El Origen de Misterio La venganza del rey de las s
Acto I: El Retorno de la Oscuridad
Año 2035.
En los rincones más profundos del cosmos, donde la luz estelar moría antes de nacer, un trono hecho de pura oscuridad crujía con malicia. El Rey de las Sombras observó el vacío con ojos inyectados en odio.
-¡Vayan y encuentren a Xenor! -rugió, y su voz hizo eco en las dimensiones-. ¡Lo quiero vivo o muerto!
Al otro lado del universo, ajeno a la orden de caza, el imponente dios conocido como Misterio flotaba en el espacio etéreo. Sus ojos morados contemplaban con orgullo los planetas que él y su padre habían moldeado a partir del polvo cósmico. Había paz, pero también una profunda nostalgia.
-Han pasado diez años desde la última vez que vi a Kael -murmuró Misterio para sí mismo, acariciando el brazalete místico en su muñeca-. Lo extraño... Creo que es hora de ir a visitarlo a la Tierra.
Misterio concentró su energía y se impulsó a través del vacío, surcando el tejido intergaláctico.
Sin embargo, al aproximarse a los límites del sistema solar, el espacio a su alrededor comenzó a distorsionarse. Entre los asteroides, siluetas gaseosas y oscuras acechaban, preparando una emboscada perfecta. De pronto, un crujido estático resonó a su izquierda, una distracción deliberada.
-¿Qué rayos fue eso? -exclamó Misterio, deteniendo su avance y poniéndose en guardia.
Antes de que pudiera reaccionar, una silueta emergió del tejido sombrío justo a su espalda. Con una velocidad cegadora, le hundió un puñal forjado en energía maldita directamente en el costado. El dolor fue agudo, pero la respuesta del dios fue implacable.
-¡AHHH! ¿Pero qué...? -Misterio ahogó un grito, girándose con furia-. ¡¿En serio creíste que con un juguete como ese me harías daño?! ¡Ahora sufre las consecuencias!
Misterio cargó un pulso de energía pura en su puño y golpeó el pecho de la sombra, pulverizándola al instante en una nube de ceniza cósmica. Sin embargo, la muerte de su compañero desató el avispero. De la nada, diez sombras más brotaron del vacío, coordinando un ataque continuo de garras y plasma oscuro.
Sintiéndose acorralado, Misterio flexionó los brazos y expandió su núcleo interno, detonando una onda expansiva que desintegró a tres de las criaturas. Cinco de los asaltantes restantes se abalanzaron en una melé brutal, conectando múltiples golpes sobre su armadura. El dios se los quitó de encima con un rugido, materializó su espada de plasma de energía morada y atravesó a una de las sombras, disolviéndola. Acto seguido, extendió su mano libre y disparó una esfera voltaica que dejó a otra criatura herida y fuera de combate en un asteroide cercano.
Las sombras sobrevivientes concentraron todo su poder rezumante, disparando un bombardeo de proyectiles malditos. En lugar de esquivarlos, Misterio abrió los brazos, absorbió la energía oscura en su núcleo y, con los ojos brillando en un violeta incandescente, la devolvió multiplicada en un súper rayo destructor que barrió y desintegró al resto del escuadrón.
El dios descendió flotando hacia la única sombra que yacía herida sobre la roca espacial. La criatura, escupiendo humo negro, lo miró con rencor.
-Mi lord te asesinará... ¡Él te asesinará! -siseó la sombra con malicia.
-¡Cállate! -sentenció Misterio, destruyendo los últimos restos de la criatura con un parpadeo de energía. Sus puños temblaban de rabia-. Voy por ti, Rey de las Sombras... Pensé que te había exterminado aquel día, pero veo que esto continúa.
Utilizando sus habilidades cósmicas, Misterio alteró las coordenadas del espacio-tiempo y se teletransportó directamente al Planeta de las Sombras, un mundo estéril cubierto por una neblina perpetua.
