¿ Una vida malgastada ?

All Rights Reserved ©

Summary

Hubo una vez una persona que nunca aprendió lo que era vivir… porque desde demasiado temprano tuvo que aprender a sobrevivir. Mientras otros soñaban, amaban y descubrían el mundo, ella cargaba con soledad, pérdidas y heridas que parecían no terminar nunca. Después de 39 años atrapada entre desgracias y un destino que todos daban por perdido, encontró por un instante algo parecido a la libertad. No porque la vida se volviera buena, sino porque quienes aún seguían a su lado —y aquellos que ya no estaban— le dieron una razón para no rendirse. Ahora deberá enfrentar una realidad mucho más cruel de lo que imaginó. ¿Podrá romper el destino desgraciado que todos creen que le pertenece? ¿O terminará siendo consumida por una vida que siempre le quedó demasiado grande? Descúbrelo en una historia donde la esperanza y la tragedia caminan de la mano.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1

Hubo una vez donde todo parecía tan fantástico, donde podía sumergirme en mis pensamientos y sueños completamente, sin que nadie me encadenara con sus ideales estúpidos; donde parecía que la realidad nunca me alcanzaría. Pero ¿saben qué es lo más gracioso? Que esperé 39 largos años de mi vida para poder sentirme libre aunque sea por un momento.

Irónico, ¿no creen?

Todos creerían que eso es algo que uno aprende de niño, porque se supone que esa es la etapa donde amas, deseas y, lo más importante, APRENDES. Donde descubres el mundo, sueñas en grande y esas estupideces que a la gente le encanta repetir. Pero supongo que algunos nacimos demasiado ocupados sobreviviendo como para vivir algo así.

En el verano de 1995 todo cambió. A mi corta edad de 8 años parecía que Dios me había dado una bendición: podía recordar todo con extremo detalle. Cada olor, cada grito, cada mirada, cada maldito golpe. Mi mente funcionaba como una grabadora que nunca se apagaba. Aunque, siendo sincera, en donde yo vivía eso parecía más una desgracia hecha específicamente para burlarse de mi sufrimiento.Porque créanme... hay recuerdos que deberían pudrirse y desaparecer para siempre.

Tengo 5 hermanos y, si se lo preguntan, soy la última. La menos importante. El repuesto del repuesto. La niña explotada para sacar limosna de los más incautos y alimentar a dos buenos para nada que se hacían llamar mis padres.Todo parecía normal. Iba a las calles, vendía dulces, pero después de un agotador día no llegué a vender lo que debía. Ya sabía las consecuencias.

Estaba en una calle muy concurrida, pero al llegar la noche nadie quería estar allí. Era conocida por ser una zona peligrosa, famosa por sus robos cotidianos y por la normalidad con la que se veía la violencia a plena luz del día. La gente veía sangre, golpes o gritos... y seguía caminando como si nada.

Soledad:Mierda... no vendí nada. Esa vieja desquiciada me va a moler a golpes, así como lo hizo con juan .

Luego vi pasar a un viejo. Primero me fijé en su ropa, ya que era lo más visible. No tenía nada que pareciera caro. Luego me percaté de que llevaba un reloj que se notaba que valía algo y, por último, me fijé en sus zapatillas.

Y bingo.

Me di cuenta de que ese vejestorio tenía plata.

Solo tenía que hacer lo de siempre. Después de todo, ya aprendí a lidiar con esos ASQUEROSOS.

Pasé a la otra pista y me choqué con él.

Vejestorio:¡ouch! ¡Mira lo que hiciste, mocosa maloliente! Me ensuciaste la ropa con tu mugre. ¿Ahora qué harás?

Soledad:Disculpe, señor, yo no quería chocar con usted... pero mire, mis dulces están en el piso. Yo no puedo vender eso...

El hombre la detiene antes de terminar de hablar.

Vejestorio:Se nota que eres una serrana estúpida. ¿Cómo te atreves a insinuar que pague por la porquería que vendes? Encima de chola eres horrorosa. Mira lo que hago con tu mierda.

Empieza a pisotear los dulces lentamente.

Soledad:

—¡Maldito, suelta mis cosas!

El hombre procede a patearla.

¡PUM!

Soledad cae al suelo agarrándose el abdomen.

Vejestorio:Niña respondona y maleducada. Eres una chola asquerosa. ¿Acaso te duele? Agradece que soy amable. La basura debe estar donde le corresponde, no mezclarse con gente como yo. ¿Entendiste, zarrapastrosa?


