Capítulo 1
El latido de su corazón perforaba desde adentro sus oídos y cada paso apretaba más el nudo en su estómago, aunque en su rostro permanecía una máscara de serenidad total: mandíbula tensa, labios carnosos ligeramente fruncidos, ojos rasgados que no permitían que nadie leyera el temblor debajo de la superficie.
Treinta y dos años, traje negro entallado marcando la curva de su cintura, la firmeza de sus muslos y glúteos, camisa blanca impecable que se pegaba sutilmente a la piel de su pecho.
Regresaba después de ocho años.
Murmullos flotaban desde el aula magna, voces jóvenes. Jimin inhaló profundamente, giró el pomo y entró. Caminó hasta el atril contando sus pasos, dejando que el taconeo de sus zapatos invadiera el espacio. Colocó sus notas sobre la madera y levantó la vista. Cientos de ojos lo observaban.
Se aclaró la garganta y bajó la vista. Era tímido, pero debía luchar contra eso. Era profesor pero odiaba hablar en público, odiaba tener que levantar mucho la voz.
— Buenas tardes. Soy Park Jimin, profesor titular de Literatura Contemporánea. Espero mi presencia sea de su agrado y que podamos crear un ambiente cómodo entre nosotros. Al final de la clase me acercaré a cada uno de ustedes para presentarme y conocerlos por su nombre. Mientras tanto, y en vista de que se avecina una tormenta en pocas horas, comenzaremos de inmediato para no perder tiempo.
Tragó saliva, las manos le sudaron, sintió ganas de orinar.
— Hoy... hablaremos de vacío. Del hueco que queda cuando algo se lleva lo que creíamos nuestro — su voz suave, ronca y aterciopelada, llenó el aula. Hablaba con elegancia, citando a Camus y a Sartre, desgranando la náusea existencial. Pero cada vez que sus ojos, aunque por pocos segundos barrían la sala, una mirada desde la última fila lo atravesaba.
Piernas abiertas con insolencia natural, el codo apoyado en el respaldo del asiento contiguo. Camisa negra desabotonada lo suficiente para dejar ver la base de un tatuaje que prometía descender hacia sus pectorales. Cabello negro con mechones rojos, ligeramente revuelto, mandíbula apretada como si se estuviera conteniendo de algo y una sonrisa ladeada que parecía todo menos amable.
Sus ojos negros se clavaban en Jimin como una aguja atravesando cada poro de su piel. Bajando por su cuello, deteniéndose en la nuez que tragó con dificultad, resbalando por el pecho, la cintura, y deteniéndose un segundo de más en la entrepierna antes de volver a ascender.
El mayor sintió un calor subirle por la nuca. Tendría un ataque de pánico si no se controlaba. Apartó la mirada y siguió. Pero aquel joven no tomaba apuntes. Solo lo observaba.
En un momento, se pasó la lengua por el labio inferior, jugando con uno de sus piercings. Luego sonrió. Coqueto y despreocupado.
El profesor apretó los dedos contra el atril hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Nervioso por dentro, impecable por fuera. Continuó explicando cómo el vacío puede convertirse en la más exquisita de las adicciones.
La alarma sonó después. Debían abandonar rápidamente la institución, era un estado de emergencia, la tormenta parecía ser peor de lo que se imaginaban.
No hubo tiempo de hacer las presentaciones individuales de más de 80 alumnos.
El joven se levantó con lentitud, estirando su cuerpo entrenado. Caminó directo hacia él mientras los demás se dispersaban.
— Profesor Park... — dijo con voz grave y baja. Se inclinó ligeramente sobre la mesa. Olía a perfume caro — tanto tiempo...
Jimin levantó la barbilla, manteniendo la compostura aunque su pulso latía muy rápido sin saber por qué. Conocía muy bien esos ojos, aquellos que lo miraban hace ocho años con infinita fascinación y curiosidad.
— ¿Jungkook?
— Pensé que no te volvería a ver...
El profesor miró a ambos lados y luego le enfrentó — Debes hablarme con respeto, al menos aquí.
— Lo siento mucho — asintió y lo detalló de pies a cabeza — está tan... diferente.
— La gente cambia... tú también lo estás.
