Capítulo 1 El origen del mal parte 1
Hola bienvenido
Te doy una breve explicación.
Mis historias están basadas en un universo Pokémon al que bauticé como “universo K13” todas mis historias convivirán en un mismo universo.
Algunos eventos del videojuego manga o anime si pasaron algunos otros no pasaron en este universo.
Esta historia es una adaptación (Remake) mejorando y corrigiendo errores de la primera versión que escribí.
Historia “Mi Venganza y Locura” (Libro 2.5 del universo k13) inicia en el año 2005. Spin off de la historia “Confía en mí” (Libro 2 del universo k13)
Cuenta la historia de origen del Villano Jack.
Contiene temas de
-Pokefilia. -Mafia y sicarios. -Muertes y asesinatos. -Gore. -Escenas de Sexo forzado en ocasiones.
Ahora hay unas reglas que existen en este universo.
- No existen las armas de fuego solo las de punzocortante o armas blancas.
-La pokefilia es un tabú, pero no está prohibido ya que hay Pokémon que tienen la inteligencia de un humano o incluso superior pueden tomar sus propias decisiones de con quién aparearse, en dado caso que un humano obligue a un Pokémon entonces sí interviene la ley.
- Hay personas a favor y en contra de la pokefilia.
- Algunos Pokémon legendarios o míticos son únicos no existen más y algunos otros sí hay más de la especie durante la historia se va profundizando en cuáles Sí y cuáles no.
Espero disfrutes leyendo las historias☺️🩵

Capítulo 1 El origen del mal parte 1
Año 2005, Ciudad Porcelana, Región de Teselia.
La tarde se teñía de naranja cuando la entrevista se transmitía en los televisores de la tienda de electrodomésticos del centro. La Profesora Encina, con voz clara y llena de entusiasmo, hablaba frente a las cámaras:
—Mi padre me ha cedido su puesto en el laboratorio. A partir de ahora, los niños a partir de los diez años podrán recibir su Pokémon inicial y comenzar una aventura maravillosa por toda la región. Juntos recolectaremos datos para completar la Pokédex de Teselia.
Escondido entre las sombras de un callejón cercano, un niño pequeño observaba la pantalla a través del reflejo de un viejo espejo retrovisor. Sus ojos brillaban con una mezcla de anhelo y tristeza.
De repente, una mano fuerte lo agarró por el hombro y lo arrojó violentamente al suelo.
—¡Largo de aquí, basura! —gruñó el dueño de la tienda, golpeándolo con saña en la espalda con un palo de madera—. Maldito niño mugroso, das mala imagen a mi negocio.
El niño soltó un grito ahogado de dolor y corrió lo más rápido que sus pequeñas piernas le permitieron, perdiéndose en las profundidades del callejón.
Se llamaba Jack. Tenía doce años, apenas medía 90 centímetros, el cabello rojo escarlata sucio y revuelto, y ropa raída que olía a humedad y basura. Vivía en un miserable cuarto de mantenimiento dentro de las cloacas de Ciudad Porcelana, junto a su padre.
Esa noche, al llegar al húmedo y pestilente refugio, Jack entró con la cabeza baja y la voz casi inaudible:
—Hola papá… ya regresé.
Su padre, un hombre demacrado, de ojos hundidos y aliento a alcohol barato, lo miró con desprecio.
—¿Ya era hora? ¿Cuánto dinero trajiste esta vez?
Jack extendió su mano temblorosa con solo seis pokedólares. Su padre se los arrebató con violencia.
—¿Solo esto? ¡Esto apenas me alcanza para una maldita botella! —rugió furioso, y le soltó una patada brutal en el estómago.
Jack se dobló en el suelo, hecho bolita, luchando por respirar mientras el dolor le recorría todo el cuerpo. Su padre escupió al piso y salió dando un portazo, dejándolo solo en la penumbra.