Soledad: (dice con dificultad mientras intenta respirar)

Págame...

Vejestorio: Mira, si quieres dinero, véndete. Con suerte conseguirás algo. Mira, ya que me hiciste enojar, me cobraré con eso. No me mires así, que me dan ganas de meterte otro golpe. Te enseñaré cómo se atiende a un hombre. Se ve que no estás USADA. Serás una serrana, pero te sabes conservar. Y si lo haces bien te puedo dar algo. Eso sí, cúbrete la cara; no quiero ver que lo estoy haciendo con una zarrapastrosa asquerosa.

El vejestorio se agacha lentamente y saca la billetera como acto de dominación. Luego saca dinero y lo pone delante de mí.

Ese estúpido no sabía que me decían LA BALA.

Apenas soltó la billetera, salí corriendo.

¡Oye! ¡Regresa aquí, maldita mocosa! —gritó mientras iba detrás de mí.

Pero no contaba con que yo conocía esas calles mejor que nadie.

Corrí entre callejones, salté unas bolsas de basura y me metí en una quinta que había por la zona. Ahí recuperé mis fuerzas y me dispuse a contar mi ganancia.

Ese viejo solo tenía 100 soles.

En ese entonces era un buen monto. Ahora solo es un mísero sencillo por el cual me jugué mi dignidad y mi vida.

Me fui a “la CASA”.

Y sí... vivía en una zona que no era muy diferente de donde trabajaba. Si tuviera que resaltar algo de ese cerro, sería la hermosa vista al cielo que casi se veía eclipsada por todo el arenal que había entonces.Mientras más subía, más dolor tenía. Supongo que por la adrenalina no sentí mucho antes. Cada paso hacía que el golpe en mi abdomen ardiera más, pero después de todo... yo no soy débil, ¿sabes?

Llegué con un poco de dificultad y abrí la puerta.

Pasé de tener una vista espléndida del cielo a una cruel realidad, donde los que se suponía que eran tus “padres” se lanzaban todo lo que tenían enfrente mientras repetían la misma mierda de siempre.

¿De quién fue la culpa de vivir en la miseria?

¡Todo esto es por tu culpa!

¿Y por qué tu PADRE tuvo que ponerle el cuerno a la vieja?

Sí, eso era lo común.

Y eso que cuando los dos estaban borrachos no había nadie que se salvara.

NADIE.

Platos rotos, botellas vacías, insultos, gritos... era tan normal que hasta daba miedo cuando la casa estaba en silencio.

Intenté irme para afuera, pero él se percató de mí.

Señor:¡Mocosa! ¿Qué haces? ¿Quién te dio el derecho de salir?

Soledad:

(tartamudeando mientras le daba la espalda cerca de la puerta)

Yo... lo lamento, padre...

El hombre comienza a acercarse lentamente con una botella de cerveza en la mano.

Señor: ¿Qué dijiste? Dilo. Que no te logro escuchar.

Soledad:

(con dificultad y gritando del miedo)

¡Yo lo lamento, padre!

El hombre la agarra bruscamente del cuello del polo.

Señor: ¿Acaso te dije que me grites, estúpida? No me irrites más. ¿Acaso crees que tengo esto por las puras?

Le muestra la botella.

Ahora dame el dinero.

Splash...

Se escuchan sonidos de agua cayendo al piso.

Señor:Qué asco... como te orinaste

La tira contra la pared.

¡PAM!

Soledad:Lo siento... yooo...

Tartamudea mientras pone la billetera delante de él.

El hombre se acerca rápidamente y se agacha para agarrarla.

Señor: Eso quería. ¿Viste que no es difícil? A ver cuánto conseguiste, mocosa.

Cuenta los billetes lentamente mientras sonríe con burla.

Mira... ya estás trayendo ALGO. Ya no eres una buena para nada.

Saca los billetes y los mueve frente a ella en tono burlón .

Señor: No me esperen. Y mocosa, limpia ese mierdero. ¿Acaso somos animales?

Señora: ¿Qué? ¿A dónde te vas? ¿Me dejas aquí con estos?

Le agarra de los brazos y se aferra a él desesperadamente.

Señor:

¡No me jodas, mujer! Quédate con tus HIJOS.

La empuja violentamente y cierra la puerta con fuerza.

¡PUM!

Esa mujer se acercó hacia mí con una mirada llena de odio.

Señora:

¿Viste, asquerosa? Él se fue por ti. ¿Por qué lo hiciste enojar? Es mejor nunca hubieras nacido.

