MI VOZ SIN MI

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Summary

Gastina siempre soñó con vivir de la música, pero en un mundo donde los likes parecen valer más que el talento, su voz nunca logra ser escuchada. Después de perder a su banda, ser comparada constantemente y quedar opacada por Nova,el dúo pop más famoso del momento liderado por su ex y la estrella Rebecca. Gastina entra al reality musical Quiero Tu Voz decidida a demostrar que todavía hay lugar para algo real. Entre rivalidades, canciones,romances inesperados y la presión de volverse viral, Gastina formará una nueva banda junto a un grupo de chicos tan rotos y distintos como ella. Pero mientras el público empieza a convertirlos en fenómeno, la competencia dejará de tratarse solo de música. Porque en un escenario donde todos quieren brillar... perderse a uno mismo puede ser el precio de la fama. © 2026 Ana Bartoli. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, su distribución, adaptación, comercialización o comunicación pública por cualquier medio, sin la autorización previa y por escrito de la autora. Los personajes, situaciones, nombres y acontecimientos contenidos en esta obra son propiedad intelectual de su autora y se encuentran protegidos por las leyes de derechos de autor. Cualquier similitud con hechos o personas reales es mera coincidencia.

Genre
Young Adult
Author
Ana
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1: La sombra de Nova

Fui derrotada, ¿y saben por quién? Por mi ex.

Qué pasa si descubrís que tu voz, esa que creías capaz de conquistar al mundo, es completamente invisible para los demás?

Desde niña me enseñaron a sonreír, a brillar, a no fallar nunca. Pero nadie me dio un manual sobre cómo sobrevivir cuando, a pesar de darlo todo, el resultado es el mismo: el silencio del público y la sombra de quienes acaban de quitarte el lugar. Estaba frente al espejo, viendo a una chica que necesitaba desesperadamente ser suficiente, y por primera vez, no sabía cómo lograrlo.

El StarSound Live no era solo un concurso; era la única medida real del éxito que buscaba nuevos ídolos musicales.

Era un caos organizado de bandas, dúos y un murmullo incesante que te taladraba los oídos, recordándote que, en ese lugar, solo importaba quién lograba quedarse con el sobre que el conductor sostenía entre sus manos.

Yo estaba allí, en el centro, con los ojos cerrados y las manos apretadas con mucha fuerza. Rezaba, o algo parecido. Sonreía esperando el veredicto que, según mi cabeza, cambiaría mi vida para siempre.

—La banda ganadora es... el dúo pop. Nova.

El aire se escapó de mis pulmones. El mundo se detuvo. La voz del conductor se convirtió en un eco metálico, distorsionado, que rebotaba en las paredes de mi cráneo: Nova... Nova... Nova. No era solo un nombre; era el sonido de mi fracaso confirmado.


Habíamos hecho el saludo final con el equipo, una coreografía de esperanza que hoy me parecía una burla. Por eso tengo que ser la mejor,me repetía como un mantra. Es la única manera de sentirme suficiente.Pero ahí estaba la realidad, golpeándome de frente: Vértigo(mi banda), había quedado en el olvido, mientras Nova (Cristian y Rebecca)  festejaban la victoria con un beso.

—Ese es... —balbuceé, con la voz rota.

—Tu ex —completó Tessa, mi guitarrista, a mi lado.

—Y su nueva novia —añadí yo, sintiendo cómo el calor de la indignación empezaba a hervir bajo mi piel—Rebecca, la influencer del momento.

Rebecca tomó el micrófono. Su voz, melosa y calculada, inundó el lugar como un veneno dulce.—Gracias a todos los que votaron por nosotros —decía ella, con esa seguridad que a mí siempre me faltaba—Es un honor contar con su apoyo y ganar este premio que es de ustedes también.

—Los amamos —añadió Cristian.

Sentí que el suelo se abría bajo mis pies. ¿Qué hacía yo ahí? ¿Qué valía mi lucha si al final el algoritmo y la fama prefabricada siempre ganaban?

—¿Qué se hace ahora? —pregunté, sin esperar realmente una respuesta.

Tessa me puso una mano en el hombro, un gesto cargado de impotencia. Me alejé del escenario sintiendo que, con cada paso, me alejaba también de la versión de mí misma que todavía creía que el talento era suficiente.


