Capítulo 1 — Personas que saben sonreir
Mi nombre es Rei Kujo.
Hoy fue mi primer día de preparatoria.
Mientras caminaba hacia la escuela observé a otros estudiantes avanzando por las calles en pequeños grupos. Algunos reían demasiado fuerte, otros hablaban de cosas que probablemente olvidarían mañana, pero aun así parecían felices. O quizá no felices… cómodos.
Siempre he pensado que las relaciones humanas nacen de algo simple.
Las personas se acercan a quienes comparten emociones, gustos o formas de pensar similares.
Entonces… ¿por qué yo siempre terminaba solo?
Miré mis manos por unos segundos mientras seguía caminando.
A veces sentía que existía una especie de pared invisible entre las personas y yo. Como si todos hubieran aprendido algo importante sobre vivir… excepto yo.
De repente alguien apoyó el brazo sobre mi espalda.
—Oye, Rei, ¿por qué tan pensativo? ¿Pasó algo importante en tu casa?
Giré la cabeza.
Haruki Aizawa me miraba sonriendo como siempre.
Sonreí automáticamente.
—Para nada, Haruki. Todo bien.
Mentí con naturalidad.
Creo que las personas lo hacen más seguido de lo que admiten.
Seguimos caminando hasta llegar a la entrada de la preparatoria. Ahí alguien levantó la mano desde cerca de la puerta.
Kaito Fujimura.
Haruki se acercó de inmediato.
—Kaito, ¿cómo has estado?
—Todo bien —respondió sonriendo.
Los miré conversar.
Por alguna razón mi mente se quedó en blanco.
No era tristeza exactamente.
Solo… una sensación extraña.
Como si observara algo alejándose lentamente aunque todavía estuviera frente a mí.
Entramos al salón y nos sentamos juntos, igual que en secundaria. Por un momento pensé que quizá nada había cambiado realmente.
Pero las personas cambian incluso cuando uno no lo nota.
Mientras Haruki y Kaito hablaban, un chico sentado detrás de ellos se inclinó hacia adelante.
—Hola, ¿cómo están? No quiero hacer nada incómodo, así que mejor me presento. Soy Daichi Moriyama y me gusta mucho el fútbol.
Kaito lo miró enseguida.
—¿En serio? A mí también.
Ellos comenzaron a hablar con naturalidad.
Fútbol.
Escuchar esa palabra hizo que recordara algo desagradable.
Yo también había estado en un equipo con Kaito.
Aunque “estar” quizá era exagerar demasiado.
Me sacaron rápidamente.
A Kaito también iban a sacarlo… pero el equipo sí quería que él se quedara.
Porque él era bueno hablando.
Bueno haciendo reír.
Bueno existiendo cerca de otros.
Kaito era el tipo de persona que uno imaginaba rodeado de amigos incluso dentro de veinte años.
Yo no.
Yo solo me sentía como una estatua colocada frente a otras personas.
Algo que estaba ahí, pero que nadie realmente necesitaba.
Entonces otro chico se levantó junto a Daichi.
—Hola, soy amigo de Daichi. Mi nombre es Souta Minase. Es un gusto conocerlos.
Tenía una voz tranquila.
Ese tipo de personas que hacen sentir cómodo un lugar sin siquiera intentarlo.
Poco después una chica se acercó a nosotros.
—Escuché que se estaban presentando.
Sonrió ligeramente.
—Soy Mizuki Hayama. Mucho gusto.
Por un momento sus ojos se quedaron sobre mí.
Después miró hacia atrás y empujó suavemente a otra chica.
—Tú también preséntate.
La chica sonrió nerviosamente.
—Mi nombre es Yui Tachibana. Es un gusto conocerlos a todos.
Los observé hablar entre ellos.
Era extraño.
Cada persona parecía completamente diferente… pero al mismo tiempo todas compartían algo invisible que les permitía acercarse fácilmente.
Como si el mundo hubiera sido construido para que las relaciones ocurrieran naturalmente.
Menos conmigo.
Mientras pensaba eso, noté algo extraño.
Mizuki seguía mirándome de vez en cuando.
No con incomodidad.
No con burla.
Era más bien una mirada tranquila… como si intentara entender algo.
Desvié la mirada hacia la ventana.
El cielo estaba nublado.
Y por alguna razón pensé que las personas felices siempre se veían más brillantes cuando uno se sentía vacío.
La voz del profesor comenzó a llenar el salón lentamente mientras todos seguían hablando entre sí.
Y aunque apenas era el primer día…
Ya sentía que algo dentro de mí comenzaba a quedarse atrás.