El nombre de la lluvia

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Summary

La Tierra quedó congelada bajo un cielo donde el sol dejó de existir. Años después del colapso, la humanidad sobrevive dentro de ciudades artificiales protegidas por enormes domos, donde el orden, la vigilancia y el miedo mantienen a la sociedad en pie. Eden es considerada la última esperanza de la civilización… pero también es una ciudad construida sobre secretos. Asael intenta dejar atrás un pasado marcado por la muerte y la supervivencia extrema, hasta que una serie de acontecimientos lo arrastran nuevamente hacia un mundo de conspiraciones, tecnología militar y verdades prohibidas. Mientras las tensiones crecen dentro y fuera de Eden, comenzará a descubrir que el verdadero peligro no está solo en el exterior congelado, sino en aquello que la ciudad ha estado ocultando durante años. En un mundo donde incluso tus propios pensamientos pueden dejar de pertenecerte… ¿qué significa seguir siendo humano?

Genre
Scifi
Author
Riortales
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Edén

No era más que una simple escalera de metal oxidada, cada pisada en cada peldaño la hacía crujir en los confinados espacios del lugar, por más que mirase al frente solo veía escaleras y escaleras sin un final próximo, las leves luces blancas pasaban a mi lado alumbrándome levemente mi corrida hasta el final, su leve haz de luz no me dejaba diferenciar las caras de mis perseguidores, solo los murmullos y las rápidas pisadas que provenían de pisos inferiores.

El frio ya se hacía sentir, deje de sentir el calor de aquella ciudad, sabía que ya estaba cerca de la intemperie, aquel frio me congelo la garganta el tomar bocanadas de aire, ya no era un reflejo si no una tortura por cada respiro que daba, el vapor salía como si fuera una locomotora. El frio comenzó a congelar algo más que mi aliento, sentía la cara tan dura como un trozo de madera, el cuerpo ya no estaba reaccionando como debía ante tanto frio, cada vez sabía que estaba más próximo a la salida.

El traje que me propiciaba protección dejo de funcionar, eso era un indicador que estaba fuera de los límites de la ciudad, que ya no funcionaría como antes, ya no brindaría la protección y la ayuda necesaria, solo era un atuendo más. Después de correr una larga distancia entre escaleras el cansancio ya era inminente, aun podía sentir cada vez más cerca a mis perseguidores, solo rondaba en mi cabeza ¿Qué hice?, No tenía nada claro de lo que estaba pasando, ¿o bien fue el gran secreto que pudre esta gran ciudad?, ya no les debo ser útil para ellos, soy el único que queda ya no sirvo, y ahora me tocara mi hora, así como a todos en esta ciudad.

Al fin, ya podía ver aquellas luces rojas que indicaban la salida de aquellas tortuosas escaleras, ¿pero? ¿qué voy a hacer cuando salga? Sabía que al salir, solo llegaría a la superficie de la gran muralla, pero estaba todo rodeado de mar, no hay alguna salida que me permita alejarme de esta gran monstruosidad de concreto.

La gran escalera dejo de serpentear, y al final el metal oxidado de aquella escalera se convirtió en una base de sementó, llegue a una larga y estrecha estructura que se alargaba por unos cuantos metros, en frente una luz roja redonda indicaba la puerta de salida para el exterior. Solo fue cosa de apretar el botón oxidado al costado de la puerta, para que un chillido y la caída de escombros y polvo desde el dintel indicaba que no se abrían hace años, las puertas se arrinconaron de golpe contra la pared, en ese momento sentí mil bofetadas en la cara, era el hielo que cubría la superficie, y la fuerte ventisca que me hiso retroceder y afirmarme de un pasamanos a uno de los costados, nunca pensé que a tal altura el viento seria capas de desplazarme de mi sitio, con las pocas fuerzas que me quedaban. Logre avanzar unos cuantos metros aun que el viento me desplazaba hacia otros lados, aun no podía ver el borde de esta muralla, al mirar atrás, vi en la puerta a mis perseguidores, aun no era capaz de verle las caras, ya que la oscuridad no me dejaba ver a unos cuantos metros de distancia, a ellos solo lograba divisar sus siluetas con las leves luces del interior, sabía que se me acercaban, sus implementos estaban especializados para estas situaciones, entre tantas voces logre reconocer algunas de ellas, ya sabía quiénes eran, ya sabía quiénes me perseguían para darme muerte.

