Chapter 1
Era un dia normal me preparaba en la mañana para ir al instituto mi hermano con su musica toda alta, mamá haciendo desayuno y papá desayunando. Me termine de arreglar baje y realmente no tenia demasiada hambre asi que agarre mi patin eléctrico y me fui, por el camino me encontre a mi mejor amiga Sarah me saludo y nos fuimos juntas. Al llegar puse el patin electrico en el lugar correspondiente y me fui charlando con Sarah ibamos hablando hasta que alguien me paso empujando el hombro cuando volteo a ver era Tatiana mi enemiga del colegio, la que me hacia la vida imposible. Solo me miro de abajo para arriba y se rio y se fue con su grupito. La verdad no me dio importancia Sarah me dijo “tienes que decirle algo, nunca le dices nada “ a lo cual respondi “simplemente no vale la pena” fuimos con nuestros otros dos amigos. Diego y Mateo lo saludamos y Mateo dijo “no entiendo porque los lunes son tan aburridos” a lo cual Diego respondió “No entiendo porque son aburridos para ti si nunca haces nada, la pasas con el celular”todos nos reimos y Mateo dijo “ es verdad nunca hago nada, pero quiero que pase algo interesante” a lo cual yo le pregunte “como que?” Y mateo respondio “ no se como una pelea o tal vez que un maestro haga alguna actividad” y en eso toco el primer timbre para ir a los salones me tocaba science con ms jackson cuando iba por el camino me tope con alessandro me saludo la verdad lo salude porque el es muy calmado y no se mete con nadie y muy buena onda todo en el colegio lo querian. Llegue a mi salon me sente hasta atras y me quede dormida al despertar tenia que ir a mi segunda clase que era educación fisica al llegar el maestron nos puso a correr y mientras corria Diego me preguntaba si tenia la tarea de matematicas y justo cuando le ibas a responder tatiana me empujo y esto hizo que me cayera. Al levantarme la empuje y le dije que le pasaba y ella solo dijo “ no me pasa nada. A ti tal vez con ese pelo todo feo” y se empezo a reir.. El maestro llegó rápido y nos separó antes de que la discusión siguiera.
—Las dos a sus lugares, ya.
La clase terminó normal, aunque por alguna razón me quedé pensando en Alessandro. Cuando salimos, lo vi hablando con alguien cerca de los casilleros. No alcancé a ver quién era porque la persona tenía una sudadera negra y estaba de espaldas.
No le di importancia.
Llegó el almuerzo y nos sentamos todos juntos: Sarah, Diego, Mateo y yo. Mateo empezó a hablar de cualquier cosa como siempre, hasta que Alessandro apareció.
—¿Me puedo sentar? —preguntó sonriendo.
—Claro —dijo Sarah.
Se sentó con nosotros un rato, pero estaba raro. Sonreía, sí… pero miraba mucho su celular, como si estuviera esperando un mensaje.
Diego lo miró y dijo:
—¿Qué pasa? ¿Te ganó el examen antes de hacerlo?
Todos nos reímos menos Alessandro.
Él solo guardó el celular rápido.
—Nada… cosas mías.
Y por un segundo noté algo extraño.
Se veía preocupado.Pero no pregunté.
Y ahora que lo pienso…Tal vez debí hacerlo.
Y después del almuerzo sonó el timbre para volver a clases. Alessandro se levantó rápido.
—Bueno, nos vemos luego —dijo mientras agarraba su mochila.
—¿Tan rápido? —preguntó Mateo.
—Sí… tengo que hacer algo.
Y se fue.
Lo raro fue que, mientras caminaba, miró hacia atrás dos veces. Como si estuviera asegurándose de que nadie lo seguía.
Las horas pasaron normales. Matemáticas, historia… lo mismo de siempre. La verdad ya estaba cansada y solo esperaba que sonara el último timbre.
Cuando por fin terminó el día, agarré mi mochila y fui con Sarah hacia la salida.
—¿Y Diego y Mateo? —pregunté.
—Dijeron que iban a alcanzarnos.
Seguimos caminando hasta que escuchamos unos murmullos cerca del edificio de ciencias.
Había demasiados estudiantes reunidos.
Y cuando digo demasiados… eran demasiados.
—¿Qué pasó? —preguntó Sarah.