Me fui corriendo hacia el cuarto mientras mi madre me lanzaba cosas.

¡Lárgate!

¡Maldita mocosa!

Mi hermana estaba adentro. Llegué justo a tiempo para que mi hermana cerrara la puerta.

Esa señora golpeaba sin parar.

¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!

Parecía que no se iba a detener nunca. Después de un largo rato de golpes, insultos y cosas rompiéndose afuera, finalmente se escucharon pasos alejándose.

Eso sí... seguía insultándonos mientras se iba.

Mi corazón latía a mil por hora, pero poco a poco se calmó.

Ese día fue uno de los pocos donde no nos molían a golpes. Uno de esos raros momentos donde simplemente nos dejaban existir por un rato, como si por una noche se hubieran cansado de descargarse con nosotros.

Cuando todo se calmó, mi hermana María, que era 2 años mayor que yo, me habló en voz baja.

María: Sole... mira, ¿guardaste algo?

Soledad: (sonríe levemente y saca el dinero escondido) Tú sabes que sí.

Le muestra 30 soles arrugados.

No era mucho, pero en ese lugar cualquier moneda podía decidir si comías o terminabas con otro moretón encima.

María le acaricia la cabeza con cuidado.

María:Muy bien, hermanita. Mira... tengo que decirte algo importante que mamá no quiso decirte.

Intenta hacer sonidos de tambores con los dedos sobre sus piernas.

Vas a ir a la escuela.

Hace una pequeña pausa y sonríe.

¡Tarán!

La sonrisa de Soledad desaparece inmediatamente.

El simple hecho de escuchar esa palabra le revolvió el estómago más que la patada del viejo.

Soledad:¿Qué...? ¿Para qué? Va a ser más difícil conseguir dinero.

Se agarra la cabeza con miedo.

Yo no pienso pasar por ESO. ¿Y si quedo peor que Juan? No... no, María. Me van a desechar. María, tienes que hacer algo.

Su respiración comienza a acelerarse.

Porque en lugares como donde yo vivía, si dejabas de servir... te convertías en basura rápido.

María:

(la agarra e intenta abrazarla)

Cálmate... eso no volverá a pasar. Yo te pro...

Soledad:

(se aparta bruscamente de ella)

¡No me mientas!

La mira fijamente con enojo.

Hazlo con ellos, pero no conmigo.

Silencio incómodo.

María baja lentamente la mirada antes de volver a hablar.

María:Ya no se puede retrasar más. Hoy vinieron unos señores y dijeron que ya debían matricularte en el colegio, que era urgente. Estaba escuchando a escondidas, pero antes de que pudiera escuchar más mamá me llamó y me botó a la calle.

Soledad:¿Estás segura de que me vas a ayudar?

Por primera vez en toda la noche su voz sonó más pequeña que agresiva.

María:Sí. Haré todo lo que pueda, hermanita.

Quién diría que desde allí mi vida iría en picada.

Sé que no podemos predecir el futuro, porque si yo pudiera cambiarlo hubiera evitado que ese fatídico día ocurriera.

Tal vez aún tendría a alguien a quien contarle mis cosas. Alguien que cuando tenga miedo me abrace y me haga sentir que no debería aterrarme nada, porque ella estaría ahí. Alguien que cuando cumpla una meta me mire fijamente y me dé una sonrisa de oreja a oreja. Y que me llame la atención cada vez que cometo un error.

Como ella decía:

“Algún día nos iremos y tendremos una casita... no, mejor una casa muy grande, donde solo estaremos tú y yo y por fin tendremos nuestro lugar feliz.”

Era nuestro sueño. Uno estúpido quizá... pero era nuestro.

Personaje desconocido: Y dígame... ¿por qué no lograron cumplir su sueño? ¿Se llegaron a distanciar?

Soledad guarda silencio por unos segundos.

Un silencio pesado. De esos que aprietan el pecho más que cualquier golpe.

Soledad: Porque mi hermana falleció hace 29 años.

Personaje desconocido: Lamento mucho la pérdida de tu hermana.

Soledad: Gracias... ella era la mejor.

Soledad baja lentamente la mirada.

Pero solo por un momento.

Porque llevaba demasiados años sobreviviendo como para quebrarse tan fácil.

Soledad:Pero creo que ahora no es momento de sumergirme en el mundo del “tal vez”. Debo continuar. Es lo que ella hubiera querido... que contara mi historia y que nunca me quedara callada.