Capítulo 1
No se cambirán las nacionalidades de los personajes de la adaptación que escogí. Yoongi será de nacionalidad rusa y Jimin de nacionalidad norteamericana.
“Sangre sobre el hielo.
Sangre sobre tus manos y las mías.
Sangre en tu mirada al reflejar tu alma.
Sangre en mi corazón al contemplar tu miedo.
Sangre...sangre...
Una impura lágrima roja quebrantando lo niveo.
Despedazando el presente, fragmentando el futuro.
Sangre...sangre...
Cubriendolo todo, purpúreo enemigo.
Sembrando la muerte para que no estés conmigo.”
-¿“Lo siento papá...“? ¿Lo siento? ¡¿Esa es la mejor excusa que tienes para dar?!
-Lo intenté, lo juro. Hice mi mayor esfuerzo papá, pero no pude, no pude...
-Eres una vergüenza, un perdedor, ¡Un maldito fracaso!
Jimin no podía contener las lágrimas. Sentado en un extenso banco de madera, ocultaba el rostro en la concavidad que formaban sus brazos al rodearse las piernas, meintras el profundo sentimiento de haber perdido lo más importante de su vida lo carcomía por dentro como un insecto urgando en sus entrañas. Su padre y entrenador deambulaba al rededor suyo como una fiera salvaje acechando a su presa, maldi ciendo y echando golpes a todo lo que estuviese a su alrededor. Perdder es difícil en cualquier ámbito de la vida, pero cuando uno se entrena por años y años para lograra un objetivo y se racasa por culpa de un solo fallo en a penas cinco minutos, la frustración es infinitamente mayor.
Esa era la realidad de Park Jimin.
Tenía 19 años y hacia tres que luchaba por alcanzar la medalla de oro mundial del patinaje artístico sobre hielo. Tres años en que había estado a punto de obtenerla, arañando esa gloria dorada para finalmente verla alejarse de él indefectiblemente hacia otras manos, siempre hacia las mismas manos.
No era falta de talento, pues sin duda alguna era un excelente patinador. Había sido tres veces campeón de su país, y habría obtenido con indiscutida superioridad todos los premios nacionales de menor categoría. Pero al parecer en el ámbito mundial, era incapaz de ganarle a Min Yoongi, el ruso, que por quinta vez consecutiva se adjudicaba el título el título de Campeón Mundial, dejando muy por debajo a a todos los demás competidores, Jimin podía ser sorprendente, pero Yoongi eran un Dios sobre los patines.
A sus 22 años ya se había convertido prácticamente en una leyenda de aquel deporte, y su estilo era tan único que marcaba tendencia en su país y en el mundo, rompiendo día a día sus propios records, construyendo un nombre que parecía ser tan fuerte e insuperable como su extraordinario talento.
Una vez más Jimin no había podido contra él, y no hubiera podido ganarle aún sin haber sufrido esa caída durante el salto más difícil de su rutina, aunque por lo demás su presentación había sido tan impecable que le había valído un merecido segudo puesto, subiendo con honores al podium siendo aclamado y felicitado por todos.
Por todos, menos su padre.
De carácter fuete y desamorado, el señor Park era sin dudas uno de los factores por los cuales Jimi n se había convertido en el excelente partinador que era. Aquel rústico estadounidense había decidido llevar a su hijo a la cima a cualquier precio, y lo había logrado a fuerza de años de extenuantes entrenamientos, interminables horas de práctica y sacrificios desmedidos, aunque con ellos le hiciera perder la niñez y prácticamente toda la frescura de la adolescencia. Dando más prioridad a su condición de entrenador antes que a sus deberes básicos como padre, el señor Park siempre fue un fierro con su hijo, y ahora, en la soledad de los vestuarios de aquel estadio de Alemania donde había perdido el título mundial y sus ilusiones de grandeza, irritado y furioso como estaba, disparaba contra Jimin palabras que dolían más que la impotencia, la derrota y las lesiones físicas.
