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❝Dessert❞ ® | Kookjin 21+

Summary

[*゚.*・。゚] Dónde Jin jamás pensó convertirse en el postre favorito de Jungkook. Advertencia: ♡;; One Shot ♡;; KookJin ♡;; Smut / Omegaverse / Lactofilia / Romance

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Jamás pensó que en algún momento estaría en los baños de aquel lujoso restaurante amamantando a su mejor amigo.

Era la idea más irreal y sacada del culo que alguien pudo pensar en su vida.

Pero ahí estaban, Jin sosteniéndose con una mano temblorosa sobre el tanque del váter y la otra enterrada en la espesura del cabello castaño de su mejor amigo, quién ni tonto ni perezoso se encontraba pegado tal cual un bebé hambriento al pecho del omega. Jungkook amasaba con presteza el pecho hinchado para drenar cada gota de la dulce leche que estaba produciendo el mayor y con su otra mano, rodeaba la cintura pequeña casi cargando al contrario ante su cuerpo tiritante.

El omega tenía sentimientos encontrados: no tenía ni idea que pudiera sentir tanto placer al estar amamantando a una persona adulta, y que esa persona ni siquiera fuera su pareja.

Jungkook succionó una última vez antes de soltar en un chasquido seco, dejando el pezón erguido, dolorosamente sensible y teñido de un carmesí que delataba la fuerza de su hambre.

—¿Ya no duele, hyung?

El panorama que podía ver el mencionado, era más que un desastre: Jungkook tenía los labios enrojecidos e hinchados de su arduo trabajo, manteniéndolos entreabiertos como si necesitará tomar bocanadas de aire, permitiéndole seguir el rastro de su propia leche desbordada por sus comisuras hasta dejar un brillo delator bajo su mandíbula y su cabello chocolate revuelto por sus propias manos no hacía más que acentuar ese matiz desenfrenado y peligroso que los envolvía, sin permitirle quitar su mirada del hermoso desastre que era el alfa.

—N-no duele m-más pero… ¿N-no crees que ya es suficiente? —pero cada palabra salía cargada de una vibración eléctrica, que por muy contrario a lo que decía, revelaba el hambre que empezaba a consumirlo.

—¿Crees que ya no volverás a tener un accidente allá afuera, Hyung? —Jungkook ronroneo dopado por el aroma y sabor que desprendía el pecho del omega, tal cual gato con catnip.

Y muy profundo de su ser, Seokjin sabía que el castaño tenía razón.

En ese momento, se encontraban en la cena lujosa que habían organizado uno de sus excompañeros por la reunión del reencuentro estudiantil que ya había sido programada desde hacía más de un par de meses.

Se había preparado tanto para ese día, hace más de 5 meses había nacido su bebé y no quiso que sus conocidos lo juzgarán por decidir ser un padre soltero, y mucho menos lo señalaran por su cambio físico después del embarazo.

Después de muchas clases en pilates y ejercicios de bajo impacto, había vuelto a su figura inicial antes de estar en cinta. Y todo gracias a las asesorías de su mejor amigo: Jeon Jungkook.

El alfa fue uno de sus mayores apoyos y pilares para las decisiones que tomó en el último año: lo conocía desde la high school y desde entonces fueron inseparables. Por unos largos años en la universidad fueron roomies y después cada uno tomó su propio rumbo donde hicieron y deshicieron de sus vidas, pero sin descuidar la hermosa amistad que habían forjado a lo largo de casi una década y media.

Y lo había acompañado en su crisis más grande de la vida: su deseo de ser padre. Aún recuerda cómo en unos minutos, había resuelto su maraña de dudas que había acumulado por meses.

“Sin pensarlo mucho, el omega se empinó el trago con una brusquedad que delataba su estado etílico avanzado.

—Es suficiente, Jin. —entre el bullicio del club, la voz grave de su menor lo hizo volver al presente.

Las manos del alfa le habían alejado la botella y el vaso donde había estado tomando la última hora. Jungkook llegó gracias a la llamada de un compañero de trabajo del omega, mencionando que estaba un poco pasado de tragos pero nunca espero ver a su mejor amigo tan afectado.

—¿Me puedes dejar emborracharme en paz Kookie? —la lengua empezaba a enredarse y sus ojos ya no estaban enfocando muy bien al contrario, pero el dolor en su interior seguía latente.

—No lo haré, hasta que me digas que te tiene tan mal.

—Jungkook, es algo absurdo… —trató torpemente arrebatar la botella de sus manos pero terminó recostado sobre el pecho fornido del alfa.

—Si me lo dices, tal vez pueda ayudarte, hyung… pero tomando como desquiciado no resolverás nada. —sermoneo a su mayor, dejando mucho más alejado el alcohol de él.

El omega lo pensó lo que él creyó unos breves segundos pero realmente por su ebriedad, fueron minutos donde permaneció recostado en el pecho del alfa que no parecía incómodo por el contacto físico tan íntimo que mantenían. Pero cuando Seokjin pudo conectar sus ideas, se volvió a erguir sobre su propio asiento y dentro de la posibilidad del pelinegro, enfocó su vista hacia su menor para hablar seriamente.

—Quiero ser padre. —admitió con cierta vergüenza— P-pero no puedo ser un padre si no tengo un alfa. Se necesitan dos personas para hacer un bebé. Y estoy más solo que un calcetín sin par.

—No necesitas un alfa para ser padre, Hyung.

—¿Y qué? ¿Me embarazo del espíritu santo? —manoteo buscando lógica a las palabras de su menor.

—No Hyung. —no pudo evitar reír ante lo descoordinado y torpe que estaba siendo el omega— Puedes adoptar o puedes hacerte un in vitro. Me dijiste que habías congelado tus óvulos cuando tenías 27 años, ¿No?

—Adoptar es una buena idea, pero no me darán prioridad porque no estoy casado. —refutó el omega apoyando sus codos sobre la mesa y pensó por un momento.

—Entonces usa un donador de esperma y ten a tu cachorro. —concluyó Jungkook sirviéndose en el vaso de su hyung un poco de licor y tomar del líquido sin preocupación alguna.

—Es una posibilidad. —musitó pensativo, cuestionando todos los pros y contras de utilizar sus propios óvulos— Pero… N-no me agrada mucho la idea de un donador de esperma.

—¿Por qué? No te pelearán la custodia de tu hijo.

—B-bueno… Es que no sabré cómo saldrá el bebé. —Seokjin se irguió de nuevo en la silla peinando su cabello para atrás, sintiendo como su borrachera bajaba al pensar más y más sobre un posible embarazo— Mira, se que puedo escoger mediante la descripción de la apariencia del donador. Pero al final no me convence no saber cómo va a ser el papá del niño ¿Sabes? Es lo único que no me gusta.

El omega esperaba una respuesta rápida del castaño, como las anteriores y así tranquilizara sus propias dudas como solía hacer cada que tenía una crisis existencial. Pero al ver cómo el alfa también permanecía pensativo buscando una solución, sintió que todo estaba perdido. Aunque tal vez era el alcohol en su sistema que aún lo hacía más susceptible a todos sus miedos.

—Estoy perdido… —lloriqueo cubriendo su rostro decaído— Seré un omega cuarentón, soltero y sin hijos.

—Yo puedo donarte mi esperma.

Seokjin se quitó las manos de la cara con una expresión incrédula de lo que estaba escuchando, tanto así que se le había bajado por completo la borrachera con tal propuesta.

—¿Tú?

—Si, yo ¿Quién más? —trato de bromear el alfa para no incomodar a su mejor amigo con su propuesta.

—Reitero ¿Tú? —señaló al menor sin creerse lo dicho.

—Si, yo. Yo puedo ser el donante, Jin hyung. —sonrió el castaño reacomodando su chaqueta y suspiró para contar con sus dedos:— Punto número uno: soy un alfa joven y sano, no tomó con nada de frecuencia, a menos que tú me invites, y no consumo ni he consumido ninguna droga en mi vida. Punto número dos: mi familia es sana y hasta longeva, mi bisabuela omega sigue viva con sus 95 años y es fuerte como un roble, no hay condiciones hereditarias ni nada aparte de la miopía. Y punto número tres: soy guapo, mi familia es atractiva y me conoces desde la high school e incluso has visto mis fotos de bebé. ¿Acaso no era lindo? Tendrías genes muy buenos para tus hijos. Es una oportunidad de oro.

Seokjin estaba escéptico ante la información, y no porque no confiara en la genética o en las palabras de su mejor amigo, sino por el maldito elefante en la habitación que Jungkook parecía no estar viendo o ignorando deliberadamente.

—Jungkook ¿Estás consciente de lo que eso significa? —preguntó seriamente el pelinegro.

—Soy consciente hyung.

—Mírame directamente a los ojos y dime si entiendes que ese bebé, MI bebé… Será realmente NUESTRO hijo. ¿Lo captas? —el omega observo esos grandes ojos negros buscando alguna pisca de arrepentimiento o negación, pero era meramente Jungkook siendo Jungkook.

—Hyung, lo sé. —tomó la mano de su mayor y le dio un apretón amistoso— Y no pienso quitartelo o imponer mis ideas ni nada de eso. Será tú bebé, exclusivamente tuyo. Yo solo seré un donante más.

—Pero y si…

—No le busques más peros a esto. —interrumpió las protestas del omega— Me conoces, hyung. Desde hace más de 10 años. Ya estuve casado, ya me divorcié, no deseo tener hijos y no le rendiré explicaciones a nadie más porque no quiero volver a casarme. Y si tú te casas en el futuro, pues ese alfa o beta deberá respetar tu decisión y amar a tu bebé como si fuera propio. No debería de causar problemas en el futuro. Seré un tío genial.

—Serías su padre y su tío. —aclaró el Jin sacándole una risa nasal al menor— ¿Qué dirá mi familia? ¿O tú familia? Dirá que es un bebé de unos libertinos o de unos padres separados.

—Ya pero yo ya soy un divorciado para mi familia así que cualquier otra cosa que digan de mí no me afectará. —bromeó haciendo reír al pelinegro apretando su agarre en la mano— Pero es tu decisión, hyung. Ese bebé, será exclusivamente tuyo. Si deseas que conozca a mi familia, por mí no hay problema pero yo no respetaré el hecho que juzguen a tu bebé así que queda exclusivamente en tus manos. Y tu familia, pues podemos explicarles la situación y en todo caso, estarás viendo quienes estarán de tu parte en las buenas y en las malas, y quienes solo estarán para juzgarte. Matas dos pájaros de un tiro.

Seokjin analizo todas las aristas habidas y por haber si realmente llegará a suceder dicho embarazo. Conocía a Jungkook, confiaba en Jungkook y se sentía seguro con Jungkook.

Y lo peor es que lo estaba considerando.

—No… Es una idea muy loca. —se negó por completo soltando la mano de Jungkook y levantarse de su asiento casi tropezando con sus propios pies— Mejor llévame a mi casa, me está empezando a doler horrores la cabeza.

—Okeeeey Jjan~

—Aish… —le dio un manotazo en el brazo al alfa que reía mientras tomaba las pertenencias de su mayor, quién lo señaló acusatoriamente y le ordenó:— Deja de bromear y ayúdame a caminar que todo me está dando vueltas.

Y así los mejores amigos entre bromas y discusiones sin sentido salieron del club con una conversación que Jin no espero que se hiciera realidad más pronto que tarde.”

Claro, su maraña de dudas se había resuelto gracias a Jungkook. Literalmente.

