Control, pt1
Park Jimin aún recordaba la primera vez que Jeon Jungkook le habló, pero, no porque hubiera sido precisamente amable.
Sino porque, incluso en ese entonces, Jungkook tenía una sonrisa demasiado bonita como para alguien que disfrutaba de humillar a los demás que no le agradaban, sin embargo, él salía impune por precisamente lo primero, tenía una sonrisa encantadora, unos ojos que acaparaban la atención de cualquier a su alrededor, un atractivo que dejaba a todos cautivados, dejándolo en un "déjalo, es un halago que alguien tan lindo se ría de ti".
Jimin se encontraba sentado en el salón, con el rostro oculto bajo sus flequillo oscuro que cortaba cada cuatro meses, hundido en el silencio del aula mientras los demás merodeaban por la secundaria, era el horario de descanso.
Tenía entre manos un tomo de manga japonés, mas no era el que precisamente leía cualquier muchacho de su edad, era un manga erótico que contenía escenas de sexo explícitas con prácticas sadomasoquistas, los ojos de Jimin escaneaban con detenimiento cada panel como si estuviera aprendiendo de las ilustraciones.
Le gustaban esos momentos silenciosos, donde sólo era él, y su literatura favorita.
Nadie hablándole, nadie mirándolo, sólo el sonido de las hojas del tomo pasando una en una con un cuidado dedicado.
Hasta que escuchó un par de risas acercándose al salón.
Un grupo de chicos entró hablando fuerte, se veían muy jóvenes, y su uniforme impecable dejaba en evidencia que eran de primer año. Entre ellos había alguien que precisamente no había visto antes.
Cabello oscuro, lacio, brillante incluso a la suave luz indirecta del sol entrando por las ventanas, ojos grandes Intimidantes y... Lindos.
Era bonito.
Ridículamente bonito.
Jimin le sostuvo la mirada apenas un segundo para después devolverse al manga como si nada hubiera pasado. Aún así sintió cómo el grupo se detenía.
— ¿Qué lee ese tipo?
Unas suaves risas quisquillosas resonaron entre el grupo de muchachos, y Jimin conocía ese tono perfectamente.
Aunque no fue eso lo que le llamó la atención, del grupito de chicos, el que más destacaba, el de nariz de botón, no se rió al inicio, se quedó en un silencio momentáneo.
Este chico era Jungkook, y él no dijo nada al principio, sólo miró desde unos pasos atrás como si se hubiera quedado atorado intentando entender algo.
Uno de sus amigos soltó una carcajada.
— Seguro es una de esas cosas raras que leen los otakus.
Y ese fue el impulso.
Jungkook se acercó hasta el pupitre de Jimin, sentándose en una silla frente a él y le arrebató el manga antes de que pudiera reaccionar, entonces, comenzó a leer.
— A ver... —. Los dedos de Jungkook comenzaron a hojear las páginas con una mirada incrédula qué no podía disimular. — ¿qué demonios es esto?
las miradas del resto del grupo se posaron sobre Jimin, expectantes y curiosos sobre el contenido del manga.
— yo… devuélvemelo —. Jimin apenas si logró que su voz se escuchara, pero fue demasiado débil como para ser tomado en serio.
Jungkook simplemente lo ignoró y continuó leyendo y hojeando el manga de forma exagerada.
— “sus dedos recorrieron lentamente…’’ —. Leyó en voz alta, provocando un estallido de risas viniendo de los demás adolescentes. — Nah… qué asco ¿Lees éstas porquerías en la escuela? Eres un pervertido asqueroso —. La voz de Jungkook salió fuerte, chillona y burlona, un tono hiriente con el único objetivo de humillarlo.
Las orejas de Jimin comenzaron a arder, debería sentirse humillado, y probablemente lo estaba, pero, había otra cosa mezclándose debajo de la vergüenza.
Jungkook estaba demasiado cerca, Jimin podía escuchar claramente su voz, ver el movimiento de sus manos pasando las páginas, páginas llenas de tinta que en marcaban escenas qué más que eróticas, eran escenas de sexo explícito. Aunque eso no era el foco real para él, podía sentir el olor suave a jabón mezclado con esa calidez que deja el calor del sol después de educación física, aunque entremedio podía percibir las notas dulces del perfume ajeno, era tan débil el aroma que no logró identificarlo del todo.