-Inútil-murmuró con desprecio mirando la figura temblorosa que era su hijo- . ¿Cuántas veces haz hecho ese maldito salto? ¿Cuántas? ¡Cientos de veces! ¡¿Tenías que caerte justo esta noche, aquí, en la presentación más importante?!
-Ya te lo dije... -intentaba explicar el muchacho, sus ojos negros inundados de lágrimas- es la lesión de mi pierna, no pude resistir el dolor cuando...
-“La lesión de mi pierna” -volvió a interrumpirlo el hombre, simulando la voz de una niña pequeña -¿Acaso no eres hombre para aguantar el dolor? ¡Tengo un hijo perdedor y en cima marica! -bramó alzando los brazos al cielo para luego acercárcele peligrosamente- los machos soportan el dolor, ¿Me escuchas? -dijo sacudiéndolo de un brazo, haciéndole levantar el rosto-. ¡Si fueras lo suficientemente hombre habrías saltado como debías , aunque la pierna se te saliera en el intento!
Jimin abrió la boca para responder, pero se encontró gesticulando en vano. No sabá que contestar, lo cierto era que su lesión llevaba meses molestándole, pero su padre nunca le había permitido descansar como lo hbía indicado el médico por su miedo a que la inactividad bajara su rendimiento. Como consecuencia la lesión había ido empeorando poco a poco y cada día dolía más hasta llegar al punto de incapacitarlo para algunos saltos.
-¿Te pusiste a pesar en alguien más que en ti mismo? -continuó el señor Park, apretando los dientes en un contenido gesto de ir -¿Acaso pensaste en los sacrificios que tu madre y yo hemos hecho para que tú lo eches todo a perder así? No, claro que no, egocéntrico y quejoso como siempre ¡Y ya deja de llorar! -gritó, dándole una fuerte bofetada que por poco lo hace caer del asiento-. Suficiente verguenza me has hecho pasar hoy como para que encima digan que mi hijo es un puto llorica.
Tragándose las lágrimas, Jimin intentó obedecer aún sintiendo la pesada mano de su padre escociéndole la mejilla. El cabello oscurso le ocultó el rostro de la humillación recibida, y apretó los ojos dispuesto a soportar como pudiera todas las agresiones que aún estaban por venir, pero entonces unos pasos se oyeron en la escalera, y la figura de un hombre alto y rubio asomó por la entrada.
- ¡Min Yoongi! -exclamó el señor Park, haciendo que Jimin alzara asombrado el rostro hacia el recién llegado.
Por unos segundos ninguno de los tres dijo absolutamente nada. Luego el señor Park pareció salir de su letargo y se acercó con la mano extendida y una sonrisa falsa que no acompañó con la mirada.
-Permíteme felicitarte, fue una presentación estupenda - comentó cordialmente, su voz sin un ápice de la rudeza que había empleado segundos antes. Yoongi estrechó su mano sin decir ni una palabra, con un gesto frío y distante-. Aunque debo admitir que mi hijo cometió tantos errores que te la dejó fácil -agregó con una risa que pretendía ser señal de mutuo entendimiento.
Yoongi no sonrió ni siquiera por cortesía. Aún en silencio desvió sus ojos claros hacia Jimin, que se había puesto de pie, su rostro colorado por la vergüenza y el golpe que acababa de recicbir, y permaneció observándolo como si esperara alguna reacción de su parte. Arreglándose el pelo instintivamete, queriendo aparentar una impasibidad que no poseía, Jimin se acercó igual que su padre con la mano extendida, aunque sin su hipócrita sonrisa.
-Te felicito -dijo escuentamente, intentando que su voz no sonara congestionada por las lágrimas que había estado derramando hasta entonces.