Nunca esperó que su mejor amigo estuviera tan dispuesto a donar su esperma para que él cumpliera su sueño de ser padre.

Pero lo hizo, de verdad lo había hecho.

Aún recuerda cómo se sometió a los interminables exámenes para comprobar todo sobre su esperma y genética. Y a Jungkook pareció no molestarle hacer todos esos espacios en su agenda en el trabajo para cumplir el sueño de su hyung.

Y todo había salido tan bien, que tenía un hermoso bebé de unos 6 meses esperándolo en la casa de sus padres.

Un bebé que aún no podía admitir que era la copia exacta de Jungkook.

Ahora bien, el problema principal radicaba en su sobreproducción durante la lactancia.

Desde que estaba en cinta, en su primer trimestre sufrió de una sensibilidad dolorosa en los pechos y como estos se hincharon tanto como para tener que usar un sujetador para no sentir las punzadas del simple movimiento cuando caminaba; y en su segundo y último trimestre, el dolor desapareció casi en su totalidad pero la sensibilidad quedó tan presente como las primeras fugas de lo que su obstetra le dijo eran las señales de su futura producción de leche.

Pero jamás esperó que después de tener a su bebé, se volviera literalmente una maldita vaca lechera.

Su madre le había pedido perdón entre risas, diciendo que era algo que siempre habían sufrido las mujeres y omegas de la familia.

Y sin tener otras opciones, Seokjin tuvo que aprender a vivir con su sobreproducción de leche.

Por un lado, gracias a ello, tenía su propio banco de leche donde su bebé no tuvo la necesidad de tomar nada que no fuera su propia leche.

Pero por otro lado, existía está situación en la que se había metido. Había sido cuidadoso con su elección de ropa, ya tenía práctica para vivir su vida mientras era una vaca lechera. Era todo un ritual estar fuera de casa: ropa oscura, utilizar una camisa de tirantes debajo de cualquier capa de ropa donde ponía almohadillas absorbentes y los cambiaba con regularidad para evitar fugas y por precaución, traer en su coche otra muda de ropa si había algún accidente.

Aún con todo eso, se sintió idiota por confiar en su propio cuerpo la última semana. Su producción había sido baja, por primera vez en meses pudo utilizar camisetas sin necesidad de una abajo y no derramaba nada, claro… Seokjin no tuvo en cuenta que toda esa semana había tenido a su bebé 24/7 a su lado, quién drenaba cada gota de su leche cuando él quería.

Y ese fue su primer error, pensar que estaría bien todo ese medio día sin su cachorro realizando sus tomas y no tomando precaución en sus prendas.

Sus prendas habían sido una elección muy atrevida y que si estuviera en otras condiciones, hasta podría decir exitosas en su búsqueda de causar algo de impacto: vestía un polo gris de punto fino con mangas largas ceñido a su figura, dejando deliberadamente los primeros botones para darse un toque ligero y elegante, en su cuello lucía un chocker con lazos estilo skinny tie junto a un collar con dije circular qué añadía protagonismo a la porción de piel descubierta; conjunto a unos pantalones de tiro alto de corte recto y unos zapatos chunky de piel lustrosa.

Aquella vestimenta, favorecía cada atributo de su ser, complementando con su cuidadosa apariencia donde peino sus cortos cabellos hacia atrás despejando su frente y maquilló su rostro con ligereza resaltando sus gruesos labios para hacerlos lucir mucho más apetitosos.

Sabía que logró su objetivo para causar impacto en el reencuentro cuando entró al recinto y cautivó la atención de todos a su alrededor.

—¿Me permite su abrigo, joven? —el encargado del guardarropa tomó su abrigo, dejando su último protector fuera de sus manos, pero el omega no le dió importancia.

Estaba fascinado por la atención que exitosamente había querido recibir y se adentro al evento, saludando brevemente a viejos conocidos recibiendo muchos elogios sobre su vestimenta y felicitaciones por su maternidad.

Tal vez fueron media hora hasta que por fin pudo reunirse con su grupo de compañeros.

Jimin, Taehyung y Jungkook se encontraban platicando animosamente cerca de una mesa periquera. El primero en verlo fue Taehyung que sin rodeos lo capturó entre sus brazos, dándole un abrazo apretado y sofocante que lo hizo quejarse entre risas.

—¡Hyung! Pensé que no vendría. —el alfa con cabellos castaños claros casi en tonalidades doradas le sonreía con su característica sonrisa geométrica mientras lo soltaba y le palmeaba suavemente el hombro.

—Te ves bien, hyung. —el siguiente en saludarlo fue el alfa más bajito, quién le sonreía con aquellos pequeños ojitos haciéndose pequeñas líneas y lo abrazaba con mucha más delicadeza que el trigueño— Te sienta muy bien la maternidad.

—Jiminnie, Taehyunggie… ¿Por qué no se pasan más tiempo acá en Seúl? —puchereo inconsciente el omega viendo con algo de tristeza a los mencionados— Necesito ver otra cara que no sea la del idiota de Jungkook.

—¡Ey! No ofendas este hermoso rostro. —por fin, el alfa tatuado hizo acto de presencia con su rebelde cabellera chocolate y su estilo tan único, apuntando al omega acusatoriamente:— Recuerda que Haneul heredó estos buenos rasgos.

—Lastimosamente, los heredó. —se burló volviendo su atención hacia los otros alfas quienes se partían de la risa por la cara de indignación que mantenía el menor del grupo.

El cuarteto se envolvió en una amena conversación donde Jin era el protagonista por todas las preguntas que los alfas le hacían, aunque Jungkook se quedaba muchas veces solo observando y dando opiniones puntuales pero muchas otras siendo graciosas haciendo que la charla fluyera con total normalidad.

Casi una hora después todos fueron llamados a tomar asiento en las mesas para recibir la cena y empezar a ver lo preparado por los presentadores.

En un movimiento fluido y atento, Jungkook se adelantó para retirar la silla invitándolo con un gesto casual y tan familiar para sentarse. Algo que para ambos era un hábito, para los demás que observaban la escena al pasar o al ellos mismo sentarse, se les hacía un gesto sumamente romántico. Lo que todo un omega desearía de un alfa.

Pero algo que sin pedirlo ni notarlo, Seokjin ya poseía.

Jimin y Taehyung tomaron asiento al otro costado de Seokjin, saludando a los demás integrantes que los acompañarían en la cena.

—Seokjin sunbae… Es bueno verte. Me dijeron que te desaparecistes de las reuniones desde hace casi dos años. ¿Cómo has estado? —una chica que se sentaba frente suyo lo saludaba con dulzura, la recordaba de algunas clases pero no estaba seguro de haber compartido mucho tiempo con ella.

—Bueno, tuve un bebé así que no tenía tiempo para las fiestas y esas cosas. —informó el omega con una sonrisa cortés a la chica que parecía gratamente emocionada por la información.

—¿En serio? No se nota que hayas tenido un bebé. Te ves despampanante. —elogió dulcemente— ¿Cuántos meses tiene? No sabía que estabas casado ¿Quién fue el afortunado?

Jin sintió su cuerpo tensarse ante las preguntas que siempre tenía que afrontar cuando decía tener un bebé. Aunque se lo repitieran tanto desde hace más de medio año, aún no podía evitar sentirse tan incómodo.

—No estoy casado. Tuve a mi bebé solo. —informó con una sonrisa cordial mientras buscaba la mirada de Jungkook para pedir ayuda.

—Pero Kim Haneul es un bebé muy lindo. Será tan popular como su padre cuando esté en la escuela. —la broma de Jungkook hizo que la mesa se distrajera de su evidente soltería y lo ayudó a relajarse por la clara doble intención del menor en hacerle reír.

En ese momento las luces del salón bajaron dando inicio al evento donde estarían recordando las hazañas más honorables o diabólicas de los ex alumnos en sus años en el high school.

Con su rodilla, le dio un suave golpecito a Jungkook, quién fijó sus ojos en él, enmarcando una pregunta muda que exigía conocer el motivo de su llamado.

Seokjin se inclinó más cerca del cuerpo del alfa para susurrar cerca de su oído:

—Gracias por salvarme. Aún no me acostumbro a que me pregunten por mi esposo inexistente. —bromeó aún con su mirada en el organizador que no paraba de hablar.

—Bueno, no dije una mentira. —susurro pegado a su oído, sintiendo su cálido aliento cosquillear en su piel— Haneul será popular en la escuela. Tiene nuestros genes.

El pelinegro tuvo que morderse el labio para reprimir la risa que brotaba de su pecho cada vez que Jungkook bromeaba con el origen de su bebé.

Era más llevadero el saber que no existían incomodidades ante la decisión que ambos tomaron.

La cena transcurrió entre risas y recuerdos cálidos entre compañeros que pasaron a dar su propio discurso sobre cómo habían cambiado sus vidas, las presentaciones con páginas de los anuarios donde muchos habían puesto palabras esperanzadoras donde muchas se cumplieron y muchas otras habían resultado en una giro de 180° para todos, videos inéditos que sus compañeros habían compartido sobre esos años donde se mostraban en sus años más joviales en fiestas, expos deportivas y culturales, y muchas otras de recesos donde su único preocupación era pasar alguna materia y saber si lucían bien para acercarse hacia su crush del momento.

En algún momento, cuando había terminado el plato fuerte y limpiaba con delicadeza la comisura de sus labios. Escucho su nombre ser dicho por el presentador.

—El grupo más popular de nuestra generación también está aquí presente, por favor, Seokjin, Jimin, Taehyung y Jungkook, levántese y saluden a nuestros compañeros. —el cuarteto se sorprendió de ser nombrados y todos se levantaron recibiendo aplausos por lo largo del salón mientras hacían reverencias.— Jimin-ah quien todos creímos un omega y siempre nos confundió con su irresistible belleza, ahora es el Inspector Jefe en la Agencia de Policía Metropolitana de Busan.

Todos aplaudieron sorprendidos por el trabajo del alfa que sonreía gustoso haciendo reverencias, aunque había escalado en la jerarquía policial seguía siendo tan angelical y encantador como en la adolescencia.

—Tienen suerte que mi jurisdicción se limita a Busan, porque vi muchos autos en el estacionamiento que deberían tener más de una multa. —bromeó el alfa rubio haciendo reír a muchos en el salón.

—Es una suerte entonces, Inspector Park. —refutó con elocuencia— Taehyung-ah, aún podemos recordar tu extraño sentido de la moda y como lo hacías funcionar en su momento. Pero ahora tenemos a un reconocido diseñador de modas, quién ha pisado y participado en desfiles de la más alta costura en la importante ciudad de la moda, París, un gusto tenerte aquí gran Señor Vante Kim.

Ante la revelación –no tan secreta– sobre la profesión de su amigo, algunos exclamaron con sorpresa y admiración. Taehyung acostumbrado a la atención y a las miradas sonreía con normalidad saludando brevemente a todos.

—Bueno, Sunbae. Deberías tener un asesor de imagen de ahora en más. Tu estilo sigue siendo igual de malo que en el colegio. —el alfa de cabellos castaños rebatió al presentador quien se tocaba el pecho en un dolor fingido por el “insulto”.

—Tomaré tu consejo, Señor Kim. —asintió con respeto ante Taehyung y su mirada se dirigió hacia el último alfa— Jungkook-ah, el más joven de nuestra generación, el atleta estrella y el chico más talentoso que he conocido jamás. Un gusto verte en la reunión, con tu agenda, debes de tener poco tiempo.

—Nada que no pueda hacer. Acomodar una noche libre en mi agenda es fácil cuando me lo propongo. —Jungkook se encogió de hombros con una risa encantadora.

