New Destination (1/2)
Narrador
—No lo sé, Alan... —dijo Zaid, con la voz cargada de inseguridad y dudando de sus propias palabras.
—Vamos, Zaid, anímate. Ya verás que será muy divertido, y Manuel también lo pasará genial —le respondió Alan, esbozando una sonrisa tranquilizadora, tratando de contagiarle su entusiasmo.
—¿Y tú crees que Javier querrá ir? Últimamente anda un poco distante...
—Yo me encargo de convencerlo, no te preocupes por eso —aseguró Alan, confiado.
—Está bien... —aceptó Zaid, aunque su tono seguía siendo serio—. Pero hay algo que me preocupa, algo que no me deja tranquilo.
—¿Qué pasa? Dime.
Zaid se acercó lentamente a Alan, mirándolo con atención y preocupación. Con mucho cuidado, le bajó un poco el cuello del suéter, dejando al descubierto su clavícula, intacta y sin marca alguna.
—¿Cuándo piensa marcarte, Alan? —preguntó en voz baja.
Ante esa pregunta, el rostro de Alan se tiñó de un intenso rubor, y bajó la mirada, nervioso.
—Eso... pronto. Muy pronto —murmuró.
—¿Pronto? Esa es la misma respuesta de siempre... ¿Por qué esperar tanto? Si él es tu alfa, debería haberte reclamado hace mucho —reprochó Zaid, sin ocultar su frustración—. Además, tú lo amas, y él te corresponde... ¿o no?
—Javier dice que aún no estoy preparado. Que no es el momento adecuado, y por eso no lo ha hecho todavía —explicó Alan, defendiendo a su pareja, aunque sus propias palabras sonaban inseguras incluso para él.
—Eso es una irresponsabilidad de su parte —soltó Zaid, molesto—. ¿Y qué pasa si otro alfa te encuentra o te ataca? ¿Has pensado en el riesgo que corres?
—Eso no va a pasar. Javier me protegería —respondió Alan, aunque sin mucha convicción.
—Alan, eres un omega hermoso, dulce y especial. Cualquier alfa daría lo que fuera por tenerte a su lado y por marcarte como suyo... —le dijo Zaid con cariño—. Mereces que te cuiden y te protejan como te mereces.
—Gracias por preocuparte tanto por mí, de verdad —Alan le sonrió con gratitud, e intentó cambiar de tema para dejar atrás esa conversación incómoda—. Bueno... mira, ya estamos aquí. Este es el departamento de Javier —señaló la puerta con el número 17 grabado en el metal.
—Pues toca, ¿qué esperas? —dijo Zaid.
—No hace falta. Tengo la llave —respondió Alan, sacándola del bolsillo con una media sonrisa.
—¡Vaya! ¿Así que tienes llave propia? —bromeó Zaid, con una sonrisa pícara y traviesa—. ¿Qué significa eso, eh?
—Es que... a veces me quedo a dormir aquí, nada más —se defendió Alan, sintiendo cómo volvía a sonrojarse.
Giró la llave en la cerradura y abrió la puerta despacio. El silencio dentro del departamento era absoluto, casi inquietante.
—¿Estará fuera? No se oye nada... —preguntó Zaid, frunciendo el ceño.
—Quizá esté en su cuarto descansando —dijo Alan, todavía ilusionado.
Caminaron en silencio hasta la puerta del dormitorio y la abrieron sin hacer ruido. Pero lo que vieron al entrar fue como un golpe directo al corazón, una imagen que se les quedó grabada para siempre. Javier estaba en la cama, desnudo y entre sábanas revueltas, acompañado de otra omega, que lo miraba con una expresión de complicidad.
—J-Javier... —susurró Alan, con la voz quebrada, sintiendo que el mundo se le venía encima.
Javier se giró de golpe, alarmado, y sus ojos se llenaron de pánico al verlo allí parado.
—¡Alan! —exclamó, tratando de cubrirse rápidamente—. ¡No es lo que parece! Déjame explicarte, por favor...
—¿¿Explicar qué?? —gritó Zaid, reaccionando antes que su amigo. Se puso delante de Alan, protegiéndolo con su propio cuerpo, furioso—. ¡Ya veo por qué nunca te decidiste a marcarlo! ¡Por eso no querías hacerlo, para poder seguir revolcándote con cualquiera, con perras como ella! —señaló con desprecio a la mujer, que seguía en la cama, mirando todo con total indiferencia, como si aquello no fuera nada importante.
—No... tú lo entiendes mal... —balbuceó Javier, intentando acercarse, pero Zaid no se lo permitió.