Sentí una sensación rara en el estómago.
Nos acercamos entre la gente intentando ver. Algunos hablaban bajito. Otros tenían cara de asustados.
Entonces vi a Diego y Mateo.
Pero estaban completamente serios.
Mateo nos miró.
No estaba bromeando.
No estaba sonriendo.
Nada.
Solo se quedó quieto y dijo:
—No miren.
Sentí que el corazón me dio un vuelco.
—¿Qué pasó? —pregunté otra vez.
Diego bajó la mirada.
Y en voz baja dijo:
—Es Alessandro.
Todo a mi alrededor se sintió silencioso.
Como si por un segundo nadie hablara.
Como si mi cerebro no quisiera entender lo que acababa de escuchar.
Porque hace unas horas…
Él estaba sonriendo con nosotros.
Sentí que las piernas me pesaban. Miré a Sarah y ella estaba igual de confundida.
—¿Qué quieres decir con “es Alessandro”? —pregunté.
Pero ninguno respondió.
La multitud empezó a moverse cuando unos maestros comenzaron a alejar a todos.
—¡Regresen a sus casas! ¡No se queden aquí! —gritó uno.
Intenté acercarme un poco más, pero Sarah me agarró del brazo.
—No.
La miré.
Y algo en su cara hizo que dejara de insistir.
Porque Sarah estaba asustada.
De verdad asustada.
Poco después llegaron policías y ambulancias. Todos hablaban al mismo tiempo:
—¿Qué pasó?
—¿Fue un accidente?
—¿Alguien vio algo?
—¿Qué hacía Alessandro aquí tan tarde?
Nadie sabía nada.
O al menos… eso parecía.
Esa noche casi no pude dormir.
No dejaba de pensar en lo extraño que había estado Alessandro durante el almuerzo.
El celular.
Las miradas hacia atrás.
La sudadera negra.
Y entonces recordé algo.
Me senté de golpe en la cama.
—No puede ser…
Había olvidado algo.
Algo pequeño.
Algo que en ese momento parecía una tontería.
Pero cuando Alessandro se levantó de la mesa, algo se cayó de su mochila.
Y yo lo recogí.
Corrí hacia mi escritorio y abrí mi mochila.
Metí la mano entre los cuadernos.
Y ahí estaba.
Un papel doblado.
Lo abrí lentamente.
Solo tenía una frase escrita:
“Si alguien encuentra esto… significa que ya es demasiado tarde.”
Y abajo…
había una hora.
4:15 p. m.
La misma hora en que todo pasó.
Me quedé mirando el papel sin poder moverme.
—No… no puede ser real —susurré.
Volví a leer la frase otra vez.
“Si alguien encuentra esto… significa que ya es demasiado tarde.”
Sentí un escalofrío.
Lo primero que hice fue revisar mi celular. 4:47 p. m.
Ya era tarde.
Demasiado tarde para Alessandro.
Pero… ¿qué significaba eso?
Al día siguiente en el instituto todo era diferente. No había risas fuertes en los pasillos. Nadie corría como siempre. Incluso Tatiana estaba callada, lo cual era extraño.
Cuando llegué con Sarah, ella me miró de inmediato.
—¿Dormiste algo?
Negué con la cabeza.
—Yo tampoco —dijo.
Diego y Mateo llegaron después. Mateo no hizo ningún chiste. Eso fue lo más raro de todo.
—Tenemos que hablar —dijo Diego en voz baja.
Nos llevó detrás de las gradas del campo, donde nadie escuchaba.
Mateo sacó su celular.
—Encontré algo más sobre Alessandro… —dijo.
Nos enseñó un chat.
Pero no era un chat normal.
Era un grupo desconocido.
Sin nombres.
Solo números.
Y había un último mensaje enviado a las 4:12 p. m.:
“Está hecho. Nadie lo va a sospechar.”
Me quedé helada.
—Eso… eso no tiene sentido —dijo Sarah.
Diego apretó los dientes.
—Alguien del instituto está mintiendo.
Mateo tragó saliva.
—Y creo que Alessandro… no fue un accidente.
Silencio.
Y por primera vez, entendí algo:
No solo íbamos a descubrir qué pasó.
Íbamos a descubrir quién lo hizo.
Y esa persona… todavía estaba en el instituto.