¡AAAAAAAAH! Completamente abrumado por el nerviosismo, Lian se escurrió en su silla, casi acostándose sobre el escritorio para esconder su rostro sonrojado.

—Lian, pon atención y anota —lo regañó la maestra de pronto, sacándolo de su ensoñación. Lian se enderezó de un salto y empezó a escribir a toda velocidad, aunque su mente seguía dándole vueltas a lo que acababa de pasar.

Cuando la clase terminó, Lian recogió sus cosas rápidamente. Se moría de ganas de hablarle a Kimi, pero su lado introvertido y antisocial le ganó la batalla. Terminó saliendo del aula en silencio.

Ya estaba cerca de la entrada principal de la escuela cuando sus amigas lo interceptaron. —¡Liaaaaan! —gritaron Samantha y Lia al unísono.

—¿Eh? ¿Qué pasa?

—Oye, ¿supiste del chico nuevo que entró? —dijo Samantha emocionada—. ¡Ahhh, es súper lindo!

—Sí, está precioso —suspiró Lia—. Desearía ser su novia.

Lian sintió una punzada inmediata de celos. Se cruzó de brazos, tratando de fingir total desinterés, como si Kimi fuera cualquier persona en el mundo. Aunque por dentro, ya había decidido que ese chico iba a ser suyo y de nadie más. —Ah, sí —respondió encogiéndose de hombros—. Está conmigo en la clase de taller. Tampoco es la gran cosa.

Samantha lo miró rodando los ojos. —Claro que sí, es guapísimo. Pero tú no lo entenderías.

Lian frunció el ceño, un poco molesto por el comentario. —¿Qué no entendería, eh?

—Nada, los hombres no entenderían esto de emocionarse por un chico —respondió Samantha, dándolo por hecho.

—Ahhh, bueno. Adiós —soltó Lian de mal humor, dándose la media vuelta para irse a su casa.

El camino de regreso fue puro coraje. ¡Cómo molestan!, pensaba. ¿Qué les pasa? Creen que por ser hombre no puedo entenderlas... Por favor. Al llegar a su habitación, tiró la mochila y se dejó caer de espaldas sobre su cama. Suspiró profundamente, dejando que el enojo se disipara para darle paso al verdadero motivo de su frustración.

—Dejando a esas locas de lado... Kimi en verdad es muy lindo —susurró en la habitación vacía. Al instante, sus mejillas se volvieron a teñir de rojo al recordar la sonrisa del chico nuevo—. No puedo creer que me haya vuelto a enamorar.

No pudo contenerlo más. Se dio la vuelta, hundió la cara contra la almohada y soltó un grito ahogado de pura emoción mientras pataleaba en la cama. ¡AAAAAAAAH! ***

Más tarde esa misma tarde, Lian caminaba por la calle encorvado y con cero ganas de vivir.

—¿Por qué tengo que ir al teatro? —se quejó al aire—. Pudiéndome quedar en mi casa imaginando cómo sería mi vida casado con Kimi...

Estaba tan sumergido en sus fantasías que casi choca con alguien. Levantó la vista y su corazón dio un vuelco. ¡Era Kimi!

Asustado por sus propios nervios, Lian saltó detrás de un muro cercano para esconderse. Se asomó con cuidado, observándolo desde lejos como si fuera un espía.

¿Qué hace él aquí?, se preguntó Lian, confundido. ¿A dónde irá? Decidió seguirlo sigilosamente, manteniendo su distancia. Para su enorme sorpresa, Kimi caminó directo hacia el centro cultural donde su grupo de teatro se reunía.

¡¿Quéeeeee?!, gritó la voz en su cabeza. ¿Qué va a hacer ahí? ¡Ay Dios mío! Bueno, cálmate, Lian. Tienes que aprovechar que va ahí para hablarle y así poder ser su novio. Es el destino. Lian tomó una gran bocanada de aire, arregló su ropa y entró al lugar tratando de verse lo más casual posible. Cuando llegó, Kimi ya se estaba presentando con el resto del grupo.

Kimi volteó y, al reconocerlo de la clase, le sonrió. —Ah, hola.

Los nervios traicioneros de Lian volvieron a atacar. —Ah... eh... h-hol...a.

El Profesor Axel, el director del grupo, dio unas palmadas para llamar la atención de todos. —Ok, chicos. Él es Kimi y se unirá a nuestro grupo de teatro. Denle una buena bienvenida.

—Gracias a todos —dijo Kimi amablemente, y luego se acercó a Lian—. Hola, tú debes ser Lian, ¿verdad?

—Este... sí. Y tú eres Kimi, ¿cierto? —respondió Lian, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho.

—Sí. Creo que llevamos el taller juntos, ¿no?

—Este... sí —Lian no podía dejar de mirarlo. Si antes le gustaba, ahora estaba oficialmente perdido.

El ensayo pasó volando. Lian apenas y pudo concentrarse en sus líneas por estar pendiente de los movimientos del chico nuevo. Cuando por fin terminó el día, Lian se acercó para despedirse.

—Bueno, nos vemos, Kimi. Hasta mañana —dijo, intentando sonar seguro.

—Hasta mañana, cuídate —se despidió Kimi con esa sonrisa que ya era la debilidad de Lian.

Lian salió del teatro caminando bajo un atardecer hermoso de tonos naranjas y rosados. El aire fresco le dio en el rostro y no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.

—¡Pude hablar con él! ¡Sí! —celebró en voz alta al cielo—. Esto fue grandioso.