Pero aún así, fue suficiente para poder grabarlo en su memoria, tanto que con el pasar de los años Jimin todavía podía reconocerlo incluso antes de verlo entrar a una habitación.
Jungkook era invasivo, ruidoso y muy molesto.
Y aún así, Jimin no lograba apartar la mirada de su cara, como si las hebras delgadas sobre su rostro no fueran un impedimento para su vista.
Jungkook levantó la vista finalmente, encontrándose directamente con los ojos marrones del mayor y… por un instante, uno demasiado corto, ambos se quedaron quietos.
Entonces Jungkook, con una mueca en el rostro dejó caer el manga sobre el escritorio.
— Qué enfermo..
Jimin lo observó marcharse con sus amigos, la puerta se deslizó con pesadez hasta cerrarse callando los murmullos de disgusto y burla de los menores.
Esa fue la primera vez que Jeon Jungkook le habló.
Y de alguna forma, muy extraña, Jimin nunca logró olvidarlo, aunque tampoco quería hacerlo, aquellas burlas provenir del joven hicieron click en un interruptor muy en el fondo de su mente.
Las cosas no mejoraron después de eso, Jungkook siguió apareciendo, a veces para arrebatar le los mangas de las manos y hacerlo dar vueltas entre su grupo de amigos mientras se lanzaban el manga el uno al otro; otras para burlarse de las figuras que Jimin llevaba escondidas en la mochila, para leer en voz alta sus mensajes privados sobre a qué tiendas frikis quería ir, otras para llamarlo raro y burlarse de él frente a otras personas. Con el tiempo, las risas de su alrededor dejaron de sorprenderle tanto como debería.
Por su parte, Jungkook, sentía una clase de poder crecer en él, un ego inminente que crecía cada vez que lo buscaba para reírse de él, y una de las razones era porque, él, al ser menor que Jimin, le resultaba satisfactorio que alguien mayor a él no se defendiera.
Jimin nunca entendió exactamente en qué momento dejó de sentirse únicamente humillado. Tal vez ocurrió demasiado lento.
Porque al principio sólo era vergüenza, incomodidad, y es que era un poco humillante que alguien más joven que él lo molestara; nervios cada vez que escuchaba paso a acercarse demasiado a su pupitre. Pero los años siguieron avanzando y Jungkook seguía ahí, invadiendo su espacio, arrebatándole las cosas de las manos, incluyendo de su mochila o su mochila entera, hablándole sin ningún honorífico como… no como si fueran iguales, como si Jimin fuera inferior.
Y Jimin empezó a notar cosas donde no debía hacerlo.
La forma en que Jungkook siempre lo encontraba entre toda la gente, incluso en los descansos donde la cafetería se llenaba de alumnos. La felicidad con la que invadía su espacio personal, cómo su voz sonaba más grave conforme crecía, cómo sus manos se veían cada vez más grandes y marcadas.
A veces, después de llegar a casa, Jimin pensaba demasiado en eso.
Era sencillo para él perder horas encerrado en su habitación cuando nadie realmente prestaba atención en lo que hacía. La cantidad de veces que se masturbó pensando en Jungkook fue abismal, lo excitaba demasiado recordar el día a día, cómo Jungkook lo empujaba, lo hacía tropezar, cómo lo hacía chocar contra alguna pared por “accidente”, que claramente no era por accidente.
Llegó a ensuciar más de ocho sábanas a la semana de todas las veces en que se derretía en su cama y simplemente metía la mano a su pantalón, mismas las cuales él mismo se encargaba de lavar para que las mujeres de la limpieza no encontrarán su semen en las caras sábanas de su dormitorio.
Sus padres estaban demasiado ocupados protegiendo una reputación qué apenas tenía espacio para él, y mientras tanto, el Internet había terminado convirtiéndose en el lugar donde Jimin aprendió cosas demasiado pronto.
Mangas hentai, manhwas homosexuales de alto contenido sexual y con relaciones extremadamente tóxicas, historias para adultos que involucraban sadomasoquismo y humillación degradante, producciones de anime hentai y, en algún punto, videos por no gráficos con temáticas de sexo rudo y degradación.
Al principio era involuntario, una idea pasajera mientras leía, un rostro reemplazado a otro sin que pudiera evitarlo, después dejó de sorprenderlo tanto. En cada video de un chico masturbándose que le aparecía en su inicio de twitter, se imaginaba a Jungkook y su mano iba directamente bajo su pantalón.








