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VAGABUNDO [TaeGi] Omegaverse

Summary

inspirada libremente en la película mexicana "Escuela de vagabundos", dirigida por Rogelio A. González. Cuando Kim Taehyung llega a la residencia Min cubierto de aceite, tierra y sin una sola explicación convincente, Min Yoongi sabe que deberían echarlo de inmediato. Su padre, en cambio, decide ofrecerle comida, refugio y un puesto como chofer. La llegada de Taehyung desordena la casa, amenaza una alianza empresarial importante y pone a prueba la paciencia de Yoongi, que insiste en verlo como un intruso. El problema es que el nuevo chofer parece demasiado cómodo entre los ricos, demasiado seguro frente a los alfas poderosos y demasiado interesado en él.

Genre
Romance
Author
Miki
Status
Complete
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El segundero del reloj avanzaba sin hacer ruido, devorando el tiempo en su despacho. En la tablet, las gráficas de rendimiento de Industrias Jeon brillaban reflejadas en sus gafas de lectura. Min Namjoon deslizó el dedo por la pantalla, amplió una curva de proyecciones financieras y exhaló.

Alineó el dispositivo con la esquina exacta del escritorio. Quedó perfecto. Paralelo a la línea del suelo. Se frotó el puente de la nariz. Se puso de pie, estirando las piernas dentro de un pantalón gris que no mostraba una sola arruga. En la esquina del mueble reposaba un frasco cilíndrico, negro y de superficie lisa. Lo tomó con dos dedos.

Clac.

La bruma del atomizador cubrió los costados de su cuello con una caricia fría. La brisa retuvo por un segundo el golpe primitivo del cedro y el sándalo. Antes de que el olor pudiera expandirse más allá de los límites del escritorio, las moléculas del neutralizador atraparon el aroma.

El alfa guardó el frasco. Volvió a tomar la tablet y abrió un archivo diferente: el mapa de distribución de las mesas para el banquete. El nombre de Familia Jeon ya había cambiado de lugar tres veces en los últimos diez minutos. Namjoon dio dos golpecitos con el dedo sobre el escritorio.

El crujido suave de la puerta interrumpió el ritmo del segundero. Seokjin entró al despacho sin hacer más ruido. Llevaba entre manos un enorme jarrón de cerámica blanca con orquídeas recién cortadas.

Al acercarse hacia el escritorio, el ambiente del despacho se tiñó de una calidez distinta. Al dar un paso dentro de la alfombra debajo del escritorio, dejó escapar una nota dulce, de lavanda y vainilla.

—Estaba pensando —dijo Jin, acomodando el jarrón justo en el centro de una mesa— que la próxima semana es perfecta para reabrir el pabellón de huéspedes. Hay un par de alfas y omegas en el distrito sur que... bueno, es una lástima. Andan por la calle exponiendo sus aromas crudos, Joonie. Nadie debería vivir sin acceso a una fragancia digna.

Namjoon detuvo el dedo sobre la pantalla. Bajó el dispositivo y lo apoyó en el escritorio.

—Seokjin. Olvídalo.

—Ay, por favor, no pongas esa cara. —Jin mantuvo la vista en las orquídeas, ajustando los pétalos con los dedos—. Es labor social. Es nuestro deber con la comunidad.

—¿Labor social? —Namjoon se puso de pie; el cedro de su aroma presionó contra el filtro del neutralizador—. Jin, la última vez que abriste ese pabellón para tu labor social, pasamos tres días comiendo el puré con cucharas de plástico. ¡De las de color rosa fosforescente!

El omega se giró para mirar a su esposo con una mano apoyada en la cadera.

—Qué exagerado eres. No fueron tres días, fueron dos. Y las cucharas eran lilas, combinaban con el mantel.

—¡Se robó los cubiertos, Jin! —Namjoon dio un paso al frente—. El tipo se esfumó a las tres de la mañana con toda la platería de la familia en una mochila. No dejó ni una sola cuchara.

—Míralo por el lado amable. —Jin caminó hacia él, acortando la distancia hasta que la vainilla de su cuello envolvió el espacio entre ambos. El alfa bajó los hombros—. Esa vajilla ya estaba opaca; los mangos tenían rayones. Gracias a ese pequeño... inconveniente, tuvimos la excusa perfecta para ordenar el juego de plata francesa. El que usaremos con el Señor Jeon.

Jin le dio dos palmaditas en la mejilla a Namjoon.

—Así que, técnicamente, ese pobre alfa nos hizo un favor. —Sonrió y dejó un beso sobre la misma mejilla. —Hay que ser optimistas, Joonie.