Al materializarse en las cercanías de la fortaleza oscura, Misterio se agachó detrás de una formación de roca volcánica.
-Tendré que ser cauteloso. Hay patrullas custodiando cada cuadrante. Si me descubren, alertarán al Rey. Debo escabullirme hasta la sala del trono; una vez allí, invocaré a mi ejército de sombras de luz y le haré una emboscada perfecta.
Lo que Xenor no sabía era que una sombra sobreviviente de la batalla anterior, oculta en los pliegues de la dimensión física, había escuchado cada palabra de su plan estratégico. La criatura se fundió con el suelo y viajó a toda velocidad hacia la recámara principal de la fortaleza.
-Mi lord, le tengo noticias urgentes -anunció el sirviente, materializándose ante el trono.
El Rey de las Sombras alzó la mirada, rodeado por un aura opresiva.
-Más vale que no sean malas noticias...
-Xenor llegará pronto al planeta. Planea infiltrarse en el trono y atacarlo con un ejército de luz -exclamó la sombra con urgencia.
Una carcajada seca y siniestra resonó en las paredes de piedra.
-¿En serio? Qué predecible. Ya debe estar aquí... ¡Dile a las tropas que se alisten para la recepción!
-A sus órdenes, mi lord -respondió la sombra antes de disolverse.
Acto II: Choque de Titanes
Misterio avanzó con sigilo por los pasillos de la fortaleza, sorteando las patrullas hasta cruzar las monumentales puertas de la sala del trono. Al entrar, el silencio del lugar lo hizo sospechar. Las luces de la sala se encendieron de golpe, revelando la silueta del soberano de la oscuridad esperándolo de pie.
-Vaya, mira a quién tenemos aquí... Xenor, alias "Misterio" -exclamó el Rey de las Sombras con una sonrisa de burla-. El supuesto hijo de Atherion, el líder de los Supremos... El elegido para proteger la Reliquia Suprema.
Misterio se detuvo en seco, con el corazón acelerado por la confusión.
-¿De qué hablas? ¿Cómo que líder de los Supremos? Y más importante... ¡¿cómo conoces a mi padre?!
-Jajaja, ¿en serio no te contó sobre mí? -el Rey dio un paso al frente, liberando una presión que agrietó el suelo-. Yo soy el ex Supremo de la Destrucción y el antiguo protector de la Reliquia de la Destrucción. ¡Pero basta de charlas! ¡Ahora sufre las consecuencias de tu osadía!
El Rey de las Sombras materializó una colosal hacha de energía maldita y se abalanzó con un salto titánico. Lanzó una ráfaga de hachazos pesados que Misterio bloqueó a duras penas.
Encontrando una brecha, Misterio cargó un golpe electromagnético en su puño derecho y lo conectó directamente en la mandíbula del Rey, mandándolo a estrellarse violentamente contra el suelo del palacio.
Furioso, el Rey de las Sombras se incorporó con los ojos inyectados en sangre. Con un movimiento veloz, arrojó su hacha giratoria hacia el pecho de Misterio. El dios reaccionó disparando un haz concentrado desde su núcleo morado para frenar el arma, pero la densidad de la energía maldita superó el ataque. El hacha impactó de lleno en su núcleo de energía morada, quebrando la coraza y dejándolo arrodillado, sin aliento y fuera de combate.
-En serio eres patético... No duraste nada -se mofó el Rey de las Sombras, soltando una risa burlona mientras se acercaba caminando despacio.
-¡Cállate, estúpido! -rugió Misterio.
Con un esfuerzo sobrehumano, Misterio sujetó el hacha incrustada en su pecho, la arrancó con un grito de dolor y la arrojó a un lado.
Desenvainando su espada de plasma morado, se levantó en un destello y conectó una serie de cortes rápidos sobre el torso del Rey. El soberano detuvo el último ataque con un golpe de revés que apartó a Misterio, pero el dios volvió a teletransportarse sobre él, conectando un puñetazo cargado que mandó al Rey a volar por los aires. Antes de que cayera, Misterio apareció arriba de él en un parpadeo, propinándole una patada descendente que lo hizo colisionar contra el piso de la sala, levantando una columna de polvo.