Minutos después, cuando el dolor bajó un poco, Jack se arrastró hasta una tubería suelta en la pared. La quitó con cuidado y guardó el poco dinero que había logrado ocultar durante el día. Sus ojos brillaban con una determinación silenciosa y rota.
💭Pronto… muy pronto podré irme de aquí y empezar mi aventura. 💭
La noche pasó fría y larga. Al amanecer, Jack volvió a las calles. Primero revisó los botes de basura del parque, buscando cualquier cosa para calmar el hambre que le rugía en el estómago. Una débil sonrisa apareció en su rostro cuando encontró una dona con apenas una mordida.
—Wao… hoy debe ser mi día de suerte —susurró.
Pero apenas la levantó, un niño idéntico a él se la arrebató de las manos y salió corriendo hacia los arbustos.
—¡Oye! ¡Espera! —gritó Jack, persiguiéndolo desesperado.
Logró alcanzarlo, lo agarró de la camisa y ambos rodaron dentro del follaje. Cuando Jack levantó la vista, el otro niño cambió de forma frente a sus ojos, convirtiéndose en un pequeño zorro negro con ojos azules brillantes.
—Eres… un Pokémon —murmuró Jack, asombrado—. Un Zorua…
El pequeño Zorua lo miró con curiosidad y algo de desconfianza. Jack partió la dona por la mitad y le ofreció una parte.
—Toma… debes tener tanta hambre como yo.
Comieron juntos en silencio. Por primera vez en mucho tiempo, Jack sintió que no estaba completamente solo en el mundo.
—¿Estás solo? —preguntó con suavidad. El Zorua asintió—. Yo también… Oye, ¿quieres venir conmigo? Pronto me iré de esta ciudad. Podemos viajar juntos, ser un equipo.
El Zorua movió la cola con alegría visible.
—Perfecto. Yo soy Jack… y tú serás Zorrito.
Desde ese día se volvieron inseparables. Recorrían el centro de la ciudad mendigando, robando carteras cuando surgía la oportunidad y juntando cada pokedólar posible. Cada noche guardaban la mayor parte en su escondite secreto dentro de las cloacas, dándole solo lo justo a su padre para no levantar sospechas.
Pasaron dos semanas. Una tarde, mientras Jack y Zorrito caminaban por los callejones, el niño vio a su padre caminando por un lugar donde nunca iba durante el día. Intrigado y nervioso, lo siguió en silencio hasta el fondo del callejón, donde su padre hablaba con un hombre vestido de traje negro.
—Mira, te pagaré con este Pokémon —decía su padre—. Es un Zorua. Puede transformarse en un niño. Es muy raro, investigué y vale bastante dinero.
El hombre de negro sonrió con interés frío.
—Si es cierto lo que dices y realmente puede verse como un humano… tal vez le interese al jefe. Tráemelo esta noche y tu deuda quedará saldada.
Jack sintió que el corazón se le detenía.
💭No… no le voy a dejar que te quite de mí lado. 💭
Al retroceder, pisó una lata vacía. El ruido metálico lo delató.
Su padre giró bruscamente y lo vio correr.
Esa misma noche, cuando Jack y Zorrito regresaron al cuarto de mantenimiento, su padre ya los esperaba con una mirada asesina.
—¡Dame al Pokémon, maldito mocoso!
—¡No! ¡Es mi amigo! ¡Nunca te lo voy a dar! —gritó Jack, poniéndose delante de Zorrito con valentía.
Su padre perdió por completo el control.
—Maldito…
Le soltó un puñetazo brutal en la cara que tiró a Jack al suelo de inmediato. Zorua gruñó con furia y se lanzó contra él, clavándole los dientes profundamente en el brazo.
—¡Suéltame, maldito Pokémon! — Grito el hombre, intentando quitárselo de encima con violencia.
El padre, enfurecido por el dolor, comenzó a golpear salvajemente la cabeza de Zorua con el puño. Cada golpe resonaba húmedo y seco contra el cráneo del pequeño Pokémon. Sin embargo, Zorua no soltaba su brazo; al contrario, hundía más los colmillos, desgarrando carne y músculo.