—No cualquiera cancelaría una sesión de entrenamiento con el entrenador más popular en Corea. —le señaló acusatorio haciendo que el alfa levantará sus manos en fingida rendición— Aquí como lo ven, nuestro maknae se ha convertido en un muy famoso y solicitado entrenador para estrellas reconocidas de todo el mundo. Muchos de nosotros no tendríamos en nuestros ahorros la mitad de lo que cuesta una sola asesoría de este chico. Mándale un saludo de mi parte a Ma Dong-Seok.

—No prometo nada, sunbae. Es un hombre sumamente ocupado.

Los invitados rieron y aplaudieron mientras el alfa daba reverencias elocuentes y tan características de su personalidad bromista.

—Y por último, pero no menos importante, nuestro representante estudiantil estrella. Kim Seokjin. —todos aplaudieron, haciendo que el omega volviera a reverenciar con una sonrisa amable en el rostro, el presentador se puso serio por un momento y vio directamente hacia el omega— Tu vida es tan privada Seokjin-ah ¿Acaso eres un agente secreto de la fuerzas especiales? ¿O acaso te casaste con alguien sumamente poderoso como para que nadie en esta sala supiera que era de tu vida? Cuéntanos, por favor.

Las risas ante la broma del presentador hicieron sentir incómodo al omega, no pareciéndole de buen gusto bromear su vida. Pero puso su mejor cara de poker viendo directamente a su sunbae.

—No, yo no necesite casarme con la hija de un diputado como usted sunbae. —las carcajadas y los murmullos no se hicieron esperar en el salón, así que colocando una sonrisa pequeña en su rostro para contar un poco de su vida a la gente que parecía más interesada que en las propias:— Soy empresario, y director ejecutivo, funde mi propia marca de cosméticos y le ha ido muy bien, que les aseguro que muchos de aquí usan. Pero me reservaré el nombre de mi empresa ya que no me gusta llamar mucho la atención.

—Wow, Seokjin-ah, un omega empresario. Mucho éxito en tu negocio entonces.

—No lo necesito, créeme. —le guiño un ojo al presentador que alzó las manos en rendición.

—Y me llegó una noticia por ahí, que eres papá. Felicidades al papá primerizo. —la sala se volvió a llenar de aplausos.

Jin sonreía con gratitud, volviendo a dar unas pequeñas reverencias y tomar asiento suspirando agotado con lo invasivo que era aquel sunbae, quién parecía ajeno a todo sobre la plataforma sonrió dándole inicio a la siguiente ronda de platillos: los postres.

—¿Lo odias verdad, director ejecutivo de Tirtir? —el omega codeo con fuerza a su mejor amigo, con una mirada amenazante ante lo dicho.

—Cierra la boca, Jeon. —musitó molesto, observando como el contrario reía burlándose deliberadamente en su cara— Esta es la boca de las hienas ¿A menos que quieras que anuncie tú divorcio con Lee Ji-eun… O tal vez quiero decir, la cantante y actriz IU?

La sonrisa del alfa se convirtió en un puchero lastimero, no muy contento con mi contraataque e hizo un gesto con su mano para demostrar que cerraría la boca con llave.

Antes de que el alfa pudiera decir algo más, sus ojos se desviaron al pecho de su mejor amigo. Seokjin extrañado de la mirada del alfa, volteo a verse y noto pequeñas gotas humedecer su polo, sintiendo rápidamente la vergüenza inundar su rostro.

El pelinegro lanzó una mirada a su alrededor verificando si alguien más estaba observando su accidente.

Sentía un vacío en el estómago y su pecho parecía retumbar ante lo acelerado de su corazón, jamás le había pasado aquello en un lugar tan público.

Pero sobre sus hombros, un peso cubriéndolo hizo volver su cabeza del repentino pánico que lo estaba absorbiendo, Jungkook se había quitado habilidoso su chaqueta de cuero y se la colocó tapando estratégicamente la zona que empezaba a humedecerse con su leche.

—Vamos, te ayudo a limpiarte. —la mano tatuada del menor tomó la suya, obligándolo a levantarse y retirarse silenciosamente de la cena rumbo a los baños.

Con pasos torpes siguió al alfa, como un pequeño patito a su padre, sin separar sus manos hasta adentrarse al baño de omegas.

—Jungkook, estás entrando al baño de omegas. —susurró Seokjin acercándose al menor para detenerlo.

—Lo sé, no soy ciego hyung. —volteo hacia el mayor señalando con su mirada hacia su pecho— ¿Qué hacemos? ¿Voy a tu coche por un cambio de ropa? ¿Tu bolso está ahí también? O….

Jungkook observó al pelinegro en busca de alguna opción que se le ocurriera, ya que concluyó que estaba preparado para esos accidentes pero al ver el pánico en el rostro supo que tenían opciones muy reducidas.

—¿No trajiste nada, verdad? —Jin negó nervioso volteando hacia el gran espejo que decoraban el tocador del baño.

Con manos temblorosas se quitó la chaqueta del menor, viendo como la mancha era mucho más grande que antes, maldiciendo por lo bajo al haber ignorado todas las señales que su cuerpo le había alertado desde hace un par de horas.

Sentía un leve dolor rodear sus pechos, que reconocía muy bien cuando los tenía cargados de leche y que se estuviera derramando solo era evidencia de ello.

No traía su coche, había preferido que el chófer que había designado para sus padres, lo llevará a la cena y se retirara, seguro de que Jungkook podría llevarlo hasta la residencia de sus padres.

Tampoco traía su típico bolso donde cargaba con toda la artillería pesada de ser un omega lactante y maternando.

Estaba perdido, olería a leche rancia y su camisa estaría manchada a la vista de todos.

Jungkook quien había permanecido observando con detenimiento al omega a través del reflejo en el espejo, pudo notar cómo sus ojos se aguaban y como tomaba con fuerza los bordes del lavamanos, sosteniéndose como si la gravedad de la tierra misma se hubiera triplicado y le costará mantenerse en pie.

Él mejor que nadie sabía lo difícil que había sido para su hyung el enfrentarse al reto de ser un padre soltero y lidiar con las inseguridades que crecían mes con mes junto al bebé en su interior, y como había luchado después del nacimiento para volver a ser un individuo separado a la etiqueta que parecía que todos le habían impuesto de ser un padre que debía vivir por y para su bebé.

Así que saber que su primera aparición social, en la cual se había esforzado tanto para no ser criticado, podía verse fracasar con aquel incidente, orilló a Jungkook hacia los pensamientos más bajos y oscuros que mantenía bien guardados en su mente.

Claro que no era aprovecharse de su hyung, solo le daría un poco de ayuda.

Solo un poco.

Seokjin sintió las grandes manos del alfa posarse sobre sus caderas, encontrando a través del reflejo la mirada oscura y aún con el labio atrapado entre sus dientes para retener cualquier sollozo que se sentía avecinarse, sus ojos, aunque cargados de una honestidad que dolía, hizo una pregunta muda hacia el contrario por su repentina cercanía.

—Sonara loco… —la voz del menor había bajado dos decibeles, provocando un escalofrío en el cuerpo del omega y darse cuenta del calor que emanaba el cuerpo del castaño casi pegado al suyo—...pero, puedo sacarlo hasta que deje de gotear.

Las palabras en la garganta de Jin quedaron atascadas ante la propuesta que le musitaba al oído, no pudo evitar relamerse los labios tomando una bocanada de aire para preguntar:— ¿Sa-sacar qué?

Pero las manos del contrario ya empezaban a sacar con delicadeza el polo del pantalón del pelinegro, posando sus palmas sobre la desnuda y tersa piel que ocultaban aquel trozo de tela.

—Voy a tomarme toda la leche, Jin. —no sonó a una propuesta, era una orden.

Antes que el omega pudiera reaccionar, Jungkook lo había girado y montado sobre el granito del lavamanos, aquellos dedos se movieron con una destreza pecaminosa liberando cada botón del polo con una lentitud que rozaba la tortura. El roce de sus nudillos contra el pecho del otro, firme y caliente, dejaba un rastro de electricidad que hacía que cualquier intento de respirar fuera inútil.

No le pregunten absolutamente nada a Seokjin, ya tenía los sesos completamente fritos de tan solo procesar lo que estaba pasando en aquel momento.

La respiración caliente cosquilleo contra su piel erizada, Jungkook parecía apreciar la porción de dermis expuesta como si fuera algo que hubiera esperado y deseado desde hace mucho tiempo, las palmas ásperas del alfa acariciaron con tanta delicadeza que parecía no querer romperlo si ejercía un poco de fuerza y acunó sus hinchados pectorales mientras los observaba como dos grandes tesoros.

—Ju-jungkook… y-yo creo que…

—Shh… Déjame hacer mi trabajo, hyung.

Y como si cerrara cualquier posibilidad de refutación, la tortura –o sueño– de Seokjin había iniciado.

Ahogó un jadeo en lo profundo de su garganta al sentir como aquellos pequeños labios se pegaban con ansiedad a su pezón. No era nada parecido a amamantar a su cachorro, esto estaba fuera de igualar alguna experiencia en el pasado.

Jin mordió su propio labio, negándose a gemir por el corrientazo que viajó desde su pecho hasta su vientre bajo. Conocía el abismo de esa sensación, pero entregarse al placer de la caída le parecía una indecencia que no estaba listo para aceptar.

Tal vez fueron segundos, pero para ambos individuos, pareció la eternidad misma en donde se estaban marinando las emociones que habían estado, tal vez, guardando desde hace muchísimo tiempo atrás en su interior.

El omega no pudo resistir más su voz y con gozo, echó la cabeza hacia atrás deslizándose por sus esponjosos labios un gemido tembloroso y se sostuvo con fuerza de la superficie donde permanecía sentado.

Jungkook como si fuera algún animal hambriento, el glorioso sonido que inundó aquellas cuatro paredes, lo hizo perder cualquier atisbo de cordura. Bajo sus dedos, apretó la suave carne que lo estaba alimentando con su gracia, sintiendo como el exquisito líquido blanquecino que tragaba se desbordaba por las comisuras de sus labios.

Jamás pensó que el sabor del alimento que tanto disfrutaba su pequeño hijo, era de lo más exquisito. Envidiaba la suerte del cachorro por disfrutar todos los días de tal manjar.

Y el aroma, era como ver a Dios a los ojos, ese aroma lo estaba haciendo perder completamente la razón, claro, si es que aún existía una pizca de ellos en la psique del castaño.

Sus dientes se cerraron raspando la sensible areola hinchada, inundando el baño de otro glorioso gemido del omega, que era más parecido a un sollozo ahogado que imploraba piedad a una tortura que lastimosamente para el contario, estaba disfrutando.

Pero como lo bueno no podía durar tanto como el alfa quería, varias voces empezaron a escucharse peligrosamente cerca de los baños. Jungkook se vio obligado a cargar el cuerpo del omega, quién algo ido entre las sensaciones que abordaban su cuerpo, apenas como un borrón pudo notar que ya estaban dentro de uno de los cubículos del baño.

El mayor se vio obligado a sostenerse con sus propias piernas, ayudándose con su mano para mantenerse firme en el tanque del váter observando con detenimiento al alfa, quién colgaba con tranquilidad su chaqueta sobre un pequeño gancho en la puerta y le hacía una seña con la mano para que se mantuviera aún parado.

Cuando se acercó al omega, lo tomó por las caderas empujándolo con suavidad para que abriera las piernas y se colocará pasado sobre el váter y Jungkook deliberadamente se sentó listo para seguir deleitándose con el manjar que había descubierto.