-Y yo a ti -respondió el ruso habkando por primera vez, con su marcado acento extranjero y sus modales diplomáticos. Pero para sorpresa de los dos americanos, aún sin ceder la presión de mano. preguntó-. ¿Cómo está tu pierna?
Padre e hijo se miraron por un instante, desconcertados. No habían mencionado ni una sola palara sobre la lesión por temor a que lo descalificaran (nadie en su sano juicio le habría permitido patinar con un a lesión así), y habían hecho lo imposible por ocultarlo a los jueces. ¿Cómo deminios se había enterado? ¿Los habría escuchado discutir momentos antes?
-¿Mi pierna? -preguntó Jimin, soltándose de inmediato, intentando sonar sorprendido- Perfectamente, gracias, ¿Por qué lo preguntas?.
Min Yoongi no respondió, pero continuó mirándolo a los ojos, imperturbable. Tenía una mirada firme y fama de una personalidad fuerte, alcanzando lo soberbio, con un ego inquebrantable que mantenía a raya a duras penas bajo un manto de estricta educación y un trato frío. Su evidente falta de humildad se mantenía aún con la prensa aunque todo eso le trajera mala propaganda y fuera un constante dolor de cabeza para sus asesores de imagen. Sus fans, no obstante, despilfarraban elogios sobre su humildad y buena disposición con la gente más sencilla que se acercaba a él en busca de un autógrafo o una foto, siempre dispuesto a sacrificar su tiempo con ellos, respondiendo amablemente a lo que solicitaran, haciendo favores y obras de caridad en la más silenciosa discreción.
Como fuera con Jimin solo había cruzado los saludos de rutina en las competencias que habían compartido, y ninguno de los dos había demostrado más interés que ese. Esta vez, sin embargo, el ruso parecía querer algo más.
-He venido a buscarte -dijo sin más preámbulo- los organizadores quieren unas palabras con los campeones.
-¿Con los campeones? -repitió el señor Park como si no hubiera entendido la pregunta. Yoongi volvió a él su mirada de hielo.
-Con nosotros -respondió con la impaciencia de quien explica algo obvio-. Su hijo es el ganador de la medalla de plata, señor Park. ¿O es que lo ha olvidado usted? -y dicho esto le volvió la espalda, encaminandose hacia la salida.
Jimin no pudo menos que quedar estupefacto ante tal insolencia. No conocía a nadie que se hubiera atrevido a hablarle así a su padre, jamás, en toda su vida. ¿Eras que el ego de este hombre no conocía límites?
Miró a su padre, que guardaba un rabioso silencio, y luego volvió su mirada hacia el rubio.
-¿Vienes o no? -pregutó este, empezando a perder la paciencia.
Algo en aquel descaro le sonó a dulce venganza, y sin hacerse esprar más, Jimin lo siguió escaleras arriba, sin volver la vista atrás.
En silencio, Yoongi lo condujo por unos pasillos desiertos hasta detenerse frente a una puerta. La abrió y con un gesto de la cabeza le indicó que pasara. Cuando la puerta se cerró tras de él y echó una mirada a la habitación, Jimin sintió que un frío le recorría la esplada. La sala estaba completamente vacía.
Como un súbito e inexplicable temor se volvió hacia Yoongi. Este estaba apoyado contra la puerta cerrada, de brazos cruzados, y la mirada tan fría como antes clavada en él.
-¿Qué significa esto? -preguntó intentando sonar más enojado que temeroso.
-¿Qué significan los cinco dedos que tienes en la cara? -.preguntó a su vez el ruso con un inglés acartonado, sin variar su expresión.
-¿Qué...? -de súbito el más joven sintió un rubor cubrir sus mejillas- No puedes hacer esto, me has traido aquí con una mentira. Si lo denuncio como intimidación puedo hacer que te sancionen ¿Sabes? Déjame salir -pero cuando intentó huir, la mano del rubio se plantó contra su pecho, deteniéndolo. Su mirada continuaba tranquila y silenciosa. La respiración de Jimin se agitó levemente, mientras los ojos le ardían por las lágrimas contenidas-. No tengo nada en el rostro, no sé de qué hablas.
