Chapter 1
Capítulo 1
La chica de la lluvia 🌧️
La lluvia golpeaba el techo del taller como si quisiera atravesarlo.
El sonido metálico se mezclaba con motores, herramientas cayendo y uno que otro insulto perdido entre los trabajadores cansados. El aire olía a aceite, tierra mojada y café viejo.
Él odiaba los días lluviosos.
Porque los días lluviosos hacían pensar demasiado.
—¡Ya vete a tu casa, Gael! —gritó uno de los compañeros mientras cerraba el portón—. Pareces alma en pena parado ahí.
Gael levantó la mano sin responder.
Estaba agotado.
Tenía polvo en la ropa, las manos llenas de grasa y un dolor horrible en la espalda. Otro día igual. Otra noche igual.
Suspiró y tomó su sudadera negra.
La lluvia seguía cayendo fuerte afuera.
—Perfecto… —murmuró.
Caminó hacia la salida mientras revisaba su celular. Sin mensajes. Sin llamadas. Nada nuevo.
Como siempre.
Pero entonces la vio.
Sentada bajo el pequeño techo de una tienda cerrada, una chica movía lentamente los pies mientras observaba la lluvia caer.
Llevaba un enorme suéter gris y unos tenis completamente mojados.
Y estaba sonriendo.
Como si el clima no le molestara en absoluto.
Gael frunció el ceño.
“Qué raro…”
La mayoría corría de la lluvia.
Ella parecía disfrutarla.
Cuando pasó frente a ella, la chica levantó la mirada.
Y sonrió todavía más.
—Oye —dijo de repente—. ¿Siempre haces esa cara de que quieres golpear a alguien?
Gael se quedó serio unos segundos.
Luego soltó una pequeña risa nasal.
—Depende del día.
—Entonces hoy sí quieres golpear gente.
—Tal vez.
Ella soltó una carcajada suave.
Y por alguna razón… eso le molestó un poco.
No porque fuera desagradable.
Sino porque hacía mucho tiempo que no escuchaba una risa tan genuina.
Gael intentó seguir caminando.
—Espera —dijo ella.
Él volteó apenas.
—¿Qué?
La chica señaló el cielo.
—Huele diferente cuando llueve de noche.
Gael arqueó una ceja.
—Eso no tiene sentido.
—Claro que sí.
Ella cerró los ojos un momento.
—La lluvia de noche huele a recuerdos.
Él la observó como si estuviera loca.
—Definitivamente estás rara.
—Y tú definitivamente estás triste.
Eso lo hizo quedarse callado.
Porque nadie decía esas cosas así de fácil.
La lluvia seguía cayendo entre ambos.
Gael apartó la mirada.
—Ni siquiera te conozco.
—Sofía —respondió ella extendiendo la mano—. Mucho gusto, señor amargado.
Él miró su mano unos segundos antes de estrecharla.
—Gael.
—Mucho gusto, Gael.
Y aunque él todavía no lo sabía…
esa noche acabaría convirtiéndose en una de las más importantes de toda su vida. 💔