Pero la mano del Jin empujó la frente del menor quien lo volteo a ver desconcertado cuando la puerta de los baños se abrió y las voces de unas chicas inundaron espacio.

—¿Vieron a Jeon Jungkook? —preguntó la voz que Jin identificó como su compañera que estaba en la misma mesa.

—Obvio, como no verlo. —respondió otra mientras reían emocionadas.

Entre la plática banal que mantenían las personas de afuera, Jungkook tomó la mano del omega para quitarla de su frente y volvió a atacar con ímpetu el pecho que había dejado abandonado.

Algo que tomó por sorpresa al mayor que se llevó a la boca su propia mano para acallar el gemido que quiso escapar de sus labios.

Jin enfocó su mirada que había permanecido empañada por el placer, en las acciones del menor, observando el hilo de saliva y las pequeñas gotas de leche que manchaban los pequeños labios del alfa al separarse de su pecho, dejando un suave beso sobre su hinchado pezón mandando miles de escalofríos a lo largo del cuerpo.

Y sin saciarse, el castaño pasó su atención hacia el otro pecho, que ante ser ignorado desde el principio, derramaba aquel elixir que no tenía pensado desperdiciar. Así que con su lengua, se dedicó a limpiar cada rastro de leche que manchaba la piel del tiritante omega.

—Es una lástima que siempre siga como perrito a ese omega. —la voz de la chica número dos, llamó la atención de ambos chicos.

Pero muy contrario a distraerlos, Jungkook decidió a chupar aquel pezón goteante que lo llamaba a profanarlo con su lengua. Y Seokjin solo pudo retorcerse, capturando su labio inferior con los dientes para acallar cualquier maldito sonido que quisiera abandonar su garganta, enterrando con descuido su mano en la raíz del cabello achocolatado que tenía a su disposición.

—¿Hablas de Seokjin? ¿El que es padre? —preguntó un chico con voz más tímida.

—Sinceramente, no creo que tenga oportunidad con Jungkook ahora que debe de estar todo lleno de estrías y piel flácida. —la chica que creía dulce hace unas horas, mostraba su verdadero rostro en la privacidad haciendo que tanto Jungkook como Seokjin levantarán una ceja sorprendidos— Por Dios, miren a Jungkook… Si no fuera por su chaqueta veríamos sus músculos. Lo sigo en instagram y está para chuparse los dedos. ¿Cómo ese Adonis le haría caso a alguien como Seokjin?

—B-bueno… Seokjin no es nada feo. —la voz del chico defendiendo al nombrado quedó muda por un instante— Solo decía, no me tienes que ver tan feo, Sohee.

—Ahorrate tus comentarios, Hoseok. —los pasos de alguien abandonando el baño se escucharon y un suspiro de las chicas llegó hasta sus oídos— ¿Crees que pueda conseguir el número del omega ese? Es el único al que puedo preguntarle por el número de Jungkook pero me da tanto asco acercarme a él.

—Parecías muy convincente hace un rato cuando le preguntaste sobre él.

—Fue solo por Jungkook. Sino, ni los buenos días le daba.

—Eres un caso imposible, Sohee. —la chica que la acompañaba también salió y unos segundos después, la mencionada también abandonó los baños quedando ambos hombres solos.

En la soledad, alfa y omega conectaron sus miradas, más no dijeron nada. Porque el omega veía deleitado como el alfa lo observaba como si hubiera encontrado el Santo Grial y bebiera la sangre de Cristo de su propio cuerpo.

¿Para qué tomar en cuenta las palabras de esa chica? Si aquel hombre que tanto deseaba, se encontraba alimentándose de su cuerpo con una satisfacción que nadie podría igualar.

Estaba mal, pero debía admitir que tener el poder de aquello, lo hacía sentir extrañamente más excitado.

Jungkook observó con adoración las expresiones que se dibujaba en el rostro de su mayor, apretando con su mano el pectoral que chupaba escuchando como ahogaba otro gemido que hacía vibrar la piel bajo sus labios.

Nunca se cansaría de eso.

Nunca encontraría saciedad del sabor de Seokjin.

Nunca superaría el celestial sonido que salía de los labios maltratados del omega.

Nunca podría volver a la normalidad sin probar el cuerpo de su mayor.

Nunca volvería a esconder lo que su corazón guardaba por su mejor amigo.

Esa era su promesa.

Jungkook succionó una última vez antes de soltar en un chasquido seco, dejando el pezón erguido, dolorosamente sensible y teñido de un carmesí que delataba la fuerza de su hambre.

—¿Ya no duele, hyung?

—N-no duele m-más pero… ¿N-no crees que ya es suficiente? —pero cada palabra salía cargada de una vibración eléctrica, que por muy contrario a lo que decía, revelaba el hambre que empezaba a consumirlo.

Seokjin no pudo evitar sorprenderse al escuchar como su voz aunque siempre estable y armoniosa, ahora tambaleaba entre tartamudeos bañados en una necesidad que no conocía.

—¿Crees que ya no volverás a tener un accidente allá afuera, Hyung? —Jungkook ronroneo dopado por el aroma y sabor que desprendía el pecho del omega, tal cual gato con catnip.

Pero conocía su biología, ahora que había sido estimulado, la producción de leche no se detendría hasta drenar hasta la última gota del líquido de sus pechos.

En un día normal y después de la toma de su cachorro, cada uno de sus pechos podrían producir hasta 4 onzas.

Por eso, mordisqueando su labios algo pensativo tomó entre sus manos el rostro del alfa para observar con detenimiento lo borracho que parecía estar solo por su leche.

—Debes beber todo ¿De acuerdo, Jungkookie? —el mencionado asintió con gozo besando la palma de la mano del omega, deleitándose por el cálido contacto— Ni una sola gota derramada.

—Provecho entonces.

Y el agarre firme que mantenía el alfa sobre su cintura ayudó a qué de un solo tirón, lo sentará frente a él, con las piernas abiertas sobre los muslos de Jungkook y lo despejó de la parte inferior de su ropa dejando su torso desnudo, preparado para ser devorado por el hambriento chico.

Esos labios reclamaron una vez más su pecho lactante; notando lo embriagado que parecía estar con el sabor lácteo que brotaba solo para el alfa, mientras sus instintos se retorcían en un éxtasis oscuro. Disfrutar de esa vulnerabilidad lo hacía vibrar; era la excitación de la conquista disfrazada de hambre, un regocijo absoluto que lo quemaba por dentro.

El omega arqueo su espalda, atrapado en el limbo del alivio y placer que provocaba cada toque brindado por su mejor amigo. Sus pantalones ahora también resultaban algo estorbosos, apretando dolorosamente su erección bajo las telas rígidas.

Con un tirón firme, el alfa desarmó la última barrera de tela, como si leyera los anhelos más profundos en la mente del pelinegro, dejando al descubierto su carne palpitante. No hubo dudas; sus manos lo reclamaron con una autoridad innegable. Las caricias eran expertas, voraces, una sin fin de roces y presiones que hicieron que el placer se acumulara en su vientre como una marea incontrolable. Era una explosión interna, un goce primario que lo consumía, dejándolo a merced de cada toque. Cómo nunca antes había experimentado.

Eran meses de abstinencia que Jin casi se proclama célibe, no porque no deseara tocar y liberar sus frustraciones en hilos que manchaban su abdomen; sin embargo, al cargo de un bebé y una empresa, lo último que su mente podía pensar era en darse placer en sus momentos de descanso.

Apretó los dedos en las hebras achocolatadas del alfa mientras su pecho subía y bajaba con violencia. En un arrebato de puro instinto, gimió su nombre, una palabra cargada de una devoción pecaminosa:— Jungkook…

El sonido fue tan natural, tan instintivo, que pareció que su voz hubiera sido diseñada solo para pronunciarlo. Y el castaño, con un gruñido vibrar desde lo más profundo de su garganta como respuesta a la súplica del omega, era el sonido de un alfa que finalmente había reclamado a quien siempre le tuvo que pertenecer.

No sabían cuánto tiempo llevaban metidos en aquel cubículo, tal vez eso ya no importaba; el alfa, con una de sus manos atendía sus virilidades, erguidas y rozando sus carnes en busca de la liberación mientras que con la diestra amasaba con vigor el pecho que alimentaba sus deseos más indecorosos. Y el omega, con una de sus manos buscaba un soporte para las sensaciones que estaban arremolinado su interior como un tornado que iba destrozando todo a su paso, así que apretó entre sus dedos la tela de su polo abandonado sobre el tanque del váter, y con la contraria, acariciaba, jalaba y apretaba los cabellos castaños del alfa en busca de obtener su tan deseada liberación.

El aire en el estrecho cubículo se volvió irrespirable, cargado con el aroma denso de sus instintos entrelazados. La fricción de la mano del alfa, rítmica y demandante sobre ambas virilidades, se volvió el único centro de su universo.

Jin, con la espalda arqueada y los dedos hundidos en el cabello castaño de su compañero, sintió cómo la presión en su vientre se convertía en un rugido sordo que reclamaba salida.

—Jungkookie... —el nombre volvió a escapar de sus labios, esta vez como una súplica que advertía el final.

Fue entonces cuando el tornado interno de sensaciones alcanzó su punto más alto.

El alfa incrementó el vigor del amasado en su pecho y la velocidad del roce en sus centros, llevando al omega al borde mismo del abismo. Con un último tirón desesperado de los cabellos ajenos y un apretón ciego a la tela del polo, el omega se quebró, en un gemido ahogado que tensaba cada fibra en su tiritante cuerpo.

Una descarga eléctrica lo recorrió de pies a cabeza mientras su cuerpo formaba un arco perfecto, liberando su esencia en un chorro cálido y punzante que manchó sus carnes unidas. Casi al unísono, el alfa soltó un gruñido gutural, profundo y posesivo, sintiendo su propia liberación estallar con una fuerza que le nubló la vista.

Ambos quedaron suspendidos en ese instante de vacío absoluto, donde únicamente existía el latir frenético pero coordinado de sus corazones y el rastro húmedo de su entrega compartida, mientras el silencio del cubículo volvía a llenarse lentamente con el sonido de sus respiraciones entrecortadas y exhaustas.

La caliente lengua del alfa arrancó los últimos vestigios del elixir blanquecino que goteaba con lentitud de los hinchados pezones y las manos aunque callosas acariciaban con una delicadeza ceremonial cada porción de su dermis sensible, que involuntariamente sufría espasmos ante el clímax alcanzado.

—Jungkook-ah… —lloriqueo el pelinegro, dopado por su liberación y rogando a qué parará con la sobreestimulación que estaba friendo las últimas dos neuronas que hacían sinapsis en su cerebro.

—No creo cansarme nunca de esto, hyung. —murmuró observando con devoción el perfecto desastre que había creado con sus propias manos y boca.

No había obra de arte que pudiera igualar la celestialidad que representaba en ese momento Kim Seokjin.

Muy contrario a los comentarios que esas venenosas chicas iban parloteando sobre su hyung, para él, no había hombre o mujer que pudiera superarlo. No importaba que lo hubiera visto cuando aumentó 20 kilos por el embarazo o que ahora su cuerpo estaba “arruinado” por las grietas que su dermis exigió para crear vida en su vientre.

Flaco, gordo, arreglado o desaliñado, recién despierto o vestido con un carísimo traje de diseñador. Cuando eran adolescentes o ahora que son adultos. En cualquiera de sus fases, siempre había amado a su hyung.