—¡Maldita bestia! —rugió el hombre.
Con rabia ciega, lo azotó con fuerza brutal contra la pared de concreto varias veces. El cuerpo de Zorua golpeaba una y otra vez hasta que, finalmente, soltó el brazo con un quejido de dolor.
El padre, sangrando profusamente, agarró al Zorua del hocico con ambas manos y lo lanzó con toda su fuerza hacia las tuberías del fondo. El impacto fue tan violento que una tubería suelta se desprendió, dejando caer una cascada de pokedólares que Jack había ahorrado durante meses.
—¿Pero de dónde carajos salió todo este dinero? —gruñó el padre, con los ojos abiertos de codicia y furia. Se acercó y vio que había aún más billetes ocultos dentro de la tubería. — ¡Maldito niño mugroso! ¡Estabas guardando todo esto para ti solo! ¡Con este dinero yo ya me habría largado de esta mierda de ciudad hace semanas!
Caminó hacia Jack con pasos pesados, lleno de rabia. El niño apenas podía moverse.
—Maldito mocoso…
Le soltó una patada brutal en el estómago que levantó a Jack del suelo y lo estrelló contra la pared. Antes de que pudiera recuperarse, otra patada directa en la cara le rompió la nariz con un crujido horrible. La sangre brotó inmediatamente por su boca y fosas nasales, caliente y espesa. El hombre no se detuvo. Empezó a pisotearlo con furia, maldiciéndolo entre dientes mientras Jack se retorcía en el piso sucio.
Por un instante, el dolor desapareció. Jack se sintió como si flotara junto a una extraña calma.
💭Se acabó… voy a morir aquí, golpeado por mi propio padre. Bueno… siempre supe que tarde o temprano pasaría. 💭
Entre las patadas, vio cómo Zorua se arrastraba hacia él, intentando ayudarlo a pesar de estar herido. El corazón de Jack se aceleró.
💭No, Zorrito… vete…💭
Con las pocas fuerzas que le quedaban, susurró:
—Huye, Zorrito… por favor…
Zorua se sintió completamente impotente. Ver al único humano que lo había tratado con cariño siendo golpeado hasta la muerte le rompía algo por dentro.
De pronto, una voz siniestra y profunda susurraba en eco dentro de su mente:
💭Vamos, pequeño Pokémon… corre hacia él. Yo te daré el poder que necesitas, pero ahora serás mi… 💭
Zorua, envuelto en un brillo oscuro y perturbador, corrió hacia Jack. Chocó contra el padre con una fuerza sobrenatural, lanzándolo contra la pared.
—¡Pero qué carajo me empujó?! ¡Mierda… esa cosa evolucionó! —gritó el hombre, aterrado.
Jack, casi inconsciente, murmuró con los ojos entrecerrados:
—Zorrito… huye…
Pero ya era demasiado tarde.
El Pokémon recién evolucionado —ahora un Zoroark imponente de ojos rojos brillantes— lanzó un grito siniestro que helaba la sangre. Miró sus nuevas garras, donde una energía oscura brotaba como llamas negras, tomando forma de afiladas cuchillas. Una sonrisa siniestra y salvaje se dibujó en su hocico. De un solo movimiento fluido y brutal, clavó sus garras profundamente en el pecho del hombre.
El hombre gritó de agonía.
—¡Maldito Pokémon, déjame!
Zoroark solo sonrió más. Empujó la garra aún más adentro, desgarrando carne y hueso. Cuando el padre intentó golpearlo en la cara desesperadamente, el Pokémon acercó su hocico con sadismo, mostrando sus colmillos filosos. Abrió el hocico por completo y, de un mordisco salvaje, le arrancó la nariz y parte de la mejilla.
—¡NOOO! ¡MI CARA! ¡DEJAMEEEE!
