Hellhound

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Summary

En un mundo donde la magia define el destino de reinos enteros, los viejos mitos sobre dioses, demonios y héroes olvidados comienzan a despertar otra vez. Drake Stronghold, un joven marcado por la pérdida y la sangre de un antiguo linaje, solo buscaba sobresalir antes los ojos de su padre ... hasta que una simple cacería lo arrastra hacia una guerra mucho más grande de lo que imagina. Mientras criaturas ancestrales reaparecen y una organización conocida como el Pentagrama mueve sus piezas desde las sombras, secretos enterrados desde hace siglos amenazan con romper el equilibrio del mundo. Entre reinos divididos, magia prohibida, reliquias selladas y cicatrices que nunca sanaron, Drake y sus compañeros deberán descubrir qué significa realmente ser héroes... antes de que el mundo vuelva a caer en una era de oscuridad. Porque algunas leyendas no murieron. Solo estaban esperando regresar.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Lo que entra al bosque

Tres hombres corrían entre la maleza, apartando ramas mientras sus botas se hundían en el barro húmedo. Sus respiraciones eran ásperas, rotas por el agotamiento y el miedo. Detrás de ellos, a varios metros, las antorchas de los bandidos iluminaban el bosque como pequeños ojos anaranjados.

Entonces, de golpe, las luces se detuvieron.

Uno de los perseguidores frunció el ceño y miró a su líder.

—Señor, están escapando. ¿Por qué nos detenemos?

El hombre soltó una risa baja,tranquila,Demasiado.

—Entrar al bosque de Gaudim es una sentencia de muerte. Él hará el trabajo por nosotros.

El bandido tragó saliva.

—¿Entonces…?

—Nos largamos.

—¡Sí, señor!

El grupo dio media vuelta sin protestar. Ninguno volvió la vista atrás.

Dentro del bosque, los tres fugitivos observaron cómo las antorchas desaparecían entre los árboles.

Uno de ellos cayó de rodillas, intentando recuperar el aliento.

—¿Estamos… a salvo?

—Eso espero… —respondió otro, limpiándose el sudor de la frente.

El tercero permaneció en silencio.

Había algo extraño.El bosque estaba demasiado quieto.No se escuchaban insectos.No había viento.Ni siquiera el crujir de ramas.Solo oscuridad.

Los hombres siguieron avanzando, cada vez más profundo entre los enormes troncos negros de Gaudim. La niebla se arrastraba por el suelo como si estuviera viva, envolviendo sus piernas lentamente.

Entonces ocurrió.

El sonido de un ciervo resonó entre los árboles.Un bramido grave y antinatural.Los tres se detuvieron.El sonido volvió a escucharse. Esta vez más cerca.Luego otra vez.Y otra.Desde distintas direcciones.Como si algo los rodeara.Uno de los hombres comenzó a girar sobre sí mismo.

—¿Qué demonios…?

El llamado del ciervo volvió a sonar detrás de ellos.El sujeto tragó saliva y avanzó lentamente hacia unos árboles.

—Tal vez sea solo un animal…

Los otros dos no respondieron.

El sonido se cortó de golpe.

Silencio absoluto.

Entonces algo se movió entre la oscuridad.

Una figura alta emergió lentamente entre los árboles. Primero sus cuernos, largos y retorcidos como ramas secas. Luego su cuerpo delgado y encorvado.

La criatura descendió sobre cuatro patas.

Sus movimientos eran antinaturales. Como si sus huesos estuvieran mal acomodados.

—¿Qué mierda es eso? —susurró uno de los hombres, retrocediendo.

El otro abrió los ojos con terror.

—Es… —su voz tembló—. Un wendigo.

—Pensé que eran solo un mito…

—¡Maldición, Paul, este se ve demasiado real!

La criatura levantó lentamente la cabeza.

Su rostro era un cráneo alargado, una grotesca mezcla entre ciervo y canino. Bajo los huesos abiertos podía verse carne oscura moviéndose lentamente. Sus ojos brillaban en la oscuridad como brasas apagadas.

Y entonces sonrió.

El wendigo se lanzó hacia adelante.

Todo ocurrió demasiado rápido.

Un zarpazo atravesó el pecho del primer hombre y lo arrojó contra el suelo. Tres profundas marcas se abrieron desde su cuello hasta el abdomen, bañando las hojas de sangre.El grito apenas duró un segundo.

Los otros dos echaron a correr desesperadamente, internándose aún más en la oscuridad del bosque.

Detrás de ellos resonaban pasos rápidos.

Demasiado rápidos.

Luego… silencio.

Y los tres desaparecieron entre las sombras de Gaudim.

El bosque volvió a quedar inmóvil.

Como si nada hubiese ocurrido.

———————————————————————

A la mañana siguiente, una fina lluvia caía sobre los caminos de piedra de Asterhall. El barro se acumulaba en las calles mientras comerciantes abrían sus puestos y algunos cazadores regresaban de encargos nocturnos.

Frente a la sede del Gremio de Cazadores, un carruaje terminó por detenerse.

La puerta se abrió lentamente.

