Capítulo 1
El sastre de su hermano gemelo, Jihyun, definitivamente tenía mejor gusto que él, pero el traje gris marengo le quedaba ligeramente holgado en los hombros.
Jimin se ajustó la corbata frente al espejo del baño corporativo, repitiéndose mentalmente el mantra de las últimas dos semanas: Tú eres Jihyun. El director ejecutivo. El cerebro de la empresa. Jihyun no tiene miedo.
Su hermano había desaparecido sin dejar rastro justo antes de la firma que salvaría a la constructora familiar de la quiebra. Si los inversores descubrían que el pilar de la compañía no estaba, todo se derrumbaría. Así que Jimin, el hermano artista que siempre huyó de los números, tuvo que enterrar su propia identidad.
Cuando entró a la imponente sala de juntas, el aire acondicionado le golpeó la cara, en la cabecera de la mesa de cristal lo esperaba él: Jeon Jungkook.
El frío inversionista principal de Jeon Enterprises no se molestó en ponerse de pie. Solo levantó la mirada de su tableta, con esos ojos oscuros y calculadores que parecían capaces de desarmar a cualquiera.
-Llegas tres minutos tarde, Jihyun -dijo Jungkook, arrastrando el nombre con una cadencia extraña, casi burlona-. No es propio de ti.
-El tráfico de Seúl no perdona, Sr. Jeon -respondió Jimin, forzando una voz firme mientras se sentaba al extremo opuesto. Sus manos temblaban levemente bajo la mesa.
La reunión avanzó como un torbellino de gráficos y proyecciones financieras que Jimin apenas lograba defender gracias a los apuntes que había memorizado la noche anterior. Cada vez que Jimin cometía un pequeño tropiezo verbal o dudaba un segundo de más, la comisura de los labios de Jungkook se elevaba un milímetro. No era una sonrisa de simpatía; era la sonrisa de un depredador viendo a su presa tropezar.
Al terminar la sesión, los demás ejecutivos se retiraron, dejando a Jimin a solas con el inversionista. Jimin empezó a recoger sus carpetas a toda prisa, ansiando escapar de esa mirada asfixiante.
-¿Tanta prisa tienes? -la voz de Jungkook resonó en la sala vacía. Se levantó y caminó lentamente hacia Jimin, deteniéndose justo al lado de su silla.
-Tengo otros asuntos que atender, Sr. Jeon.
Jungkook se inclinó hacia él, rompiendo por completo el espacio personal. El aroma a madera de su perfume inundó los sentidos de Jimin. Con una lentitud tortuosa, Jungkook estiró la mano y le acomodó la solapa del saco.
-Es curioso... Jihyun tiene una cicatriz de quemadura en la muñeca izquierda debido a un accidente en la infancia. Siempre usaba relojes de correa ancha para ocultarla.
A Jimin se le congeló la sangre. Él no tenía esa cicatriz.
Automáticamente, intentó encoger el brazo, pero los dedos de Jungkook se cerraron con fuerza de acero alrededor de su muñeca, subiendo la manga de la camisa para exponer la piel completamente lisa.
Jungkook lo miró fijamente, con una chispa de diversión peligrosa en sus ojos oscuros.
-La pregunta aquí es: ¿dónde está tu verdadero hermano? Y más importante aún... ¿qué vas a hacer ahora para convencerme de no llamar a la junta directiva en este mismo instante?
El agarre de Jungkook era como una mordaza de metal. A Jimin se le cortó la respiración, sintiendo el frío sudor correr por su nuca mientras sus ojos recorrían la imponente y vacía sala de juntas. Sabía perfectamente que si la junta directiva se enteraba de la verdad, la empresa familiar caería en una quiebra irreversible y el nombre de su hermano sería arrastrado por el fango.
Tenía que jugar la única carta que le quedaba: la desesperación.
-Jihyun... Jihyun tuvo una crisis médica -improvisó Jimin con la voz trémula, obligándose a sostenerle la mirada al imponente hombre-. Está ingresado en una clínica de rehabilitación privada en el extranjero. Tuvimos que mantenerlo en absoluto secreto para no alarmar a los mercados ni desplomar el valor de las acciones. Yo... solo lo estoy reemplazando hasta que reciba el alta.
Jungkook ni siquiera pestañeó, Su expresión se mantuvo implacable, delatando que no creía una sola palabra de aquella apresurada mentira. Sin embargo, la chispa de diversión en sus ojos oscuros demostraba que el intento le resultaba sumamente entretenido.
Jimin, sintiendo que el piso se abría bajo sus pies, dio un paso adelante, rompiendo la última barrera de distancia entre ambos.
-Por favor -suplicó en un susurro ahogado, rozando el pánico-. No digas nada a la junta directiva. Si les dejas saber esto, todo se irá a la ruina. Te daré lo que sea. Lo que quieras de este trato, concesiones, ventajas financieras, control... lo que me pidas. Solo... no me descubras delante de los otros.
Una densa pausa inundó la sala. Jungkook soltó lentamente la muñeca de Jimin, pero no se alejó. Al contrario, deslizó la yema de sus dedos por el brazo del menor hasta alcanzar su barbilla, obligándolo a levantar el rostro para mirarlo fijamente.
-"Lo que sea" es una promesa muy peligrosa en el mundo de los negocios, pequeño impostor -murmuró Jungkook, con una voz profunda que vibró directamente en el pecho de Jimin-. Pero me atrae la propuesta. Acepto el trato.
El inversionista retrocedió un paso, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón de sastre, contemplando a Jimin como un depredador que acaba de asegurar a su presa para largo plazo.
Las condiciones del pacto
Para garantizar que el secreto se mantuviera a salvo de los demás ejecutivos, Jungkook impuso sus reglas de inmediato:
Supervisión absoluta: Jimin no podría tomar ninguna decisión ejecutiva, firmar un solo contrato o asistir a una reunión sin la previa autorización y edición de Jungkook.
Disponibilidad total: Debería trasladarse de inmediato a un departamento propiedad de Jeon Enterprises para estar localizable las veinticuatro horas del día, bajo el pretexto corporativo de "optimizar la estrategia de la fusión".
Sumisión en la mesa: Ante la junta directiva, Jimin tendría que respaldar ciegamente cada propuesta de Jungkook, actuando como su marioneta perfecta.
-Si cumples con mis términos, tu secreto estará a salvo conmigo -sentenció Jungkook, caminando con elegancia hacia la salida.
Antes de abrir la puerta, se giró una última vez, dedicándole una sonrisa gélida-. Prepárate. Tu primera prueba es esta noche en la cena de gala con los inversionistas principales, No me hagas arrepentirme de no haberte entregado ya a los lobos... Jimin.
Al escuchar su verdadero nombre pronunciado por esos labios, a Jimin se le heló la sangre en las venas. Jungkook no solo sabía que no era Jihyun; conocía perfectamente su identidad y ahora lo tenía por completo bajo su control.