Capítulo 1
La corte entró en sesión. Vlad Draevenor dio lugar a su informante para que explicara el motivo de aquella reunión.
—Hemos recibido informes desde Surnakar. Hubo un ataque en el distrito comercial. Según los reportes, pensaron que se trataba de un varkai, pero tenía habilidades de un hemaryn.
—¿No se trataba de dos individuos? ¿Están seguros de que era uno solo?
—Es el reporte de los guardias de la zona. Y no fue el primero; solo en la región de Surnakar ya hubo varios casos.
—En esa región se encuentran el distrito comercial y el puerto Skarn. Investiguen a los residentes de la zona. O alguien está intentando alterar la paz o estamos dejando entrar a alguien capaz de ocasionar ese desastre.
—Sí, majestad. —El informante salió de la sala.
Vlad se reclinó hacia adelante, entrelazando las manos mientras observaba a los presentes.
—Por ahora no debemos informar al respecto a las otras zonas, pero sí investigar si en Morvakar, Velkyn, Korynthia, Draeven, Nordhal y Solmara están ocurriendo los mismos ataques. Necesito que los ubiquen y los aíslen, por ahora nadie debe saber de ello, para mantener el control de la situación. —Miró a todos esperando alguna respuesta.— ¿Algún voluntario? Necesito discreción, así que enviaré a un grupo reducido.
Al no recibir respuesta, se notó ligeramente molesto, pero alguien interrumpió en la sala.
—Yo soy voluntaria.
Séraphine ingresó a la sala con un tono animado mezclado con inquietud juvenil, emocionada por ser tomada en cuenta.
Vlad la miró y sonrió ligeramente antes de dirigir su vista hacia los hombres de su corte.
—¿Alguien más?
La sonrisa en el rostro de Séraphine se desvaneció y una expresión de molestia apareció en su rostro. Se acercó a la mesa frente a su padre y apoyó ambas manos sobre ella.
—Hablo en serio. Soy voluntaria. He escuchado el caso, déjame hacerlo.
—No está a discusión. Ahora retírate; esa no es forma de ingresar a una reunión.
—Si me lo permite, majestad, me gustaría encargarme de este trabajo.
Séraphine miró molesta al más joven de la mesa. Pensó que, si realmente hubiera querido aquella misión, no habría esperado a que ella entrara a la sala.
—Bien. Te daré un grupo. Prepárate; partirás lo antes posible.
Dicho eso, Vlad abandonó la sala, dando por finalizada la sesión. Tras él se retiraron los hombres de la corte, dejando atrás a Séraphine y al voluntario que partiría probablemente en unos días.
—¿Lo haces por molestarme? —preguntó Séraphine, molesta.
—Nadie más quería hacerlo. Y pensé que quizá, de esa forma, Su Majestad me tomaría más en cuenta y no solo como un reemplazo temporal de mi padre hasta que él muera o se recupere.
—Ojalá se recupere, así te vas y no estorbas.
—Es infantil que te molestes conmigo. Puedo decirle a tu padre que quiero que estés en mi equipo. Así podría dejarte ir sin problemas.
Séraphine sonrió sin mostrar los dientes, apretando los labios. Sin embargo, aquella sonrisa no duró mucho; rápidamente se transformó en una expresión seria y carente de emoción.
—No quiero tu consideración, Darian. Prefiero quedarme.
Darian la sujetó antes de que pudiera marcharse.
—Puedes ser caprichosa, pero eso me gusta de ti. —Le sonrió.
Sin embargo, solo recibió el empujón de la mano de Séraphine apartándolo de ella. Luego se cruzó de brazos.
—No estoy de humor para tus encantos. Buen viaje. Que Mortis te acompañe.
—Querrás decir Aereth. Mortis es el dios de la muerte.
—Lo he dicho bien.
Séraphine se retiró de la sala.
La molestia de Séraphine era evidente. No comprendía por qué su padre no la había considerado para aquella misión. Decidió enfrentarlo directamente, aun sabiendo que probablemente perdería.
—¿Por qué no puedo ir? Dame al menos una razón válida.
—No estás lista. Necesito a alguien que logre recabar la información que necesito sin correr riesgos, y tú lo único que haces es correr riesgos. —Volvió la vista hacia los papeles sobre la mesa, pero Séraphine habló nuevamente, captando su atención.
—Dame una oportunidad. Prometo hacerlo bien.
—No voy a discutir esto más. No vas y punto.
—Pero…
—No es no. Aprende a escuchar. —Su tío, Zaleska, ingresó a la habitación para entregar más documentos a Vlad. Él los recibió.— Ve a hacer tus deberes.
Al ver que sus posibilidades de ganar eran nulas, Séraphine se marchó por el camino que conducía directamente al área donde los guardias se preparaban para partir. Los observó con molestia, aunque al final no podía hacer nada.
—¿De qué crees que se trata?
Un joven príncipe, claramente menor que ella, apareció a su lado casi como una sombra. Sin embargo, no la sorprendió; estaba acostumbrada a las apariciones fantasmales del menor.