Los gritos de dolor eran desgarradores. Zoroark tragó el pedazo de carne sin dejar de sonreír, pasó su lengua lentamente por sus labios, saboreando la sangre caliente que goteaba por su pelaje.
Unos minutos después, el hombre vestido de negro llegó a las cloacas. Había seguido al padre desde lejos por precaución. Mientras avanzaba por los pasillos húmedos, un extraño ruido —gruñidos y sonidos húmedos de carne— llamó su atención.
—¿Será él? ¿Qué demonios está haciendo?
El ruido lo guio hasta una puerta metálica. La abrió lentamente.
Lo que vio lo congeló: un Zoroark bañado en sangre fresca devorando el cadáver destrozado del padre, y un niño pequeño desmayado en un gran charco de su propia sangre.
El Zoroark levantó la mirada y se abalanzó sobre él con furia.
—¡Oh mierda! —gritó el hombre, cerrando la puerta de golpe.
El Zoroark golpeó la puerta con fuerza brutal. Segundos después, sus garras atravesaron el metal como si fuera papel, abriendo un enorme agujero. El hombre lanzó rápidamente una Pokéball. Un Conkeldurr enorme apareció y recibió al Zoroark con un golpe devastador de Machada, dejándolo debilitado en el suelo.
—Esto es demasiado… —jadeó el hombre, retrocediendo. —Mejor pido refuerzos.
Un tiempo después…
Jack abrió los ojos con dificultad. Todo su cuerpo era un solo dolor. Estaba acostado en una cama limpia, conectado a cables y cubierto de vendas.
—¿Dónde… estoy? —murmuró muy apenas con voz suave. —Me duele todo…
Un hombre de negro que vigilaba la habitación salió rápidamente. Minutos después entró un señor mayor, vestido con un traje muy elegante y formal. Su presencia imponía respeto.
—No pensé que fueras a despertar, pequeño —dijo con voz calmada pero fría, sentándose junto a la cama. —No te muevas mucho. Tienes tres costillas rotas, la nariz fracturada y varias contusiones internas.
Lo observó un momento antes de continuar:
—Te hablaré claro, niño. Creo que ya tienes una buena idea de cómo es realmente este mundo. Mi nombre es Bruce Smith, soy el líder de la mafia del sur de Teselia. Tu padre nos debía mucho dinero y pensaba pagar su deuda entregándonos ese Pokémon raro. Lamentablemente, evolucionó a Zoroark y lo devoró. Ahora la deuda ha pasado a ti. Además, te trajimos aquí, te curamos… estuviste una semana inconsciente. Entre lo que debía tu padre y los gastos médicos, nos debes una fortuna.
Jack tragó saliva con dolor.
—¿Dónde está Zorrito?
Bruce sonrió ligeramente.
—Está encerrado en un cuarto de seguridad. Es demasiado violento. Ninguna Pokéball normal ha podido capturarlo.
Jack apretó los dientes.
—¿Y qué piensas hacer, viejo? No tengo dinero… así que puedes matarme si quieres.
Bruce soltó una risa baja y oscura.
—Primero, no me llames viejo. Para ti soy el señor Bruce. Y segundo… tal vez podamos llegar a un acuerdo. Pero antes quiero ver si realmente eres capaz de controlar a esa bestia.
Se levantó de la silla y salió del cuarto. Inmediatamente entraron dos hombres fuertes que cargaron a Jack con cuidado y lo llevaron por largos pasillos hasta un sótano oscuro. A través de un grueso vidrio, Jack vio a Zoroark dormido en el piso, herido, pero aún imponente.
Bruce se colocó a su lado y le entregó una lujosa Pokéball negra y dorada.
—Quiero que lo captures —dijo con una sonrisa fría. —Demuéstrame que puedes controlarlo.
Bruce hizo una señal con la mano. Los dos hombres abrieron la puerta y prácticamente empujaron a Jack al interior del cuarto. El niño se tambaleó, apenas sosteniéndose en pie por las costillas rotas y el dolor que aún recorría todo su cuerpo.
