Monster Lover [One Shots +18]

Summary

Simple, adentrate en estos pequeños cortos en donde serás el principal foco de las figuras femeninas más sexys. Sin más, disfruta.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Nina The Killer - Bragas Rojas y Sonrisa Sangrient

T/n suspiraba frente a su computadora en el pequeño departamento del tercer piso. Era un jueves cualquiera, de esos en los que el trabajo remoto se sentía eterno. Programador de software, pasaba la mayor parte del día encerrado entre cuatro paredes, con la ventana entreabierta para que entrara algo de aire fresco del atardecer. Afuera, el parque cercano empezaba a vaciarse mientras el sol se ocultaba.

De pronto, algo llamó su atención.

Sobre el alféizar de la ventana, ondeando suavemente con la brisa, había un par de bragas rojas. Encaje fino, algo translúcido, con un lazo pequeño en la parte delantera. Estaban ligeramente húmedas, como si acabaran de quitárselas.

—¿Qué carajos…? —murmuró T/n, frunciendo el ceño.

Miró hacia el exterior. No había nadie en la escalera de incendios ni en el balcón. El edificio de enfrente estaba demasiado lejos para que alguien las hubiera lanzado. Extrañado, pero con una curiosidad que no podía ignorar, abrió completamente la ventana y las tomó.

Las bragas eran suaves, de una tela delicada y cara. Las acercó a su nariz sin pensar demasiado. Un aroma dulce, femenino y ligeramente almizclado invadió sus sentidos. Su cuerpo reaccionó de inmediato.

—Mierda… —susurró, sintiendo cómo se endurecía.

Se sentó nuevamente en su silla, mirando las bragas con una mezcla de confusión y morbo. No era el tipo de persona que hacía estas cosas, pero llevaba semanas sin estar con nadie y ese olor… era demasiado tentador. Bajó sus pantalones lo suficiente y envolvió su miembro ya erecto con las bragas rojas.

Empezó a masturbarse lentamente, presionando la tela contra su piel mientras acercaba la parte más húmeda a su nariz, inhalando profundamente. Imaginaba a una mujer desconocida, con curvas generosas, quitándoselas solo para él. Sus movimientos se volvieron más rápidos. Gemía bajito, perdido en el placer prohibido.

No se dio cuenta de que la ventana se había abierto más.

Una figura entró en silencio, como una sombra. Nina The Killer. Cabello negro con mechones rosados recogido en una coleta alta con un enorme lazo rojo. Sudadera morada ajustada que apenas contenía sus enormes pechos, falda corta negra con volantes y unas bragas rojas… que ya no llevaba puestas. Sus ojos azules brillaban con una mezcla de diversión y locura, y sostenía un cuchillo en la mano derecha. Se quedó allí, observándolo durante casi un minuto completo. Ver a T/n oliendo y masturbándose con sus propias bragas la excitó de una forma peligrosa.

—Qué pervertido… —susurró con voz dulce y ronca.

T/n abrió los ojos de golpe. El corazón se le subió a la garganta.

Antes de que pudiera reaccionar, Nina ya estaba encima de él. Se sentó a horcajadas sobre sus piernas, presionando su coño desnudo y húmedo contra su muslo. El cuchillo brilló cerca de su cuello.

—Sigue —ordenó ella, sonriendo con esa expresión perturbadora—. No te detengas por mí.

T/n estaba paralizado por el miedo y la excitación. Nina tomó su mano y la guió para que continuara masturbándose con las bragas, mientras ella se frotaba lentamente contra su pierna.

—Hueles mi aroma y te corres como un perro en celo… Me encanta —ronroneó, inclinándose hacia adelante. Sus pechos enormes se aplastaron contra su pecho—. ¿Quieres la real?

Sin esperar respuesta, Nina se quitó la sudadera por la cabeza. Sus tetas grandes, pesadas y perfectas rebotaron libres. Los pezones rosados ya estaban duros. Tomó la cabeza de T/n y la hundió entre ellas.

—Chúpame mientras te masturbas con mis bragas.

T/n obedeció, casi en trance. Su boca succionó uno de sus pezones con hambre mientras seguía moviendo la mano. Nina gemía suavemente, moviendo sus caderas contra él. Luego bajó la mano y reemplazó la suya, masturbándolo directamente con las bragas rojas, apretando con la presión perfecta.

—Buen chico… —susurró—. Termina. Quiero ver cómo te corres con mi olor.

No tardó mucho. T/n gruñó contra sus pechos y eyaculó con fuerza, manchando las bragas rojas y sus dedos. Nina sonrió satisfecha, recogiendo un poco de su semen con los dedos y llevándoselo a la boca.

—Mmm… delicioso.