— Tenía 16 cuando me viste por última vez. No queda nada de ese Jungkook. Soy un hombre ahora — sus palabras sonaron tan sugestivas.
Jimin sonrío levemente incapaz de seguir el contacto visual y recogió su maletín — Eso veo. Debes moverte rápido, Jungkook. La tormenta se acerca.
— ¿Tiene quien lo lleve?
— En efecto, yo mismo.
— Si alguna vez se le poncha una llanta, y esto asumiendo que tiene un carro, puedo llevarlo en mi Ducati.
— Eso no va a pasar.
— ¿Quién dice que no?
— Yo digo que no. Ahora, toma tu Ducati y conduce rápidamente pero con cuidado hasta tu casa, sería una pena que la lluvia te arruine el peinado.
Jeon se rió — Normalmente me gusta mucho la clase de literatura, pero hoy se volvió mi favorita. Espero verte... verlo — corrigió — la siguiente semana cuando toda esta mierda de la tormenta pase — se enganchó la mochila en el hombro y salió guiñándole un ojo.
Jimin se hiperventiló y negó repetidas veces. Conocía bien a Jungkook o al menos lo que su cerebro recordaba. Un adolescente hiperactivo con déficit de atención y unas ganas tremendas de meterse en problemas. Y sí, ahora estaba hecho todo un hombre pero esos ojos grandes y expresivos seguían siendo los mismos. Los mismos que le rogaban que no se fuera tan tarde porque hacía frío, los mismos que le suplicaban por una calificación a sus dibujos de anime.
Salió rápidamente al estacionamiento observando el cielo negro y los rayos caer. Sentía vergüenza. Hace ocho años él no era tan maduro, usaba el cabello rubio hasta los hombros y fumaba hasta lo que no se podía fumar. Le encantaba el sexo agresivo, aquel que lo dejaba en cama por dos días y lamentablemente, Jungkook presenció varias de esas escenas caóticas...
— Maldita sea — golpeó el volante y comenzó a manejar hacia su residencia. La culpa moral de sus acciones pasadas lo tenía con nauseas.
Llegó a su destino mientras las gotas parecían querer romper los cristales. Bajó corriendo, mojándose en segundos y entró en el ascensor. Se miró en el espejo detestando esa sensación de calor en sus mejillas. No había una cosa más incorrecta que esa.
Se desvistió a penas cruzó la puerta y se cubrió con una bata de baño, apresurándose a tomar una copa y llenarla de vino para beberla de un solo trago.
— No debí actuar así, maldita sea. Debí reaccionar como lo hace alguien que ve a un viejo amigo... ¿por qué temblé tanto? ¿Por qué miré a los lados como si fuéramos amantes? ¿Qué cojones me pasó? Es Jungkook... lo conozco, le hice pan tostado varias veces, palomitas, ramen. Le llevé la toalla cuando se le olvidó en su habitación. Fui casi su niñero...
Se pasó las manos por el pelo húmedo.
Eso no era normal.
Por otro lado, Jungkook estacionó su moto, su cuerpo fornido goteaba. Sus botas dejaban las marcas al pasar. Se quitó el casco y suspiró, observando todo al rededor. Su ropa entró en la lavadora, ya programada con detergente.
Avanzó desnudo hacia su recámara y se lanzó en la cama.
— Jimin...
De momento a otro se sintió pequeño otra vez. Miró hacia la puerta, aunque todo había sido remodelado y lo vio en la sala riendo y fumando sobre aquel viejo sofá.
— Ya no soy un niño — aseguró — ¿Te fijarás en mí ahora?
Cerró los ojos.
— Jamás pensé que este momento llegaría — se sentía eufórico — maldita sea, Jimin y sigues tan hermoso...
Un fuerte rayo cayó iluminando las ventanas. Pero a Jungkook le gusta eso. Le encantaban las tormentas porque cuando llovía Jimin se quedaba a dormir y finalmente había vuelto a su vida después de ocho largos años. Después de pensar que no lo volvería a ver.









estoy preparada para mi nueva obsesión
dios mío, ya te extrañaba mujer
Jeon Jungkook 2.0 Ahora es el momento 🔥🔥🔥👉🏻🐥👈🏻