No pude creer el asombro que me con llevo eso, a pesar de ser un hombre que está por llegar a los cuarenta años, no fue suficiente para sacarme una lagrima que se congelo al instante, ya toda fuerza que tenia se desmorono al instante, solo era un simple trapero por las rafas de viento, ya no podía ver al frente, mis vista perdió rumbo, solo dejaba arrástrame, aquellas personas se acercaban a mi cada vez más y más, la luz proveniente de los cascos no eran suficiente para alumbrar claramente en esta inmensa oscuridad.

Entre empujones y empujones del viento logre llegar al borde, estaba ante un enorme precipicio, mis perseguidores me rodearon, ya no tenía escapatoria, solo me quedaba aquel gigante abismo que no se lograba divisar el fondo. En ese instante sentí una ráfaga que atravesó mi hombro, aquella persona me disparo, mi hombro se desintegro, ya no había vuelta atrás, ese impulso me hiso desbordarme por el precipicio, lo último que logre ver fueron las luces de los cascos mirándome mientras caía, solo cerré los ojos esperando que el gélido mar que azotaba los grandes muro, me absorbiera y me sacara de esta vida.

Ya han pasado unos diez años o más desde que el mundo se destruyó, solo quedaban dos minutos para la media noche en el reloj del apocalipsis, el mundo fue invadido de crisis económicas, enfermedades y guerras intercontinentales, así como países que se encontraban en guerras civiles que se fueron agrandando a otras naciones, el mundo ya estaba de cabeza, hasta que la guerra mundial se desato. El reloj marco las cero, esta guerra fue llamada “Unam Noctem” o la guerra de un día. Efectivamente fue una guerra que como dice su nombre solo fue un dia. Solo eso basto para acabar con todo, en esta guerra, modificamos, alteramos y cambiamos el destino del mundo. El mundo como se conocía desapareció, la modificamos geográficamente.

Al comienzo solo fueron disputas entre países primermundista con tercermundista, pero solo basto eso para la guerra, todos los soldados de todas las naciones fueron reclutados por una organización llamada OMEP (Organización Mundial por la Equidad y Paz), los cuales debían de mitigar los acontecimientos antes que empeorasen, pero a causa de ellos muchos países se sintieron invadidos y defendieron los que ellos creían sus derechos. Muchos soldados murieron en los primeros meses de guerra, pero la gran catástrofe surgió cuando se soltaron las famosas bombas nucleares de hidrógenos y cobalto, ya no eran bombas destructivas como las utilizadas en la segunda guerra mundial, estas bombas eran capaces de destruir países enteros sin dejar vida sea animal o vegetal con un rango muchísimo mayor a sus antecesoras, a causa de esto se produjo una detonación en cadena a nivel global, en solo esto se perdió dos tercios de toda la humanidad.

Ya no existe la guerra, porque ya no hay gente que la pueda provocar, esto con llevo al fin de la guerra, jamás se declaró el final, pero esto ya era evidente, la guerra acabo, y con ello a la raza humana, extinguimos un centenar de especies animales y vegetales, contaminamos nuestros mares, tierra y aire, el planeta ya no es capaz de mantener la vida, aquí la vida ya no existe.

Como si no fuera poco, los pocos supervivientes de la tierra se adolecieron, enfermaron y murieron a causa de la radiación, diversas enfermedades surgieron y falta de alimentos causo una hambruna. El cielo se tornó oscuro, todas las partículas de polvo, gases y polución fueron a parar a la atmosfera, ya no entra la luz del sol, ya no existe calor, solo frio, los polos se descongelaron por la abrupta interrupción de misiles en los polos capaces de derretir los hielos y causar que el nivel del agua subiese drásticamente, arrasando y cubriendo todas las ciudades costeras del mundo para después congelarse en toneladas de hielos. Hasta que el frio y la oscuridad se apoderaron del .

