El Cielo que te Tienen Prometido

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Summary

Sheyla Obregón lo tiene todo: belleza, dinero, un prometido millonario y una vida de portada en las revistas de sociales. Pero un atentado a balazos la deja al borde de la muerte. En ese umbral, un anciano le ofrece una segunda oportunidad… con una condición: hacer feliz a alguien que realmente lo merece. El problema es que ese alguien no es su perfecto prometido, sino Gustavo Martínez: un profesor universitario depresivo, desaliñado, fracasado en el amor y en la literatura, al que ella siempre ha despreciado. Obligada a fingir un interés que no siente, Sheyla se acerca a él con la excusa de escribir un libro. Pero lo que empieza como una misión impuesta por el destino se convierte en un viaje inesperado. Porque mientras Gustavo comienza a redescubrirse a sí mismo, ella tendrá que enfrentar sus propios fantasmas: amigos que la traicionan, un exnovio que oculta oscuros secretos y un asesino que sigue en libertad. El cielo que te tienen prometido es una novela de redención, segundas oportunidades y amor verdadero, donde el paraíso no está donde crees, sino en quien menos imaginaste. "No es solo una novela sobre segundas oportunidades; es un viaje introspectivo que explora el perdón, la redención y la búsqueda del amor verdadero."

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Aquella tarde en medio de un quirófano y con tres impactos de bala que la tenían a un paso de la muerte, Sheyla tuvo una visión en la que caminaba por una apacible pradera, suavemente bañada por los rayos de un sol senil que contrastaba con el verdor de la hierba tierna que apenas se levantaba del suelo. La acompañaba un venerable anciano que, de seguro, la llevaría a las puertas del cielo o del infierno, aunque ya a esas alturas no estaba en capacidad de sopesar sus actos, ni de recordar los méritos que pudieran llevarla a uno u otro lugar.

Sentía una paz indescriptible, a pesar de que unas horas antes le tocó vivir la peor experiencia de su vida, había sido salvajemente baleada en el interior de su auto por un hombre encapuchado que, aun sin conocerla, se ensañó brutalmente en contra de su humanidad. Pocos segundos bastaron para que aquel cuerpo encantador, tentación y delirio de tantos hombres en la ciudad, se encontrase cubierto de sangre y sosteniéndose apenas con un halo de existencia que estaba a punto de reventarse.

El anciano la llevó hasta lo alto de una montaña y desde allí le mostró un paisaje cautivador que la envolvió en un éxtasis sublime y casi eufórico, como jamás había experimentado en sus 27 años de truncada existencia. Sheyla se sintió realizada ante la majestuosidad de aquel entorno, donde enseguida reconoció imagen recurrente de sus sueños infantiles cuando, aun sin saberlo, se adelantaba a su propia muerte.

-Este es el cielo que tienen prometido, pero quien me envía está dispuesto a darte una segunda oportunidad

-¿A qué te refieres? -Preguntó extrañada-

-A volver de donde viniste, a cosechar los méritos que te faltan para que seas digna del entorno que ahora vislumbran tus ojos.

-¿Qué debo hacer entonces?

-Volver a la tierra y hacer feliz a quién se lo merece.

-Eso no será difícil, si regreso le devolveré la alegría a mis padres, a mis amigos y más que todo al hombre que amo y con quien pronto me iré a casar.

-En parte te equivocas…–le replicó el anciano- En cuanto a tu familia, es evidente que de nuevo les devolverás la sonrisa, pero, en lo que respecta a tus amigos y “más que todo” a tu prometido, habrá cambios radicales que tendrás que hacer.

-No te comprendo -Replicó Sheyla-

El anciano le planteó las opciones que en ese momento se vislumbraban en torno a su existencia; la primera de ellas y la más inmediata era la de morir e ir directo a una morada de reflexión, donde reconocería sus aciertos, pero también todos sus errores que, hasta el momento, acumulaban un mayor peso. Después de eso regresaría en otro cuerpo para empezar desde cero y enmendar su karma. Como segunda alternativa se le ofreció volver a la tierra y enfrentarse al reto de amar a una persona por la cual, en circunstancias habituales, solo sentiría repulsión, asumiendo, además, la tarea de hacerlo feliz y darle un sentido a su existencia. Sin embargo, también había una tercera opción que, en ese momento, se le presentó como una consecuencia inmediata de la segunda.

-Esa la sabrás después. –le refirió el anciano mientras dibujaba en su mente la imagen de un hombre que le pareció conocido-

__________ O ___________________

Ese mismo día el profesor Martínez salía de su clase de literatura con una firme resolución en su cabeza: acabar con su existencia antes de que el arrepentimiento y el miedo se apoderasen de él, como ya había pasado en otras ocasiones. Después de salir a toda velocidad de la Facultad, detuvo el viejo Fairlane 500 en la primera licorería que encontró a su paso, compró dos botellas de aguardiente y empezó a beber mientras conducía rumbo hacía el Puente Sobre el Lago.

Los motivos que lo empujaban a tal decisión se agolpaban en su cabeza, buscando la primacía para justificar el suicidio: Un divorcio solicitado por su esposa (apenas a un año de haberse casado); cinco rechazos de las editoriales alegando que sus libros eran demasiado delirantes para la época; tres sanciones por el consejo disciplinario de la Universidad, en las que se le exhortaba a mejorar las prácticas pedagógicas bajo el riesgo de ser despedido; el rechazo de su padre que aún no le había perdonado que estudiase literatura y no ingeniería, pero, el peor de todos, era aquel sin sentido existencial que se apoderaba de él todos los domingos en la tarde para hacerle ver lo infructuosa de su existencia.

Ya lo más difícil estaba hecho, la policía no se percató de su embriaguez, había pasado la alcabala del puente y solo restaba acelerar el auto hasta llegar a la Pila 23, allí simularía una falla del vehículo que lo obligaría a bajarse, y antes de que hubiese tiempo de rescatarlo, se lanzaría hacía las aguas de aquel Lago al que le había compuesto un par de sonetos que casi nadie se dignó a leer cuando fueron publicados en un diario local.

Cuando aceleró, el viento se coló por la ventana y removió unos exámenes que se encontraban en el asiento contiguo; fue una prueba sorpresa que hizo esa misma tarde para mantener ocupados a sus alumnos mientras él ideaba la mejor forma de acabar con su vida. Las hojas se agolparon en su cara y, antes de que pudiese quitárselas, ya había estrellado el auto con una de las primeras pilas del puente. El impacto lo dejó inconsciente y cuando reaccionó ya la policía de caminos estaba forzando la puerta para sacarlo.

Sobre su frente todavía descansaba uno de las hojas de examen, llena de su sangre por los bordes, pero dejando muy claro el contenido de la evaluación:

Divida en sílabas métricas la siguiente estrofa: (Valor 5 pts)

“No me mueve, mi Dios, para quererteel cielo que me tienes prometido,ni me mueve el infierno tan temidopara dejar por eso de ofenderte”.

Era un soneto atribuido a San Juan de la Cruz, a Santa Teresa de Ávila y a algunos otros tantos personajes de la iglesia católica. Lo cierto del caso es que el Profesor Martínez no lo había seleccionado por que fuese creyente (ya hacía mucho tiempo que había superado esa etapa), sino porque fue lo primero que consiguió en la guantera de su auto… quizás perteneció a su último dueño. Era una invitación a una misa de aniversario de muerte, de esas que se editaban hace algunas décadas como recordatorios para familiares o amigos. Apenas le dio tiempo de leer esa frase cuando lo sacaron del auto y lo llevaron a la misma clínica donde Sheyla se debatía por su vida.

Continuará.