Los ojos celestes se encongieron suspicases, pero continuaron en silencio. Aquella mirada tan penetrante...
-Mira, no es asunto tuyo, ¿De acuerdo? Déjame salir.
-¿Hasta cuando lo permitirás? -.preguntó entonces Yoongi, mirándolo como si lo supiera todo- ¿Hasta que te incapacite para siempre y no puedas volver a patinar? ¿Hasta que te destroce todos los huesos del cuerpo? ¿O hasta que finalmente te mate?
Jimin lo miró boquiabierto, tenso al saber su secreto revelado. Si el ruso hablaba, si los jueces se enteraban...
-No sabes lo que dices -dijo entonces en un suspiro apenas audible- no sabes nada.
-Sé más de lo que crees -respondió el otro, volviendo a cruzarse de brazos. De pronto sus ojos celestes se suavizaron, y cuando volvió a hablar su voz fue diferente- Yo también pasé por eso Jimin, sé de lo que hablo.
Silencio. El americano negó con la cabeza , incapaz de hablar las lágrimas brillando en sus ojos.
-Mi tutor -continuó Min Yoongi con voz pausada y grave -Estuve bajo su cuidado desde los seis años hasta los once. Cinco años Jimin, toda mi infancia, créeme cuando digo que sé de lo que hablo.
Jimin retrocedió hasta chocar con una mesa, y se aferró a ella como si estuviera a punto de caer. Toda una vida de abusos físicos con su padre, ocultándolo, resistiendo... y jamás se había permitido soñar con la posibilidad de...
No, era imposible, era inútil soñar así.
Pero ahora venía este, su enemigo, a encender esa peligrosa chispa de libertad, avivar un fuego interno que había intentado reprimir siempre.
-¿Qué hiciste con él? -preguntó en un murmullo, como si temiera escuchar la respuesta.
-Escapé.
-¿Solo eso? Así de sencillo?
-¿Quién ha dicho que fue sencillo? -preguntó el rubio ofendido, un halo de violencia resonando en su voz-. Tenía sólo 11 años, ¿Piensas que es sencillo valerte por ti mismo a esa edad? -desvió la vista, como si los recuerdos fueran demasiado dolorosos para él, y luego continuó con voz calmada- Nada ha sido un lecho de rosas para mí... Por eso estoy orgulloso de ser quien soy. Nadie me ha regalado nada, todo lo que he conseguido con mi sacrificio.
-¿Y te crees que a mí sí? -preguntó entonces Jimin, volviéndose a él, las lágrimas brillando furiosas- ¿Acaso piensas que eres el único que ha sufrido? A mí no me cayó ningún regalo del cielo, no nací con un “don mágico” como tú, todo lo que logré fue con esfuerzo, con sudor y lágrimas... Y sangre...
-Sangre porque sigues permitiéndolo. ¿Por qupe no te deshaces de él? Ya no eres un niño, yo tená ocho años menos que tú cuando tuve que convertirme en un hombre.
-¿Deshacerme de él? -repitió Jimin con una risa triste- Es mi padre maldita sea ¡No puedo deshacerme de él! No es un entrenador al que pueda despedir, no se irá de mi vida. Ni siquiera puedo tocar mi dinero si él no lo permite. Le pertenezco tanto o más que su casa o su auto.
-Entonces vete, vive por ti mismo.
-¡No puedo! ¿Qué haría para vivir? ¿Cómo haría para entrenar?
Los ojos de Yoongi vagaron por la pared unos momentos
-...a veces tienes que sacrificarte para obtener beneficios...
Jimin lo miró desconcertado. ¿Qué le estaba insinuando?
-Quienres decir...¿Qué no patine más?
-...