El Rey de las Sombras estalló en ira. Su poder se desbordó, levantándose del cráter a una velocidad supersónica. Atravesó el humo, tomó a Misterio del cuello con una fuerza descomunal y lo azotó brutalmente contra el suelo. En el mismo movimiento, le arrebató la espada de plasma de las manos y se la clavó con saña en el hombro, clavándolo al piso, gravemente herido e inmóvil.
-Es el fin, Xenor -sentenció el Rey.
Los ojos del tirano comenzaron a brillar con una incandescencia apocalíptica, acumulando un súper rayo láser térmico capaz de perforar la corteza de un planeta entero. El haz de luz roja brotó de sus ojos e impactó directamente sobre Misterio. La magnitud de la explosión fue tan masiva que el cuerpo del dios salió despedido magnéticamente de la atmósfera del planeta, surcando el espacio como un meteorito agónico hasta colisionar en la Tierra.
Acto III: Alianza en la Tierra
En la superficie del Planeta Tierra, el cielo se tiñó de fuego cuando el cuerpo de Misterio impactó contra el terreno. A los pocos minutos, una silueta envuelta en un traje táctico de alta tecnología se aproximó al cráter. Era Kael.
-Pero qué... Un rayo acaba de caer del espacio y parece que hay alguien ahí dentro -murmuró, agudizando la vista a través del humo.
Al descender al fondo del cráter, el guerrero se congeló al reconocer las facciones del herido. Su núcleo parpadeaba débilmente y sus heridas eran críticas.
-¿Misterio? ¡¿Eres tú?! ¡¿Qué te pasó?! -preguntó Kael, arrodillándose a su lado.
-No... no estoy bien -respondió Misterio con la voz entrecortada y temblorosa-. Necesito ayuda... Me enfrenté al Rey de las Sombras... Él sigue vivo...
-No te preocupes, amigo, te tengo. Te llevaré con el equipo médico de inmediato -aseguró Kael.
Cargando al debilitado dios sobre sus hombros, Kael corrió a través del terreno hostil. Tras una marcha forzada de diez minutos, ingresaron a las instalaciones de una base militar fortificada, llegando al laboratorio médico.
-¡Necesito asistencia médica ahora! Tiene heridas críticas de energía cuántica -exclamó Kael al entrar.
El médico de la base se posicionó rápidamente, encendiendo los escáneres.
-A sus órdenes, Tempus.
Misterio, abriendo levemente los ojos, miró de reojo a su amigo a pesar del dolor.
-¿Cómo que... Tempus?
Kael esbozó una sonrisa nostálgica mientras el equipo médico preparaba los rayos curativos.
-Ah, se me pasó decirte... Mucho ha cambiado desde que te fuiste. Ahora mi nombre en clave es Tempus. Ya no soy el Kael que conocías.
-Ya veo... -alcanzó a decir Misterio antes de ser cubierto por un flujo de energía regenerativa mística que comenzó a cerrar sus heridas y estabilizar su núcleo a una velocidad impresionante-. Listo, los niveles están estables. Estás como nuevo.
Misterio se incorporó de golpe de la camilla, asombrado.
-¿En serio? ¿Tan rápido?
Tempus se cruzó de brazos, mirándolo con seriedad.
-Misterio, cuéntame qué pasó. ¿Por qué te estabas enfrentando al Rey de las Sombras? ¿No se suponía que lo habías destruido en la última guerra?
-Eso creía -suspiró Misterio, ajustando su armadura-. Yo estaba custodiando los planetas que mi padre y yo creamos cuando decidí regresar a la Tierra para verte. En el camino, un escuadrón de sombras me emboscó. Las vencí, pero la última me advirtió que su señor vendría por mí. Lleno de rabia, me teletransporté directamente a su planeta para acabar con esto. Me infiltré, pero me descubrió. Intercambiamos golpes, pero su hacha dañó mi núcleo y luego usó mi propia espada para inmovilizarme. Desató un rayo óptico planetario que me mandó a volar por el espacio hasta caer aquí.
