Chapter 1
En el crudo mundo de Samariv, Jeon Jungkook es un omega dominante de cuna baja que sobrevive robando en el País del Fuego. Pero oculta un secreto imposible: posee el “Rechazo”, un don sagrado capaz de revertir el tiempo y sanar cualquier herida.
Traicionado y vendido por su propia madre al ejército, sus planes de escapar se complican al cruzarse con el príncipe Taehyung. Ambicioso y calculador, el alfa real ve en el indomable prisionero el arma perfecta para derrocar a su padre, el Rey Ion, y a su hermano mayor, el príncipe heredero Taehyang. Mediante un reclamo forzado por pura estrategia política, ambos desatarán un incendio salvaje que promete dejar la corona hecha cenizas... Si es que no se pierden en el camino.
CAPITULO 1
En el crudo mundo de Samariv, Jeon Jungkook es un omega dominante de cuna baja que sobrevive robando en el País del Fuego. Pero oculta un secreto imposible: posee el "Rechazo", un don sagrado capaz de revertir el tiempo y sanar cualquier herida.
Traicionado y vendido por su propia madre al ejército, sus planes de escapar se complican al cruzarse con el príncipe Taehyung. Ambicioso y calculador, el alfa real ve en el indomable prisionero el arma perfecta para derrocar a su padre, el Rey Ion, y a su hermano mayor, el príncipe heredero Taehyang. Mediante un reclamo forzado por pura estrategia política, ambos desatarán un incendio salvaje que promete dejar la corona hecha cenizas... Si es que no se pierden en el camino.
CAPITULO 1
Existen muchas maneras de morir. No solo a través de enfermedades, accidentes o asesinatos. También se puede morir de hambre.
En un mundo como el de Samariv, los habitantes nacían en diferentes regiones que determinaban sus habilidades: Tierra, Agua, Fuego, Aire y Relámpago. Cada país poseía un elemento distinto, una historia diferente y diversos gobiernos que llevaban años en conflicto. En el País del Fuego, la tasa de mortalidad había incrementado un 20% en los últimos años.
Wengen era un pequeño pueblo de mineros que alguna vez encontró oro. Pero una vez que el recurso se agotó, el lugar quedó abandonado a su suerte. La hambruna era común y solo se expandía aún más al ser ignorados por la monarquía. Si el hambre no mataba, era seguro que los soldados lo harían. O tal vez los mismos vecinos en su desesperación por sobrevivir. El país que alguna vez fue rico en minerales y conocido por tener los mejores guerreros en batalla cuerpo a cuerpo, parecía morir lentamente en manos de un monarca egoísta: el Rey Ion, quien creía firmemente que las escorias debían luchar entre sí para eliminar a los inútiles y permitir que prevalecieran los fuertes.
-Jungkook, la vieja ya se descuidó -le informó Eunwoo en su mente.
Jungkook echó una mirada rápida, asomándose desde su escondite para confirmar que la señora Mavvie estaba de espaldas, buscando algo en su bolso grandísimo de un cuero viejo y gastado.
Al ser un omega dominante, Jungkook poseía sentidos agudizados, lo que le permitía captar el rancio olor a desesperación y vejez que emanaba de la mujer. Existía un rumor de que ella solía ser una dama de mucho prestigio entre la monarquía del Fuego, pero su familia fue una de las más afectadas cuando el Rey Ion asumió el trono. Gran parte de los nobles fueron despojados de sus títulos y de sus tierras, abandonados a su suerte... si es que no los mataron. Pero con o sin título, ella seguía manteniendo más dinero del que un pobre omega de dieciséis años podía imaginar.
-¡Ahora!
Jungkook no vaciló un segundo más antes de lanzarse a correr hacia el puesto de verduras de la vieja. Tomó todo lo que pudo para meterlo dentro de su bolsa de compras vieja y mal cosida en la parte inferior. Como omega dominante, imponía una agilidad y una fuerza física que desafiaban las leyes de su casta. No tenía el cuerpo delgado y con curvas que caracterizaba a otros de su tipo; solo era larguirucho y falto de músculo, ya que la escasez de comida no lo había ayudado a desarrollarse por completo. Sin embargo, su cabello largo y negro, toscamente cortado, le daba una apariencia rebelde que acompañaba a la perfección sus ojos desafiantes y su sonrisa sarcástica.
