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Un fuerte golpe contra la pared te hace cerrar los ojos con fuerza. El eco del impacto resuena en la habitación de los dormitorios de la UA, para ser más específicos en tu habitación
Cuando abres los párpados, te encuentras con la mirada de Tamaki. Pero este no es el chico tímido que se esconde de las miradas de los demás...sus ojos están fijos en ti con una intensidad peligrosa
Tamaki: ¿por qué lo mirabas tanto, Tn? -su voz, usualmente un susurro tembloroso, ahora es un tono bajo que te hiela la sangre- ¿acaso... Mirio es mejor que yo?
Tn: Tamaki, solo estábamos hablando de las clases que tendré... -intentas explicar, con la voz entrecortada y la espalda pegada firmemente al muro-
Tu corazón late con fuerza, no por emoción, sino por el miedo que empieza a asfixiarte
Él acorta la distancia, atrapándote por completo. Sus manos, que tantas veces te han sostenido, ahora se posan a los lados de tu cabeza, un silencioso del poder que posee y que te hace sentir tan pequeña, tan indefensa como una flor atrapada en una tormenta
Tamaki: mientes... -gruñe-
Por un segundo la ira en su rostro es tan real que te encoges, esperando lo peor. Está descargando sus inseguridades y sus demonios directamente sobre ti, haciéndote pagar por sus propios fantasmas. Te grita palabras que duelen más que cualquier golpe físico, destrozando tu autoestima en un instante
Pero entonces, como si un interruptor se apagara dentro de su cabeza, la rabia desaparece de golpe
El rostro de Tamaki se deforma en una mueca de absoluto horror al ver tus lágrimas. Sus manos caen y retrocede un paso, colapsando de rodillas frente a ti. Desvaneciendo aquel tormento para dar paso al chico que tanto conocemos
Tamaki: no, no, no... lo siento, Tn, por favor mírame, lo siento tanto -comienza a suplicar, con la voz quebrada y lágrimas corriendo por sus mejillas mientras intenta tomar tus manos temblorosas- soy un idiota... Tú eres lo único bueno que tengo en la vida. No me dejes, te lo ruego. No podría respirar sin ti. Juro que voy a cambiar, juro que esta es la última vez...
Y ahí estás tú... el miedo en tu pecho empieza a mezclarse con esa peligrosa lástima y el falso consuelo de sus promesas. Lo abrazas mientras él llora en tu regazo, convenciéndote a ti misma de que su amor justifica el dolor, cayendo una vez más en el ciclo sin fin