-Eso significa que vendrá a buscarte a la Tierra en cualquier momento -concluyó Tempus con gravedad-. Bueno, mientras nos preparamos, déjame enseñarte el lugar. Todo ha cambiado desde tu partida.
Tempus guio a Misterio por los pasillos de la base hacia los balcones exteriores. Desde allí, el dios pudo observar batallones de soldados marchando con una heráldica y tecnología completamente desconocidas y avanzadas.
-¿Quiénes son esos soldados de allá abajo? No parecen humanos -preguntó Misterio, intrigado.
-Verás... Un año después de que te fuiste de la Tierra, las flotas de los Cornum regresaron para terminar lo que habían empezado -explicó Tempus-. Estábamos perdiendo la guerra, pero en el momento más crítico, una raza alienígena llamada los Coluknos llegó a apoyarnos. Gracias a su intervención, los Cornum se retiraron. Después de la batalla, los Coluknos nos ofrecieron su tecnología y protección a cambio de asilo, ya que su planeta natal había sido invadido y colonizado por el Imperio Cornum.
-Malditos Cornum... -masulló Misterio, apretando los puños-. Pensé que su última derrota los haría reflexionar, pero veo que su ambición no tiene límites.
De pronto, un silbido ensordecedor interrumpió la conversación. Una esfera de energía negra cruzó el cielo estrellado y colisionó a unos kilómetros de la base, levantando una densa cortina de humo oscuro. Misterio y Tempus se teletransportaron instantáneamente al lugar del impacto. Del cráter humeante, una sombra de alto rango emergió, flotando con elegancia siniestra.
-Querido Misterio... Vengo a entregarte un ultimátum de mi soberano -siseó la sombra con una voz fría-. La Tierra será invadida por las legiones del Rey de las Sombras a menos que nos entregues el brazalete místico que le robaste.
-¡Nunca se lo devolveré! -respondió Misterio con furia, dando un paso al frente-. ¡En sus manos, este brazalete causará el caos y la destrucción de todo el universo conocido! ¡Me opongo!
La sombra ladeó la cabeza con una sonrisa macabra.
-Muy bien... Tienen exactamente 24 horas para cambiar de opinión. De lo contrario, prepárense para la extinción. Me retiro.
La criatura se disolvió en el aire, dejando un rastro de ceniza.
-¡No hay tiempo que perder! -sentenció Misterio, girándose hacia su amigo-. Tempus, necesito que hables con los Coluknos. ¡Diles que movilicen a todas sus divisiones! Se acerca una guerra sin precedentes.
-Entendido. Informaré al alto mando de inmediato -asintió Tempus.
Tempus se desplazó a máxima velocidad hacia el búnker principal de los refugiados alienígenas, donde el Líder Colukno revisaba los mapas tácticos.
-Líder Colukno, el enemigo nos ha dado un ultimátum. Tenemos 24 horas antes de que comience la invasión -informó Tempus con voz firme y seria.
El líder alienígena asintió, encendiendo los intercomunicadores globales.
-No se preocupe, comandante. ¡Soldados Coluknos, entren en estado de alerta máxima! Tienen 24 horas. Desplieguen las fragatas de defensa en la atmósfera superior y aseguren los perímetros. ¡Que no pase ninguna anomalía!
A la orden del líder, decenas de naves y miles de soldados Coluknos equipados con rifles de partículas comenzaron a desplegarse por todo el globo. Horas más tarde, Tempus regresó al lado de Misterio.
-Las tropas ya están posicionadas en la órbita y en tierra -reportó Tempus.
Misterio miró el horizonte, con su armadura brillando bajo la luz de la luna.
-Muy bien... Solo queda esperar a que se cumpla el plazo.