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T/n jadeaba, aún procesando lo que estaba pasando. Nina seguía sentada sobre él, completamente desnuda de cintura para arriba, con el cuchillo ahora apoyado suavemente contra su mejilla.

—¿Vas a matarme? —preguntó él con voz temblorosa.

Nina soltó una risa ligera y peligrosa.

—Esa era la idea cuando entré… Pero verte masturbándote con mis bragas fue demasiado lindo. Nadie había hecho algo tan pervertido por mí. Me gustaste.

Dejó el cuchillo sobre el escritorio y tomó su rostro con ambas manos.

—Hagamos un trato, guapo. Me follas bien, me haces sentir mujer por una noche… y no te corto en pedacitos. ¿Qué dices?

T/n tragó saliva. Miró su cuerpo voluptuoso: pechos enormes, cintura estrecha, caderas anchas y ese culo que parecía sacado de un sueño. Asintió.

—Trato hecho.

Nina sonrió ampliamente y lo besó con violencia. Su lengua invadió su boca mientras se frotaba contra su miembro, que ya empezaba a endurecerse de nuevo. Lo levantó de la silla y lo empujó hacia la cama.

Se quitó la falda y las botas, quedando solo con el lazo rojo en el cabello y el choker negro. Gateó sobre la cama como una depredadora y se sentó sobre su rostro.

—Lámeme primero. Quiero sentir esa lengua que tanto olió mis bragas.

T/n la agarró por los muslos gruesos y empezó a devorarla. Su coño estaba empapado, dulce y caliente. Lamió su clítoris con dedicación, introduciendo la lengua lo más profundo posible. Nina gemía y se movía contra su cara, sujetándole el cabello con fuerza.

—Así… ¡joder, sí! Más fuerte…

Cuando estuvo al borde, se bajó y se colocó en cuatro patas, levantando su culo grande y redondo hacia él.

—Fóllame. Ahora.

T/n se arrodilló detrás y la penetró de un solo empujón. Nina soltó un gemido largo y satisfecho. Estaba increíblemente apretada y mojada. Empezó a embestir con fuerza, agarrándola por las caderas. Cada golpe hacía que sus pechos se balancearan y su culo rebotara.

Nina era ruidosa y exigente.

—Más fuerte… ¡Quiero que me destroces!

T/n le dio una fuerte nalgada. Nina tembló de placer. Le dio otra, y otra, hasta que su nalga quedó marcada de rojo. Luego se inclinó hacia adelante, agarró su coleta con el lazo rojo como riendas y tiró de ella mientras la follaba más profundo.

—Eres mía esta noche —gruñó él, sorprendiéndose de su propia audacia.

—Y tú eres mío para siempre —respondió ella entre gemidos.

La volteó de espaldas y le folló los pechos. Sus tetas eran tan grandes y suaves que su polla desaparecía completamente entre ellas. Nina las presionaba juntas, lamiendo la punta cada vez que salía, mirándolo con esos ojos azules llenos de locura y lujuria.

Finalmente, la penetró nuevamente en misionero, sujetándole las muñecas por encima de la cabeza. Nina envolvió sus piernas alrededor de su cintura, clavándole los talones en la espalda.

—Lléname… Quiero sentir cómo te corres dentro.

T/n aceleró el ritmo, follándola con todo. Nina se corrió primero, arqueando la espalda y gritando mientras su coño lo apretaba con fuerza. Él la siguió segundos después, derramándose profundamente en su interior con un gemido ronco.

Se derrumbaron juntos sobre la cama, sudorosos y exhaustos.

Nina se acurrucó contra su pecho, pasando sus uñas suavemente por su piel.

—Buen trato… —susurró—. No te mataré. Pero ahora vengo cuando quiera. Y vas a follarme cada vez que te lo pida.

T/n, aún recuperando el aliento, pasó una mano por su cabello con el lazo rojo.

—Creo que puedo vivir con eso.

Nina levantó la cabeza y le mostró esa sonrisa perturbadora pero extrañamente atractiva.

—Bienvenido a tu nueva vida, pervertido mío.

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Desde esa noche, Nina se convirtió en su sombra obsesiva.

Aparecía en cualquier momento: mientras trabajaba, en la ducha, o en plena madrugada. Siempre empezaba con provocaciones —dejando bragas usadas en su escritorio, frotándose contra él por detrás— y terminaba con sexo salvaje y posesivo.

A veces lo ataba con su propia sudadera y lo cabalgaba hasta dejarlo seco. Otras veces le pedía que la follara contra la ventana, exhibiéndose al mundo mientras él la penetraba desde atrás.

T/n ya no vivía solo. Vivía con una asesina obsesiva, extremadamente cachonda y peligrosa… y, contra todo pronóstico, nunca había estado más satisfecho.