Sentiment Étrange - Las canciones que te hacen en mi

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Summary

Ella no se había fijado en mí, pero yo sí me había fijado en ella. De hecho, estaba completamente asfixiada por su presencia. Entonces, un calor se apoderó de mi cuerpo. ≼Quel sentiment étrange≽ Martínez Garrido® no es solo una marca; es un imperio. Forjado sobre la amistad de dos familias y consolidado con el matrimonio de sus herederos, el holding es el referente absoluto del éxito. Por un lado, una dirección de mano de hierro al frente de una de las agencias de marketing más prestigiosas del mercado internacional. Por otro, la gestión de una cadena de hoteles de lujo que sirve de refugio a la alta sociedad. Llevan juntos doce años. Lo suyo no fue solo una unión de conveniencia orquestada por sus padres; entre ellos existe una complicidad y un amor que cualquiera envidiaría. Tenían la vida perfecta: carreras brillantes, éxito rotundo y un futuro blindado. Es el sueño de cualquiera, ¿a que no? Lo que no sabían era que el destino tiene sus propios planes. Que hay grietas que el dinero no puede tapar y pasiones que la lógica no alcanza a comprender. Sus vidas están a punto de cambiar de una manera para la que nadie está preparado. De hecho, después de esto, nada volverá a ser lo mismo. Para nadie.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo


“A otra velocidad, voy a rebobinar, lo que ha pasado pa’ no olvidar.”

Sentaos aquí, acomodaos. Dejad que os lo cuente, para que no me pierda a mí; para “sentir cada cosa a flor de piel, como si fuera esta vez, como la primera vez”... mi más verdadera e intensa historia de lluvia.

Preparé té, aunque habrá momentos en esta historia que van a exigir un doble de whisky; en otros, solo nos quedará el agua para curar la resaca del alma. Pero quedaos. Creo fielmente que los recuerdos compartidos se vuelven inmortales, porque pasan a existir en muchos lugares al mismo tiempo. Y esta historia se merece el peso de volverse inmortal.

Lo cierto es que nunca pretendí ser entera, siempre fui en sentido contrario. Hasta que un día me vi intentándolo. Y aún tiemblo del vértigo. Pero había tanto que curar... tanto para que los brazos, que solo pretendían abrazar, dejasen de repetir una y otra vez su costumbre de dañar.

Supongo que, en el fondo, arrastro una cierta fijación por amar los desastres. Por nutrirme del pasado, por inspirarme en la tristeza; buscando ahí, en ese ahogar, algo por lo que seguir. Tal vez un simple anclaje en el vacío, cuando apenas soy capaz de sentir nada. Sin embargo, nada me arregló, nada me sostuvo ni me aterrorizó; nada le dio tanto peso a mi existencia ni me sujetó con manos tan firmes —sin siquiera la necesidad de tocarme—. Nada me hizo estancarme, contemplar y querer disfrutar la vida tanto como... el anticiclón. Me convertí en la propia lluvia, justo cuando venías lentamente a la deriva de mis pensamientos, para aferrarme con fuerza a la tierra.

Vacilo. Sueño con las nubes.

Porque antes del vislumbre, estuvo el suelo. Antes de la calma que hoy me habita, mi existencia se esculpió en el impacto de las cobardes despedidas.

Mis pasos siempre han sido una danza eterna con las piedras del camino. Siempre fui de las que tropiezan. A veces con las de siempre, o con sus hermanas gemelas; otras, con rocas insólitas, foráneas, pero de la misma contundencia. Cada caída me obligaba a una pausa, a una introspección forzada. Lo nuevo, lo inaudito, el quiebre. Un alto en el camino que me obligaba a desandar mis propias huellas en el polvo del sendero. El tropiezo se volvía un eco: “¿Debería quedarme un poco más o salir corriendo sin parar? Volver a encontrarme tiempo atrás”

Entonces mi mente levitaba; ya no sentía nada. Lo sentía todo.

Claro que no siempre tuve este compás como guía. En la historia que voy a contaros ahora abundan las piedras que mi ceguera eligió ignorar, esas que fingí no ver. O las que me detuvieron con un terror mudo, dejándome varada en la incertidumbre, anclada al mismo suelo demasiado tiempo. Incluso hubo rocas que mis manos, necias, arrojaron lejos sin entender que eran lecciones disfrazadas; sutiles susurros del destino sobre la vida y, sobre todo, sobre la lluvia. De todo ello seréis testigos en estas páginas. Si os atrevéis a entrar.