Acto IV: La Batalla por la Tierra
24 horas después.
El cielo diurno se tiñó de un negro absoluto cuando miles de meteoros oscuros rompieron la atmósfera terrestre, impactando en los valles circundantes. De los cráteres, una marea interminable de sombras emergió, rugiendo con sed de sangre.
-Llegó la hora... ¡PREPÁRENSE! -exclamó Misterio con una mezcla de nerviosismo y emoción guerrera.
En el centro del campo de batalla, un meteorito colosal impactó con la fuerza de un terremoto. Al disiparse el humo negro, el Rey de las Sombras emergió, empuñando su hacha mística y exhibiendo una sonrisa sádica.
-Que comience el caos -sentenció el tirano.
Las legiones de la oscuridad cargaron contra las líneas defensivas de los Coluknos y la Tierra. Viendo la magnitud del ejército enemigo, Misterio alzó su mano izquierda y activó el brazalete místico.
-¡EJÉRCITO DE SOMBRAS DE LUZ... INTERCEPTEN EL AVANCE! ¡ATAQUEN! -bramó el dios, desenvainando su espada de plasma.
Del brazalete brotaron miles de guerreros hechos de pura energía lumínica blanca y dorada, chocando de frente contra las sombras en una colisión titánica que hizo retumbar los cimientos del planeta. La batalla era feroz. Misterio se abrió paso entre las líneas enemigas, decapitando sombras con cortes precisos de su espada, mientras Tempus, empuñando un imponente mazo con picos de energía cronológica, destrozaba los cráneos de los invasores. Ambos coordinaban sus ataques a la perfección, dejando un rastro de luz y destrucción.
-¡Tenemos que abrirnos paso hasta el Rey! -gritó Misterio entre el ruido de las explosiones.
-¡Sí! ¡Cuando estemos lo suficientemente cerca, yo congelaré el flujo del tiempo y tú le asestas el golpe de gracia! -coordinó Tempus, reventando a una sombra con su mazo.
-¡Primero limpiemos este cuadrante! -asintió el dios.
Misterio acumuló energía en su núcleo y desató una explosión lumínica omnidireccional que desintegró a las sombras que los rodeaban. Al mismo tiempo, Tempus alzó su mazo, alterando las líneas temporales para abrir una brecha interdimensional que succionó y encerró al resto del escuadrón invasor en el vacío.
-¡Ahora, muévanse antes de que llegue la siguiente oleada! -urgió Tempus.
Ambos guerreros corrieron a toda velocidad, deteniéndose frente al Rey de las Sombras, quien los observaba con total desdén.
-Vaya, vaya... A quién tenemos aquí. Misterio y su patético amigo -se burló el Rey-. Ya veo que no puedes solo, Xenor... Necesitas que un mortal te cuide la espalda.
-¡Cállate y pelea! -rugió Misterio, arremetiendo con una furia ciega.
El dios descargó una ráfaga de espadazos que el Rey desvió con su hacha, apartándolo de un potente golpe de escudo. El soberano de la oscuridad alzó su hacha para decapitar a Misterio, pero en ese milisegundo, Tempus golpeó el suelo con su mazo.
-¡MISTERIO, APÚRATE! ¡NO PUEDO RETENER EL TIEMPO POR MUCHO MÁS! -bramó Tempus, con las venas de la frente marcadas por el esfuerzo de congelar el universo físico.
El color del mundo se volvió gris y el Rey de las Sombras quedó suspendido en el aire. Misterio aprovechó la ventana táctica, se impulsó con sus botas y le asestó una serie de golpes cargados y estocadas de plasma en los puntos vitales del blindaje del Rey. Sin embargo, la resistencia del tirano era abismal; el tiempo volvió a su flujo normal y el Rey, absorbiendo el daño, respondió con un hachazo cargado de energía maldita que mandó a Misterio a estrellarse contra las rocas.