Haría cualquier cosa para verlo feliz y ahora, con una ambición más egoísta, haría cualquier cosa para que ese omega sea únicamente suyo.

Su omega.

Jungkook limpio el desastre de semilla entre sus cuerpos, tratando con extremada ternura al omega adormilado y dócil que seguía cualquier orden dicha o no dicha por el contrario.

Los pechos de Seokjin quedaron completamente drenados y el rastro húmedo que antes manchaba la polo ya no estaba, dando su tarea por terminada.

Acomodo con parsimonia el pantalón y polo para que luciera como si un orgasmo arrollador no lo hubiera azotado hace menos de 10 minutos, e hizo exactamente lo mismo con su vestimenta, sonriendo gustoso cuando se dio cuenta que el omega no tenía intenciones de levantarse del váter.

—Vamos, hyung… Podemos irnos temprano hoy y podrás descansar en casa. —Jungkook motivó al mencionado, tomando entre sus brazos el ligero cuerpo para sacarlo del cubículo y tratar de arreglar la maraña que eran sus cabellos.

Frente al espejo, Seokjin pudo vislumbrar su semblante relajado, su expresión no mentía y podía notar que el estrés que había acumulado sin saberlo ya no recaía tensamente en sus hombros. Su mirada viajó hasta el brazo que rodeaba su cintura, quién le sostenía firmemente en tanto el de cabello achocolatado arreglaba torpemente su peinado.

Deliberadamente el mayor dejó caer su peso sobre el pecho del alfa, quién lo sostuvo con ambas manos por sobre la cintura dejando caricias distraídas con sus pulgares. Busco nuevamente su mirada a través del espejo y encontró los grandes luceros que lo veían con un brillo inigualable, como una pequeña galaxia que vivía en esos ojos ébanos.

En un silencio cómodo que los envolvía como una manta cálida, Jungkook buscó el calor que solo su mayor podía proveer, hundió el rostro en la curva de su hombro, envolviéndolo por la espalda en un abrazo que se sentía como un hogar seguro y al cual siempre quiso pertenecer.

Las brazos rodearon la cintura del omega, reclamando ese espacio con una ternura nueva, casi reverencial, su nuevo lugar favorito.

En el sosiego después de la tempestad que arrasó con sus deseos, había quedado como testimonio su metamorfosis; ya no podían volver atrás, pues el roce de sus pieles había sellado un pacto que convertía su antigua complicidad en un amor naciente y voraz.

—Hablemos de esto más tarde, ¿Si Hyung? —el menor deposito un suave beso sobre su cuello, un poco más arriba del choker, erizando cada vello de su cuerpo.

—Está bien. —musitó con suavidad observando la sensual sonrisa que se dibuja a en los labios hinchados del castaño, así que se giró entre sus brazos, recibiendo una ceja levantada en una pregunta muda sobre su repentino movimiento; Seokjin sabía que ya no había vuelta atrás así que le hizo caso a todos los instintos que le gritaban su cuerpo y mente en aquel instante.— Pero antes…

Jin tomó en sus manos las mejillas del más joven y junto sus labios contra los maltratados. No hubo ni un segundo de espera, porque al instante, el alfa le correspondía con ferocidad atrapando su nuca y cuello en un beso arrasador.

Estaba más que claro, ambos se deseaban con tanta intensidad que cualquiera al verlos, los envidiarían.

Húmedos chasquidos perturbaban la tranquilidad del lugar, siendo acompañados por pesados jadeos y gemidos mal contenidos entre sus bocas, siendo para nada juiciosos como hace unos minutos.

Tal vez fue el roce de sus entrepiernas o tal vez la mordida sensual que Jungkook había dejado sobre el rechoncho labio del omega quién le robo un gemido lastimero que deleitó los oídos del alfa, pero tuvieron que parar un momento antes de volver a liarse en aquellos baños.

—Vámonos. —ordenó Seokjin acomodando los cabellos del contrario antes de separarse y disponerse a salir por fin de ese lugar.

Jungkook, sin vacilar ni un segundo más, le colocó sobre la marcha su chaqueta para prevenir algún otro accidente y siguió al mayor firmemente tomado de la mano. Cualquiera que los viera con detenimiento más de un par de segundos se darían cuenta que su desaparición no había sido por las razones más puras o conflictivas.

Cuando llegaron a la mesa que les correspondía, sobre la pantalla se reproducía lo que intuyo era la esperada cápsula del tiempo que habían grabado cuando se graduaron de la high school para hablarles a su yo del futuro. Taehyung y Jimin los llamaron con la mano.

—Tardaron horrores. Ya el postre fue servido y con Jimin nos sacrificamos para que los suyos no se derritieran. —les murmuró Taehyung lo suficientemente alto como para que ambos escucharán— Estaba delicioso el brownie con helado y caramelo.

—Nos retiramos, Taehyunggie, Jiminmie… Necesito volver a casa. —anunció Seokjin con su mejor actuación, recogiendo su bolso pero la mano del castaño claro lo detuvo de hacer un movimiento más— ¿Qué pasa?

—¿Estás bien? ¿Te sientes mal o…? —la preocupación era genuina haciendo sonreír al omega que le dejó una caricia sobre el dorso de su mano.

—No te preocupes TaeTae… Haneul se siente algo mal y Jungkook solo me llevará porque no traje mi coche. —mintió parcialmente, pero parecía que el trigueño se había tragado su excusa:— Se lo compensaré. Se quedarán está semana acá en Seúl, los invitaré a casa para comer. Haré sus platillos favoritos ¿De acuerdo chicos?

Ambos alfas, asintieron sin mayores preguntas. Aunque no no muy convencidos con las explicaciones que sus mejores amigos les dieron.

Observaron ambos como se alejaban de las mesas rumbo a buscar sus pertenencias en el lobby, Jimin soltó una pequeña risa nasal llamando la atención del contrario.

—¿Qué? ¿Por qué ríes, Jiminnie? —se acercó el alfa al nombrado curioso por el repentino buen humor de su mejor amigo.

—¿En serio no te diste cuenta, Tae? —cuestiono pícaro.

—No… ¿De qué?

—Jungkook y Jin se traen algo entre ellos… Ya sabes, algo más físico que antes. —murmuró más cerca del alfa para no empezar un chisme entre sus ex compañeros.

—¿Crees? —algo dudoso, Tae busco de nuevo a la pareja pero solo observó como se retiraban, notando la mano posesiva del alfa sobre la cintura de su hyung.

—Bueno, no solo creo. —admitió el rubio igualmente viendo como se iban sus amigos y dirigió su mirada al alfa, que tenía casi tan cerca como para sentir su respiración en el rostro—. Ya tienen un hijo juntos, tal vez no de la manera tradicional pero generaron un vínculo irrompible. Era cuestión de tiempo que pasará, Jungkook está enamorado de él desde la high school.

—¿Qué? ¿Qué Jungkook qué? —alzó la voz más de lo esperado y Jimin le chisto a regañadientes jalandolo del traje para acercarlo más a él, para seguir chismeando con tranquilidad—. Perdón, pero cómo es que tú sabes eso y yo no. También soy su amigo, me lastiman sus secretos.

El alfa rubio revoloteo los ojos ya acostumbrado ante los berrinches, tantos años compartiendo se sabía cada pequeño hábito del alfa trigueño.

—Jungkookie sabía que si te lo contaba, no durarías ni un día en decírselo a Jin hyung. —acusó con el dedo Jimin mientras Taehyung se hacía el ofendido pero asentía con un pequeño puchero.

—¿Entonces nos mintieron?

—Es obvio. Pero ya veremos está semana con la reunión de hyung, vamos a tener que interrogar a ese par… —le hubiera seguido explicando su plan contra sus amigos, pero una voz grave pero inocente interrumpió su charla, haciendo voltear a ambos alfas ante el dueño de dicha pregunta.

—¿E-están libres estos asientos? —preguntó el hombre pálido mientras detrás de él se encontraba un muy sonriente chico, tan ardiente como el sol—. A mi amigo y a mí nos echaron de nuestra mesa y sinceramente no queremos volver.

Ambos alfas se quedaron observando con cierta admiración a ambos hombres, no tenían que adivinar su jerarquía porque desde kilómetro parecían tener tatuado omega sobre la frente. Y no es que lo expresarán en sus ropas o en su rostro, el aroma que ambos tenían era tan concentrado que no fue difícil para ambos saber que ese par era omega.

—Claro, no hay problema. —Taehyung fue el primero en hablar señalando los asientos vacíos y dando una pequeña reverencia aún sentado.

—Mu-muchas gracias. —esta vez el chico con sonrisa resplandeciente agradeció tímidamente tomando asiento junto a su amigo pálido.

—Soy Kim Taehyung. —se presentó emocionado o más bien ilusionado, con la mirada fija en el omega con sonrisa linda.

—Yo soy Park Jimin. Un gusto conocerles. —prosiguió dando una leve venia, casi hipnotizado por la palidez del omega pelinegro.

—Él es Jung Hoseok y yo soy Min Yoongi. —con un movimiento de mano ligero presentó a cada uno, soltando un pequeño bufido parecido a una risa—. Sabemos quiénes son, eran muy populares en la high school.

Ambos alfas no esperaban esa declaración tan abiertamente, pero más allá de incomodar, se vieron atrapados en una charla amena con los omegas.

Olvidándose por completo de sus mejores amigos.

Ya tendrán tiempo de sacarles la sopa hasta con chantaje emocional, pero nunca se veía una oportunidad tan tentadora y emocionante como la que los alfas estaban teniendo con esos hermosos omegas que le sonreían con tal encantó.

Una oportunidad que no podían desperdiciar.


—Voy a llamar a mamá, necesito saber cómo está Haneul y pedirle que lo cuide hasta mañana.

Jin y Jungkook habían llegado hace unos minutos al hogar del omega.

El camino fue muy silencioso para ambos, la tensión dentro del coche los ponía tal cual adolescentes hormonales imaginando escenarios en donde ambos eran protagonistas de las fantasías más secretas y sucias que se pudieran crear en ese momento.

Toda esa maraña de pensamientos libidinosos distrajeron en demasía al pelinegro, que al darse cuenta de que habían llegado a la zona residencial donde vivía, recordó que debía hablarle a sus padres por Haneul.

Cuando Jin desbloqueo la puerta de su propio garaje con el mando electrónico que tenía instalado Jungkook en su camioneta, se percató que parecían realmente un matrimonio.

¿En qué momento le había dado un mando a Jungkook? ¿Por qué era tan habitual no tener esa “privacidad” con él?

Jungkook no vivía en su casa, claro estaba. Pero su departamento de soltero si que estaba cerca, a tan solo unos minutos de distancia.

Pero muy contrario a lo que pensó, pareciera que si vivía con él: tenía los mandos de sus puertas eléctricas del garaje, tenía llaves de su casa, una habitación y hasta su propio closet con ropa ocupandolo.

Cuando ambos entraron a la casa, Jungkook se adelantó quitándose los zapatos y colocándolos en su estante, siendo notado por el omega como en ese estante estaba lleno de sus zapatos, en conjunto… como un maldito matrimonio.

—Bien, yo… iré al baño. —después de que el omega dejó de hablar, Jungkook quien parecía no saber qué hacer en el gran espacio de la sala, empezó a caminar rumbo al lugar anunciado.

—Espera. —Jin lo llamó deteniendo su clara huida, sintiéndose extrañamente nervioso por la privacidad compartida—. ¿Quieres…. Algo de vino?