-No... No, no, jamás... No, ¡No lo haré! ¿Cómo puedes deirme eso? ¿Dejarías tú acaso de patinar? ¿Lo hiciste incluso en aquel momento que dices? Oh, ya veo... Ya sé a dónde quieres llegar... Te vendría más que perfecto que yo me alejara del patinaje, ¿Verdad? ¿Cuánta ventaja te daría eso?
-No seas imbécil. Puedo ganarte a ti y a todos los que quiera, como quiera y en el momento en que quiera. Soy el mejor patinador del muno -aseguró, e irguió la frente orgulloso y desafiante, se cubría en su ego como con un gran manto que en vez de ser su rutina, lo dignificaba y engrandecía-. De querer sacar ventaja te dejaría donde estás. Con suerte para mí, para la próxima temporada estarás cudripléjico.
Las lágrimas en los bellos ojos oscuros de Jimin pugnaban por salir mientras un incontenible temblor se apoderaba de él. Sin saberlo Yoongi estaba tocando las fibras más sensibles de su alma, sus peores recuerdos, su más profundo y terrible temor... ¿Hasta dónde llegaría su padre? ¿Terminaría matándolo algún día? ¿Eran aquellas terribles palabras parte de una profecía anunciada?
-No te preocupes Yoongi -dijo entonces, empostando la voz para que sonara lo más firme posible-. No quedaré postrado ni nada parecido, no te daré el gusto, mejor preocúpate por lo que harás en la presentación del miércoles, porque patinaré tan bien que te haré pasar vergüenza.
Y atravesando la habitación a grandes pasos salió del cuarto sin que el otro hiciera nada por impedirlo.
...
Las dos presentaciones que seguían al gran premio mundial eran espectáculos destinados a la recreación y festejo del espíritu deportivo, donde no había medallas ni grandes puestos en juego, sino la buena disposición de los patinadores de efectuar una exhibición en beneficio de grandes corporaciones de ayuda humanitaria, donde el público y la prensa más especializada en deportes se reunía en un ambiente casi familiar a disfrutar de su deporte favorito en una fiesta que ya era tradición.
Eran los mismos participantes, generalmente luciendo los mismos trajes y desplegando las mismas rutinas, pero era costumbre que nadie faltara a aquellos encuentros amistosos, y por supuesto Jimin y Yoongi no fueron la excepción.
A diferencia de sus compañeros, todos más relajados y sonrientes sin la presión del puntaje pesando sobre sus hombros, Jimin precalentaba nervioso y concentrado, decidido a escuchar a su padre y desoír el dolor de su pierna, que no había hecho más que acrecentarse a pasos agigantados desde que ganara la medalla plateada, Yoongi por el contrario, ocupaba toda la pista en largos deslizamientos, saludando al público que parecería querer derrumbarse sólo para tocarlo, recogiendo las flores, osos, cartas y demás obsequios que le arojaban, deteniéndose aquí y allá para saludar a alguna intrépida jovencita desesperada por un autógrafo, y en el mejor de los casos, un beso, que él concedía con la indulgencia de un santo.
-Pendejo de mierda- murmuraba el señor Park mirándolo con un gesto que no acompañaba sus palabras, mientras daba instrucciones a su hijo-. Quiero que lo destroces, quiero que lo hagas ver como el idiota que es, ¿Me oyes? Tenemos que vencerlo, vamos a demostrar que es un infeliz, mocoso presumido...
Jimin prefería no responder, elongando con cuidado su pierna herida, asegurando sus patines, echandole rápidas y furtivas miradas a su competidor, que por lo visto había decidido ignorarlo por completo.
O así parecía al menos hasta el momento en que se rindió un pequeño homenaje al país de cada uno de los patinadores. Cuando las primeras estrofas del himno ruso comenzaron a sonar, Yoongi echó una mirada rápida a Jimin. Sus ojos enviaban una advertencia, eso era claro, aunque no había violencia en su mirada, pareció negar con la cabeza, en un gesto rápido y casi imperceptible, cuando el americano quiso captar el mensaje observándolo con más atención, Yoongi ya miraba al frente con la mano en su pecho, entonando su canción patria como si nada más importara.
