Prólogo
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Dicen que el océano no crea monstruos. Los guarda.
Caminar por la playa en medio de la noche podía traer muchas sorpresas. La marea arrastraba desde las profundidades caracoles, perlas, mensajes embotellados.
Pero una noche todo cambió.
Los caracoles y las perlas fueron reemplazados por huesos, cuerpos... e incluso garras.
¿Tiburones? ¿Orcas?... ¿Sirenas?
El océano parecía estar jugando una mala broma a los pescadores y habitantes de Santa Monica. Y los hermanos Westcott no pensaban detenerse hasta encontrar respuestas.
Porque el mar ya no estaba en paz.
Había enviado algo diferente a la tierra.