Salí del teatro, empujando la puerta con la esperanza de que el aire fresco de la noche calmara el fuego que sentía en el pecho. Los carteles de neón del StarSound Live aún titilaban, un recordatorio constante del logo del concurso que ya se sentía como una marca de mi fracaso.

Afuera, el escenario era otro. Una marea de fans se amontonaba contra las vallas, con sus carteles en alto y los celulares encendidos, listos para capturar el momento exacto en que alguien se convertía en leyenda. La prensa, con sus micrófonos extendidos como armas y sus cámaras listas para disparar, esperaba solo a los elegidos, a aquellos cuyas caras venderían más portadas.

Caminé entre la gente, buscando mi lugar en esa vorágine de gritos y flashes. Miré a los rostros que me rodeaban, pero nadie me devolvió la mirada; pasé entre ellos como si fuera invisible. De repente, una fan me hizo señas con las manos. Mi corazón dio un vuelco, una chispa de ilusión recorriéndome la espalda mientras me acercaba, lista para el reconocimiento que tanto ansiaba.

—Perdón, ¿sabés si ya salió Nova? —preguntó ella, sin ni siquiera reparar en quién era yo.

Sentí cómo el corazón se me hundía, arrastrando conmigo cualquier rastro de esperanza.

—No, no salió aún —respondí, forzando una sonrisa que me costó un mundo mantener.

Entonces, la puerta principal se abrió de golpe. Los flashes estallaron, cegándome, y la multitud se enloqueció ante la aparición de Cristian y Rebecca, tomados de la mano, saludando como la pareja que el mundo entero había decidido coronar. Yo me quedé a unos metros, observando cómo la realidad se inclinaba ante ellos, mientras yo, una vez más, me desvanecía en la oscuridad que rodeaba su luz.

La multitud aullaba, un rugido ensordecedor que parecía adorar a los dos seres que tenían frente a ellos. Rebecca, con esa sonrisa melosa que parecía ensayada frente al espejo cada mañana, tiraba besos al aire mientras los flashes la envolvían como si fuera la única fuente de luz en el planeta. Cristian, a su lado, posaba con una soberbia que me resultaba irreconocible, acomodándose el cabello mientras los periodistas gritaban su nombre, llamándolos "la pareja del año".

El ruido comenzó a atenuarse en mis oídos, transformándose en un zumbido lejano, como si el mundo real estuviera alejándose y yo me quedara atrapada en una burbuja de silencio. Las luces de los flashes giraban alrededor de ellos, orbitando su éxito, dejándome a mí en una oscuridad absoluta.

Entonces, lo vi. Cristian me había visto entre la multitud.

Se separó del grupo de fotógrafos con una facilidad insultante y se acercó a donde yo estaba, con esa sonrisa de superioridad que solía guardarse solo para las victorias.

—¿Qué pasa, Gasti? ¿Todavía asimilando la derrota? —soltó, con un tono que pretendía ser casual pero que rezumaba veneno. Me miró de arriba abajo, como si pudiera ver mi indignación—Supongo que ahora entendés quién es el mejor.

Sentí cómo la rabia se encendía en mi pecho, una llama contenida que amenazaba con consumirme, pero me obligué a mantener la calma. No iba a darle el gusto de verme llorar.

—Vos podés tener las cámaras hoy... —respondí, mi voz firme a pesar de todo—Pero las luces cambian de dirección más rápido de lo que creés.

Cristian se quedó en silencio, momentáneamente descolocado por mi respuesta. Antes de que pudiera decir algo más, la voz de Rebecca se alzó por encima del griterío desde el otro lado de la calle.

—¡Cris! ¡Vení, nos están esperando para la nota exclusiva! —gritó ella, reclamando su propiedad.

Él me lanzó una última mirada, una mezcla extraña de desprecio y un nerviosismo que intentaba ocultar a toda costa, y dio media vuelta para volver junto a su novia. Las cámaras, como girasoles buscando el sol, giraron inmediatamente hacia ellos, dejándome sola, anclada en medio del bullicio, mientras mi propia voz intentaba encontrar el camino de regreso.


El rock no había muerto, solo estaba siendo ignorado. Y yo, que siempre había sido la chica que no fallaba, estaba a punto de aprender que a veces, para volver a brillar, primero hay que romper el guion que otros escribieron para vos.