Chapter 1
Las tres cadenasLa regla en la ciudad era simple, casi un mandamiento:
Nadie cruzaba las rejas del parque después de las ocho de la noche.
Todos sabían que las sombras allí se volvían más densas, aunque nadie explicaba realmente por qué.
Esa noche, por un impulso que todavía no logro entender, me quedé.
Me escondí detrás de unos arbustos mientras el cuidador cerraba las puertas principales con un enorme candado oxidado. El silencio que siguió fue absoluto, un vacío tan profundo que incluso tapó el ruido del tráfico de las avenidas cercanas.
Entonces caminé hacia el centro del parque, guiado por un magnetismo extraño.
Y ahí estaba el árbol.
De día ocultaba su vejez entre los demás robles, pero en la oscuridad parecía expandirse, estirando sus ramas negras hacia el cielo como dedos retorcidos.
Me detuve a unos metros del tronco.
El aire se volvió helado.
Pesado.
Entonces lo escuché.
Clank…
clank…
clank…
El sonido metálico me congeló la sangre.
De la rama más baja colgaban tres cadenas de hierro grueso. El viento no soplaba. Las hojas permanecían inmóviles. Y aun así, las cadenas se balanceaban con una violencia rítmica, como si algo invisible tirara de ellas desde las profundidades de la tierra.
Di un paso al frente.
Y extendí la mano hacia la cadena del medio.