Capítulo Único
Scourge tenía gustos muy particulares.
Le gustaba presumir.
Llamar la atención.
Pulirse en cualquier cosa que sabía hacer.
En breves cuentas, hacer entender que era “el mejor”...
Esto no era un secreto para nadie.
Y siempre intentaba dejarlo cada vez más claro en cada cosa que hacía:
“Soy único…”
A la hora de vestirse, era más obvio.
Lleno de joyas.
Tatuajes.
Piercings.
Y, aunque toda esta mezcla podría resultar desastrosa o hasta incómoda.
Su terrible personalidad carismática y buen humor lo hacían verse muy bien.
Tenía de todo.
Y todo lo que tenía era muy bueno…
Scourge no era un “galán” promedio.
Él no era ridículamente romántico.
Ni tampoco tan pretencioso.
Sin embargo, ninguna de sus parejas jamás tendría una queja de él.
Tenía “algo” que lo hacía muy especial:
Cuando se hablaba de ser “el mejor”, era literalmente.
Sí el peliverde tenía que cumplir un rol, lo haría a la perfección.
De asesino, era impecable.
De confidente, también.
De amigo, por supuesto que el más cool.
Y si se trataba de ser tu novio… no tenías porqué tener alguna duda de que serías malditamente feliz.
Ahora… ¿por qué hablábamos de todo esto?
Pues, en este caso específico… digamos que era necesario.
Especialmente si estaba moviéndose entre las piernas de Espio.
Y especialmente si no dejaba de hacerlo venirse desde hace varias horas…
Sí, si se trataba de sexo… Scourge también sabía exactamente qué hacer.
Y eso significaba mucho para su actual relación.
- No… ya no… puedo…
El camaleón estaba agitado.
Apenas podía moverse.
No entendía cómo su novio tenía tanta resistencia y, aunque nunca se quejaba, esta vez sentía que su cuerpo no podría más.
¿Cómo era posible que se hubiese corrido 5 veces y Scourge siguiera con una expresión tan tranquila?
Lo miró con la poca cordura que le quedaba.
La sonrisa ladina que el peliverde le mostró le hizo entender que quejarse no lo detendría.
- ¿Ya no? - escuchó.
- Es… es demasiado…
- Pero tú querías esto, cariño. Dijiste que podrías soportarlo.
- Pero… es… Yo no…
- Shh… La estás pasando bien, ¿por qué parar?
- Siento que moriré…
- Jajaja… eso nunca lo permitiré.
Espio no pudo responder.
Scourge levantó sus caderas llegando más profundo en su interior.
Ahí, besó todo su rostro y acomodó su cuerpo sobre la cama.
No era la primera vez que tenían un encuentro similar.
Sin embargo, esta noche todo se sentía más emocional.
Más que nada para Scourge:
La idea de compartir el resto de su vida con el camaleón… era cada vez más clara…
Al ver a su novio retorcerse de nuevo debajo de él, comenzó a moverse.
No tardó en escuchar algunos gemidos.
Y la sensación de unos muslos apretándose en su cadera lo hizo estremecer.
No obstante, lo que dijo Espio era cierto.
Había hecho venir a su novio varias veces, pero él aún no parecía estar cerca ni de correrse.
¿Acaso no lo estaba disfrutando?
No, todo lo contrario.
Él sentía placer en llevar a sus compañeros al límite.
Y más aún si a quien tenía enfrente era la persona que más amaba…
- ¡Scourge!
- Me encanta cuando tu voz sale así. Me excita demasiado.
- Me voy… a desmayar… Es… Es mucho…
- Pero tu interior no deja de apretarme, sé que disfrutas esto.
- Me voy… a venir… de nuevo… ¡Ah!
- Sigo sin ver algún problema...
El peliverde se concentró en besar a su novio.
Vio atento su rostro.
Lo llenó de mimos y tocó cada pedazo de piel que reconoció.
Sabía y conocía perfectamente dónde tocar.
No solo era “rudo” en los momentos precisos, sino también delicado y estimulante cuando era necesario.
Un buen sexo no consistía en ser brusco y acabar de golpe.
Sino más bien en tomarse el tiempo de conocer a tu pareja y llevarlo al límite en las cosas que más disfrutase.
No tardó mucho en aprender todo esto de su amado.
Para acabar, necesitaba muchos besos.
Caricias.
Y, obviamente, escucharlo hablar “sucio”...
Si Espio lo quería, lo tendría por completo.
- Te sientes increíble… - gruñó despacio.
