PrĂłlogo
Prólogo 
Harry soltĂł un suspirĂł suave, mirando la luna a travĂ©s de la ventana del cuarto de hotel, era una noche luminosa y no podĂa sentirse más pleno. Se girĂł un poco, cuidando de no despertar al chico en sus brazos, un mechĂłn de cabello platinado caĂa ligeramente sobre aquel pálido rostro, su respiraciĂłn era lenta y pausada, y a Harry le parecĂa el hombre más tierno del mundo. El azabache nunca imaginĂł hospedarse en el mismo hotel que su antiguo nĂ©mesis de Hogwarts: Draco Malfoy, y cuando menos quĂ© terminarĂa en su habitaciĂłn charlando como si nunca hubieran tenido diferencias de opiniĂłn y pensamientos, aunque el tĂ©rmino nemesis ya no fuera el más apropiado para describir su relaciĂłn actual, no despuĂ©s de haber hecho el amor.
TodavĂa recordaba aquel momento en el quĂ© comenzĂł a ver a Draco de una manera distinta, porque tenĂan en comĂşn mucho más de lo que alguna vez imaginĂł, descubriendo que el rubio no era lo quĂ© aparentaba.
Hogwarts 1996
Harry se girĂł con la intenciĂłn de mirar el sitio en el que la mirada de Katie Bell se habĂa perdido. La chica a la que habĂan hechizado y que despuĂ©s de varios dĂas en San Mungo, la tenĂa frente a Ă©l, junto a la oportunidad de descubrir lo que le habĂa ocurrido. Grande fue su sorpresa al encontrarse de lleno con Draco Malfoy, de pie, frente al gran comedor, mirándolos como si supieran la razĂłn de su actitud.
Draco girĂł sobre sus talones y se alejĂł a grandes zancadas de ahĂ. Harry no era alguien que se quedaba quieto cuándo algo no le cuadraba y Ăşltimamente el rubio era la razĂłn más importante que tenĂa para sospechar que algo estaba mal.
Draco corriĂł hacĂa el baño de mujeres, sin temor a que alguien lo descubriera, el lugar siempre estaba sĂłlo y la razĂłn era fácil de adivinar: Myrtle la llorona, quĂ© no solo era el fantasma que habitaba el baño de Hogwarts, tambiĂ©n se habĂa convertido en la amiga y Ăşnica compañĂa del chico rubio durante los Ăşltimos meses, porque no solo debĂa cumplir una misiĂłn, tambiĂ©n se habĂa quedado sin amigos a consecuencia de sus estĂşpidas decisiones.
Harry llegĂł al baño segundos despuĂ©s que Malfoy y se encontrĂł con una escena desgarradora, nunca habĂa visto a Malfoy asĂ, y en el fondo de su ser dudaba que fuera algĂşn tipo de broma, el rubio se veĂa realmente mal. Draco sostenĂa con firmeza el lavabo de porcelana blanco, el chaleco que hacĂa un par de minutos traĂa puesto, lo habĂa tirado en un rincĂłn del suelo, el chico lloraba estruendosamente, no se habĂa percatado de que tenĂa compañĂa hasta que Myrtle lo vio e hizo todo un escándalo por su presencia.
—¡No saben cuánto desearĂa estar viva! ¡asĂ podrĂa decidir entre alguno de ustedes! —chillĂł Myrtle, sin embargo ni el Gryffindor ni el Slytherin le prestaron atenciĂłn.
Se escuchĂł el eco de Myrtle llorando estruendosamente mientras se perdĂa por el tubo de la cañerĂa.
Draco se girĂł y lo mirĂł, parecĂa alterado, su varita de espino yacĂa sobre el lavabo, se encontraba completamente desarmado y Harry tuvo el presentimiento de que no lo atacarĂa.
—¡Lárgate Potter! ¡No necesito tú lástima! —le espetó Malfoy.
—Malfoy, sĂ© que tĂş has sido el responsable del ataque a Katie y la botella envenenada que estuvimos a punto de beber y de no ser por Neville que la probĂł antes de servirla en la reuniĂłn de Slughorn, todos los asistentes estarĂamos muertos y para tĂş mala suerte Ă©l está bien —dijo Harry.
Malfoy no quiso seguir escuchando y se cubriĂł los oĂdos con la manos, se doblĂł y cayĂł al piso de rodillas, derramando lágrimas, su cuerpo daba ligeras convulsiones y Harry se asustĂł. Harry observaba al chico con aire preocupado, por un instante dudĂł si de verdad Draco Malfoy estaba teniendo un ataque de ansiedad, pero no habĂa nadie más en el baño, Ă©l lo habĂa seguido durante todo su camino al lugar y ninguna otra persona habĂa ido tras Ă©l, y podrĂa asegurar que en el baño estaban solo ellos dos.