—Deberías estar estudiando o algo por el estilo, Alaryk.
El joven hizo una mueca de disgusto.
—Ya lo hice. Bueno, al menos lo que me explican, e incluso adelanté algunos temas, pero es aburrido. La historia no cambia, siempre es la misma, y estoy harto de leer sobre la Guerra de los Tres Reinos. ¿Cómo saber realmente que eso fue lo que ocurrió? No hay forma. Nunca he conocido a un valen ni a un hemaryn. ¿Cómo sé quién es realmente el bueno? Porque estoy seguro de que, para los valen, la historia que tenemos no es la misma.
—No lo sé. No conozco suficientes valen como para confirmarlo. Pero sí los he visto…
Séraphine quedó pensativa respecto al ligero interés que comenzaba a surgir en ella hacia los valen. Al mismo tiempo, Darian le dedicaba una última mirada antes de reunirse nuevamente con el pequeño grupo que partiría en aquella misión.

—Sabes de qué se trata, ¿no es así? —habló Zaleska.
—Ya deberías saber que sí. ¿Qué es lo que tienes actualmente?
Zaleska miró hacia el techo y, soltando un suspiro pesado, recordó la información que tenía para Vlad.
—Según las víctimas, son hemaryn y varkai a la vez. Son distintos… son como ella. Y sabemos perfectamente que eso no terminará bien. ¿Qué sucederá si esto se sale de control y atacan Solmara? El tratado de paz que tenemos será en vano y Solan reanudará la guerra. Porque entiéndelo, esos demonios son como nosotros… al menos una parte de ellos.
—Solan es alguien razonable. Es de Aurelion de quien debemos cuidarnos. Si él logra convencerlo de atacar, entonces lo hará. Pero por eso mismo no alerté a nadie. Si el pequeño grupo consigue traer al menos a uno de ellos, podremos comprender si realmente se trata de criaturas como ella. Mientras tanto, solo podemos esperar.
—Olvidé preguntarte, ¿tienes alguna noticia de Minhea? —se cruzó de brazos—. Porque te recuerdo que él tiene al niño y no sabemos nada de él. Tal vez sea quien está causando todo esto.
—No, no he sabido nada de Minhea. Pero te recuerdo que no sabemos nada de él desde hace más de diez años. —Soltó un suspiro cansado.— Aunque, si te soy honesto, no me sorprendería que estuviera muerto.
—Si está muerto, el niño también. Y podría decir que eso sería un alivio.
Zaleska tomó una pila de papeles y se los llevó.
Vlad, por su parte, caminó hacia la ventana. Cerró los ojos esperando sentir la esencia vital de su hermano menor, Minhea, quien había partido de Valacryn hacía dieciséis años con un niño en brazos rumbo a Morvakar. En aquel entonces, Vlad se había opuesto a que lo hiciera, pero Minhea se había empeñado en marcharse para proteger la vida de ese niño.
Ahora, su mente solo podía pensar:¿Dónde se encontraba Minhea?¿Seguía con vida, al menos?
Esperaba que Minhea estuviera vivo y regresara para comandar una vez más su ejército en caso de que Solmara, bajo el liderazgo de Solan, reanudara la guerra que había terminado hacía dieciséis años.
Aun así, conocía tan bien a sus hermanos que estaba seguro de que, si Minhea seguía vivo, se negaría a pelear. No porque hubiera desarrollado pensamientos altruistas tras la guerra; al contrario, Vlad estaba convencido de que Minhea no volvería a luchar sin su compañera de vida.
Cuando abandonó Valacryn, lo hizo tras la muerte de Mircea.
Vlad nunca entendió cómo aquella pérdida había afectado tanto a Minhea.
Eran cinco hermanos, pero quizá la conexión entre Minhea y Mircea era especial por haber compartido el vientre. Vlad, al ser el mayor, había aprendido a cuidar de los más pequeños. Zaleska, segundo hijo de Vaelion, creció prácticamente a la par de él y era con quien mejor se llevaba.
En cuanto a Mircea y Minhea, al ser mellizos, habían desarrollado un vínculo especial. Vlad lo sabía; juntos eran imparables. Pero la guerra terminó arrebatándole a Mircea, dejando a Vlad con tres hermanos… y a Minhea sin su compañera de vida.
Por otro lado, el menor, Radu, quien siempre sintió que era el que sobraba, terminó viajando a Korynthia bajo la premisa de dedicarse al estudio y la sabiduría.
Radu, a diferencia de sus hermanos, podía haber sido un sanador excepcional, pero decidió convertirse en un hombre de conocimiento.
Korynthia, ciudad fundada tras la guerra y gobernada por Lucien Veyr, amigo y consejero de Vlad cuando asumió el liderazgo de Valacryn, había sido la recompensa de Lucien por su lealtad.
Korynthia era una ciudad de comercio, enfocada en la importación y exportación de productos provenientes de todas las naciones. Podría decirse que era el único lugar donde un valen y un hemaryn podían caminar por la misma calle sin matarse. No como amigos… pero sí en paz.