Viendo a Misterio derribado, Tempus aprovechó la distracción, se elevó y conectó tres mazazos limpios en la espalda del Rey. Pero el tirano reaccionó con la velocidad de un rayo: giró, sujetó a Tempus del cuello con su mano blindada y le propinó cuatro puñetazos consecutivos imbuidos en energía maldita directamente en el casco, fracturando su visor y dejándolo inconsciente. Con desprecio, arrojó el cuerpo inmóvil de Tempus hacia donde estaba Misterio.
Misterio atrapó el cuerpo de su amigo en el aire y lo deslizó con cuidado detrás de una trinchera segura. Lleno de una rabia incontrolable, el dios se teletransportó a la espalda del Rey de las Sombras antes de que este pudiera reaccionar, conectándole un golpe con toda su potencia que mandó al tirano a volar a través de los edificios de una ciudad cercana, derribando las estructuras de concreto.
De los escombros de un rascacielos, el Rey de las Sombras emergió flotando, limpiándose un hilo de sangre negra de la comisura de los labios. Su sonrisa seguía intacta.
-Ahora sí conocerás el verdadero poder, muchacho estúpido -sentenció.
El Rey desató todo su potencial latente, revelando un aura oscura y tormentosa que eclipsó la luz del día. En un pestañeo se teletransportó detrás de Misterio, encajándole múltiples hachazos malditos que rasgaron su armadura y lo hicieron caer de rodillas, sangrando energía morada. A pesar del daño, el orgullo del hijo de Atherion lo obligó a levantarse.
-¿Pelearás con todo tu poder? Qué injusto... En ese caso... ¡YO TAMBIÉN ACTIVARÉ MI MÁXIMO POTENCIAL! -rugió Misterio.
Una columna de luz violeta brotó del cuerpo de Misterio, agrietando la tierra. Ambos titanes se lanzaron al ataque al mismo tiempo, cargando sus puños con energía cósmica y colisionando en el centro del campo. El choque de puños generó una onda electromagnética tan masiva que retumbó en los confines del universo físico.
Ambos salieron despedidos hacia la estratosfera debido al impacto, pero se estabilizaron y regresaron a velocidad luz, intercambiando ráfagas de golpes en el cielo. Misterio conectó una esfera de energía morada en el rostro del Rey, ganando distancia, pero el tirano metió la mano en su propio pecho y extrajo la Reliquia de la Destrucción.
Utilizando el artefacto, apuntó hacia un planeta deshabitado cercano a la órbita terrestre y lo detonó por completo; acto seguido, usó sus poderes gravitatorios para arrastrar los escombros del planeta destruido, lanzándolos contra la Tierra en una lluvia de meteoritos apocalíptica.
-¡Eres un maldito desgraciado! ¡No te importa acabar con millones de vidas inocentes! -gritó Misterio, esquivando los fragmentos ardientes.
-¡Jajaja! ¡Eso es lo que pasa cuando no me devuelven lo que me pertenece por derecho! -respondió el Rey, con la Reliquia brillando en su mano.
Abajo, entre los escombros de la trinchera, Tempus recuperó el conocimiento. Al ver el cataclismo en el cielo, su núcleo parpadeó con una luz dorada de máxima intensidad. Concentró toda su energía cronológica residual en su mazo místico y lo arrojó con la fuerza de un misil balístico hacia el firmamento. El mazo perforó el aire e impactó directamente en el pecho del Rey de las Sombras, clavándose profundamente en su armadura.
-¡AHHH! -el Rey soltó un alarido de dolor, pero luego miró la herida con desdén-. Jajaja... ¿En serio creíste que este trozo de metal me detendría? Eres patético, mortal.
El Rey se arrancó el mazo del pecho con un tirón seco y lo arrojó al vacío del espacio. Aprovechando el momento, Misterio y Tempus se unieron en un ataque combinado en el aire, conectando una serie de golpes coordinados; sin embargo, el Rey desató una pulsación destructiva desde la Reliquia que los apartó violentamente. El tirano interceptó a Misterio en el aire, lo sujetó del brazo, le conectó tres golpes demoledores y lo estampó contra el suelo del cráter.
