Capítulo 1
Eran las diez de la mañana. Despertaba con el sonido del aire acondicionado sonando cada diez minutos. Mi garganta se sentía algo seca y tenía ganas de ir al baño. Parpadeo una, luego dos veces para quitarme el sueño y poder ver bien. Tomo mi celular, que estaba al lado de mi cama, prendo la pantalla y no hay notificaciones. Se veía venir, ¿quién podría escribirme? Ahora ni mis amigos lo hacen. Lo dejo a un lado; ahora cada hora parece tan eterna y sin sentido. Ya no quiero sentirme así, solo quisiera salir de este lugar, de la oscuridad que invade mi corazón, pero no puedo. Quizá merezco esto, sentirme de esta manera. Ya he pasado por esto antes, podré levantarme aunque me tome algo de tiempo.
Debo admitir que quizá no fui sincero durante mucho tiempo. Tenía miedo, mucho miedo de verte con alguien más, incluso ahora. Solo sé que ya no podría volver a ti, incluso si quisiera, porque sigo enamorado de alguien que solía conocer, no de quien eres ahora, y eso me duele. No poder superar el pasado y seguirte como quieres, porque sé que, como las primeras siete veces que terminamos, no funcionaría, no lo haría. Y debo darme cuenta de que esa es más que la verdad, hacer que quede en mi cabeza y creérmelo hasta jamás buscarte en ningún lugar o esperar encontrarte en algún rincón de mi habitación.
El trabajo se vuelve complicado incluso en los días más fáciles. Reviso el celular con la posibilidad de que me escribas un “buenos días, que te vaya bien”, pero simplemente no está. Las puertas del camión se cierran sin avisar y he olvidado que debí haber subido. Llegar unos minutos tarde por segunda vez a la semana no hará daño a nadie. Tomo el siguiente. Al llegar, vuelve a ser tan pesado otra vez. Echo un suspiro largo mientras miro la hora y aún faltan ocho horas para salir de este ambiente. Ya quisiera salir e ir a casa, en donde la soledad me abraza.
Pero entonces escucho su nombre y volteo instintivamente. La busco con la mirada, mi corazón palpita y mis nervios cada vez son más visibles. Quiero verla, pero ¿qué pasaría si de verdad estuviera enfrente? ¿Qué podría decirle? Antes de pensar, mis pies caminan solos, aún buscándola, pero no encontrándola. La miro de espaldas y ahí estaba ella. Aún podía oler ese perfume y, en un momento a otro, ya estaba abrazándola. Esa persona me empuja de golpe, me mira a los ojos y no… me equivoqué. No era ella. Tenía el mismo cabello, el nombre, pero su rostro… no era mi chica.