El cuerpo del violeta nuevamente estaba a punto de ceder.
El camaleón aún no comprendía cómo es que ellos habían terminado así, pero no tenía ninguna queja a estas alturas.
No era virgen cuando conoció a Scourge, no obstante, definitivamente sabía que jamás volvería a sentir este tipo de placer.
- ¡Scourge! ¡Ya! ¡Hablo… en serio!
No había nada que el mayor amara más que ver a su novio al borde del colapso.
Enojado.
Lleno de lágrimas.
Había cierto gusto culposo en llevarle la contra.
Como alguien que había crecido sin límites ni controles, tener un novio muy apegado a las “normas” lo hacía sentirse seguro.
Lo aferraba a algo.
Lo llevaba a una base.
Y por otro lado, sabía que Espio disfrutaba mucho de que le quitara ese control.
Ayudarlo a romper sus patrones.
Hacerle entender su libertad.
Eran opuestos.
Muy diferentes.
En sus formas de hablar.
De comportarse.
De pensar.
De ser…
Pero, al mismo tiempo, también eran el complemento perfecto.
Si uno subía demasiado, el otro lo ayudaba a bajar.
Si uno caía, el otro lo jalaba.
Si uno iba al extremo, el otro lo regresaba al centro.
Y tal vez, por eso, se habían enamorado tan rápido…
Cosas así solo ocurrían una única vez.
El camaleón no tardó en correrse de nuevo.
Scourge regresó a la realidad.
Levantó sus caderas llegando lo más profundo que pudo dejando a su novio deshacerse.
Memorizó su expresión.
Su cuerpo tembloroso.
Su interior húmedo y apretándolo.
Era perfecto.
Más que hermoso.
Así no se corriera, ya estaba completamente satisfecho esa noche...
- Scourge…
La voz llorosa de Espio llamándolo fue la cereza en el pastel.
Lo que más le gustaba de tener sexo, era poder ver a su pareja en éxtasis.
Lleno de placer.
Como si no entendieran que estaba pasando o si iba a sobrevivir.
Besó a su novio.
Lo acomodó con cuidado debajo de su cuerpo.
Era encantador.
- Eres muy bueno… - susurró.
El camaleón se quedó callado.
Tomó aire como pudo.
Nunca antes se había sentido así.
¿De verdad con algunos movimientos “simples” estaba enloqueciendo?
Buscó sus ojos.
No tardaron en encontrarse.
- ¿Por qué…?
Su pregunta quedó incompleta.
El mayor lo ayudó a sentarse sobre la cama sin romper la unión.
No pudo evitar jadear.
- ¿Umm?
Más besos.
Caricias.
Roces suaves.
Scourge era muy atento.
- Tú… ¿no piensas venirte? - soltó.
La pregunta salió casi por inercia.
Después de todo, era lo más común pensar en el disfrute del otro.
Intentó mantenerse estable.
Sin embargo, su novio parecía tener otras cosas en mente.
- El sexo no es solo correrse, cariño.
- Pero…
- Además tú te ganaste esto… ¿Tenías curiosidad, no?
- Es que…
- “¿Cuántas veces has hecho venir a tus otras parejas?” “¿Por qué no haces lo mismo conmigo?”
- Yo…
- ¿No es mejor demostrar con acciones que con palabras? Además, ¿cómo podría negarme a lo que me pides si te ves precioso estando celoso…?
Espio no respondió.
Desvío la mirada.
Se escondió en el pecho ajeno.
Scourge sonrió emocionado al recibirlo.
Por un momento, se quedaron solo sintiéndose el uno al otro.
Sin embargo, la felicidad duró poco.
El peliverde pudo reconocer algo diferente.
Un temblor ligero.
Una respiración entrecortada.
¿Eso era un llanto?
Su actitud confiada cambió por completo a preocupación.
- Hey, ¿qué pasó?
- Nada…
- ¿Te duele? ¿Paramos? Tranquilo, no es-
- No… no… Olvídalo, estoy bien.
- ¿Qué pasa? Habla conmigo por favor.
- Está bien, yo solo…
- Espio.
- Scourge, no es-
- Espio, habla. Harás que me enoje otra vez.
El tono del peliverde sonó muy firme.
Autoritario.
Casi irreconocible para él.
Sí, también tenía una faceta seria y controlada.
Y si se trataba de su novio, la mostraría cuantas veces sea necesaria.
El camaleón entendió que debía sincerarse.
Sin embargo, estaba avergonzado.
También muy inseguro.
