LIKE A MOM

Summary

La existencia de Binnie ya no era calma y sosiego, ¡Era un caos absoluto! Sin mencionar las incontables ocasiones en que se le veía correr de un lado a otro, debido a nada más y nada menos que “Chris”, un chico “singular” que conoció en un hospital cuando se sometía a un análisis clínico. Chris llega a la vida de Binnie para darle un vuelco radical, dandole la oportunidad de experimentar una vida como si fuera una “Madre”.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Diagnóstico Imposible


Siempre creí que la vida era igual para todos, una serie de eventos predecibles como el ciclo de las estaciones: resfriados pasajeros, huesos rotos que sanan con el tiempo y dolores que, eventualmente, desaparecen. Pero ese día... ese día aprendí que el destino puede reírse en tu cara, lanzándote sorpresas que jamás habrías imaginado.

**Atentamente: ChangBin.**

La mañana era gris y fría, como todas últimamente, pero la verdadera molestia para ChangBin estaba en su propio cuerpo. Llevaba semanas arrastrando una punzada constante y una pesadez extraña en el pecho que no lo dejaba vivir en paz. El simple hecho de pensar en hospitales le provocaba escalofríos, pero el dolor se había vuelto insoportable. Había llegado el momento de enfrentarlo.

El consultorio del hospital era un espacio aséptico y helado. ChangBin se sentó en una silla que parecía diseñada para maximizar la incomodidad, rodeado de paredes grises y artefactos médicos que solo acentuaban su ansiedad. Sus manos no paraban quietas, jugueteando con el borde de su chaqueta mientras esperaba que el médico revisara sus análisis. Cada segundo de silencio se sentía eterno.

El crujir del papel de la radiografía rompió el tenso silencio sepulcral. El doctor Jay lo examinaba fijamente, mostrando una mueca en el rostro; una mezcla de sorpresa, duda y fascinación que puso a ChangBin al límite de los nervios.

—Bueno... según lo que veo en las placas, esto definitivamente sobresale... —comentó el doctor, desviando la mirada de la radiografía directamente hacia el pecho de ChangBin.

—¿Qué? —ChangBin bajó la vista de golpe. De pronto, sintió sus propios pectorales extraños, como si no formaran parte de su cuerpo. Un calor súbito le subió a las mejillas y se cubrió el pecho de manera instintiva, sin entender a qué se refería.

El médico suspiró, dejando la radiografía sobre el escritorio, y cruzó las manos.

—ChangBin, lo que te está pasando... dentro de lo que cabe, es biológicamente posible, así que no tienes por qué alarmarte. Tus síntomas son causados por una sobreproducción de leche.

—¿¡Qué!? —El aire se le escapó de los pulmones. Casi se atraganta con sus propias palabras. Se quedó boquiabierto, completamente incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.

—Eres un caso sumamente raro, del diez por ciento de la población masculina capaz de desarrollarlo, para ser exactos. Tienes una producción de leche considerablemente alta, lo que está provocando la inflamación y el dolor en tus pectorales —explicó el doctor, esbozando una leve sonrisa para intentar suavizar el impacto del diagnóstico.

—¿Es una broma, verdad? —ChangBin soltó una risa nerviosa, buscando desesperadamente cualquier indicio de que fuera un chiste—. Doctor, esto no tiene ningún sentido. ¿Está seguro de que no confundió mis análisis?

—Desearía decirte que es una broma de mal gusto, pero los laboratorios no mienten. Es completamente real —El doctor Jay hizo una pequeña pausa, acomodándose en su asiento, y adoptó una postura un poco más relajada, casi pícara—. Mira, en realidad no es una enfermedad. Hay hombres con la capacidad de lactar, y en tu caso, si quieres calmar las molestias, necesitarás drenar ese exceso de inmediato, o tus pechos se inflamarán y dolerán el doble. Existe una forma de hacerlo de manera natural y sencilla, que en este caso sería... pues...

El médico guardó silencio, clavando una mirada sugerente en el pecho bien formado de ChangBin.

La angustia y la confusión estaban carcomiendo vivo a ChangBin. La intriga por saber qué estaba sugiriendo el doctor lo estaba matando.

—¿Cómo qué?... —preguntó en un hilo de voz, imitando el gesto del médico y bajando la mirada hacia su propio torso.

—Pues, prácticamente ya estás listo para amamantar. No estás enfermo y, por lo que veo en los estudios, es leche de muy buena calidad. Así que si tienes a alguien que... —El doctor no pudo terminar la frase.

—¡¿Qué?! ¡No, no! ¡De ninguna manera! —interrumpió ChangBin, con el rostro encendido en un rojo carmesí. Se cubrió el pecho con ambas manos, completamente avergonzado, clavando la mirada en el suelo para no sostenerle la mímica al doctor—. ¡No pienso hacer algo así!

—Aun así, tendrás que buscar la forma de extraerla si quieres aliviar la presión —agregó el médico, recuperando la compostura profesional—. Te recomiendo que no lo dejes pasar, u hoy mismo sentirás el doble de dolor y pesadez, ¿de acuerdo?

ChangBin salió del consultorio en un estado de shock absoluto. Caminaba por los pasillos con una profunda sensación de irrealidad, como si estuviera atrapado en una pesadilla de la que no podía despertar. El diagnóstico lo había tomado con la guardia baja; después de todo, que te digan que tienes la habilidad de producir leche no es algo que suceda todos los días.

Se detuvo un momento antes de cruzar las puertas principales y miró de reojo el sobre con los análisis. Dejó salir el aire que retenía en el pecho y trató de calmar sus pensamientos. *Quizás no sea tan malo... pudo haber sido peor*, pensó, intentando darse ánimos. Aunque sentía que su mundo estructurado se venía abajo, también sabía que no ganaba nada huyendo.

Dio una larga bocanada de aire, enderezó la espalda y avanzó con pasos decisivos hacia la salida del hospital. Tenía un problema que resolver, y el dolor en su pecho le recordaba que debía encontrar una solución muy pronto.