Las tinieblas se apoderaron de la tierra, ya no se conoce, verano, invierno, otoño y primavera, ni noche ni día, es como si el mundo se hubiese detenido. Ya el calendario no tiene fecha.

En aquel entonces yo era un joven que recién ingreso a las fuerzas armadas de mi país, aun la guerra no comenzaba, pero comenzó a mostrar los primeros indicios, aún no estaba por terminar por completo mis estudios en la academia, fui mandado al frente, en nombre de mi país, quizás no era el mejor, pero tampoco estaba en los peores, pero por sorteo fui seleccionado entre muchos otros más, aun no sabía que pasaba, que sucedía, hasta que llegamos a un país extraño solo se debía cumplir una orden detener o asesinar a aquellos que estuviesen causando daños e incentivando una guerra sublevando a la gente y todos aquellos que estén relacionado con esas personas, pues una pequeña chispa podía ser otra causante, para nosotros la muerte no era una opción, desde aquello tengo las manos siempre con sangre, me atormento de las personas que asesine, adultos, jóvenes y niños nunca los conocí y nunca los podre conocer, pero si de algo estoy seguro, que fui yo quien les arrebató la vida.

En el frente de batalla no gane popularidad, pero si un reconocimiento por mis aptitudes, solo que vivía en una mentira sabia claramente que el coraje solo era una cara falsa, pues soy un cobarde y temeroso.

Al cumplir nuestras malditas misiones y supuestamente de manera satisfactoria, ya teníamos la posibilidad de tomar rumbo a nuestro país, aquel que está ubicado en el rincón del mundo, un país reconocido por su largo tamaño. Al regresar a mi patria por fin podría estar tranquilamente con mis seres queridos y alejarme de todo lo que hice.

El regreso, no se podía hacer en avión, se tenía prohibido a causa de las distintas tenciones que tenían los países, por lo que pasar por algún territorio podría ser catastrófico ya que podía desatar un conflicto o bien que se derribe el avión, nuestro regreso seria en un barco acorazado de la milicia, aún recuerdo claramente el día 28 de junio a las 6:30 de la madrugada, subíamos nuestro equipaje al colosal barco, los distintos pelotones de países americanos se encontraban ahí, estábamos separados por secciones, todos nuestros compatriotas festejábamos que la misión termino y regresábamos a casa, muchos cantaban, otros jugaban naipes, y no sé cómo otros lograron entrar alcohol, pero fue un alivio que no se veía desde que llegamos a la zona, todos felices. O quizás la última felicidad.

El viaje demoraría 4 días en barco, nuestro segundo día a bordo del Nao Triana, fue un día maravilloso, el sol deslumbraba como nunca, la brisa marina refrescaba, gran parte de todos los soldados estaban en cubierta mientras que un grupo disfrutaba ver el horizonte desde la proa, pero desde aquel día, ya nada fue lo mismo, en esa noche, varios estábamos en la cubierta disfrutando la gran cantidad de estrellas que cubrían el amplio cielo, jugando y buscando las distintas constelaciones, esto sería el último recuerdo del día y de la noche.

Mientras todos festejábamos veía a los grandes cargos de la armada corriendo de proa a popa con papeles e instrumentos y comunicándose por radio, sabía que algo no estaba bien, el pasar de los minutos veía como se deformaban sus expresiones, hasta que un grupo de altos cargos corrió hacia la cabina del capitán, ya sabía que lo que pasaba no era normal. De un fuerte estruendo comenzaron a sonar las sirenas del barco, las luces que eran cálidas se tornaron rojas, y los soldados de mayor cargo nos guiaron a las puertas donde debíamos entrar, todo se tornó un caos, antes de entrar miro el cielo nocturno, la última vez que vería el cielo estrellado en donde logre divisar varias luces que pasaban como estrellas fugases, no sé cuánto alcance a divisar, pero sé que fueron varias, hasta que la gente me empujo dentro del pasillo con dirección a nuestras habitaciones. Ya al ver la cara de mis compañeros sabíamos que las cosas no estaban bien, empezamos a especular que pasaba, lo que más pensamos es que el barco estaba bajo ataque, rogábamos para que no nos pasara nada.