Tenía un aspecto impecable en su ceñido traje negro, con detalles en el echo y puños tan dorados como su cabellos que le caía lacio sobre la frente y los costados de su rostro en su estudiado descuido. Un look casual seguramente planeado para romper con la imagen glacial que podía inflingirle su mirada, siempre penetrante, demasiado rígida para tratarse de un joven (costaba creer que tal prodigio sólo tuviera 22 años). Era alto, delgado, de espalda fuerte y aspecto masculino, con un trasero de roca y una energía incapaz de ocultar aún cuando permanecía estático y con la mirada fija.
Jimin en cambio, tenía un aspecto delicado y suave, con un aire mucho más femenino si se lo comparaba con su par ruso. Ya fuera por su edad o por su complexión física, era más bajo y delgado que Yoongi, con su rostro de facciones refinadas y una sonrisa tímida y encantadora que capturaba la atención de chicos y chicas por igual. Tenía un cabello negro algo salvaje, que solía cambiar según sus gustos, y que ahora llevaba un poco largo, casi rozándole los hombros, siendo el marco perfecto para su rostro pálido y agudo. Aunque sonreía con frecuencia y tenía muy buen trato con sus fans, sus ojos oscuros eran tristes, siempre ocultos tras un velo de desdicha que ni siquiera el premio más esperado podría haber descorrido, transmitiendo así una sensación de nostalgia que ni sus admiradores más acérrimos podían negar.
Jimin era una mar profundo plagado de secretos.
Yoongi una caja fuerte llena de misterios.
Aquel día ambos se deslizaron como relámpagos sobre el hielo, volando en increíbles piruetas, rotando en veloces giros al compás de músicas maravillosas que cautivaron al público e hicieron enloquecer a espectadores de todo el mundo. Paso a paso los demás competidores volvían a perder las esperanzas de lucirse ante tanto despliegue de talento; Jimin, con sus movimientos gráciles y etéreos como un elfo. Yoongi, rápido y enérgico, desplegando su fuerza y talento como el amo y señor de los hielos. Eran hermosos, eran perfectos, pero...
...pero no en vano Jimin se quejaba de su lesión... y no por nada Yoongi era el Campeón del Mundo.
Dos veces cayó Jimin desde la altura de uno de sus saltos más compliacados, empeorando más su situación, y para cuando terminó, a pesar de haber hecho una bella presentación, a nadie le quedaban dudas de quién sería el vencedor.
Jadeando mientras se presionaba la pierna herida ya sin poder ocultar su dolor, se deslizó hasta el lugar en donde su padre lo oservaba con gesto hermético.
-Es todo... lo que puede...hacer. No puedo... no puedo más -admitió agitado apretando los dientes para no gritar, mientras los aplausos en su honor seguían resonando por todo el estadio.
-Cierra la boca. Haré que te arrepientas de esto toda tu vida -fue la única respuesta que obtuvo de su padre, que enseguida se giró a saludar con una sonrisa a quienes venían a felicitarlos.
Jadeante, soportando el profundo dolor de su pierna, Jimin permaneció de pie estrechando manos y recibiendo palmadas casi sin darse cuenta, aún asimilando las palabras de su padre.
-No patina mal, tiene buena técnica -declaraba Yoongi con voz indiferente al otro lado de la pista, respondiendo a los rapaces periodistas que se habían acercado a preguntarle por su adversario -pero aún le queda mucho camino que recorrer... Y decididamente, debería cambiar de entrenador.
Si les esta gustando, voten y comenten, me ayudarían mucho a continuar subiendo más capítulos ;) además de que llegue esta historia a más personitas sin más que decir, nos vemos en el próximo capítulo.

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