-¡DEJA A MI AMIGO EN PAZ! -rugió Tempus, descendiendo a toda velocidad.
Tempus disparó un haz continuo de energía temporal desde su núcleo para desintegrar al tirano, pero el Rey de las Sombras desplegó un escudo de antimateria que absorbió el ataque por completo. Con un movimiento veloz, el Rey descendió, tacleó a Tempus contra el suelo, lo azotó repetidas veces contra las rocas y, tras cuatro golpes certeros, lo dejó tendido en la tierra.
Misterio intentó reincorporarse para defender a su hermano de armas, pero antes de que pudiera ponerse de pie, el Rey de las Sombras redirigió la energía temporal que había absorbido del escudo y la disparó contra él. Misterio rodó por el suelo, esquivando el haz por milímetros, se impulsó y conectó dos golpes y una estocada con su espada; pero el Rey detuvo la hoja de plasma con su mano desnuda, se la arrebató con un giro y se la hundió directamente en el núcleo de energía de su pecho.
Misterio soltó un grito agónico, cayendo al suelo mientras su energía morada se disipaba.
-¡NOOOO! ¡MISTERIO! ¡HIJO DE... TE LAS VERÁS CONMIGO! -bramó Tempus, levantándose con las últimas fuerzas que le quedaban.
Tempus se abalanzó en un ataque desesperado, pero el Rey de las Sombras anticipó el movimiento, bloqueó sus brazos, lo inmovilizó y le clavó su propia hacha maldita en el núcleo de energía dorada del pecho. El guerrero del tiempo cayó junto a Misterio, parpadeando de forma agónica.
-Jajaja... No duraron nada -se mofó el Rey de las Sombras, guardando la Reliquia de la Destrucción en su pecho y estirando la mano hacia la muñeca de Misterio-. Ahora tomaré el brazalete... Y después... ¡Sombras, destruyan este patético planeta hasta los cimientos!
-Misterio... hemos... hemos perdido -susurró Tempus con voz trémula, viendo cómo su núcleo dorado se apagaba lentamente.
-Sí... ya no hay... vuelta atrás -respondió Misterio, sintiendo la frialdad de la muerte apoderarse de su núcleo morado.
Acto V: El Nacimiento de la Deidad Suprema
Los núcleos de ambos héroes se apagaron por completo. El silencio dominó el campo de batalla por un segundo. El Rey de las Sombras sonrió, inclinándose para arrancar el brazalete del brazo inerte de Misterio.
De pronto, un fenómeno cuántico sacudió la Tierra. Las corrientes de energía dorada de Tempus y la energía morada de Misterio comenzaron a entrelazarse, brillando con una intensidad que cegó las cámaras del ejército Colukno. Los cuerpos de ambos guerreros comenzaron a elevarse de la superficie, envueltos en un torbellino de energía divina ancestral. Los dos flujos se fusionaron en un solo eje molecular, uniendo la deidad y el control del tiempo en un solo ser de proporciones bíblicas.
La luz se disipó para revelar a un nuevo ser: su armadura combinaba el misticismo morado con los detalles cronológicos dorados, y un núcleo bicolor resplandecía en su pecho con la fuerza de una supernova.
Su nombre era Tempysterio.
El Rey de las Sombras dio un paso atrás, alterado, sintiendo el terror recorrer sus venas por primera vez en eones.
-¡¿P-Pero qué...?! ¡Eso es imposible! ¡Es matemáticamente imposible!
-Hemos alcanzado un nivel de existencia que supera por mucho tu entendimiento de la destrucción -declaró Tempysterio; su voz era una perfecta y armónica fusión de las voces de Misterio y Tempus, resonando con una confianza absoluta-. Ahora sufrirás las consecuencias de tus actos.