Aquella misma noche comenzamos a sentir como el Nao Triana se balaceaba y el golpe de las marejadas azotando la coraza, era claro que estábamos en una tormenta, muchos camaradas cayeron a causa de ellos, los baños estaban saturados de gente vomitando, yo no fui una excepción, ese movimiento nos estaba torturando. En aquella noche fue difícil reconciliar el sueño, sentía como el metal del barco se retorcía debido a la presión del agua y a los constantes ronquidos y quejidos de mis compañeros, era una situación bastante estresante, desde una de las paredes se proyectaba una tenue luz roja que inundaba el dormitorio, de esta provenía un reloj digital que marcaba la hora de nuestro país, veía cada segundo avanzar hasta poder lograr conciliar el sueño, generalmente los comandantes nos despiertan, pero esta vez no fue así, despertamos por nuestra propia cuenta, algunos compañeros seguían durmiendo, otros jugando naipes y bueno otros aun en el baño,la tormenta aún se sentía, pero no tan fuerte como lo fue en la noche.

Un fuerte ruido sonó dentro de las habitaciones, era similar al que se escuchó anoche, sabía que algo sucedería, me puse en alerta de un fuerte ruido, aun aturdido por la larga noche que pasé entre la habitación y el baño.

- “Arriba soldados”. dijo nuestro comandante, en un tono bastante fuerte con su misma cara de perro, pero sabía que algo raro sucedía, se le notaba en la cara, todos nos pusimos delante de él a escuchar que nos iba a decir, el comandante bajo la cabeza como buscando algo en piso, levanto la cabeza y nos miró a todos nosotros, sus ojos se cristalizaban con una pequeña lagrima dio un suspiro, una pausa y su vos era seria pero melancólica.

-Jóvenes, veteranos, lo que les voy a decir quizás sea algo fuerte, no solo yo hago esto, si no los otros comandantes de los otros países también se lo están comunicando a sus soldados, anoche acaba de surgir la peor desgracia de todas, se desencadeno la expulsión de cientos de ojivas nucleares en todo el mundo, perdimos contacto con todas las bases del exterior, estamos a la deriva, pasamos por una tormenta la cual traía altos índices de radiación, por lo cual cuando salgan afuera, no podrán estar un tiempo mayor a 5 minutos hasta que nosotros les demos la orden no podrán salir a cubierta, cuando lleguemos a nuestro destino, no sabemos que podemos encontrar, no vengo aquí a alertarlos, sí no a advertirles que lo que podremos ver, ya nunca más lo será lo de antes y quizás hasta debamos esperar lo peor.

Solo vasto eso para dejar la conmoción en el pelotón, todos buscaban respuestas pero el comandante se retiró inmediatamente, no quiso responder preguntas, era evidente que al darse la vuelta se puso a llorar, pues el golpe que dio al cerrar la puerta, nos da entender que tan afectado esta, la voz del comandante por radios nos dice que podemos salir, las puertas se abrieron y salimos a ver como estaba la superficie, lo primero que divise, era el posible cielo ya no estaba gris como una nube, el cielo era negro, y una leve bruma que envolvía al barco solo alumbraban las luces con efecto tyndall, no podía ver el horizonte, todo era oscuridad.

De regreso a nuestras habitaciones muchos entraron en la desesperación, los llantos no se hicieron esperar, todos llorábamos unos más que otros. Nos quedamos todo el transcurso del día reposados en nuestras camas, ya nadie jugaba, cantaba, todo era el silencio y ese maldito reloj de números rojos alumbraba la habitación.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero escuchamos un “llegamos” dijo el comandante, tuvimos que vestirnos rápidamente con implementos especiales a la radiación un equipo que es bastante pesado. Solo a nosotros nos dejaron salir a cubierta, no podía creer los que mis ojos vieron, la ciudad puerto de mi país destruida, todo en llamas, quizás en cenizas, la única luz que alumbra es el fuego en los cerros y construcciones, ya nada era como lo vi en mi ida, el Nao Triana ya no podía arribar en el muelle, por lo que se debió bajar en barcos de emergencia.

