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Condolence | Jeon Jungkook & Kim TaeHyung

Summary

Jungkook la había reclamado en silencio desde el primer latido que ella le robó. Naeun era suya, aunque aún no lo supiera. Y si Taehyung se atrevía a ponérsela en el dedo, Jungkook juró que no quedaría ni un solo latido más en ese pecho traidor. Haría lo que fuera. Lo que fuera. Incluso si eso conlleva a mancharse las manos con la única persona que alguna vez había confiado en él.

Status
3mo ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

El aire del cuarto de hotel estaba cargado de un aroma espeso a jazmín artificial y sudor fresco, un velo invisible que se adhería a la piel como una promesa rota. La luz tenue de la lámpara de noche proyectaba sombras alargadas sobre las sábanas revueltas, testigos mudos de la tormenta que acababa de desatarse entre Jungkook y Naeun. Él la tenía debajo de él, sus cuerpos entrelazados en un ritmo frenético que no admitía pausas ni arrepentimientos.

Jungkook empujaba con fuerza, profundo, como si cada embestida fuera una declaración de posesión absoluta. Sus manos, fuertes y marcadas por venas que latían al compás de su furia contenida, se clavaban en las caderas de ella, dejando marcas rojas que mañana se disfrazarían de moretones casuales.

Naeun gemía, un sonido ahogado que se escapaba de sus labios entreabiertos, sus uñas arañando la espalda de Jungkook como si intentara anclarse a algo real en medio de la vorágine.

—Jungkook... ah, por favor... —murmuraba, pero no era una súplica de piedad; era combustible para el fuego que ardía en él. Él bajaba la cabeza, capturando su boca en un beso brutal, mordiendo su labio inferior hasta que un hilo de sangre se mezclaba con el sabor salado de sus lágrimas no derramadas.

Sus caderas se movían con precisión letal, entrando y saliendo de ella en un vaivén que la hacía arquearse, su cuerpo respondiendo a pesar de la culpa que le roía el alma. El sonido de piel contra piel resonaba en la habitación, un eco obsceno que ahogaba el tic-tac del reloj en la mesita de noche, recordándoles que el tiempo no era su aliado.

Jungkook sentía cada contracción de ella alrededor de él, caliente y apretada, como si su cuerpo lo reclamara incluso cuando su mente huía. Él aceleraba, sus músculos tensos bajo la piel tatuada, el sudor perlado en su pecho deslizándose hasta unirse al de Naeun.

—Eres mía —gruñía contra su cuello, lamiendo la sal de su piel mientras empujaba más profundo, golpeando ese punto que la hacía temblar incontrolablemente.

Ella se venía primero, un clímax que la sacudía como un terremoto, sus paredes internas pulsando alrededor de su miembro, arrastrándolo con ella al abismo. Jungkook no se contuvo; con un rugido gutural, se derramó dentro de ella, caliente y abundante, marcándola desde adentro como si eso pudiera borrar el toque de cualquier otro.

Colapsaron juntos, jadeantes, el peso de Jungkook aún sobre ella, su aliento cálido contra su oreja. Por un momento, el silencio los envolvió, roto solo por sus respiraciones entrecortadas. Él se apartó con lentitud, rodando a su lado, pero su mano no la soltó; se posó posesiva sobre su vientre, como si temiera que se evaporara en la nada.

—Naeun —murmuró Jungkook, su voz ronca por el esfuerzo y algo más oscuro, un filo de acero envuelto en terciopelo—. Recuérdame qué pactamos la última vez —Sus ojos, negros como la medianoche, se clavaron en los de ella, buscando respuestas en el caos de sus pupilas dilatadas.

Ella se tensó bajo su toque, apartando la mirada hacia el techo agrietado del hotel barato.

—Jungkook, no ahora... estamos bien así, ¿no? Solo disfrutemos esto —Su voz era un susurro evasivo, un intento de desviar el torrente que se avecinaba.

Él se incorporó sobre un codo, su expresión endureciéndose. El sudor aún brillaba en su torso desnudo, pero ahora era como una armadura fría.

—No, no estamos bien. Me prometiste que terminarías con Taehyung. Que le dirías la verdad, que elegirías. ¿Cuánto tiempo más piensas jugar a esto? ¿Semanas? ¿Meses? Ya sé lo que pasa si no cumples, Naeun. Lo sabes tú también —Su tono bajó a un murmullo amenazante, cargado de promesas siniestras—. No voy a compartirte para siempre. Si no lo dejas... bueno, digamos que las cosas podrían volverse... permanentes. Para él.

Naeun tembló, un escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado defectuoso. Sus ojos se llenaron de un pánico fugaz, y trató de disimularlo girándose hacia él, presionando sus labios contra los suyos en un beso desesperado.

—No hables de eso ahora —susurró contra su boca, sus manos bajando por su pecho, intentando reavivar la llama para apagar la tormenta—. Solo... solo quédate conmigo así. Olvídalo por un rato.

Jungkook vaciló un segundo, pero el fuego en su sangre no se había extinguido. La besó de vuelta con ferocidad, rodando sobre ella de nuevo, su miembro ya endureciéndose contra su muslo.

—No puedo olvidarlo —gruñó, pero sus acciones traicionaban sus palabras. La penetró de nuevo con un solo movimiento fluido, más rudo esta vez, como castigo y reclamo a la vez.

Naeun jadeó, sus piernas envolviéndolo instintivamente, y el ciclo se repitió: embestidas profundas, gemidos entrecortados, cuerpos chocando en una danza de lujuria y desesperación. Él la tomó con más intensidad, sus manos enredadas en su cabello, tirando para exponer su cuello y morderlo, dejando huellas que no se borrarían fácilmente. Ella se entregó, o fingió hacerlo, sus caderas elevándose para encontrarse con las suyas, hasta que ambos alcanzaron el pico otra vez, un clímax que los dejó exhaustos y vacíos.

Al final, Naeun se deslizó de la cama, recogiendo su ropa esparcida por el suelo con manos temblorosas.

—Debo irme —dijo en voz baja, evitando sus ojos mientras se vestía. El vestido se ajustaba a su figura como una segunda piel, pero ahora parecía una armadura contra él.

Jungkook se recostó contra las almohadas, observándola con una mirada que ardía como brasas.

—Hazlo, Naeun. Termina con él. O Taehyung terminará bajo tierra antes de que puedas decir para siempre. —Sus palabras colgaban en el aire como una sentencia de muerte, frías y definitivas.

Ella no respondió. Solo un leve temblor en sus hombros delató su miedo. Abrió la puerta con un clic suave y desapareció en el pasillo, dejando atrás el eco de sus tacones contra el suelo.

Jungkook quedó solo en aquella cama arrugada, testigo silencioso de su pasión devoradora y su lujuria insaciable con la chica que amaba. O que creía amar. Porque sin darse cuenta, Naeun se había convertido en su obsesión, en su condena eterna. Lo obligaba a pensar en cosas que un hombre cuerdo jamás consideraría: traición, violencia, el dulce sabor de la venganza. ¿Pero qué podía hacer? Naeun era suya. Se había convertido en su todo desde el primer instante en que la vio, se había prometido a sí mismo que no importaba nada más que estar a su lado. Olvidando o ignorando deliberadamente el hecho de que ella era la novia de su mejor amigo. El amigo que ahora se interponía como un obstáculo mortal.

El silencio de la habitación lo envolvió, y en su mente, las sombras se alargaron, tejiendo planes que olían a sangre y traición.

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Great Character

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Strong Dialog

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