La asesina del rey

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Summary

Sasha solo tenía una misión: matar a Ragnar Monroe. El hombre más peligroso del país. El rey de la mafia. Mano Negra. Pero todo cambia la noche en que Ragnar decide salvarle la vida en lugar de matarla. Ahora Sasha está atrapada entre traiciones, sangre y una guerra mafiosa que amenaza con destruirlos a ambos. Y lo peor de todo… es que el hombre que debería odiarla empieza a convertirse en su mayor protección. ✨ Mafia romance ✨ Enemies to lovers ✨ Slow burn ✨ Obsesión ✨ Tensión peligrosa

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

El rey de la mafia

Soy el puto amo de la mafia, tengo el título del “rey de la mafia”, soy el más poderoso de los mafioso, heredero de la mafia de mis padres que impulse con mi propio negocio. Mis padres, Helena y Eduardo, mafiosos retirados, viven en gran paz y tranquilidad.

Hoy decidí ir a visitarlos, solo para recibir el típico discurso de mi madre.

-¡Deberías de conseguir una novia! Ya tienes edad para buscar a alguien y casarte-

Dejó escapar un suspiro pesado, el humo de mi cigarrillo flota en el aire. Mis ojos se clavaron en mi madre con una mezcla de fastidio y arrogancia.

-Mamá, por el amor de Dios, no empieces con tus dramas de sociedad. No tengo tiempo para juegos ni para perder el tiempo con mujeres que solo buscan mi cuenta bancaria-

Exhaló el humo lentamente, acomodándome la chaqueta de mi traje hecho a medida. Solo esperaba dejar en claro que no estaba de humor para sermones sobre matrimonio.

-Tengo un imperio que mantener y enemigos que vigilar. Una esposa es solo un blanco más para alguien como Víktor Calloway- Ese maldito desgraciado era mi mayor enemigo. No me tenía respeto y se creía superior a mi, pobre idiota

Mi madre suspira

-¡Ragnar Thomas Monroe, cuando me darás nietos!-

Odio cuando usa mi nombre, por eso prefiero que me digan “Ghots” para los amigos y “Mano negra” para los subordinados. La única persona que soporto es mi madre.

Suelto una carcajada seca, carente de humor, mientras aplastaba la ceniza de su cigarrillo en el cenicero de cristal.

-¿Nietos? Mamá, no soy un animal de cría. Mi prioridad es que la familia Monroe siga siendo la más temida de este maldito país, no llenar la mansión de niños llorones-

Caminé hacia la ventana, observando mi McLaren estacionado en el jardín.

-Si quieres descendencia, busca a alguien que tenga más paciencia que yo. Yo no tengo tiempo para una mujer y menos para jugar a la casita-

Después de esa discusión y de cenar en “Familia” me devuelvo a mi mansión

Llegó a la habitación, me desabrocho la camisa y me doy una ducha, después me pongo al más cómodo para poder relajarme. Lo cual dura poco al ver el balcón abierto… mierda, alguien había entrado a la habitación por el balcón. “Acaso mis hombres son tan idiotas que no se dieron cuenta” pienso, mientras agarró mi arma pero ya es muy tarde. Siento que alguien me agarra por la espalda y me pone un cuchillo en el cuello, carajo, hoy si es mi día de suerte.

Al sentir el frío metal contra su piel y el cuerpo de alguien presionando mi espalda, su cuerpo se tensó como una cuerda de violín. A pesar de la sorpresa, mi expresión no mostró miedo, sino una furia fría y letal.

-Maldita sea…- Gruñí, intentando no forcejear para no cortar mi propia garganta.

-¿Quién te crees que eres para entrar en mi santuario de esta forma? Si no retiras ese juguete de mi cuello ahora mismo, te aseguro que lo último que verás será mi cara antes de que te envíe al infierno-

Trato de escapar pero el atacante me corta el cuello, no muy profundo pero si sangro.

Un gemido de dolor contenido escapó de mis labios cuando sentí el ardor de la hoja surcando su piel. La sangre, caliente y espesa, comenzó a resbalar por su cuello, manchando el cuello de su camisa blanca.

-¡Hijo de puta!- Gire con una agilidad impropia de su tamaño. Ignorando la herida, use mi peso y fuerza muscular para intentar zafarse del agarre, mientras su mano buscaba desesperadamente el arma para responder al ataque

Al voltear noto que la persona está encapuchada, lleva una ropa negra apegada al cuerpo… es una mujer. Se nota por la forma de sus pechos. Y caderas, sin mencionar la cintura.

“¿Una mujer? ¿Una maldita mujer intentando matarme?” Pensé sentí un destello de sorpresa mezclado con un deseo oscuro al notar la silueta de la intrusa; a pesar del corte en su cuello, sus ojos recorrieron la curva de sus pechos y la estrechez de su cintura bajo la ropa negra.

-Así que estas jugando a ser asesina…- dije con voz ronca, ignorando el rastro de sangre que bajaba por su cuello mientras intentaba sujetar la muñeca de ella con mi mano

-¿Crees que puedes entrar en mi casa y salir viva después de tratar de matarme?-

La mujer pelea cuerpo a cuerpo conmigo, tengo que admitir que era ágil y buena en combate. Pero en un movimiento logro sacarle la capucha. No era una asesina cualquiera; era una visión de pecado. Unos ojos verdes felinos, cabello negro azabache y unos labios carnosos que gritaban peligro.

-Maldita sea…- Susurre, mientras la acorralaba contra la pared, ignorando mi propia herida. -¿Quién demonios eres tú?-

Ella se gira y la muy hija de perra me patea en los testículos.

El impacto fue seco y brutal. Solté un gruñido ahogado, mi cuerpo se dobló involuntariamente mientras el dolor agudo me nublaba la vista.

-¡Puta madre…!- escupí entre dientes, jadeando mientras intentaba recuperar el aire. La herida de mi cuello palpitaba, pero la punzada en mis testículos era mucho más incapacitante.

A pesar de la agonía, no me quedé de brazos cruzados. Aprovechando la inercia del golpe, lanzó un manotazo cargado de furia.

-¡Te voy a romper en mil pedazos, maldita pera!- rugí

La mujer me golpea en la mandíbula y antes de que pudiera recuperarme, la mujer se deslizó con la gracia de un felino hacia el balcón y desapareció en la oscuridad de la noche.

-¡Maldita sea! ¡Vuelve aquí!- rugí , apretando los puños con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos. Me quedó de pie en medio de su habitación, jadeando, con la sangre de su cuello goteando sobre el suelo y un dolor punzante aún recorriéndome el cuerpo.

Me llevó una mano a la herida, sintiendo el calor del líquido rojo. Mis ojos grises buscaron desesperadamente la silueta en la oscuridad, pero no había rastro de ella. Sin embargo, la imagen de esos ojos verdes y esos labios carnosos me quedó grabada en la mente como una marca de fuego. Una sonrisa torcida y peligrosa apareció en su rostro.

-Te voy a encontrar, nena. Tarde o temprano- dije, pensando en cómo podía matarla