Preludio: Canto de los Tres Mundos
En los albores del tiempo —cuando los dioses aún descendían sobre la tierra y las estrellas dictaban oráculos de fuego— existía una llama incorruptible, forjada en el corazón primigenio de la creación.
Quien osara abrazar su fulgor podría unir —o fracturar— los cimientos mismos de la existencia.
Los antiguos la llamaron Tian Guang (天光): la Llama del Origen.
Tres reinos contemplaban su resplandor:
Tian Jie, el Reino Celestial, morada de las deidades, donde los himnos sagrados custodiaban el cielo indiviso.
Ren Jie, el Reino Mortal, donde los hombres ofrecían plegarias a cambio de un eco de divinidad.
Duoluo Zhi Di, los Abismos Dormidos, profundidades selladas bajo la corteza del mundo, hogar de fuerzas prohibidas y dioses caídos.
Más allá, tras portales cerrados y sendas vedadas, se alzaba un territorio temido: Lingyuan, los Territorios Extraños. Allí habitaban antiguas deidades y espíritus —los Yao —, seres cambiantes, marginados por decreto celestial.
Sellados y apartados de la creación, su existencia era un mito para la mayoría... aunque una vieja profecía susurraba que un día volverían a caminar sobre Ren Jie.
Pero la Llama no podía ser poseída: elegía por sí misma al corazón digno, a la esencia capaz de sostener su fuego sin desmoronarse. Así, durante eras, profetas y monarcas levantaron ejércitos para hallarla. Sembraron tormentas y abrieron cicatrices en la tierra... solo para cosechar cenizas.
Entre pergaminos quebradizos y voces que ya no recuerdan su lengua, sobrevive un canto velado:
Cuando el cielo se parta en dos, y el sol duerma bajo un velo carmesí, renacerá el fuego azul junto a quien porte la llama olvidada. Su despertar anunciará días de luz... y noches de sangre.
El firmamento tiembla, y las estrellas parecen contener el aliento de un presagio antiguo. Los Tres Mundos aguardan —en silencio— la chispa que habrá de encender su destino.
Y entre ruinas cubiertas de hollín, una pluma manchada de luz escribe...
✦ Nota del cronista ✦
Los antiguos escribas, cegados por su propio decreto divino, negaron a Lingyuan el rango de reino; por eso el canto tradicional menciona solo tres mundos. No obstante, algunos códices tardíos añaden un cuarto verso en honor a la tierra de los Yao.
— Fragmento de los escritos de Mo Jiyuan, erudito de los Sellos Perdidos.