El alfa pareció tragar en seco las palabras que quería decir y terminó asintiendo con la cabeza, retirándose hasta desaparecer detrás de la puerta del baño.

Ansioso por el repentino mutismo de su mejor amigo, se dirigió a la cocina despojándose de la chaqueta del alfa dejándola abandonada en alguna silla del comedor e ingresó a su alacena tomando una botella de vino de su cava.

No sabía que pasaría esa noche, dudaba mucho que se quedarían hablando sobre lo que había pasado en la cena, pero estaba la posibilidad de que así fuera.

¿Cómo afrontar lo que había pasado?

Tenían muchos años de amistad, más cerca de cumplir las dos décadas que de tener la edad en la que se conocieron.

Seokjin prefirió ignorar su ansiedad, sacando su celular del bolso buscando el número de su madre y llamarla mientras buscaba distraídamente las copas y el sacacorchos.

“¿Jin? ¿Qué pasó? ¿Terminó muy temprano el evento?”

—la voz de su madre se escuchó por la bocina inundando el silencio de la cocina.

—No, bueno, volví más temprano a casa con Jungkook. —admitió empezando a tratar de descorchar el vino.

“¿Por? ¿Entonces vendrás por Haneul?”

—su madre parecía susurrar y escucho como se cerró una puerta en la línea caminando a lo que suponía a la habitación que compartían sus padres—.

“Acaba de dormirse, así que creo que te costará dormirlo si te lo llevas. ¿Por qué no mejor lo dejas aquí en casa? Sabes que no nos molestamos si te tomas una noche para descansar, hijo.”

El omega sonrió enternecido por la voz anhelante de su madre para dejarle a Haneul en casa. No es que no le permitiera a sus padres estar con su hijo, pero en su interior había un instinto sobreprotector que le gritaba que no se alejará a dos metros de su bebé.

Era algo que ya lo había trabajado con su terapeuta y le había aconsejado empezar poco a poco el desapego con su bebé, por su propia salud física y mental. Esta noche, sería la primera vez que había dejado a Haneul por tantas horas. Y con lo sucedido con Jungkook, realmente no sentía ese ímpetu de tener en brazos a su bebé, así que con el sonido del corcho saliendo de la botella soltó una risita nasal.

—Está bien, mamá. De hecho, eso te quería pedir. —el pelinegro explicó tomando una copa para llenarla de vino blanco.

“¿Ah? ¿En serio?”

—su madre parecía impresionada por la sencillez de su aceptación y pareció golpear a su padre para que le pusiera atención:—

“¿Escuchaste? Tu hijo aceptó quedarnos con Nuli está noche, cariño. Es un milagro”

“¿Milagro? Yo creo que está cansado, déjalo descansar tranquilo.”

—razonó su padre con esa lógica típica en él—.

“No te preocupes, Jin-ah. Sabes que Haneul-i estará muy bien cuidado por nosotros. Así que duerme mucho, aprovéchalo.”

—Claro papá. Lo tendré en cuenta. —sonrió bebiendo un poco de la copa servida y justo en ese momento su mirada cayó en Jungkook, quién permanecía en el marco del pasillo observándolo con los brazos cruzados y una sonrisa dulce.

Repentinamente sintió sus mejillas sonrojarse y una tempestad cruzó dentro de su estómago.

¿Hace cuánto tiempo estuvo ahí observando? ¿Lo había visto batallar con el corcho del vino? ¿O cómo sonreía triunfante de su logro al sacar el corcho?

—Jungkook… —bisbiseo ocultando su rostro con timidez detrás de la copa.

Y en respuesta, el alfa pareció encantado de avergonzar a su mayor solo con su presencia.

Dejó el lugar que había ocupado hace unos minutos para acompañar en la cocina al omega pero antes de que sus manos cayeran sobre la diminuta cintura, la voz de ambos adultos corearon una pregunta casi burlesca hacia ambos amigos.

“¿Jungkook-ah está ahí?”

—tanto Seokjin como Jungkook parecieron repelerse con el simple sonido de las voces.

Jungkook olvidó su tan ansiado objetivo y prefirió tomar la copa restante de vino en el mesón, mientras sonría ante el teléfono aunque los contrarios ni lo pudieran ver.

—Hola Señora Kim. Hola Señor Kim. —saludó con cariño al matrimonio.

Y Jin quien esperaba el toque del alfa, soltó un suspiro contrariado por todo lo que sentía en su interior en esos momentos. Manteniendo la copa en una de sus manos y la botella en la contraria, tomó distancia deliberadamente del menor hacia el lado contrario del mesón tomando asiento en un taburete.

—Kook me trajo a casa. La fiesta se estaba tornando algo… —su mirada busco la del alfa conteniendo involuntariamente la respiración y exhaló con disimulo buscando en su mente qué decir.

—Incómoda con nuestros ex compañeros. —acompletó la frase Jungkook relamiéndose los labios y tomar de golpe el vino para aligerar la tensión que sentía en su cuerpo.

“¿Qué pasó chicos? ¿Acaso no vieron a Jiminnie y Taehyunggie? ¿Fueron groseros con ustedes”

—la madre Kim pareció completamente ajena a la distorsión en las voces de su hijo y el mejor amigo de éste. Y el padre Kim parecía igual de perdido, escuchando su chistar por el micrófono y rezongar con orgullo:—

“Jin es un empresario exitoso, apuesto que más de la mitad de toda esa gentuza llevaba puesto el maquillaje de su empresa. Y Jungkookie es muy guapo, atlético y tiene un negocio tan rentable como para conocer hasta a Tom Cruise si quiere. Yo creo que es envidia, no le hagan caso niños. Ustedes son muy exitosos.”

Ambos menores empezaron a reír dulcemente ante los elogios del padre Kim.

Jin sabía que su padre se sentía orgulloso de su independencia y su éxito en un mercado lleno de alfas. Y Jungkook era gran conocedor de lo mucho que lo estiman los padres Kim, no sólo por su físico sino también por su ser.

Buscaron sus miradas sin saberlo y volvieron a sentir aquella fuerte conexión que ambos —sólo Jin— habían ignorado en todos esos años: un amor incondicional.

—Gracias papá Kim, usted también es muy guapo. Y también usted señora Kim. —agradeció con cariño el alfa, soltando un suspiro claramente fingido y se apoyó sobre el mesón aún parado—. Si vimos a Tae y a Jimin pero sinceramente extrañabamos más a Nuli. ¿No crees que deberíamos ir a buscarlo ahora, Hyung?

Una sonrisa se ensanchó en la cara del mencionado, sabía lo que estaba haciendo. Estaba tratando de que sus padres colgarán la llamada sin hacer más preguntas, revoloteo los ojos sin poder evitar el sentimiento que nacía en su interior.

Jungkook era un caso perdido. O tal vez lo era él, por sentirse irresistiblemente atraído por ese chico.

“¡¿Qué?! No no no, nada de eso. No te abriré si llegas a esta casa Jeon Jungkook.”

—la madre Kim no se tentó a amenazar al alfa bufando con molestia—.

“No te permito quitarme a mi nieto cuando ya Jin-ah nos dio permiso de quedarnos con Haneul por esta noche. Vete a hacer ejercicio o piérdete.”

“Si, Jeon. Piérdete.”

—el señor Kim le segundó a su esposa escuchandose como arrebataba el teléfono de la fémina y se acercaba más a él—.

“Vete de la casa de mi hijo y déjalo descansar. Lo necesita. No seas un mimado y también vete a tu casa a dormir.”

—Papá… No puedo creer que estés corriendo a Jungkook de mi propia casa. —soltó con diversión tomando el vino restante de su copa y rellenándolo nuevamente.

“Puedo. Así que largo Jungkook. Deja a mi pobre hijito tener su noche de spa.”

—demandó el adulto haciendo sonreír al mencionado con picardía hacia el omega.

—Está bien Señor Kim. Le haré caso. Nos vemos después papás Kim.

Sin embargo, muy contrario a lo dicho, Jungkook tomó su copa vacía caminando hasta el omega, quién enderezaba su espalda nervioso al sentir como se colocaba detrás de él y deslizaba la copa a su lado.

Podía sentir su aroma, sus feromonas, su calor y su cercanía pegado a su espalda. El corazón le empezó a latir con una rapidez absurda.

—Sirve más vino, Jin. —el aliento del alfa rozó su oreja haciéndolo jadear en silencio. Nuevamente, no era una sugerencia, era una orden.

Con mano temblorosa, tomó la botella y cómo lo había ordenado llenó nuevamente la copa sintiendo todo el cuerpo erizarse por la cercanía de la respiración en la piel de su cuello.

“¿Ya se fue Kookie?”

—la voz de su madre casi lo hizo derramar la botella y suspiró tembloroso tratando de no parecer afectado por su menor.

—Y-yo… —Jin busco con la mirada al alfa, volteando un poco su cara encontrando la mirada deseosa del castaño y su aliento chocar contra sus labios. Deseaba besarlo, deseaba mucho volver a sentir las manos del alfa en su cuerpo. Deseaba mucho a Jungkook. Esté asintió en silencio, rozando una de sus manos por su costado colando su agarre en la diminuta cintura del omega, Jin contuvo un jadeo al sentir el tacto frío sobre su piel caliente, pero trató recomponerse bajo la mirada depredadora de su menor—. Si. Ya s-se fue.

“Bien, ve a descansar. Y ni se te ocurra venir por Haneul. No es seguro manejar a estas horas de la noche.”

—la voz de su madre se escuchaba lejana, como cubierta por una bruma que lo hacía no poner ciertamente mucha atención.

Seokjin realmente estaba tratando de mantenerse cuerdo, la cercanía que mantenía el alfa ponía cada músculo de su cuerpo como gelatina y su corazón retumbaba en una pasión desenfrenada.

Suponía que así se sentía ser afectado por un alfa, y que ese alfa fuera Jungkook lo tenía más que complacido.

No podía desear a alguien más. Era solo él.

—Contesta y cuelga. —el susurró hizo que las comisuras de sus labios se rozaran con un delicioso toque.

—Cuida mu-mucho a Haneul. Nos v-vemos mañana ¿Vale? —a tientas encontró el teléfono y con una rápida mirada, sin esperar respuesta, colgó la llamada con su madre.

Ambos se quedaron en silencio, únicamente observándose con intensidad y expectativa mal contenida.

La mirada del alfa bajo desde los luceros castaños de su hyung, pasando por su bonita nariz y permaneciendo unos tardados segundos en aquellos apetecibles labios. Soltó un suspiro tembloroso, deseoso de probar esos belfos y ahogar contra los suyos, todo gemido que soltara cada vez que lo llenará con dureza y rozará su punto más sensible.

El anhelo que lo embriagaba era tan grande que apretó la carne entre sus dedos, sintiendo su erección crecer en sus pantalones al escuchar como el omega jadeaba como respuesta.

Volvió con su tarea de observar cada milímetro de piel de Seokjin, notando como el pulso era evidente en la piel de su cuello donde un impaciente impulso lo hacía querer dejar hematomas donde todos aquellos curiosos pudieran ver qué ese omega ya tenía a alguien que lo follaba cada vez que él deseara.

—Jungkook… —la súplica volvió a brotar de los labios del contrario haciendo suspirar al mencionado.

Esa dulce, elegante y aterciopelada voz lo atraía tal cual canto de una sirena hambrienta a débiles marineros.

Era débil, siempre había sido débil ante Jin.

Nunca imaginó haber resistido tantos años sin poder decir que ese omega, era su omega.