Harry nunca habĂa experimentado una situaciĂłn parecida, y ni hablar de cĂłmo lidiar con ello, mucho menos con Malfoy. Estaba seguro que le serĂa imposible calmarlo y probablemente terminarĂan batiĂ©ndose en duelo.
No obstante, el Gryffindor se armó de valor y se acercó con cautela, Malfoy estaba lo suficientemente alejado de su varita y Harry se inclinó hasta él, lo tomó por los hombros y sin tener claro qué más hacer lo ayudó a levantarse y recargó su cuerpo en el borde del lavamanos.
—Malfoy tienes que calmarte… —murmuró el azabache.
Draco no lo escuchĂł, continuaba sollozando y temblando, su realidad tenĂa que ser la peor de sus pesadillas, siempre que se sentĂa asĂ cerraba los ojos con fuerza, intentando despertar de esa pesadilla que lo atormentaba dĂa con dĂa, no obstante, nunca funcionaba y odiaba sentirse asĂ, porque además estaba completamente sĂłlo, ya no tenĂa amigos y su vida iba en picada.
—¡Malfoy, mĂrame! —pidiĂł Harry.
Draco no lograba enfocar la mirada en Ă©l, se sentĂa realmente mal, nunca antes habĂa experimentado esas sensaciones en un ataque de ansiedad.
—¿Por qué me pasa esto a m� —sollozó Draco.
Harry no supo qué responder, lo único que hizo fue observar y sin quererlo, se dio cuenta de que el rubio era mucho más atractivo de cerca.
Debo estar jodidamente loco, pensĂł Harry.
—¡Yo no pedĂ esta mierda! ¡Yo no querĂa estar asĂ! ¡¿QuĂ© tan difĂcil es tener una vida normal?! —gritĂł Draco, su voz resonĂł por todo el lugar.
—Malfoy cálmate, por favor, no estás bien… —dijo Harry—, y no eres el único que lo piensa yo lo hago más a menudo de lo que imaginas.
Harry no tenĂa claro por quĂ© habĂa dicho eso, no obstante, era lo que sentĂa y lo que siempre habĂa pensado, Ă©l no creĂł esa realidad, pero su obligaciĂłn aun sin quererlo era terminarla, y se dio cuenta de que en ese aspecto coincidĂa con el rubio.
—¡¿Y tú eres el más indicado para decirlo, no?! —le espetó Malfoy—, ¡La vida es una mierda! ¡Mi vida lo es y ya no puedo más!
Draco comenzĂł a gritar incoherencias e intentĂł apartarse de Harry, sin embargo este no se lo permitiĂł y lo sostuvo con fuerza y dificultad de las muñecas, tenĂa el presentimiento de que si lo soltaba algo malo iba a pasar.
Harry no sabĂa quĂ© hacer ni cĂłmo calmarlo y lo Ăşnico que se le vino a la mente y lo hizo antes de razonar fue la peor locura de su vida: besarlo.
Harry pegó sus labios a los de Draco con la intención de calmarlo, el rubio se quedó estático durante un par de segundos hasta que, comenzó a liberar tensión de su cuerpo y correspondió al beso. El azabache intensificó el beso, no teniendo claro si era para evitar que Draco recayera o porque lo estaba deseando. Todo pensamiento en sus mentes se esfumó, estaban completamente concentrados en los labios del otro, besándose y explorando sus bocas con la lengua, hasta que la voz gruesa y áspera de Snape los obligó a separarse.
Draco se sobresaltó y Harry se giró para mirar a su profesor, el chico estaba completamente pálido y no se atrevió a decir una palabra.
—Si usted señor Potter valora su vida aléjese de mi ahijado, no permitiré que sea una causa más de sus pesadillas —musitó su profesor.
ÂżAhijado habĂa dicho?. Se preguntĂł Harry.
El Gryffindor no respondiĂł, se apartĂł de Draco antes de que al hombre se le ocurriera lanzarle una maldiciĂłn.
A partir de ese dĂa muchas cosas cambiaron; la relaciĂłn con sus amigos a excepciĂłn de Luna y Neville se fracturĂł totalmente, y tiempo despuĂ©s la familia que lo habĂa adoptado ya no lo veĂa como un integrante más.
Lo Ăşnico que lo motivaba a terminar con todo era volver a ver al rubio que no salĂa de su mente y descubrir si tal vez, sentĂa algo por Ă©l.
En su nuevo presente, Harry sospechaba quĂ© sus sentimientos hacĂa el rubio eran completamente sinceros. Lo quĂ© no estaba seguro era hacĂa que rumbo los llevarĂa.








