Capítulo 1 Las personas rotas también brillan
La lluvia golpeaba suave las ventanas del departamento mientras la luz violeta del cartel de neón iluminaba la habitación de Noctis.
Todo estaba en silencio.
Excepto su cabeza.
Otra vez.
Noctis estaba sentada sobre el suelo, con las piernas pegadas al pecho y unos auriculares puestos que ni siquiera tenían música. Solo quería bloquear el mundo. Fingir que no existía. Fingir que todavía no le dolía.
Miró la pantalla de su celular.
3:12 AM.
Siete llamadas perdidas de su madre.
Dos mensajes de disculpas que sonaban exactamente iguales a los anteriores.
Y uno de Luna.
“¿Dormiste algo?”
Noctis soltó una risa seca.
Claro.
Dormir.
Como si su mente supiera hacerlo.
Escribió:
“Sí. Vos?”
Mintiendo, obviamente.
Luna respondió casi al instante.
“No te creo.”
Noctis sonrió apenas.
Eso era lo peor de Luna.
Siempre sabía.
Se dejó caer hacia atrás sobre la alfombra y miró el techo oscuro.
A veces sentía que estaba cansada desde hacía años.
Cansada de fingir que estaba bien.
Cansada de sobrevivir.
Cansada de personas que prometían quedarse y terminaban rompiéndola peor.
Y aun así…
seguía esperando que alguien la mirara de verdad.
El celular vibró otra vez.
Luna.
“¿Querés que vaya?”
Noctis cerró los ojos.
Y aunque quería decir que sí…
escribió:
“Estoy bien.”
Otra mentira.
Pero Luna ya las conocía todas.
—
A la mañana siguiente, el cielo seguía gris.
Noctis caminaba por la universidad con café frío en la mano y ojeras que ni el maquillaje podía esconder. La música indie sonaba baja en sus auriculares mientras evitaba mirar a la gente.
Odiaba los lugares llenos.
Demasiado ruido.
Demasiadas miradas.
Demasiadas personas fingiendo.
—¡NOCTIS!
La voz de Luna hizo que levantara la vista.
Ahí estaba.
Suéter lila gigante, cabello despeinado y esa expresión cálida que siempre hacía que el mundo pareciera un poco menos horrible.
—Tenés cara de haber llorado —dijo Luna apenas llegó a su lado.
—Y vos tenés cara de meterte en asuntos ajenos.
—Entonces seguimos siendo nosotras.
Noctis sonrió apenas.
Luna la observó unos segundos más.
Analizando.
Como siempre.
—¿Tu mamá otra vez?
Noctis apartó la mirada.
Y eso fue suficiente respuesta.
Luna suspiró suave antes de tomarle la mano por unos segundos.
Un gesto pequeño.
Pero con Luna, todo lo pequeño significaba muchísimo.
—Vení —dijo—. Te traje matcha.
—Te amo.
Luna la miró unos segundos demasiado largos.
Y sonrió.
Pero había algo triste en esa sonrisa.
Algo que Noctis todavía no notaba.
—
La cafetería de la universidad estaba llena.
Noctis odiaba eso.
Por eso se sentó en la esquina más alejada mientras Luna hablaba de alguna serie que había visto la noche anterior.
Noctis fingía escuchar.
Porque en realidad estaba perdida mirando la lluvia caer detrás de la ventana.
Hasta que alguien chocó contra su mesa.
El café se derramó.
—Mierda, perdón.
Una voz grave.
Noctis levantó la vista automáticamente.
Y el tiempo se congeló un segundo.
Un chico alto.
Cabello oscuro desordenado.
Ojos verdes cansados.
Buzo negro.
Cadena plateada.
Tenía cara de alguien que dormía poco y pensaba demasiado.
El chico agarró rápido unas servilletas.
—En serio, perdón. Soy un desastre.
Noctis lo miró sin decir nada.
Porque algo raro acababa de pasarle en el pecho.
Algo incómodo.
Algo que no entendió.
Luna arqueó una ceja observándolos.
—No pasa nada —respondió ella por Noctis.
El chico levantó la vista otra vez.
Y esta vez sí miró directamente a Noctis.
Como si intentara descifrarla.
—¿Segura?
Noctis tragó saliva.
¿Por qué lo estaba mirando así?
—Sí —dijo finalmente.
Corto.
Frío.
Defensivo.
Como siempre.
Pero el chico sonrió apenas.
—Bueno… gracias por no matarme entonces.
Luna soltó una risita.
Noctis no.
Aunque por dentro sintió algo extraño.
El chico acomodó la mochila sobre su hombro.
—Soy Mateo, por cierto.
Luna respondió primero.
—Luna.
Después miró a Noctis esperando que hablara.
Ella dudó un segundo.
—Noctis.
Y algo cambió en la expresión de Mateo cuando escuchó ese nombre.
Como si le hubiera gustado demasiado.
—Lindo nombre.
Noctis apartó la mirada inmediatamente.
Perfecto.
Otro chico intenso.
Justo lo que necesitaba.
Mateo hizo un gesto con la mano antes de alejarse hacia otra mesa.
Y apenas desapareció entre la gente, Luna sonrió lentamente.
—Ahhh.
—¿Qué?
—Nada.
—Luna.
—Te miró muchísimo.
—Literalmente me tiró café encima.
—Sí, y aun así parecía enamorado.
Noctis rodó los ojos.
—Los hombres me cansan.
—Ese no parecía como “los hombres”.
Noctis volvió a mirar hacia donde estaba Mateo.
Y lo encontró viéndola otra vez.
Los dos apartaron la mirada al mismo tiempo.
El corazón de Noctis latió raro.
Muy raro.
Y eso le molestó.
Porque ella ya había aprendido algo hacía mucho tiempo:
sentir demasiado siempre terminaba destruyéndola.
—
Esa noche, Noctis estaba acostada mirando el techo mientras sonaba música lo-fi bajita.
No podía dormir.
Otra vez.
Y lo peor era que seguía pensando en esos ojos verdes.
Ridículo.
Ni siquiera conocía a Mateo.
Probablemente era otro chico lindo con problemas de ego y traumas mal resueltos.
Nada nuevo.
El celular vibró.
Luna.
“¿Estás pensando en él?”
Noctis abrió mucho los ojos.
“Qué carajo.”
“Te conozco.”
Noctis mordió suave su labio.
Y después de unos segundos escribió:
“No sé.”
Luna tardó más en responder esta vez.
“Eso es peor.”
Noctis se quedó mirando ese mensaje durante mucho tiempo.
Porque por primera vez en muchísimo tiempo…
alguien había logrado desordenarle la cabeza sin siquiera intentarlo.
Y eso daba miedo.
Muchísimo miedo.