Jeon Jungkook había nacido omega, pero no planeaba agachar la cabeza por ningún alfa.
Eunwoo seguía manteniendo el control mental sobre la anciana mientras ella continuaba ensimismada en buscar algo que nunca encontraría en su bolso. Mientras no hubiera un ruido demasiado fuerte, la concentración de la mujer no se rompería.
Eunwoo era su hermano menor y su más grande aliado. Habían estado juntos desde que la madre de Jungkook se casó con el asqueroso padre de Eunwoo. Sobrevivían gracias a la ayuda del otro; así había sido por años. Jungkook era más rápido que todos en el pueblo, mientras que Eunwoo tenía el don de ejercer control mental. Pero al ser de la élite más baja y poco agraciada del País del Fuego, sus capacidades se veían mermadas y siempre tenían un tiempo límite o un defecto.
En este caso, siendo lo último, el poder de Eunwoo se anuló cuando en el puesto de al frente tiraron una botella de vidrio al suelo, quebrándose justo sobre los pies de Jungkook. El joven omega volteó de inmediato para encontrarse con Louis, el más viejo del pueblo, cuyos ojos oscuros y rasgados resplandecían de odio.
-¡Despierta, Mavvie! ¡Te están robando de nuevo!
El control se rompió de inmediato y Mavvie giró con la boca abierta. Una bola de fuego se formó en su boca y Jungkook tuvo que tirarse directo al suelo cuando estuvo a punto de darle. Las puntas del cabello se le quemaron, pero quedó a salvo; en cambio, Louis terminó con su propio puesto en llamas y chillaba en busca de ayuda, intentando controlar el fuego por sí mismo.
-¡Ya verás, maldito mocoso!
Ese fue el aviso de salida. Jungkook centró todo el mana en sus piernas y comenzó a saltar con rapidez de un puesto a otro para alejarse lo más rápido posible. En el camino hizo destrozos, pero nada que no se pudiera arreglar con un poco de paja y alambre. Las maldiciones a sus espaldas no se detuvieron. El omega rebelde que atemorizaba al pobre pueblo de Wengen: ese era Jungkook.
Llegó más rápido de lo que pensaba a su escondite secreto cerca del río, adentrándose en el bosque. Sentado sobre una piedra con las piernas cruzadas y las palmas de las manos abiertas hacia arriba, Eunwoo le mandó una mirada desaprobatoria.
-Otra vez te cacharon.
-Como si pudieran hacerme algo -Jungkook sacó de la bolsa una manzana y la mordió, degustándola con devoción. Al ser un omega dominante, ocultar su aroma a feromonas de triunfo era difícil cuando la adrenalina subía. Los ojos de Eunwoo brillaron y se relamió los labios. Jungkook se la lanzó de inmediato-. Es la única que tomé. Cómetela.
-¿No quieres la mitad?
-No me gustan demasiado las manzanas, de todas formas.
El menor no parecía satisfecho con la mirada, aun así el hambre era demasiado para él y terminó por devorarla en cuestión de segundos. Eunwoo era un niño flacucho de cabello negro y ojos oscuros como la mayoría de los hombres aquí en el Fuego. Tenía catorce años y era más inteligente que muchas personas que Jungkook conocía, incluso más que él mismo. Su ingenio y las habilidades del omega hacían un excelente equipo.
-Vamos a la guarida, tenemos que cocinar.
La guarida consistía en una cueva común y corriente donde cocinaban lo poco que podían robar o cazar. Gran parte de los animales estaban en el bosque privado de los Valtros, dueños de pueblos y soldados del rey que se encargaban de cobrarles impuestos y asegurarse de que murieran de hambre. Para entrar a cazar en el bosque de los Valtros -en este caso, de Valtros Straang- había que pagar; lo mismo para usar el agua del río y cruzar el puente que los conectaba con el resto del mundo fuera de la aislada región en la que vivían. También era su tarea asegurarse de que no pudieran salir de ahí; al menos no con vida.