Zoroark, que dormía en el suelo, levantó la cabeza bruscamente. Al verlo, el Pokémon se levantó de un salto y corrió hacia él. Jack se tensó, pero en lugar de atacarlo, Zoroark se detuvo justo enfrente y empezó a lamerle la cara con lametones juguetones y desesperados, como un cachorro que reencuentra a su dueño.
Jack sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Levantó una mano temblorosa y le acarició la cabeza con cariño.
—Zorrito… gracias por salvarme de mi papá —susurró con voz rota.
Sin pensarlo dos veces, tocó suavemente el cuerpo del Zoroark con la Lujo Ball que le habían dado. Un destello rojo lo absorbió y el Pokémon quedó capturado sin resistencia.
En ese momento, Bruce Smith entró al cuarto aplaudiendo lentamente, con una sonrisa satisfecha.
—Maravilloso… simplemente maravilloso.
—No te lo daré —dijo Jack de inmediato, sujetando la Pokéball con fuerza contra su pecho. —Él es mi amigo.
Bruce soltó una risa baja y tranquila.
—Tranquilo, joven Jack. Ese Pokémon es tuyo. No planeo quitártelo. Al contrario… quiero ofrecerte trabajar para mí.
Jack lo miró confundido.
—¿Trabajar para ti?
—Así es. No tienes opción, me debes mucho dinero. Pero no solo eso. Te daré techo, comida, ropa, educación… todo eso cuesta, y te vas a endeudar aún más conmigo durante los primeros años. Con esfuerzo y trabajo duro, terminarás de pagarme en unos años. Una vez que la deuda esté saldada, serás libre de hacer lo que quieras con tu vida… o seguir trabajando conmigo. Tú decidirás en su momento.
Jack apretó la mandíbula y respondió con voz firme, a pesar del dolor:
—Yo quiero ser un entrenador Pokémon.
Todos los hombres presentes en la habitación empezaron a reírse con burla. Bruce levantó la mano y gritó con autoridad:
—¡Silencio, idiotas! ¡No tienen derecho a reírse!
El lugar quedó en completo silencio. Bruce miró a Jack con interés renovado.
—Si ese es tu sueño, adelante. Pero primero viene el trabajo y pagar tus deudas.
Extendió su mano. Jack, tras dudar unos segundos, la estrechó, sellando el trato.
Después de ese día, la vida de Jack cambió drásticamente. Primero le enseñaron modales, cómo hablar correctamente y educación básica. Empezó con trabajos pequeños: llevar paquetes discretos por la ciudad. Al ser solo un niño inocente de apariencia frágil, nadie sospechaba de él.
Pasó un año.
Una noche, Bruce caminó junto a Jack por un largo pasillo hasta llegar a un cuarto de seguridad. Al entrar, Jack vio a un hombre amarrado a una silla en el centro de la habitación, con la cara golpeada y sudorosa.
Bruce sacó unas pinzas grandes y se las entregó al niño.
—Señor Bruce… ¿qué haré con esto? —preguntó Jack.
—Quítale dos uñas. Creo que eso bastará para que nos dé la información que necesitamos.
El hombre amarrado empezó a rogar entre lágrimas:
—¡Por favor, niño! ¡No lo hagas! ¡Ten piedad!
Jack lo miró con más atención y lo reconoció.
—Es el dueño de la tienda de televisores del centro… ¿verdad?
Bruce soltó una carcajada.
—Exacto. Veo que lo conoces.
—Él me golpeaba con un palo o una escoba cada vez que me veía viendo la televisión desde la vitrina —dijo Jack con voz fría.
—Vaya… además de tener tratos con la competencia, golpeas niños. Qué mal hombre eres —comentó Bruce con sarcasmo, colocándose detrás de Jack. —Bueno, quítale todas las uñas de ambas manos. Tómate tu tiempo.
Jack estaba nervioso, pero tomó la mano del hombre. Colocó las pinzas sobre la primera uña y, con un fuerte tirón, la arrancó de raíz. El grito de dolor del hombre fue desgarrador mientras la sangre brotaba del dedo.