¿Estaba bien su admitía qué se sentía muy limitado al momento de salir con alguien como él?
Su mundo y el de Scourge eran claramente diferentes.
Él podía encajar en una caja cerrada de concreto con muchas normas.
Y su novio… brillaba y rompía cada una de las cosas que conocía.
“¿Y si lo aburría?”
“¿Y si lo sofocaba?
“¿Y si se daba cuenta que en realidad no tenía mucho para dar?”
Pensó un poco en lo que diría.
Scourge tomó su rostro obligándolo a verlo.
Pese a todo, la pose siguió intacta y sin romperse.
- Es una estupidez - respondió.
- Quiero oírla.
- De verdad lo es.
- Con mayor razón.
- Scourge-
- Siempre dices cosas muy lógicas y bien plateadas… Si esto es algo “estúpido” es novedoso así que quiero oírlo. No siempre me das momentos así…
Hubo un rato más de silencio.
Espio tomó valor.
Lo que menos quería era alejarse de Scourge.
- Solo sentí… que no soy bueno en esto…
- ¿En esto?
- Al tener… sexo. Al estar contigo.
- ¿Ah?
- Sé que soy muy… “cuadriculado” y… tú tienes muchísima experiencia. La intimidad es importante en cualquier relación, entonces… tengo miedo que te aburras de mí con el tiempo…
- Espio-
- Además… parece ser que fui el único disfrutando de verdad… Me gustaría hacerte sentir como tú me haces sentir… Creo que solo me frustré, pero… ya está…
Scourge escuchó atentamente.
Evitó responder rápido.
De alguna manera entendió el problema, pero también se enterneció.
Pese a lo “predecible” que podía lucir el camaleón, aún así era una caja de sorpresas:
Se veía débil, pero era fuerte.
Se veía callado, pero no tenía miedo de soltar lo que pensaba.
Se veía frío, pero era muy apasionado…
Sonrió despacio.
Lo besó otra vez.
Intentó relajarlo lo más que pudo.
- ¿Entonces tienes miedo de que me aburra de tí?
- Yo…
- ¿De que te deje?
- Scourge…
- ¿De que no me guste… cómo tenemos sexo y te remplace por alguien más?
- Te dije que era una idiotez, pero no es solo por el sexo… Es que somos de mundos muy diferentes.
- Jamás dejaría a alguien por eso.
- Lo sé, yo solo-
- Y menos aún si amo con mi vida a esa persona… Sería un idiota si te dejara ir, amor…
Espio se quedó callado.
Su corazón se aceleró.
Scourge lo abrazó con fuerza respirando sobre su piel.
Se habían dicho “Te amo” antes, pero escucharlo de manera tan firme y cercana…
- Tener sexo no es solo “placer” - siguió el peliverde - Para mí, va más allá…
- Es…
- Sí, he tenido intimidad antes, pero a tí no te estoy dando solo mi cuerpo o un orgasmo. Te estoy dando mi alma, mi corazón, casi mi vida entera…
- Scourge…
- Y no se trata de cuántas veces me venga o te haga ver el cielo, sino de… cuidarte, protegerte, hacerte sentir especial, amarte... Nosotros ya no tenemos sexo hace mucho Espio, hacemos el amor…
Todo se congeló en ese momento.
Sus ojos se quedaron conectados.
Ambos sabían lo que sentían.
La entrega.
El compromiso.
Su forma de entenderse…
¿Podían ser más felices?
Esta vez fue Espio quien inició un beso.
Scourge lo recibió gustoso.
Cayeron nuevamente a la cama.
La unión abajo seguía ahí.
Tal vez podría ser un buen momento para por fin “acabar”.
- Te amo, cariño. Deja de pensar de más...
- Lo siento… solo…
- Te amo, te lo diré todas las veces que lo necesites.
- Scourge…
- Te adoro… Deja de preocuparte por los demás. Solo quédate conmigo.
Más besos.
Caricias.
Sus cuerpos reconociéndose el uno al otro.
- Siento que estoy cerca… ¿me ayudarás a correrme? - soltó el mayor.
Espio entendió el mensaje.
Abrazó el cuerpo ajeno.
Suspiró.
- No tienes que pedirlo. En realidad no deseo nada más ahora...
- Bien, pero… Ya sabes que soy un poco más especial…
- ¿Ah?
- Solo déjate llevar de nuevo, cariño. Te gustará…
Scourge rodeó a su novio con todo su cuerpo.
Se arrastró de la cama poniéndose de pie.