Un estofado simple con un poco de carne del ave que habían cazado temprano y un poquito de las verduras que robaron hoy fue suficiente para rellenar sus hambrientos estómagos. Aun así, Jungkook seguía teniendo hambre. Lo poco que quedaba en su oxidada olla se lo dejó a merced de su hermano, consciente de que el menor había estado demasiado tiempo sin una buena comida y su cuerpo se debilitaba aún más por ello.
Cuando el sol estaba a punto de esconderse, Jungkook se giró hacia un Eunwoo concentrado en su libro de matemáticas. Lo habían encontrado en el basurero hace dos años y el niño no dejaba de leerlo y hacer notas a un costado con un lápiz negro y pequeño, cuya longitud disminuía drásticamente tras cada vez que afilaba su punta.
-Voy a casa -anunció el omega, tomándolo por sorpresa.
La triste mirada de su hermano quiso convencerlo de no ir.
-No lo hagas, Kook. Puede que la señora Mavvie se haya quejado con Tora.
-Tora le ha dejado muy en claro que va a meterle una bola de fuego en el culo si vuelve a joderla -le recordó Jungkook con cierto humor, aun así no disminuyó el temor del menor.
-Puede que también esté Cobre.
Cobre era su padrastro. Un viejo borracho y violento -un alfa decrépito cuyo aroma rancio apestaba a alcohol barato- que tenía de pasatiempo sobrepasarse con los tres, incluso con Tora. Había sido desde siempre un hombre asqueroso en todo el sentido de la palabra y para nada moral. Era el soplón del pueblo y el que les lamía el culo a los soldados solo por el vino. Jungkook todavía no entendía por qué Tora se había casado con él; ni siquiera era como si pudiera intercambiar información por comida. Era un imbécil que solo se desvivía por el alcohol.
Y, para variar, Tora, la madre de Jungkook, no era mucho mejor.
En caso de que la vieja Mavvie hubiera ido hacia la casa, era deber de Jungkook, como el mayor y el más fuerte, advertir si era seguro llegar o no. Nunca se sabía qué podría suceder con Tora o Cobre.
-No seas llorón y haz caso a lo que te digo -demandó con más fuerza y seguridad, dejando salir un leve tinte de su voz de mando de omega dominante que hizo que el menor se encogiera-. No es como si pudieran realmente hacerme daño. Sabes que puedo recuperarme.
-Aun así...
-Basta, Eunwoo. Y más te vale no comerte nada de lo que hay en la bolsa. Necesitamos sobrevivir con ello al menos una semana más. Ya tuvimos la comida del día.
El pequeño alfa asintió con los hombros encogidos. El pobre tenía tanta hambre que seguramente sucumbiría al deseo de comer algo más, pero no lo suficiente como para devorarse todo. No podían robar todos los días; con una comida al día era más que suficiente o podrían arriesgarse a problemas peores, como despertar el interés de los Valtros.
Vivían en una casa un poco apartada de las demás, pero era igual que todas las de aquí: vieja, desgastada y parecía que en cualquier momento se iba a derrumbar. El silencio inundó todo el espacio cuando Jungkook entró y cerró la puerta detrás de él, observando con atención todo a su alrededor: el piso era de madera vieja, al igual que las paredes sin color; los muebles, desde la silla de la mesa hasta los estantes de la cocina, estaban descoloridos y desmejorados por completo. Ni siquiera entraba la suficiente luz del sol por la ventana como para distinguir bien algo entre todo lo gris que era este lugar.
Todo se veía tranquilo y silencioso, lo que hizo que las sospechas del omega aumentaran. Al menos debería estar Tora sentada en el sillón frente a la televisión, mirando programas viejos. Si no estaba Cobre, Tora tendría que estar.
Un jadeo suave y desesperado llegó a sus oídos y sus piernas no hicieron caso a su instinto al advertirle que algo iba mal. Todo lo confirmó cuando vio que en el suelo de la cocina estaba la sangre de Tora saliendo de su cuerpo, mientras ella luchaba contra la muerte para seguir respirando. Había un cuchillo clavado en el costado de su vientre. Sus ojos brillaron al verlo como jamás lo habían hecho.
