El Yerno ah Despertado

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Summary

Yuto despierta en un cuerpo distinto al suyo. el cuerpo de Ye Chen, considerado el yerno inutil de una gran familia.

Genre
Drama
Author
Spawn96
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1 El Despertar del Dios de la Guerra

El silencio de la habitación no era paz, sino el vacío absoluto que precede a la creación. En el centro de esa penumbra, la consciencia de Ye Chen—un joven cuya existencia había sido una letanía de debilidad y humillación— se extinguió como una vela bajo un huracán. En su lugar, una marea de energía primordial, antigua y violenta, reclamó el derecho de propiedad sobre el recipiente de carne.

Fue un proceso de una violencia sensorial inaudita. El aire se saturó instantáneamente con el aroma metálico del ozono y el estruendo de una galaxia colapsando en el núcleo de su pecho. La fragilidad de Ye Chen fue devorada por la energía volcánica de Yuto Van Hellsing. Se escuchó el crujido seco de los huesos reseteándose y el restallido de los tendones tensándose bajo una presión estática que hacía vibrar las paredes. No era un simple renacimiento; era la colonización de un mundo inferior por una entidad que había olvidado el significado de la derrota. El destino, ese hilo que ata a los hombres a su miseria, se quebró con el peso de un dios que acababa de reclamar su trono de carne.

La transformación no fue un milagro etéreo, sino una reconfiguración biológica de precisión quirúrgica. Bajo la piel, las fibras musculares se tejieron de nuevo, densas y eficientes como cables de acero, eliminando cualquier rastro de la antigua anemia. La estructura ósea se expandió, alargándose hasta alcanzar la estatura perfecta, mientras la grasa desaparecía para revelar unos abdominales marcados con la exactitud de un cincel sobre mármol.

El cambio más sobrenatural se manifestó en su cabeza. Hebra por hebra, el pigmento negro se lixivió de su cabello hasta quedar de un blanco purísimo y corto, cayendo en un peinado impecable que ninguna mano humana había tocado. Sus ojos, antes nublados por la duda, se abrieron para revelar un azul profundo, una mirada acerada que parecía contener el frío de los espacios intergalácticos. Su rostro se esculpió en una belleza etérea y única en el mundo, una simetría tan absoluta que resultaba ofensiva para la lógica mortal. A sus 28 años, Yuto Van Hellsing habitaba ahora un cuerpo que representaba el apogeo físico de la especie, una transfiguración divina que desafiaba las leyes de la anatomía.

Yuto levantó su mano derecha. La observó no como un hombre mira su extremidad, sino como un monarca examina el arma más letal de su arsenal. Podía sentir el pulso de la realidad vibrando bajo sus yemas. El mundo se sentía frágil, casi bidimensional.

“Este mundo es pequeño”, pensó. Sus ideas no eran dudas, sino decretos.“Inmortal. Ilimitado. Absoluto.”

No había rastro de la mortalidad en su mente. Comprendió que las leyes de la física eran ahora meras sugerencias que él permitía que existieran. Era una entidad superior en un patio de juegos de insectos. Observó su nuevo ser en el reflejo de una ventana oscura y sonrió con una autoridad incuestionable. Ya no era una víctima del sistema; era el sistema mismo.

La epifanía fue interrumpida por el chillido estridente de un teléfono. Yuto no se sobresaltó; simplemente desplazó su mirada azul hacia el dispositivo, cuya vibración parecía patética ante su presencia. Al presionar el botón de respuesta, una voz cargada de una arrogancia clínica y sistémica llenó el espacio. Era el mayordomo de la familia Wang.

—¿Sigues desperdiciando oxígeno, Ye Chen? —la voz del hombre era fría, con el desprecio que uno reserva para una mancha en el suelo que no termina de salir—. Escucha con atención, porque no malgastaré más aire contigo. Hoy es el 80 cumpleaños de la matriarca de la familia Wang. Se llevará a cabo en el Hotel Imperial. Tu asistencia es obligatoria por protocolo, no por deseo. Asegúrate de limpiar tu miseria antes de presentarte; la señora no tolerará que su basura personal avergüence a los invitados de honor. No llegues tarde, o te asegurarás de que tu próximo techo sea el cielo raso.

El mayordomo colgó sin esperar respuesta, tratando a Yuto como un subordinado que ni siquiera merecía la cortesía de un adiós.

Yuto Van Hellsing bajó el teléfono con una indiferencia implacable. No hubo ira en su mirada, pues un dios no se enfurece con el zumbido de un mosquito; simplemente decide cuándo aplastarlo. Una sonrisa enigmática y cargada de una intención oscura curvó sus labios mientras se ajustaba el cuello de la camisa, sintiendo la potencia de su nuevo físico.

—Estaré allí —murmuró para la habitación vacía. Su voz poseía un peso metálico, una vibración de autoridad que habría hecho temblar el corazón del mayordomo de haberla escuchado.

Se miró una última vez en el espejo, el cabello blanco resplandeciendo en la penumbra. El Hotel Imperial no sería el escenario de un banquete, sino el patíbulo donde la familia Wang vería cómo sus décadas de estatus y soberbia se convertían en cenizas bajo sus pies. El Dios de la Guerra había despertado, y esa noche, el mundo descubriría que no hay refugio posible cuando la divinidad decide reclamar sus deudas. El juicio de la familia Wang acababa de comenzar.