Ahí, acomodó a Espio entre sus caderas.
Lo ayudó recostándolo sobre una pared.
Se quedó justo detrás de él listo para seguir.
- ¿D-de pie?
- ¿Sí?
- ¿Por qué…?
- ¿Por qué no? Hagamos todo más divertido…
El camaleón no pudo decir más.
Scourge comenzó a moverse mientras lo masturbaba.
Antes todo estaba siendo delicado, pero ahora era lo contrario.
Se sostuvo del papel tapiz como pudo.
Sentía sus testículos rebotar.
Algo se su propio semen chorrear.
Si antes pensaba que se iba a desmayar, ahora estaba seguro.
- ¡Ah! ¡Ahh!
- Eres precioso… Increíble.
- ¡Scourge…!
- Tu interior me aprieta demasiado bien… Me encanta…
El sonido de sus sexos uniéndose no tardó en llenar la habitación.
Las lunas se empañaron.
El placer comenzó a desbordar.
Sin embargo, cuando todo pudo acabar ahí, Scourge se detuvo una vez más.
Se encargó de volver a atender de la mejor forma que sabía a su novio.
Besó toda su espalda.
Dejó marcas.
Estimuló su miembro masajeando todo su glande.
- Voy a…
- Está bien, ya hablamos de esto.
- ¡No! Ya basta.
- Pero, amor…
- Scourge-
- Solo déjate-
- ¡¿No entiendes que quiero venirme junto a tí también?!
El peliverde no necesitó escuchar más.
Comenzó a moverse de nuevo.
Esta vez se dejó llevar derritiéndose sobre su novio.
Dejó chupetones en cada rincón de piel que vio.
Apretó sus glúteos.
Lo beso hasta asfixiarlo.
Cuando reconoció un hormigueo en su pelvis decidió subir un escalón más.
Los llevó hacia el piso.
Ahí, sin soltar a su novio, lo acomodó delante de él levantando una de sus piernas.
No le dejó procesar nada para comenzar a moverse.
Lo penetró con fuerza a la par que jugaba con su miembro y mordía su cuello.
- ¡Ahh! ¡Ah!
- Carajo… eres perfecto.
- ¡Scourge! ¡MÁS! ¡Más rápido!
- Te amo… Te adoro, cariño.
- ¡No te detengas!
El vaivén aumentó.
Los besos.
La saliva.
La unión.
Nuevo semen no tardó en aparecer.
No obstante, fue nuevamente solo el camaleón.
Scourge necesitaba un poco más.
Pero antes de que Espio pudiera entrar en cuenta de lo que pasaba, el mayor se acomodó delante de él alzando sus muslos.
¿Iba a seguir?
Comenzó a penetrarlo una última vez.
El misionero siempre sería su pose favorita…
- ¡AHH! ¡AH!
- ¡Grita! ¡Más fuerte!
- ¡VOY A…! ¡DE NUEVO!
- ¡GRITA! ¡MÁS ALTO!
- ¡SCOURGE! ¡YA NO-
- ¡ESPIO!
- ¡TE AMO! ¡TE AMO, SCOURGE!
- ¡UGH, JODER!
Esta vez el peliverde no pudo más.
Se corrió con fuerza en el interior de su novio a la par que él.
Su cuerpo se tensó.
Fue lo más profundo que pudo.
Derramó toda su semilla hasta relajarse.
Sin dejar de ver los ojos de Espio, terminó de deshacerse.
Por un segundo se quedó en blanco.
Perdió fuerzas.
Y sintió que se podría desmayar.
Tener sexo con la persona que amabas era increíble.
Después de esto sabía que no necesitaban más.
- Dios… eso… fue demasiado bueno…
- ¿Estarás bien… con una vez?
- ¿“Una vez”?
- Es la primera vez que te corres hoy y…
- Estoy bien si te veo feliz, no quiero más.
- Scourge…
- Solo… dí que me amas. Con eso me tienes a tus pies…
- Amor…
- Te amo, no hay que desee más que tenerte aquí…
Un beso cerró la unión.
Un abrazo ansioso.
Muchas más caricias.
Ambos habían necesitado mucho esto.
Sentirse únicos.
Amados.
Especiales.
Tal vez, por ahora, solo deberían dejarse llevar por el presente…
El futuro aún se veía lejano y borroso.
“¿Qué pasará con nosotros…?”
La vida se encargaría sola de responderles esa pregunta.
Fin.
Owwwwwwwww, estoy comenzando a amar de verdad a esta pareja <3