Enchanted-Enchained

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Summary

Rania huye de una amenaza que no conoce. La persigue en sueños, la acecha desde la oscuridad. No entiende por qué la vida insiste en ponerle piedras en el camino, entre traiciones y amarguras cerró su corazón, sin embargo nunca se rinde: hacia atrás no vuelve, ni siquiera para tomar impulso.
Incapaz de cumplir sus viejos sueños, decide buscar otros nuevos, porque comenzar desde cero no le asusta para nada. Ansel vive cómodamente dentro de una familia atípica que, pese a todo, funciona perfectamente, no ha conocido lo que es pasar necesidades y los demás lo consideran afortunado. Aunque la verdad es otra, llevando una vida nómada con su familia, nunca se quedó el tiempo suficiente para poder cultivar relaciones interpersonales, lo que hace que sea una persona que no cree en el amor y no tiene desarrollada la empatía, hasta el día que ve esos ojos almendrados que lo desarman por completo. Una deuda que saldar, que no puede pagarse con dinero hará que ambos descubran cosas de sí mismos que desconocían. El amor, la lucha, la resiliencia: pueden encantarte... o encadenarte.

Status
Ongoing
Chapters
33
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

PRÓLOGO


Tigre, Provincia de Buenos Aires — 19 de diciembre de 1999, 22:45hs.

El viento azotaba con fuerza las paredes de la casa en medio de la noche. Amanda podía ver, a través de su ventana en el segundo piso, el vaivén de los árboles. Un dejo de aire fresco y agradable se colaba por algunos rincones de la casa; el aroma a tierra mojada se podía percibir, como preludio de la tormenta anunciada aquella mañana en la televisión.

Acarició lentamente su abultado vientre. Faltaba poco para dar a luz: con treinta y ocho semanas de gestación, los dolores de espalda causaban nervios y expectativa. Estaba sentada sobre la esquina derecha de la cama, la más cercana a la ventana. Solo unos cinco pasos la separaban de poder ver una parte de la calle y, un poco más lejos, el inicio del río Luján.

Sus pensamientos giraban en torno a cómo haría para escapar. Sus padres la mantenían encerrada desde que supieron del embarazo. Interrumpir esa vida no era una opción para ellos; iba en contra de todas sus creencias. El embarazo fue un error inesperado, un desliz y, ahora, debía asumir las consecuencias. Aunque realmente no estaba arrepentida: amó a su bebé desde el primer minuto en que supo de su existencia.

No tenía otra alternativa más que esperar el dar a luz, rogando cada día silenciosamente salud y libertad. Incluso si lograba escapar, la encontrarían, y todo sería mucho peor. Un extraño presentimiento se hacía eco en su pecho, y la idea de salir por la ventana la llamaba cada vez más. Aunque luego de acercarse un poco dudó, en su estado, no podía arriesgarse a caer del alféizar.

Lo último que esperaba era escuchar el sonido de pisadas dentro de la casa. Todo ocurrió tan rápido que su mente no podía procesar la situación. No imaginó ser arrastrada hacia una camioneta; aquellas personas desconocidas simplemente la alejaron del único espacio que, aunque para muchos pudiera ser una cárcel por el encierro al que fue sometida, era suyo, su lugar seguro.

No hubo manera de defenderse. Sentía dolor en sus muñecas; las cuerdas que le habían puesto cortaban la circulación de la sangre. El mundo se volvió aún más oscuro cuando le colocaron una venda en los ojos. En medio de toda esa situación, escuchó la voz de su madre diciendo:

—Con cuidado, por favor, está embarazada por si no se dieron cuenta...

Aquella voz, que debía ser reconfortante, rasgaba su corazón en pedazos. Podía sentir el palpitar arrítmico y la presión del bombeo de sangre en sus sienes. Tenía que ser un error. Debía ser un error.

Una vez dentro del vehículo, taparon su cabeza con un costal, como si quisieran suprimir a parte de la vista, sus demás sentidos. Cada movimiento era doloroso, muy difícil. Perdió la noción del tiempo, así que no pudo calcular cuánto tardaron en llegar a una zona llena de árboles. Sus sentidos estaban tan alterados que no podía pensar en dónde podría estar. En algún momento, sacaron el costal de su cabeza. La sentaron sobre una silla en medio del bosque —o lo que su mente podía asociar a ese conjunto de naturaleza y árboles que la rodeaban—. La visión se tornaba borrosa por las lágrimas.

No sabe si fue el destino, su suerte o algún milagro, pero mientras aquellas personas la ignoraban, moviéndose de un lado a otro, algo cambió. Una vez más, sus sentidos no cooperaban con su cuerpo.

No fue hasta que sintió cómo una fuerza rompía las cuerdas y, como si no pesara nada, la levantaba por debajo de los brazos. Intentó girar, pero aquella voz femenina y grave le dijo:

—No voltees. Corre, y no mires atrás.

Hizo exactamente eso. Apenas sus pies se vieron libres de ataduras, sintió bajo ellos la fría tierra; los escalofríos recorrieron su piel. Sin pensarlo dos veces, echó a correr como pudo. Trataba de orientarse por el entorno, pero la visión era escasa: las grises nubes cubrían los pocos rayos de luna que guiaban su camino.

Corrió tan rápido como pudo. Sentía que el pecho iba a estallarle. Jadeaba buscando aliento. No veía nada, podía sentir cómo las ramas y los arbustos cortaban sus pies, pero no sentía dolor. La adrenalina era tal que no importaba si se adentraba demasiado; solo tenía una palabra en la mente: escapar.

La vida tenía otros planes. De repente, perdió el aliento junto con el equilibrio y, justo antes de estrellarse entre los arbustos, giró para caer de espaldas. Trató de recuperar el aliento. El dolor en el bajo vientre y la humedad desconocida la hicieron gritar de frustración. No podía ser posible: quizás, por el esfuerzo físico, el trabajo de parto se había adelantado.

El último recuerdo que tuvo, antes de exhalar su último aliento, fue un par de manos que acariciaron gentilmente su rostro, el calor de un cuerpo pequeño en sus brazos. Con los ojos apenas abiertos, tuvo la visión final más hermosa. Escuchó nuevamente esa voz femenina y grave:

—Descansa, ningún mal atacará, todo pasará.

En medio del silencio, solo interrumpido por el silbido del viento, sus últimas palabras quedaron suspendidas en la noche oscura. Cargadas del amor más puro y desinteresado, se perdieron en un susurro entre árboles desconocidos y el aroma a tierra mojada. Te amo...

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