Bruce sonrió.
—Una tortura simple pero eficaz. ¿Vas a hablar ya?
El hombre seguía negando entre sollozos. Bruce miró a Jack.
—Continúa.
Jack arrancó la segunda uña con más fuerza. El hombre, lleno de rabia y dolor, escupió:
—¡Maldito mocoso! ¡Debí haberte matado a palazos!
Algo se rompió dentro de Jack. Escuchó una voz siniestra dentro de su cabeza que le susurraba. 💭Mátalo… antes de que él te mate a ti💭
—Sabes… mi padre me dijo lo mismo, muchas veces, que me mataría, que debería morirme, que muerto valdría más para él. —murmuró Jack, con la mirada perdida. —Pero ya estoy harto. Desde que tengo memoria, todos me han dicho que debería estar muerto, que soy un mugroso, un muerto de hambre… que debería morirme. Pues ya estoy cansado. A todo aquel que me desee la muerte… yo lo mataré primero.
Con un movimiento repentino, Jack saltó y clavó la punta de las pinzas en el ojo del hombre. Luego entró en un frenesí salvaje, apuñalando una y otra vez los ojos y toda la cara mientras gritaba:
—¡Muere! ¡Muere! ¡Muere!
Bruce tuvo que sujetarlo del brazo y apartarlo con fuerza.
—Tranquilo, joven Jack.
El cuerpo del hombre quedó destrozado. Bruce observó al niño con una mezcla de sorpresa y satisfacción.
—Veo que los interrogatorios no son lo tuyo… pero creo que serás un excelente sicario. Junto a tu Pokémon, tienes un talento natural. Y está muy bien pagado.
Hizo una señal. Dos hombres entraron, revisaron el cadáver y uno de ellos le clavó un cuchillo en la cabeza para asegurarse que este muerto.
—Avísale a Miguel que venga —ordenó Bruce.
Minutos después llegó Miguel, un hombre corpulento y de mirada fría.
—Miguel, te presento al joven Jack. Lleva un año con nosotros. Ha movido mercancía y su Pokémon nos ha sido muy útil para deshacernos de cuerpos. A partir de hoy queda bajo tu cargo. Será tu nuevo aprendiz. Cuídalo.
—Entendido, señor Bruce —respondió Miguel. —Ven conmigo, muchacho.
Lo llevó a otra habitación donde yacía otro cadáver. Jack lanzó la Lujo Ball y Zoroark apareció de inmediato, comenzando a devorar el cuerpo con hambre voraz.
Miguel levantó una ceja.
—¿Y sí se lo come todo?
—No todo. Lo que sobra lo guardo en la hielera que me dio el señor Bruce.
Miguel soltó una risa seca.
—Ahora entiendo por qué Bruce dijo que nos ahorraríamos dinero en fosas. Bueno, a partir de hoy te entrenaré para que seas un sicario. Seremos equipo.
Le entregó una pequeña navaja afilada.
—Empezarás con esto. Después te daré algo mejor.
Luego miró a Zoroark.
—Habrá que entrenar muy bien a tu Pokémon. Su habilidad nos será de mucha utilidad.
—Zorrito, transfórmate en Miguel —ordenó Jack.
Zoroark cambió de forma al instante, convirtiéndose en una copia perfecta de Miguel.
Este soltó una carcajada.
—Eso nos vendrá de maravilla. Creo que ustedes dos serán los mejores aprendices que he tenido. Pero recuerda, chico: en este negocio puedes morir en cualquier momento por una mínima falla. Así que haz siempre lo que te diga. ¿Entendido?
Jack apretó la navaja en su mano y una sonrisa oscura se dibujó en su rostro.
—Sí, entiendo. Pero no dejaré que nadie me mate primero… a todo el que lo intente, yo lo mataré antes.
Una pequeña carcajada escalofriante salió de sus labios.
Continuara…
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