-Ju-Jungkook... -extendió su mano hacia él.
Él ni siquiera se movió ni apartó la vista de ella. Por un breve instante pensó en darse media vuelta e irse; dejarla morir era mucho mejor que dejarla viva con su marido golpeador. Además, no es como si Tora hubiera sido la mejor madre del mundo; todos los truquitos para robar habían salido de sus enseñanzas, y no tenía remordimiento en dejar que los aldeanos golpearan a Jungkook cada vez que venían a quejarse porque su hijo era un ladronzuelo. Pero hasta él era lo bastante humano para darse cuenta de que no podría dejar morir a su propia madre.
Jungkook observó a los costados con la usual precaución que solía tener cada vez que hacía esto. Una vez despejado todo, se arrodilló delante de ella y subió los brazos con las palmas en su dirección.
-Rechazo.
Un triángulo naranja transparente la cubrió por completo mientras la sangre lentamente iba volviendo a su cuerpo y la herida comenzaba a sanar.
En Samariv, su mundo, solo la nobleza y la élite podían tener un poder y un don. Los nacidos en cunas inferiores no tenían dones, y sin embargo, el joven omega tenía uno. Su poder, heredado por la tierra donde nació, era el fuego. Sin embargo, su don era el Rechazo: rechazaba el evento presente y regresaba a la forma original del pasado. Si algo se rompía, solo necesitaba usar el Rechazo para volverlo a su estado original. En este caso, si alguien estaba herido, podía curarlo.
Tora intentó hablar, mas él no la dejó.
-Tranquila, ya casi termino -le aseguró queriendo darle más calma, aunque por dentro Jungkook solo podía pensar en Cobre y lo desgraciado que era-. Esa mierda te hizo esto, ¿cierto?
-Jung... kook...
-Maldito desgraciado. Habría que matarlo -rechistó con odio, sus feromonas amargándose por la furia.
No era la primera vez que encontraba a Tora con una puñalada o alguna quemadura en su cuerpo. Cobre solía torturarla o golpearla en su borrachera. Jungkook no entendía por qué Tora actuaba como si nada, regresando siempre con ese alfa. Varias veces intentó convencerla de que lo dejara, o al menos que lo matara si tenía miedo de que la hostigara; él estaba dispuesto a ayudarla. Pero las respuestas de su madre siempre habían sido una bofetada junto con un griterío acompañado de insultos.
No era culpa de Jungkook tener cierto rencor y odio hacia su progenitora, ella también había sido la encargada de sembrarlo, sobre todo desde que su padre murió a causa de los soldados por protestar ante los impuestos y la escasez de comida. Ella se conformó con una botella de vino y un pan duro que dejaron en la puerta como compensación y, claro, también con una bolsa de oro que tan pronto la sostuvo, conoció a Cobre y él se la malgastó.
Jungkook aún no podía perdonarle haber vendido la memoria de su padre así como así, y mucho menos haber pasado tan rápido de un buen alfa como su padre a un ser deplorable como Cobre.
Una vez cerrada la herida y Tora recuperada, ella se sentó sobre el suelo con los dientes apretados con fuerza y el cabello negro revuelto. Era hermosa y se mantenía lo bastante delgada y linda para vivir entre alcohol, desnutrición y golpes. Jamás había sido demasiado amorosa, ni siquiera cuando el padre de Jungkook estaba vivo; siempre fue seria y fría como ninguna. Su mirada helada hacia la dirección del omega no lo sorprendió en lo absoluto. No agradecía. Según ella, su hijo solo cumplía con su deber por haberle dado la vida.
-¿Dónde estabas? -rugió con brusquedad, inquieta por alguna razón.
El mal presentimiento se asentó con más insistencia en el pecho de Jungkook. Se sentía nervioso e intranquilo, y su instinto de omega le advertía del peligro inminente.
-Por ahí.
-¿Dónde está Eunwoo?
-Está juntando leña en el bosque.
-Ah.
-¿Estás bien? -se atrevió a preguntarle, aunque ya conocía su respuesta.
-¡Estoy bien! ¡¿Acaso no me ves?! -grita dándole un empujón brusco y se levanta del suelo a duras penas-. ¡Y ahora levántate! ¡Levántate!