El mar y su espuma era gris, ceniza quizás de cuantas casas, árboles o cuerpos calcinados, la orilla dejaba la huella de los bototos entre cenizas y arenas, el silencio era perturbador, autos volteados cuerpos por las calles, y unas cuantas personas rondando por los sectores, todos con la mirada perdida.

Nuestro comandante iba un par de pasos sobre nosotros, no nos ordenó nada, solo caminaba por las calles ya destruidas, todos seguíamos a nuestro comandante, nadie decía nada, la melancolía se apodero de todos, el viento era extraño, transportaba el humo de lo que aún no era ceniza, al aproximarnos a las calles logramos diferenciar claramente todo, autos despedazados, camiones y conteiner arriba de casas y edificios destruidos, cuerpos calcinados y mutilados en las calles, ya no era aquel puerto alegre, solo un grupo de gente arrimada en pequeños escombros buscando lo que eran sus pertenecías o familiares.

Escuchamos la sirena del barco, era el sonido de marcha pues aun tenia camino que recorrer era el adiós el barco acorazado Nao Triana. Entre tanta niebla y humo era difícil ver lo que había a distancia, había que pasar por los cuerpos esparcidos por las calles, lo más que podíamos hacer era recoger y orillar algunos cadáveres.

Tras un rato de caminar, estábamos cerca de nuestro destino, la muralla de concreto yacía en el suelo, no fue necesario bordear, logramos ver toda la base militar en ruinas, naves, helicópteros esparcidos por todo el terreno, la edificación principal estaba en ruinas. Unos cuantos soldados se encontraban próximas a las ruinas con personas que parecían médicos, con sus mascarillas y delantales los cuales se notaba que no limpiaban en días, pues el color negro de la ceniza y de la sangre ya era evidente, ellos entraban a unas carpas gigantes, donde había una infinidad de personas tendidas, algunas en el suelo, otras en camillas, tal espacio no era cabida para tantas personas, lo que más llamó mi atención fue que detrás de la carpa yacían inerte el cuerpo de centenares de personas, cubiertas con mantas y sus familia llorando entre los cadáveres.

Un soldado nos recibió y nos guio a los pisos inferiores del edificio, en donde se encontraban los bunker, laboratorios y salas de operaciones, logramos pasar por una pequeña apertura entre tantos escombros, veíamos a mucha gente civil dentro, que alcanzaron a resguardarse, madres que abrazaban a sus hijos, ancianos y niños preguntando sobre sus padres. Llegamos a un pasillo resguardado por un guardia quien nos dio permiso de entrar, las luces del pasillo parpadeaban aun seguíamos al comándate quien se notaba que sabía a donde se dirigía, hasta que más adelante se escucharon unos murmullos de un grupo de personas, eran más soldados, que ocupaban el uniforme de la marina, tenían el traje sucio o lleno de polvo, aún tenían caras de angustiados, confusos, pero no eran más de 5 al entrar en la gran sala.

Primera vez que veo una sala de esa forma, era como un cine, pero en vez de sillones estaba repleto de butacas con computadores, entre todos los soldados se levanta uno, quizás era el con más edad entre ellos, y saluda cordialmente a nuestro pelotón.

Al pasar el rato nos reafirma que las más grandes capitales del país fueron destruidas con ojivas nucleares, y lo que no fue destruido por ojivas, fue bombardeado con misiles, que se movían sin ruta, no fue más de un lapsus de 60 minutos, desde que se alertase la primera ciudad destruida en el mundo, solo eso basto para que el miedo aumentara y todos lanzaran sus misiles, ya no había objetivo, solo era atacar y ser atacado. A causa de ello no se pudo alertar a la ciudadanía, el tiempo era muy corto, sabíamos lo que los misiles venían en camino, las fuerzas aéreas se desplegaron a destruir los misiles eran demasiados, muchas explotaron en el mar otros en la cordillera, pero las otras no se pudieron parar, y solo fue esperar las consecuencias. El cielo fue cubierto de misiles, todo esto callo a lo largo del país. No se tiene conteo claro, pero las comunicaciones están muertas.