Unas botas negras reforzadas con acero descendieron primero, hundiéndose apenas en el barro húmedo. Después apareció el resto de la figura del joven.

Alto y de complexión atlética.

Su cabello castaño caía en mechones desordenados alrededor de la cara, mientras el resto era sujetado en una coleta corta que se movía con cada paso.Tenía piel clara y unos ojos verde turquesa intensos, vivos y difíciles de ignorar; una mirada confiada, casi desafiante.

Una armadura sencilla, pero bien cuidada.

Demasiado joven para vestirla con tanta naturalidad.

El carruaje se alejó detrás de él mientras avanzaba hacia la entrada del gremio.

Al abrir la puerta, el ruido de conversaciones y jarras chocando llenó el ambiente. El olor a alcohol, humo y metal oxidado cubría el lugar.

Varias miradas se posaron sobre él.

Algunos cazadores dejaron de hablar.

Otros simplemente observaron en silencio.

El joven ignoró a todos y avanzó directamente hacia el tablero de misiones.

Esto queda más sólido si el gremio primero le pide identificación y luego llega el impacto del apellido. También ayuda a que el silencio del salón se sienta más natural.

Sus ojos recorrieron cada encargo clavado sobre la madera húmeda… hasta detenerse en uno apartado del resto.

Lo arrancó sin dudar.

Cruzó la taberna entre el murmullo de voces y dejó el pergamino frente al encargado.

—Quiero este.

El hombre leyó el contrato y soltó una risa corta.

—¿Estás seguro, muchacho? —alzando una ceja—. No pareces tener edad suficiente para querer morir en Gaudim.

—Lo tomaré igual.

La respuesta salió firme. Sin vacilar.

El encargado lo observó unos segundos antes de extender la mano.

—Placa de cazador.

Drake metió la mano bajo el abrigo y dejó una insignia metálica sobre el mostrador.

El hombre la tomó sin interés… hasta ver el sello grabado en la parte trasera.

Vaelis.

La expresión del encargado cambió apenas un instante.

—¿Registrado en Vaelis…? —murmuró mientras revisaba la placa—. Qué curioso.

Drake no respondió.

El hombre tomó la pluma nuevamente.

—Nombre y apellido.

El muchacho sostuvo su mirada.

—Drake Stronghold.

El sonido de varias jarras deteniéndose golpeó el salón.

Un cazador incluso casi escupió su bebida.

El apellido empezó a correr entre las mesas como un susurro incómodo.

—¿Stronghold?

—¿El hijo de Erick?

—Creí que ese bastardo estaba en la academia naval…

El encargado levantó la vista lentamente.

El muchachito de Erick?

–Si

El silencio se volvió más pesado.

El escribano miró otra vez el contrato del wendigo.

Luego a Drake.

Después a la placa de Vaelis.

—No hay aval para esta misión —dijo al fin—. Y nadie caza algo así en solitario.

—Anótelo igual.

La respuesta fue inmediata.

La pluma volvió al pergamino, lenta… pesada.

—Si no regresas —murmuró el hombre mientras escribía—, no habrá segunda entrada en el registro.

Drake asintió y se dio la vuelta.

Al salir, una voz baja lo siguió:

—El apellido no te va a salvar ahí dentro.

La puerta se cerró antes de que pudiera responder.

———————————————————————

La lluvia había parado hacía poco.

Aun así, las calles de Asterhall seguían húmedas, cubiertas de barro y agua sucia arrastrada por los carruajes. El humo de las herrerías se mezclaba con el olor a pan recién hecho y cerveza derramada.

La ciudad despertaba lentamente.

Mercaderes acomodaban mercancía bajo techos de lona. Algunos aventureros regresaban de trabajos nocturnos cubiertos de sangre seca y tierra.

La vida seguía.

Siempre seguía.

Drake ajustó la correa de la espada en su cintura mientras descendía por la avenida principal.

Podía sentir las miradas sobre su espalda incluso lejos del gremio.

Stronghold.

El apellido pesaba más de lo que quería admitir.

Desde niño había escuchado historias sobre Erick Stronghold. Algunas reales. Otras claramente exageradas.

Hombres diciendo que había atravesado guivernos con una sola lanza. Que había sobrevivido días enteros rodeado de monstruos. Que una vez mató dos trolls de montaña él solo.

Drake nunca sabía qué parte creer.

Lo único seguro era esto:

La gente esperaba algo de él.

Y odiaba esa sensación.

Las murallas de Asterhall quedaron atrás cerca del mediodía.

El camino hacia Gaudim atravesaba campos abiertos y pequeños asentamientos de agricultores. Mientras más avanzaba, más separadas estaban las casas entre sí.

Como si nadie quisiera vivir demasiado cerca del bosque.

Las conversaciones también cambiaban.

Ya no se hablaba de comercio ni política.

Se hablaba de desapariciones.Ganado mutilado.Sonidos extraños entre los árboles durante la noche.Cazadores que no regresaban.

Drake escuchaba en silencio.

En uno de los pueblos se detuvo para comprar provisiones: pan duro, agua y vendas.