—¿Mal? ¡Lo que veo está muy claro! —reía con amargura, con la rabia desbordada—. ¿Y todos esos planes que teníamos? ¿El viaje que íbamos a hacer los cuatro juntos? ¡Qué estúpido fui al creer en ti! —negó con la cabeza, decepcionado—. No todo el mundo tiene la dicha de encontrar a su pareja destinada, a su omega o a su alfa... ¡y tú has tirado todo por la borda! —lo señaló con el dedo, lleno de ira, mientras Alan lloraba en silencio detrás de él, aferrado a su ropa—. Me doy cuenta de que el destino se equivocó al elegirte a ti... tú no eres digno de ser el alfa de mi amigo.
—Las cosas no son así... hay razones... intento hacerlo bien... —insistió Javier, con voz temblorosa.
—Ya no queremos escuchar nada. Nos vamos. Y no se te ocurra volver a acercarte a él.
Zaid tomó a Alan del brazo y lo sacó de allí, casi arrastrándolo. Antes de cruzar la puerta, Alan miró la llave que todavía tenía en la mano, aquella llave que creía que le daba acceso a un hogar y a un amor, y la dejó caer sobre la mesa del recibidor, sin decir una palabra más. Salió de allí con el corazón roto.
—¡Necesito que me deje explicarle! —gritó Javier, poniéndose los pantalones a toda prisa y tratando de salir tras ellos.
—Déjalo ya, quédate aquí conmigo un rato... —le dijo la mujer desde la cama, con voz perezosa.
—¿Estás loca? ¡Él es mi omega! ¡Es la persona que amo! —le gritó Javier, furioso.
—¿Ah, sí? Si fuera tan importante para ti... ¿qué hacías metido conmigo en la cama hace dos minutos, eh? —le preguntó ella con sorna—. No decías que yo era especial mientras lo hacíamos... ¿Verdad?
—Todo esto ha sido un error... un maldito error —se golpeó la frente, arrepentido.
—Pues prepárate, porque ese chico no es de los que dan segundas oportunidades —dijo ella con una risa fría—. Encontrar a tu pareja destinada con otra persona... eso no se perdona nunca. Yo tampoco te perdonaría a ti si fuera él, no importa cuánto te quisiera.
—¡Cállate de una vez! ¡Y lárgate de mi casa ahora mismo! —le ordenó Javier, poniéndose un suéter y saliendo corriendo al pasillo.
Pero ya era demasiado tarde. Alan ya no estaba allí. Había desaparecido.
—Soy un idiota... un completo idiota —se dijo a sí mismo, apoyado contra la pared, sintiendo cómo el dolor le atravesaba el pecho—. Lo he perdido... He perdido a Alan, al chico que siempre lograba sacarme una sonrisa, a mi omega... a todo lo que realmente quería.
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~ Dos semanas después ~
—Vamos, Alan... levántate. Salir un poco te ayudará a despejar la mente, te lo aseguro —insistió Zaid, sentándose al borde de la cama.
—No tengo ganas de nada... déjame así —respondió Alan, ocultando completamente su rostro entre las almohadas, con la voz apagada y triste.
—¿Sabes lo que me costó convencer a Manu para que viniera con nosotros? Casi tengo que rogarle —se quejó Zaid, tratando de hacerlo reaccionar.
—Tú... tú no me vas a abandonar, ¿verdad? —murmuró Alan, resignado y con miedo.
—¡Jamás en la vida! —le prometió Zaid, sonriendo con ternura—. Nunca te dejaré solo. Así que vamos, hoy iremos al bar y te divertirás. Y ya mismo elijo yo la ropa que te vas a poner —se levantó con energía y caminó hasta el armario—. Mira, este pantalón te va a quedar genial, y este suéter de aquí te hace ver muy guapo.
—Pero ese pantalón es muy ajustado... se siente como si se pegara a mis piernas —protestó Alan, sin muchas fuerzas.
—¡Esa es la idea, tonto! Tienes que lucir esas piernas largas y bonitas que tienes... ¡yo no tengo suerte con eso! —hizo un puchero exagerado, y luego se dio una palmada juguetona en sus propias caderas—. Al menos tengo esto, ¿ves?
Esa ocurrencia consiguió lo que nadie había logrado en dos semanas: Alan sonrió, aunque fuera un poquito.
—Ahora, nada de excusas. Te levantas, te bañas y te arreglas. Luego vamos a comer algo rico. Paso por ti a las 8:00 en punto, ¿entendido?
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—Ya verás como te lo pasarás muy bien, y quién sabe... a lo mejor hasta encuentras a tu omega destinado esta noche —dijo Leo, con una sonrisa amable.
Daniel negó con la cabeza, tranquilo.
—Sabes perfectamente que yo no ando buscando nada. Cuando llegue el momento, cuando menos lo espere... aparecerá, si es que existe de verdad —respondió con calma.
—¿Entonces eso es un sí? ¿Vienes con nosotros?
—Claro que sí. Solo vengo para hacerte el favor a ti, y para que por fin consigas tener una cita con ese omega tan lindo del que no paras de hablar —se rió Daniel.