El Rey de las Sombras, dominado por el pánico, intentó teletransportarse fuera del planeta para huir, pero Tempysterio alteró las líneas temporales, apareciendo frente a él en un milisegundo. Lo sujetó del brazo con una fuerza cósmica, lo azotó brutalmente contra el suelo tres veces seguidas y comenzó a concentrar energía de rango galáctico en su núcleo bicolor. Un haz masivo de luz estelar morada y dorada brotó de su pecho, impactando directamente en el Rey de las Sombras y destruyendo su armadura, dejándolo al borde de la disolución molecular.
Tempysterio descendió, contemplando al moribundo tirano que se retorcía en el suelo.
-No te borraré de la existencia... porque nosotros no somos asesinos como tú. Te encerraré en los confines del espacio-tiempo para que reflexiones sobre tus crímenes por toda la eternidad.
El Rey de las Sombras, escupiendo los últimos residuos de su esencia oscura, soltó una risa temblorosa y desquiciada.
-El... ¡Él ya viene! Mi hijo... el verdadero Supremo de la Destrucción... ¡Él los asesinará a todos!
Tempysterio dio un paso al frente, ejerciendo presión gravitatoria.
-¡Dime su nombre!
-No... -sonrió el Rey con malicia-, lo descubrirán por su cuenta... cuando el universo colapse.
Sin perder más tiempo, Tempysterio alzó su mano, abrió una grieta dimensional hiperbólica en el tejido de la realidad y arrojó al Rey de las Sombras al interior, dejándolo sellado y aprisionado en el vacío por los próximos milenios.
Una vez que la grieta se cerró, la fusión se disolvió en un destello, separando nuevamente a Misterio y Tempus, quienes cayeron de pie, exhaustos pero estables.
Alrededor de ellos, las miles de sombras del ejército invasor quedaron estáticas, mirando a Misterio con sumisión tras la caída de su líder.
-¿Qué haremos con las sombras restantes? -preguntó Tempus, apoyándose en su mazo.
Misterio dio un paso al frente, alzando su brazalete místico.
-Sombras del ejército oscuro... Les doy dos opciones: la primera es unirse a mí bajo las leyes de la luz; la segunda... es ser libres en el vacío del espacio.
Las sombras intercambiaron miradas gaseosas antes de postrarse de rodillas ante el dios.
-Preferimos unirnos a ti, nuevo lord... Sin un amo que nos guíe, no somos nada en este universo.
Aceptando el juramento, las sombras se desintegraron en un fino polvo cósmico que flotó hacia el aire y fue absorbido por el brazalete de Misterio, fortaleciendo sus capacidades lumínicas.
Misterio miró el paisaje devastado por los meteoritos y los escombros planetarios, esbozando una sonrisa decidida.
-Bueno... Ahora tenemos mucho trabajo que hacer. Hay que restaurar este mundo.
Tempus le dio una palmada amistosa en el hombro, guardando su arma.
-Sí... Y cuando terminemos de reconstruirlo, te seguiré enseñando cómo ha cambiado el planeta. Bienvenido a casa, Xenor.
FIN
Escena Post-Créditos
En un templo celestial suspendido por encima de las dimensiones conocidas, un ángel de armadura blanca se arrodilló ante una silueta colosal envuelta en llamas oscuras de destrucción pura.
-Mi Supremo... Su padre, el Rey de las Sombras, ha sido derrotado y sellado en el espacio-tiempo por dos guerreros de la Tierra llamados Misterio y Tempus -informó el siervo con la cabeza baja.
La silueta de fuego se giró lentamente, revelando unos ojos rojos que destellaron con una promesa de aniquilación absoluta. Su voz hizo temblar los pilares del templo.
-¿En serio?... Hermano, Ángel de las Katanas... ve a la Tierra y tráeme las cabezas de esos dos.
Al lado del trono, un ángel de mirada fría desenvainó dos katanas que vibraron con energía destructiva.
-Sí, hermano... Considera el trabajo hecho.



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