Si hubiera sido más valiente, tal vez nunca se hubiera casado con alguien que no amo lo suficiente, tal vez se hubiera convertido desde hace muchos años en el esposo de Jin, tal vez Haneul tendría su apellido y escucharía sus balbuceos diciéndole papá por primera vez.

Aunque tal vez estaba siendo algo dramático, pero realmente se lamentaba todo lo que se había perdido por ser un maldito cobarde.

¿Por qué le tenía tanto miedo en demostrar que amaba a su hyung con toda su existencia desde que era un maldito crío?

¿Por qué se había privado de su propio sentir por tantos años?

Sabía que no podía volver el tiempo atrás, los hubiera ahora eran absurdos lamentos de su dolido ego. El presente y futuro lucían sin duda prometedores con aquel accidente lactante.

La boca se le hizo un río de meramente volver a revivir los recuerdos de la noche.

El sabor dulce de la leche en sus papilas gustativas lo habían convertido en un adicto. Era su droga favorita, como recibir en bandeja de plata su postre favorito.

Los hambrientos ojos del alfa viajaron al pecho relleno del omega, notando los hinchados y sobresalientes pezones por sobre la fina tela del polo.

Tal vez fue su mirada intensa o tal vez fue que sus feromonas indujeron al omega a lactar, pero con no más de unos segundos, el polo del omega empezó a humedecer.

—Creo que debo de ayudarte de nuevo, Hyung. —anunció con voz grave, un murmullo tan grave como el rugido del tigre más salvaje.

Seokjin con la respiración contenida dirigió su mirada hacia lo que veía con tanta devoción el menor, notando como sus pechos volvía a gotear y manchar su prenda con leche materna.

No había notado que volvían a sentirse algo congestionadas, con ese característico picor y suspiró tembloroso al sentir como la callosa mano se deslizaba desde su cintura, abriéndose paso por debajo de su polo temblando suavemente cuando hubo contacto piel con piel, que con sus dedos rozaba con una deliciosa tortura sus húmedos pezones.

—¿Puedo? —y eso lo mató, Seokjin no creía que después de todo lo sucedido, pidiera permiso como si fuera una primera vez.

Esos grandes ojos negros que lo veían con lujuria y devoción, pedían en una súplica silenciosa el permitirle beber de su cuerpo.

Y ahí supo que estaba perdido por ese hombre.

Tomando la iniciativa como solo sus instintos sabían hacer, llevó su mano a la espesura del cabello chocolate del menor y lo jaló hacia él, sellando sus labios en un beso arrebatador como respuesta.

Jungkook sintió que en ese momento miles de fuegos artificiales explotaban ante la victoria de su interminable batalla con el pelinegro.

En un arrebato de rijosidad, el más alto tomó entre sus manos los muslos del omega y con una suave patada apartó el taburete para cargarlo entre sus brazos, sintiendo como en respuesta Seokjin envolvía sus piernas sobre su cadera y sus brazos buscaban soporte en sus hombros hundiendo sus gráciles dedos por las hebras de su cabello.

El beso era de todo menos delicado o tierno. Chasquidos húmedos salían cuando sus labios se separaban, sus lenguas se enredaban buscando la proximidad de la otra y suaves mordidas eran dejadas en los labios para calmar la ansiedad de devorar al otro, soltando suspiros que les arrebataba dicha acción.

Eran un manojo de jadeos, saliva y feromonas de excitación reclamando aquel íntimo momento.

Jin tuvo que separarse con un gruñido, llevando su palma hasta la mejilla del alfa y observar aquel rostro con los ojos entreabiertos, tomando bocanadas de aire que el arrebatador beso le había quitado.

—Cama. Ahora. —dictó con ansias apretando los agarres en sus extremidades para sentir más cerca el cuerpo de Jungkook.

El cual como todo un alfa, manteniendo firme sus manos en las nalgas voluminosas y con pasos decididos, le hizo caso a su omega llevándolo a la habitación principal.

Pensó que por la naturaleza ruda del encuentro, sería aventado sin cuidado sobre la cama para ser devorado con una pasión desenfrenada. Pero no, Jungkook lo recostó sobre sus sábanas con una delicadeza casi tortuosa para sus deseos más impuros, no lo aplastó con su cuerpo como creyó; se colocó encima separando con sus muslos las piernas del omega y apoyando su peso sobre uno de sus antebrazos mientras que con la mano libre, acariciaba con delicadeza el etéreo rostro de Seokjin.

Las caricias enternecidas, distaban del arrebato cometido hace unos segundos.

—¿Por qué estás siendo tan tierno, Jungkookie? —murmuró paseando sus manos desde los anchos hombros hasta el abdomen, con una caricia provocadora y llena de anhelo—. No me voy a romper ¿Sabes? Así que deja de tardar tanto y tómame.

No sabía Seokjin de dónde había sacado tanta confianza, pero empezaba a impacientar por la tardanza de algo que estaba ansiando toda la noche.

Necesitaba sentirlo contra él, sobre él, dentro de él.

—¿Estás seguro? —ronroneó con aquella voz grave, paseando sus dedos sobre la dermis expuesta hasta llegar a las clavículas, delineando el hueso con emoción contenida.

—Muy… —Seokjin afirmó sin demora, disfrutando de las caricias.

De ahí en más, las palabras ya no fueron necesarias.

Ambas bocas se buscaron como imanes a polos opuestos. El omega paso nuevamente sus brazos sobre los hombros del contrario, tomándolo por los cortos cabello de su nuca y profundizando el beso.

Tenía años de no haber besado a alguien, tal vez unos 3 años desde su última “ruptura”, si podía llamar relación al último ligue pasajero que ni recordaba su nombre.

El omega jamás pensó que los besos de Jungkook lo fueran a dejar con el cuerpo temblando en anticipación. Las manos del alfa no pudieron quedarse quietas, ansiosas por tocar la piel desnuda de su hyung empezó a tironear del polo, sacándolo en un movimiento rápido y volviendo a reclamar con un beso profundo los labios del pelinegro.

No podía con la espera, estaba siendo un salvaje con sus acciones pero había deseado mucho a Seokjin. Por muchos años se convenció de que sus anhelos y fantasías jamás serían satisfechas. Demasiados celos donde se dejaba llevar por aquellos sueños y darse un placebo mientras estaba con otras personas, solo para calmar aquel amor desbordante que le tenía al omega.

¿Era un idiota? Absolutamente.

Sin embargo, nunca pensó que eso dañara a las demás personas y mientras no lastimara a su hyung, a él le valía mierda todo lo demás.

Se obligó a separarse de los dulces y apetitosos labios de Jin, soltando un gruñido gustoso al sentir como lo buscaba para seguir con el beso pero se irguió para despojar al contrario del pantalón con todo y ropa interior, dejando a exhibir la desnudez total de ese grácil cuerpo.

Se quedó fascinado con lo que podía admirar, el castaño desde su altura apreció cada maldito detalle del Adonis que se retorcía con nerviosismo entre las sábanas. Nunca había conocido la desnudez absolutamente del omega, pero era perfecto.

—N-no me veas así… —suplicó con voz temblorosa.

—¿Así cómo? —murmuró embelesado sin querer parpadear para explorar cada mínimo lunar y poro que sus ojos podían ver.

—M-me estás viendo m-muy intenso… —admitió el omega avergonzado llevando sus ambas manos para cubrirse el rostro.

Jungkook se echó a reír, no de burla sino de ternura ante las orejas rojas de su mayor que anunciaban como faros su notable vergüenza.

Era muy adorable, era hermoso y era suyo.

—Es que jamás había visto a alguien tan hermoso como Hyung. —admitió con coquetería paseando sus manos por la piel disponible.

—Dios Jungkook… Cállate. —la lastimera súplica entre risas del omega lo dejó con un sentimiento burbujeante de satisfacción.

Pero le hizo caso a su hyung, él era un alfa muy obediente.

Así que en completo silencio y con la respiración empezando a acelerarse, desnudo el cuerpo del omega en tirones torpes y risas cómplices.

Jungkook empezó a explorar con la vista y el tacto cada centímetro de piel blanquecina que quedó libre para él.

Sus manos bajaron en una caricia constante hasta los tobillos delgados y huesudos, manipulando sus movimientos para que sus plantas quedarán sobre el colchón para dejar a la vista ese gran tesoro que siempre anhelo.

Sintió su propia erección alzarse y pedir que lo liberarán de la prisión de las prendas, pero hizo caso omiso siguiendo con el deleite visual que era Kim Seokjin.

La erección temblaba por atención sobre el pubis con vello recortado y el lubricante ya había manchado las cobijas de la cama, en un anuncio muy claro que el deseo y la anticipación estaban al pie del cañón.

Con sus palmas sobre la piel, volvió a subir hasta los muslos, gozando la suavidad ante el tacto, tenían una delicada capa de pelusita pero eso era lo que le daba ese toque suave a la piel que brillaba contrastando mucho con su dermis algo tostada, y eran ejercitadas pero eso no quitaba los sofisticado que lucían. Por lo contrario, sus caderas eran más anchas y gorditas, con la carne suficiente para querer dejar marcados sus dedos sobre la tierna piel.

El abdomen lo tenía plano, no completamente ejercitado pero era hermoso con aquellas grietas plateadas y esa cicatriz en horizontal que portaba orgullosamente por el nacimiento de su hijo. Subió un poco más el toque de sus manos y su mirada, captando la nueva razón de sus deseos más depravados: sus pechos.

No eran los de una mujer, claro estaba, pero estaban hinchados con un volumen que permitía apretarlos bajos sus dedos y como diamantes relucientes que exigían el protagonismo, sobre una oscura aureola se erguían con orgullo unos pequeños pero hinchados y húmedos pezones.

No habría ser humano para detener al alfa esa noche.

Por lo que atrapó entre sus labios uno de ellos, degustando complacido el dulce sabor del oro blanco que producía el cuerpo del omega.

Delicioso. Era completamente delicioso y estimulante.

Suaves jadeos inundaron la habitación, en evidencia de la satisfacción que recibía Seokjin en cada succión, lamida o mordisco proporcionado por el sediento alfa.

Jin no podía pensar claramente, su cuerpo se encontraba sensible ante lo ocurrido en la fiesta y las feromonas de Jungkook no ayudaban demasiado.

Sentía una quemazón dentro de su entrada, exigiendo atención y calma ante el deseo ardiente que se desbordaba en su lubricante. Algo que hacía bastante tiempo no ocurría. Y su erección no estaba menos afectada, que lagrimeaba por liberarse.

—Alfa… —no pensó mucho al hablar ni mucho menos sus acciones, pero se dio cuenta que había tomado las hebras del mencionado y lo había obligado a despegarse de sus botones para llamar su atención, y con voz suplicante dijo:— P-por favor, te n-necesito…

Jungkook se quedó pasmado, inmóvil sin poder creer lo que sus oídos escuchaban. Cada tono que viaja desde un grave hasta un agudo en la voz implorante del omega lo dejó fuera de liga.

Y lo desesperado que estaba el pelinegro se notaba en sus manos al abandonar el cabello del alfa para tratar con movimientos torpes de despojar del pantalón a Jungkook.

—J-jungkookie… Por favor… N-no me hagas suplicar más. —lloriqueo puchereando inconscientemente.

Ni tonto ni perezoso, el castaño ayudó al omega a quitarse la ropa dejándola abandonada en algún rincón de la habitación.

Por fin, ambos estaban compartiendo su desnudez como siempre debió de ser.