Él le hizo caso para no seguir alimentando su histeria. Ella alcanzó su copa de whisky sobre la mesada y le dio un gran sorbo con las manos temblándole. Solo en ese entonces, cuando observó su garganta moverse ante cada trago, Jungkook se dio cuenta de que algo estaba malditamente mal. Miró de reojo hacia la mesa del comedor: había más copas, vinos caros y whisky. Cobre y Tora siempre tenían ese vino barato y nunca había whisky porque era lo suficientemente caro.
El cuerpo le sudó mientras la ansiedad le gritaba que saliera ahora mismo. Su olfato captó el rastro de aromas extraños y pesados; alfas puros que no pertenecían al pueblo. Tora pareció adivinar sus intenciones y volteó hacia él con los ojos abiertos y llenos de lágrimas.
-Tienes que hacer algo por mí, Jungkook.
El omega dio un paso hacia atrás. Los manas y aromas desconocidos empezaron a asentarse alrededor. ¿Cómo no pudo darse cuenta de que estaba rodeado?
-Tora...
-No he sido una buena madre, pero al menos te di la vida, ¿cierto? -avanzó con el cuerpo temblando mientras trataba de sostener fuertemente la copa en sus manos-. Tienes que ser bueno con mamá.
-Vete al carajo, perra.
-¡Cállate, desgraciado!
La copa se estrelló en su costado y eso le indicó que tenía que escapar. Jungkook ignoró el grito de ella tras de él y llegó a la puerta delantera, pero apenas la abrió, dos soldados del señor Valtros lo esperaban. Intentó retroceder y huir, pero unas cadenas de acero se enredaron en su cuerpo apenas tocándolo y ejercieron presión, quitándole el aire de golpe.
Un soldado apareció a sus espaldas al tiempo que el omega caía al suelo sin poder liberarse de las cadenas, cada vez más desesperado y asustado. Pudo reconocer la cara del sujeto: Valtran Minho, el líder de los soldados y el asesino de su padre.
La sonrisa cínica en su rostro se tensó.
-Increíble poder el tuyo, jovencito. No lo hubiese creído hasta que tu madre nos dio la prueba en vivo y en directo.
Jungkook la buscó con la mirada; ella estaba apoyada sobre el marco de la puerta con una botella a medio terminar de whisky y bebía tranquila, sin arrepentimiento. El joven luchó para no llorar, lo cual era casi imposible.
-¡No pienso unirme a ustedes! -chilló intentando romper las cadenas como fuera, liberando feromonas de pura resistencia.
Con su pie vestido con una bota gruesa, el soldado le dio una patada en el estómago que le quitó el aire por completo. El impacto fue tan fuerte que Jungkook terminó por vomitar lo que había almorzado en la tarde con Eunwoo. Sus pensamientos de pronto fueron hacia el menor y lo llamó a través del lazo mental.
¡No vengas a casa! ¡No es seguro!
Ya lo sé... lo siento, Jungkook.
La respuesta vaga y triste de su hermano terminó por derrotar lo poco que le quedaba para luchar. Valtran lo sujetó del cabello, enredando sus dedos en él y tiró con fuerza hacia arriba, arrebatándole un gemido de dolor. Jungkook quedó a su altura, mirando con odio sus ojos negros burlones.
-Jeon Jungkook. Pyrokinesis y Rechazo. Un omega dominante con tales capacidades es justo lo que el señor Valtros Straang necesita para su batallón.
-¡Me niego!
No pudo hacer nada más. Pronto, el puño del alfa se estrelló contra su mejilla y eso fue lo último que sintió antes de caer al suelo de golpe con un dolor inmenso en la cara. Apenas y distinguió entre la nebulosa a su madre recibir una bolsita rellena de monedas y su rostro indiferente hacia él.
Era la última vez que Jungkook la vería en la vida.
Pd: me inspire en un poco en el avatar y alguno que otro anime, pero tenía muchas ganas de escribir esta historia. Samariv es un mundo que cree aparte y los demás países también. No me gaste mucho e
n los nombre de los países, no tengo imaginación en eso.
Espero subir pronto otro capítulo x.x
.