Lo hice por amor

All Rights Reserved ©

Summary

9 amigos de la universidad están felices y tranquilos, pero empiezan a recibir cartas de advertencias que sentían como amenazas. Se le ordena que se alejen de sus amigos, con el miedo latente, los demás empiezan a desconfiar poco a poco de su alrededor, sin saber que hay un lobo vestido de oveja en su grupo que los piensa eliminar uno a uno. ¿podrán darse cuenta del impostor o morirán por confiar en la persona equivocada?

Genre
Mystery
Author
Jae-in
Status
Complete
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Nari

Nari caminaba entre los edificios con la mochila perfectamente colgada, repasando mentalmente la lista de quehaceres de ese día, tenía la costumbre de hacer listas mentales para que todo estuviera perfectamente ordenado.

Se sentaban siempre en el mismo lugar, reían de los mismos chistes, siempre cómodos entre sí. A Nari le gustaba eso, las dinámicas pequeñas, el observarlos cuando no creían que nadie los veía.

A medida que se acercaba las conversaciones se hacían cada vez más claras.

Hana siguió hablando de un trabajo atrasado, Jae se quejaba de que estaba en lo mismo junto a Hye, Jung dibujaba en su libreta recibiendo recomendaciones de Yuna. Todo parecía normal.

Ara con Norin estaban tranquilas terminando la serie que les había recomendado, dispuesta a ir con ellas, sintió como la tomaban del brazo.

–No vas a creer lo que encontré en mi casillero– Yoon la había tomado por sorpresa.

–¿Qué es, para qué tengas que apartarme del grupo de esta forma?– Le preguntó con voz baja.

Teniendo en cuenta como Yoon la había arrastrado a la parte trasera de la cafetería de forma muy dramática y sospechosa porque revisaba frenéticamente que nadie las viera.

Quien las viera pensaría que se estaban liando.

–Esta mañana revisando mis cosas encontré esto entre nuestro casillero– Le contesto sus dudas mientras le mostraba algo.

Entonces sus ojos notaron un sobre. Blanco, sin remitente.

No dijo nada. Lo alcanzó y lentamente lo deslizó dentro de su chaqueta, esperando que nadie más las hubiera visto. El papel era áspero, diferente a las hojas de libreta común. No tenía ni una imperfección, era perfecto…

–¿Deberíamos mostrarlo a las chicas?– Cuestiono Yoon, desde que lo había visto entre sus cosas pensó que solo era una broma, pero al momento de saber lo que decía, un presentimiento le dijo que algo andaba mal.

“hay sonrisas que se mantienen solo por costumbre. Descansa.Piensa más despacio.

Esto es por tu bien.”

Nari leyó la carta una y otra vez.

No había amenazas. No había nombre. Solo preocupación. Eso fue lo que la inquietó, solo eran cercanas a su círculo de amigas.

Decidieron mostrar la carta esa misma tarde al salir de clases. Las reacciones fueron rápidas. Bromas malas. Risas nerviosas. Alguien dijo que solo era una broma pesada. Otro comentario, que de seguro era de alguien que quería atención.

—De seguro no es nada —Comentó Jae con tranquilidad —A veces la gente escribe cosas raras por qué se sienten solas y quieren atención.

Esa noche Nari no durmió bien, sabía que había algo extraño.

Al día siguiente empezó a notar cosas pequeñas. Cosas que antes no había tomado en cuenta, ahora se le hacían raras. Yoon salía antes de tiempo. Hye miraba el celular como si esperara algo importante. Ara quedándose en silencio cuando alguien más hablaba.

Las piezas no encajaban, lo que antes parecía normal, ahora era extraño.

La segunda carta llegó tres días después.

“No todas las piezas deben encajar en el mismo puzle.

A veces buscar resolver algo,

puede traerte serios problemas .

No sigas.”

Esta vez, Nari no mostró la carta. Decidió guardarla en su mochila.

Pensó en Yoon. En como siempre la escuchaba. En cómo se quedaba cuando los demás se iban. Como siempre parecía tranquila y relajada junto a ella.

Tal vez exagero, se dijo.

La próxima carta llegó a la tarde siguiente.

La encontró entre sus materiales, doblada con cuidado.

“Caminar sola no es peligroso.

A veces lo peligroso es llegar a casa.

Vuelve temprano.”

Nari miro alrededor.

La escuela estaba casi vacía.

Por primera vez, sintió la sensación de ser observada.

No llamó a nadie. No quería parecer paranoica, tendría muchas cosas que explicar y le preguntarían porque no contó de las otras cartas. Tomó sus cosas y caminó hasta el paradero, camino despacio, mirando alrededor, analizando cada sombra, cada persona que pasaba junto a ella. Pensó en enviar un mensaje, pensó en Yoon, pero solo debía ser su imaginación jugando una mala pasada.

Al final, viendo que faltaba poco para llegar, se relajó, solo le quedaban unos cuantos metros más, pero los ruidos de la calle empezaron a aumentar, el sonido de los autos, los grillos junto a la vereda, el movimiento de las hojas.

Ya casi relajada por completo y llegando a su casa, vio la notificación de Yoon.

¿llegaste bien?

La caída abrupta de su celular, rompió el extraño silencio que se había formado repentinamente, el vidrio se hizo añicos y justo antes de apagarse se pudo apreciar como estaba salpicado de sangre.

Esa noche no llegó a casa.

La encontraron a la mañana siguiente, en el camino que recorría todos los días. No había signos de lucha evidentes. Solo su bolso tirado y su celular hecho pedazos .

Cuando la policía dio la noticia, Jae y Yuna fueron las primeras en consolar a las demás chicas.

Y mientras las demás lloraban, alguien pensó —sin decirlo en voz alta

—Debí haberla cuidado más.