Todo lo mencionado fue suficiente para dejar los ánimos por el suelo, sabíamos que la capital era un gran agujero de escombros, era claro y evidente que mi familia había fallecido, lo más probable es que estuviese solo, mis hermanos, padres, tíos, todos muertos, era algo difícil de digerir, un nudo en la garganta, un sollozo de melancolía y unos escalofríos me hicieron derrumbarme y a quedarme en el suelo, aun no perdía la fe, hasta que viese la capital.

Como estaba la comunicación muerta no había forma de contactarse con los otros lugares, los radios ya no funcionaban la radiación en el ambiente las hacia fallar por lo que se escuchaba una constante interferencia, solo estuvimos un par de días en la base, teníamos que evacuar el lugar pues las mareas estaban llegando cada vez más alto, el fuerte oleaje arrastraba los escombros, la mayoría de las personas se habían marchado, quizás que rumbo tomaron, sabíamos que la radiación o el frio nos mataría, ya no existen refugios.

Ha pasado un tiempo, no puedo deducir si son días, semanas o meses, ya no sé si es de día o es de noche, las tecnologías han muerto, ya el horario no existe, solo se duerme cuando el cansancio te pasa la cuenta, sabía que estaba muriendo, la radiación ya hacia efectos en mi había perdido el hambre, no sé cuantos kilos he bajado, devolvía el agua que ingería y al toser lo primero que veía eran las manchas de sangre, mi piel, la cara estaban llenas de marcas de quemadura, que sangraban con materia, el caminar era un suplicio, las heridas en el cuerpo se infectaban, lo único que me quedaba era mi traje que ya perdió la cualidad de protección ante la radiación y una radio de la base militar que la prendía en caso que tomase alguna señal, solo se escuchaba interferencia, ya había pasado un tiempo que no veía nadie, ahora solo deambulo entre ruinas para capear el frio, en completa oscuridad, ni siquiera sé de qué color son las paredes que me dan refugio, mi única luz es la que emite la radio, y las fogatas que hago con diversos materiales.

Ya casi sin fuerzas me digno a encender la radio mientras trato de conciliar el sueño, no sé cuánto duermo, si es mucho o poco, pero cada vez que despierto amanezco con un charco de sangre al lado de mi cara, entre la sangre que boto al toser y las heridas de mi rostro, entre lo aturdido que me levanto y lo mal que me siento escucho una voz entre tanta interferencia, cada vez lo escuchaba mejor, sabía que alguien hablaba desde la radio, me levante con las pocas fuerzas que me quedan yentre los guantes que incomodaban para lograr sintonizar la señal con la radio logro atinar a la mejor frecuencia, escuchaba como un hombre hablaba en idioma que no conocía, en otras era un mujer, cada persona hablaba en un distinto idioma, sabía que algo estaban tratando de decir, espere, hasta que una voz habla en español, me quedé atónito escuchando las palabras tratando de hallar una coherencia, al terminar lo único que hice fue llorar al fin sabía lo que se estaba haciendo, llore de felicidad, hacia demasiado tiempo que no escuchaba una gran noticia.

Barcos, bicopteros y aviones, pasarían por distintas áreas de cada país, nombrando las ciudades y puntos estratégicos de cada país, rescatando a los sobrevivientes, esto se debía a que algunas de las grandes influencias mundiales estaban construyendo domos gigantes para tratar de sub existir en el inhóspito mundo, ya que el daño que se le hizo al planeta duraría un centenar de años, y el sol no volvería a ser visto durante muchos siglos, la tierra ya era infértil, la radiación y los químicos ya no permitían la vida animal y vegetal y lo que sobreviviese se los llevaría el frio.

Estas grandes ciudades mencionadas, estas grandes murallas que nos separarán del exterior estarán diversificadas en distintas partes del mundo, las cuales fueron menos dañadas por la radiación y químicos. Estas colosales ciudades fueron marcadas como el origen de la nueva vida, el punto de donde el hombre volverá a surgir de la devastación están grandes ciudades fueron llamadas Edén.