JIMIN
Era el momento. Lo había planeado con calma durante semanas, casi con una serenidad enfermiza.
No tenía miedo. Ya no. El miedo se había ido el día que supo que Jungkook se casaría con ella. Con otra. La traición había sido tan profunda que Jimin ya se sentía muerto desde hacía meses. Solo quedaba terminar el trabajo.
El pequeño frasco con el líquido transparente descansaba sobre la mesa del baño. Un veneno lento pero implacable que había conseguido en el mercado negro. Doloroso. Suficiente para que su cuerpo se apagara frente a todos.
Jungkook ya no es mío. Nunca más lo será.
Bebió el contenido sin dudar. El sabor era amargo, metálico. Quemaba al bajar. Se miró al espejo una última vez: ojos hundidos, piel pálida, la sonrisa rota que ya no llegaba a sus ojos.
Jimin ya no existe. Hoy solo queda el fantasma.
Un golpe en la puerta. Era el momento.
Salió sin prisa. Sus pasos resonaban en el pasillo como una marcha fúnebre. El salón de la boda estaba lleno de luces suaves, flores blancas y rostros felices. Jungkook estaba de pie junto al altar, impecable en su traje negro, mirando a la novia con esa sonrisa que antes le pertenecía solo a él.
Jimin caminó directo al micrófono que habían preparado para los discursos. Nadie se atrevió a detenerlo. Todos sabían quién era. El ex. El que se suponía que debía quedarse en silencio y desaparecer.
Se detuvo frente al micrófono. Sus ojos se clavaron en Jungkook. El menor levantó la mirada y el shock fue inmediato. Sorpresa. Duda. Y luego… miedo.
Jimin sonrió débilmente.
—Este es mi regalo de bodas para ti, Jungkook-ah —susurró al micrófono, voz ronca pero clara—. Que nunca me olvides.
No se presentó. Solo empezó a cantar.
Hoy volví
A dormir en nuestra cama, y todo sigue igual
El aire y nuestros gatos, nada cambiará
Difícil olvidarte estando aquí, oh-oh-oh
La primera estrofa salió limpia, hermosa. Pero ya sentía el dolor agudo en el estómago, como cuchillos girando dentro.
Jungkook dio un paso adelante, pálido. La novia lo sujetó del brazo, confundida.
Te quiero ver
Aún te amo y creo que hasta más que ayer
La hiedra venenosa no te deja ver
Me siento mutilado y tan pequeño, ah-ah-ah
El dolor se volvió insoportable. Jimin empezó a sudar frío. Una gota de sangre cayó de su nariz, pero no se limpió. Siguió cantando, ojos fijos en los de Jungkook, que ahora brillaban con lágrimas de pánico.
El salón entero estaba en silencio. Nadie se movía. Era como si el tiempo se hubiera congelado.
Ven
Y cuéntame la verdad
Ten piedad
Y dime por qué
No, no, no, oh-oh
¿Cómo fue que me dejaste de amar?
Yo aún podía soportar
Tu tanta falta de querer
La sangre ya corría por su barbilla. Su cuerpo temblaba. Sentía arcadas violentas, pero se aferraba al micrófono como si fuera lo único que lo mantenía de pie.
Hace un mes
Solía escucharte y ser tu cómplice
Pensé que ya no había nadie más que tú
Yo fui tu amigo y fui tu compañero, ah-ah-ah
Jungkook tenía el rostro descompuesto. Lágrimas corrían por sus mejillas. Murmuraba algo que Jimin no podía oír, pero parecía “por favor, para”.
Ahora dormiré
Muy profundamente para olvidar
Quisiera hasta la muerte para no pensar
Me borro pa’ quitarme esta amargura, ah-ah-ah
Jimin cayó de rodillas. El micrófono se tambaleó en su mano. La visión se le nublaba. El veneno estaba ganando. Sentía el fuego en sus venas, el aire escapándose.
Aun así, levantó la mirada una última vez hacia el hombre que amaba. El que lo había destruido.
Sabía que era el final…
Gritarte por qué me dejaste de amar…
Recordaba todos los besos, todas las caricias…
Cada detalle de los momentos que pasamos juntos…
Su voz se quebró en un susurro agonizante, casi inaudible:
Pero ya es tarde.
Es todo.
Este es el final.
Sé feliz…
El micrófono cayó al suelo con un ruido sordo. Jimin se derrumbó de lado, el cuerpo convulsionando ligeramente mientras la sangre manchaba el piso blanco del salón.
Gritos. Jungkook corrió hacia él, cayendo de rodillas y tomando el cuerpo de Jimin entre sus brazos.
—Jimin… Jimin, no… ¡por favor! ¡Alguien ayude! ¡JIMIN!
Pero Jimin ya no escuchaba. Solo una última lágrima rodó por su mejilla mientras la oscuridad lo abrazaba.
En su boda, Jungkook recibió el regalo más cruel y honesto que Jimin pudo darle: la verdad de cuánto lo había destruido… y cuánto lo seguía amando incluso mientras moría