A unos metros de distancia, cruzando el pasillo que separaba el despacho del comedor, el ruido de la casa parecía apagarse por completo. Min Yoongi mantenía la vista en el parpadeo rápido de las líneas en la pantalla de su laptop. Sus dedos delgados se movían sobre el mouse, arrastrando líneas y calculando ángulos.

—Maldita sea —gruñó entre dientes.

Soltó el mouse y se pasó la mano por el cuello, enganchando dos dedos debajo de la tira de cuero que le ceñía la garganta. El collar cedió apenas un poco antes de volver a ajustarse contra su piel. Rascó hasta dejar una marca roja. Se acomodó el cuello de la sudadera, cubriendo el cuero bajo la tela.

Mientras sus padres dosificaban sus aromas para suavizarlos, el espacio que lo rodeaba estaba vacío. Su fragancia neutralizadora bloqueaba cualquier feromona. Yoongi reservaba su aroma natural exclusivamente para las reuniones obligatorias, esos eventos donde su padre alfa le exigía aplicar un neutralizador más sutil.

Dio un clic sobre el programa, guardando el progreso de su trabajo, justo cuando la luz blanca que caía sobre su teclado fue interrumpida por una sombra conocida.

Una brisa ligera, enmarcada con la dulzura del durazno y la miel silvestre, inundó el espacio de trabajo de Yoongi. Jimin entró en el comedor sin hacer ruido. Su collar de soltero estaba adornado con un dije de diamantes que destellaba con la luz de la tarde.

Su hermano se dejó caer sobre la mesa, bloqueando con su cuerpo la mitad de la pantalla.

—Qué cara —comentó Jimin, apoyando la barbilla en la mano mientras miraba de reojo la pantalla—. Si sigues frunciendo el ceño así, se te va a quedar una arruga antes de los veinticinco, Gigi.

Yoongi mantuvo los ojos en el monitor. Sus dedos continuaron tecleando.

—Muévete, Jimin. Me tapas la luz.

Jimin balanceó las piernas sobre la mesa.

—Qué amargado. Oye, una duda... —Se inclinó un poco más hacia él, bajando el tono de voz—. ¿Acaso es porque Hobi no te ha dado bien últimamente?

Desde el pasillo, Namjoon emitió un gorgoteo, ahogándose con su saliva. El alfa se llevó una mano al pecho, doblándose un poco mientras tosía con los ojos muy abiertos. A su lado, Seokjin palmeó la espalda de su esposo mientras observaba a sus dos hijos a la distancia.

—Ay, cariño, no seas dramático —dijo—. Es algo completamente normal a su edad.

Yoongi detuvo los dedos sobre el teclado. El zumbido de la laptop pareció volverse más fuerte; levantó la cabeza. Sus ojos oscuros se clavaron en la sonrisa de su hermano menor.

—No seas idiota, Jimin —masculló, enfatizando la penúltima palabra—. El hecho de que me concentre en mi carrera no significa que esté amargado. No todos somos tan fáciles como tú.

La sonrisa de Jimin se ensanchó. Se acomodó el dije de diamantes del cuello.

Namjoon terminó de aclararse la garganta y avanzó hacia el comedor. Se detuvo frente a ellos. Jimin bajó de la mesa y plantó los pies en el suelo.

—Suficiente —gruñó su padre, barriendo a ambos hermanos con una mirada—. No voy a tolerar esa clase de vulgaridades bajo este techo, y menos en el comedor.

Jimin dio un paso atrás, acomodándose los puños de la camisa. Yoongi, por su parte, bajó la vista hacia el teclado, manteniendo los labios apretados.

—Tienen exactamente dos meses —continuó Namjoon, apoyando una mano sobre el respaldo de la silla de Yoongi—. Ocho semanas para que aprendan a comportarse como es debido. La alianza con el Señor Jeon definirá el rumbo de la empresa, y necesito que cada miembro de esta familia se comporte a la altura.

Namjoon giró la cabeza hacia su esposo. El omega estaba de espaldas, acomodando unas flores que descansaban sobre el mueble cerca de la ventana.

—Y eso significa —añadió el alfa, remarcando cada palabra— cero sorpresas, cero extraños y, sobre todo... ni un solo vagabundo cruzando la reja de la entrada. ¿Queda claro?

Jin rozó el pétalo de una flor.

—Eres un hombre de muy poca fe, Joonie —murmuró, mirando a la ventana, con una sonrisita dibujada en el reflejo del vidrio.

Namjoon guardó silencio. Dio media vuelta y el sonido de sus zapatos se alejó de regreso al despacho. Jimin lo siguió de cerca, revisando su teléfono. Yoongi estiró los dedos sobre el teclado y volvió a trabajar. Los golpes de sus yemas sonaron como pequeños tambores en la estancia vacía.

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