—¿Te refieres a Liam? Sí, es un poco difícil de conquistar, pero no me importa —Leo sonrió con brillo en los ojos—. Me gusta de verdad... estoy seguro de que él es mi omega. Mi pareja destinada.
—Qué suerte tienes, Leo... haber encontrado a tu alma gemela así, de pronto.
—Tú también la encontrarás, ya lo verás. Liam y yo estamos hechos el uno para el otro, lo siento aquí —señaló su pecho—. Pero sé que tú también tendrás tu oportunidad, Daniel. El destino es sabio.
—Pues mucha suerte te hace falta... porque Liam es un hueso muy duro de roer, ¿eh? No se deja conquistar por cualquiera.
—Lo sé... y precisamente por eso me gusta tanto. Pero lo conseguiré, ya lo verás —aseguró, ilusionado—. Nos vemos luego en el bar, ¿vale?
—De acuerdo. Allá nos encontramos.
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~ 8:00 de la noche ~
Tal como había prometido, Zaid llegó puntual a buscar a Alan. Venía acompañado de su novio, Manuel, que lo esperaba en el coche.
—Vamos, Alan, todo listo —le dijo Zaid, abriéndole la puerta del vehículo.
Alan subió y se sentó en el asiento trasero. Zaid le dedicó una sonrisa cálida, llena de apoyo, y el auto comenzó a moverse por las calles iluminadas de la ciudad.
—Ya verás que no te vas a arrepentir de haber venido. ¿Verdad, amor? —dijo Zaid, mirando a Manuel.
—Claro que no. Haces muy bien en salir, Alan —respondió Manuel con suavidad—. Es bueno que te distraigas y respires aire nuevo. No puedes quedarte encerrado dejando que la tristeza te gane.
—¡Manu! —lo reprendió Zaid, con tono de advertencia, para que no tocara temas dolorosos.
—No pasa nada... tiene razón —intervino Alan, forzando una pequeña sonrisa mientras miraba por la ventana las luces que pasaban rápidas—. Sé que tengo que intentar estar bien.
—Oye, ¿conoces a Liam? —le preguntó Zaid, cambiando de tema a uno más alegre.
—¿Liam? ¿Quién es?
—Es un chico que me ayudó a conseguir la entrada especial para hoy. Es muy simpático —le explicó Zaid, entusiasmado—. Liam es un omega muy guapo, inteligente y... bueno, muy irresistible. Pero tiene una regla: no quiere saber nada de ningún alfa. Dice que prefiere estar solo antes que sufrir o complicarse la vida.
—Ojalá yo pudiera ser como él... —suspiró Alan, con tristeza en la voz.
—¡Ya llegará tu momento! A Liam también le llegará su alfa, el que sea capaz de ganárselo, y tú tendrás el tuyo también, te lo aseguro —le sonrió Zaid, tratando de darle ánimos.
—Eso es muy difícil... —empezó a decir Alan, pero Manuel lo interrumpió con calma.
—Alan, hay muchas cosas que quizás no sabes. Hay personas que nunca llegan a conocer a su pareja destinada, y otras que sí la encuentran... pero es el mismo destino el que se encarga de separarlas, por razones que nosotros nunca terminamos de entender. Pero lo que sí hace el destino es ponerte siempre en el camino a la persona que será el amor de tu vida.
—¿El amor de mi vida? —repitió Alan, confundido.
—Exacto. Dicen que tu alma gemela y la persona de la que te enamoras, el amor de tu vida, a veces son dos personas distintas —continuó Manuel.
—¿Cómo puede ser eso posible? Si el destino marca a tu pareja...
—Todo depende de ti, y de cómo quieras verlo —explicó Zaid—. Si encuentras a tu alma gemela y se aman, se respetan y son felices, entonces para ti solo habrá una persona: esa. Pero si ocurre lo contrario, si la persona que el destino te marcó te hace daño o no es la adecuada... entonces la vida te pondrá a alguien más. Quizás para remediar su propio error.
—¿Tú crees que el destino puede arreglar sus errores? —preguntó Alan, mirándolo con ojos llenos de esperanza, buscando una respuesta que lo calmara.
—Tenlo por seguro. Sin ninguna duda... Javier no era el indicado para ser tu alfa. Y pronto te darás cuenta de por qué —aseguró Manuel con firmeza.
Alan se quedó en silencio, pensando en todo lo que le habían dicho. Comprendía ahora que cuando el destino se equivoca, o cuando las cosas no salen como debían, siempre hay una segunda oportunidad esperando. Ahí era donde todo cambiaba: entre el concepto de "alma gemela" y la realidad del "amor de tu vida".
"Tu alma gemela y la persona que amas... tal vez no siempre sean la misma persona", pensó, mientras el coche avanzaba hacia la noche.