La tendera era una mujer mayor, de ojos cansados y manos ásperas por el trabajo.

Cuando vio el mapa extendido sobre el mostrador, frunció el ceño.

—Gaudim… —murmuró.

Drake dejó unas monedas sobre la madera.

La mujer tomó las vendas lentamente.

—Eso no cura lo que hay ahí dentro.

Drake guardó silencio.

Ella tampoco insistió.

Había miedos que la gente aprendía a respetar.

El camino terminó horas después.

No había señal.

Ni entrada.

Ni advertencia.

Solo árboles.

Árboles enormes, antiguos, elevándose hacia el cielo como pilares negros.

Gaudim comenzaba de forma silenciosa. El bosque no necesitaba anunciarse.

Drake observó las profundidades cubiertas de niebla.

El aire era distinto allí. Más frío. Más pesado. Incluso el sonido parecía apagarse antes de entrar. Tomó la antorcha de su mochila y la encendió. Luego dio el primer paso dentro del bosque. Las ramas bloquearon la luz del cielo casi de inmediato. El barro húmedo absorbía el sonido de sus botas mientras avanzaba entre raíces deformes y troncos cubiertos de musgo oscuro. La llama de la antorcha iluminaba apenas unos metros delante de él. El resto era sombra. Cada paso era medido. Sus ojos recorrían el entorno sin descanso. Gaudim no era un lugar que pudiera atravesarse distraído. Era un sitio con el que se negociaba. Un crujido sonó a su derecha. Drake se detuvo. Otro detrás. Su mano descendió lentamente hacia la espada. Entonces los vio. Ojos reflejando la luz del fuego entre los árboles. Cuerpos bajos moviéndose alrededor suyo con cautela. Lobos.

No corrían.

Lo estudiaban.

—Los veo… —murmuró Drake.

El primero se lanzó.

Drake reaccionó por instinto.

La espada salió de su funda con un sonido seco y atravesó al animal en pleno salto. El cuerpo cayó pesadamente sobre el barro.

El segundo apareció por la izquierda.

Drake giró y lanzó otro corte.

Un chillido.Sangre.

El cuerpo rodó entre las raíces húmedas.

Por un instante, todo quedó quieto.

Drake respiró hondo.Entonces entendió algo.

No eran lobos normales.Demasiado pacientes.Demasiado organizados.Estaban esperando.

Un gruñido resonó detrás de él.

Drake apenas logró girarse cuando una sombra se abalanzó contra su espalda.

El impacto lo lanzó hacia adelante.

La antorcha salió despedida y se apagó en el barro con un siseo húmedo.

La oscuridad lo devoró todo.

Y los lobos lo supieron.

Los escuchó moverse.

Rápidos.Rodeándolo.

Uno saltó desde el frente.

Drake cortó a ciegas y sintió la hoja atravesando carne.

Otro se lanzó desde el costado.

Las garras rasgaron cuero, tela y piel.

El dolor ardió de inmediato.

Drake retrocedió…

Su bota chocó contra una raíz.Cayendo de espaldas.

Los lobos se lanzaron al mismo tiempo.

Uno atrapó su brazo entre los colmillos. Otro intentó alcanzar su cuello.

Drake bloqueó el hocico de la bestia con el antebrazo mientras forcejeaba desesperadamente.

La espada había quedado lejos.

Demasiado lejos.

Sintió los colmillos atravesando parte de la armadura.

Dolor.Caliente.Violento.

Con la mano libre buscó el cuchillo en su cintura y lo desenvainó de golpe.

Apuñaló hacia arriba.

Una vez.Dos.Tres veses

El lobo soltó un chillido húmedo antes de desplomarse sobre él.

Drake lo empujó a un lado y logró ponerse de pie tambaleándose.

Respiraba a bocanadas.

La sangre descendía lentamente por su brazo y costado.

Quedaban tres.Pero ya no atacaban.Permanecían inmóviles entre los árboles.Observándolo.Esperando.

Uno mostró los dientes.Luego retrocedió lentamente.

Los otros hicieron lo mismo.

No huían.

Simplemente decidieron que ya no valía la pena arriesgarse.

Y eso fue peor.Porque significaba que podían elegir.

Drake recuperó la espada y avanzó unos pasos torpes antes de dejarse caer contra un tronco cubierto de musgo.

El frío comenzaba a atravesar la armadura.

Intentó vendarse el brazo.

Las manos le temblaban demasiado.

Entonces lo sintió.

Algo observándolo.

Drake levantó lentamente la cabeza.

A varios metros, entre la niebla y la oscuridad, una figura permanecía inmóvil.

Alta y delgada con orejas largas asomándose entre el cabello negro que caía sobre sus hombros.Sus ojos brillaban tenuemente entre las sombras.No parecía una bestia.Pero tampoco parecía humana.

Drake intentó incorporarse.

—Tú…

La visión se inclinó.

El bosque comenzó a girar lentamente a su alrededor.

Lo último que escuchó antes de perder el conocimiento fue un sonido lejano.

Algo parecido al llamado de un ciervo.Profundo dentro de Gaudim.