Seokjin no podía despegar su mirada del algo bronceado y sumamente trabajado cuerpo del alfa. Tenía algunos vagos recuerdos de haber visto en algún momento al castaño casi desnudo pero nunca lo había analizado más allá de dos segundos, no porque no quisiera, simplemente respetaba que su mejor amigo –en ese entonces– tuviera esposa.

Ahora sentado en la cama, paseo sus manos ansioso de tocar y marcar con sus uñas cada centímetros de esos músculos, y dejar chupetes en el cuello que demostrarán que ese alfa ya tenía un omega que lo satisfaciera.

Seokjin se mordió el labio, completamente ido en sus fantasías y en lo perfecto que era el cuerpo de Jungkook.

Quién puso sus manos sobre las del omega, incitando que siguiera con su toque sobre su dermis que lo ponía más duro.

—¿Te gusta lo que ves, Hyung? —gruñó con sensualidad, sonriendo con suficiencia al observar como el omega lo veía con esos ojitos deseosos y asentía quedito mientras soltaba de la tortura su propio belfo.

Las manos del alfa llevaron las propias hasta la erección que se erguía orgulloso sobre el pubis y abdomen bajo, Seokjin no pudo evitar tragar saliva al ver lo intimidante que era aquel pedazo de carne.

Era gorda y larga, el glande tenía una piel rosa que se encontraba sonrojada, saliendo líquido humedeciendo hasta el tronco con venas resaltantes, y unos pesados testículos colgar sin nada de vello que ocultara algún centímetro de piel. No estaba seguro de poder aguantar algo así dentro de él. Nunca había estado con alguien igual y aunque sentía un poco de inseguridad, el ansia era más grande que cualquier miedo existente.

Lo rodeo con sus manos, escuchando como Jungkook soltaba el aire de sus pulmones y siseaba con deseo. Era pesado y muy caliente, pero no sé hizo esperar más indicaciones, empezó a bombearlo presenciando cómo poco a poco el alfa se volvía loco por el toque.

Seokjin se sintió poderoso por un momento, estaba haciendo disfrutar al castaño con sus manos y el placer que observaba se convertía en el propio. Los dedos de Jungkook subieron en una caricia provocadora desde los hombros del mayor hasta acunar su rostro desde las mejillas y enterrarse con destreza en las hebras ébano en un puño que hizo al omega soltar un jadeo de sorpresa ante el tirón, que por consecuencia, tuvo que poner sus manos sobre el colchón para no irse de cara. Aunque pensó que evitaría estrellarse contra el abdomen del alfa, realmente terminó teniendo el gran trozo de carne frente a su rostro.

La posición en sí, era un deleite para la mente retorcida de Jeon: desde su punto de vista, tenía a su hyung con el culo en pompa, a cuatro patas y justo enfrente de su polla.

Ni en sus más retorcidas fantasías sintió lo que ahora mismo experimentaba su instinto.

Era como estar en celo pero sin la bruma que confundía su cabeza. Estaba cuerdo y tan jodido de la mente por lo estimulante de la imagen en ese momento.

—Abre la boca. —no fue una sugerencia y aunque sorprendido por la profunda voz, Seokjin se relamió los labios antes de abrir su boca, listo y dispuesto de recibir y degustar todo lo que el alfa le diera.

Con una de sus manos, aún manteniendo el fuerte agarre en el cabello del contrario, tomó su polla y masajeó con la punta los labios maltratados de su hyung sintiendo el éxtasis subir a su cabeza. Y el omega sin necesidad de indicaciones, sacó la lengua siendo rápidamente acariciada por toda la extensión que le permitió el alfa antes de percibir como llenaba su boca con aquel gran trozo de carne hasta lo más profundo de su garganta.

Era tan gruesa que le dolió la mandíbula y tuvo el reflejo de dar una arcada ante lo profundo que había llegado, no obstante el capricho de probar hasta la última gota de la semilla del alfa lo hizo soportar como un campeón.

El calor húmedo y la succión inesperada de la boca de Seokjin terminaron por romper el último rastro de lucidez y control que le quedaba al alfa.

Jungkook gruñó, un sonido sordo y animal que vibró desde su pecho, y comenzó a embestir contra la garganta del omega. El agarre en las hebras ébano se volvió inmisericorde, dictando un vaivén rudo y constante que obligaba al mayor a balancearse a cuatro patas, con las manos hundiéndose en el colchón para mantener el equilibrio mientras tragaba el grosor de la carne ajena.

Las lágrimas de puro reflejo biológico comenzaron a resbalar por las mejillas de Seokjin, pero sus ojos permanecían fijos en los del castaño, nublados por una sumisión tan dulce que resultaba letal. Jungkook aceleró el ritmo, embistiendo con más fuerza, perdiéndose en el sonido de las arcadas ahogadas del omega y en la saliva que comenzaba a deslizarse por la comisura de aquellos labios ya maltratados.

Estaba peligrosamente cerca del límite.

El espasmo en su vientre le advirtió que un par de empujones más y se vendría ahí mismo, pero su instinto rugió en desacuerdo: no quería dejar su marca ahí, no todavía, quería llenarlo por completo con su esencia en lo más profundo de su ser hasta dejarlo preñado.

Con un jadeo ronco, Jungkook tiró del cabello del mayor hacia atrás, obligándolo a escupir su miembro con un sonido húmedo. La polla del alfa quedó brillando, pulsante y soltando hilos de líquido preseminal justo frente al rostro del omega, quien respiraba agitado con los labios carmín, destrozados y entreabiertos.

Antes de que el omega pudiera procesar la repentina falta en su boca, la mano de Jungkook bajó de su cabello a su nuca, lo jalo con brusquedad hacia arriba. Y el alfa lo incorporó a medias y atrapó sus labios en un beso devastador, necesitado, hambriento.

Sabía a ellos dos, a saliva, a su esencia y a puras feromonas salvajes.

Jungkook devoró su boca con la lengua, reclamando el lugar que acababa de profanar, mientras el cuerpo de Seokjin se debilitaba ante la intensidad del beso.

Sin romper el contacto de sus labios, el alfa usó su peso para empujar el pecho del omega, tumbándolo de espaldas contra la cama de un solo movimiento.

Seokjin impactó suavemente contra el colchón, con las piernas desparramadas y la mente dando vueltas. No tuvo tiempo de recuperarse; Jungkook ya se había acomodado de costado a su lado, atrapándolo bajo su subyugo. Pasando su brazo izquierdo por debajo de la espalda de Seokjin, alzándolo sutilmente para pegarlo a su propio torso y aprisionarlo contra las sábanas, mientras su boca bajaba directo a su cuello, lamiendo la sensible piel donde el aroma se intensificaba más.

—Lo hiciste muy bien, hyung... —susurró Jungkook contra su piel, arrastrando las palabras con una voz peligrosamente ronca—. Pero todavía no he terminado.

Seokjin no pudo ni pensar bien en nada de lo que sucedió, soltó un quejido agudo cuando sintió la mano libre del menor bajar con urgencia hacia su entrepierna.

Los dedos del alfa, ya impregnados de la misma lubricación que manchaba los muslos, buscaron la entrada del omega sin miramientos. El primer dedo empujó con firmeza, colándose en su interior con un movimiento circular que obligó a Seokjin a abrir más las piernas por puro instinto, arqueando la pelvis y entregándose por completo a la dolorosa pero adictiva preparación de su alfa.

Jadeos, chasquidos de besos y chapoteos húmedos llenaron la habitación; Jungkook tenía dos tareas que cumplir: dilatar la apretada entrada de su omega y besar toda la extensión de piel disponible, bajando con un solo objetivo, los pezones goteantes. Mientras sus dedos se encargaban de abrir las tiernas carnes, sus labios no se detuvieron un segundo más, succionando con avidez cada gota del elixir lácteo que le brindaba el cuerpo de su hyung. Y esté, se transformó en un manojo de lloriqueos que se retorcía con cada sensación de placer que explotaba en su interior, acumulándose como líquido en su vientre bajo.

El pelinegro no quería ser el único disfrutando de aquella arrolladora sensación, así con su mano derecha tentó su costado, deslizando su mano por los abdominales marcado del alfa y tomar con firmeza aquel miembro húmedo que hizo saltar a Jungkook en un pequeño respingo y hacer vibrar su piel ante el ronco gemido que guardo contra su pezón.

Para Seokjin, el mundo se había reducido al espacio que ocupaba su espalda contra el colchón y el calor abrasador de Jungkook envolviéndolo. Cada succión en su pecho enviaba descargas eléctricas directamente a su vientre, una conexión devastadora que lo reducía a sentir sus extremidades como gelatina.

Cuando el alfa tragaba su leche, Seokjin experimentaba una oleada de orgullo instintivo, un deleite omega que lo hacía querer ofrecerse aún más, empujando inconsciente su pecho contra la boca del alfa en una súplica silenciosa de ser devorado.

El castaño incrementó el ritmo de sus dedos en el interior del omega, agregando un tercero que empujaba con fuerza, estirando las paredes ansiosas de Seokjin en un vaivén húmedo y obsceno.

Al mismo tiempo, la mano de Jin comenzó a moverse, subiendo y bajando por el largo del miembro del castaño con una firmeza desesperada, sintiendo la vena palpitar bajo su palma y el calor abrasador de la carne que amenazaba con consumirlo. Sentir la fuerza vital del alfa latiendo contra su palma, era una prueba tangible de que él también tenía poder sobre el castaño.

Jungkook emitió un gruñido bajo, animal, y volvió a prenderse del pezón de su hyung. Su lengua presionó con fuerza la areola, succionando con un hambre renovada el elixir blanquecino que brotaba de los conductos del omega. El sabor dulce, denso y cargado de las feromonas puras del mayor inundó las papilas gustativas del alfa, actuando como el más potente de los afrodisíacos. Tragó con avidez, embriagándose de la sumisión física de su pareja, mientras su otra mano, oculta detrás de la espalda del pelinegro, retorcía y tiraba del otro pezón en una sincronía perfecta que hacía que Seokjin se jalara los cabellos con su mano disponible y arqueara la columna en busca de más profundidad de esos dedos que lo profanaban.

—Ah... ¡K-Kookie! ¡Kookie! M-me corro... —lloriqueó el azabache, perdiendo el control del ritmo de su propia mano debido a las sacudidas de placer. Su miembro, completamente erecto y goteando sobre su propio vientre, pulsaba por el roce en su interior y la tortura en su pecho.

El alfa tampoco podría más. El sabor de la leche en su boca, la fricción experta de la mano del omega en su polla y la perfecta, húmeda y estrecha invitación entre las piernas de Seokjin rompieron cualquier rastro de paciencia.

Jungkook retiró los dedos de golpe, arrancándole un lloriqueo de frustración al pelinegro. El vacío duró apenas unos segundos, fue agónico para Seokjin, pero a su suerte –o desgracia– no hubo espacio para recuperar aliento; porque el alfa alzó su pierna, en un fuerte agarre por la parte trasera de su muslo y lo jalo con fuerza hasta que en su trasero chocó contra la palpitante polla, y el fuerte torso del alfa se adhirió a su espalda como una segunda piel. Y dejando caer el peso de la pierna ajena sobre su antebrazo, tomó su polla húmeda guiándola hacia la entrada dilatada y, con un empuje brusco y posesivo, se hundió en el omega hasta la raíz.

—¡¡Jungkook!! —el grito sorprendido de Seokjin se desgarró en el aire, sus ojos se abrieron de par en par y las lágrimas desbordaron sus pestañas cuando sintió la tremenda longitud rellenándolo por completo, estirándolo hasta el límite.

Sintió cómo su carne se estiraba, cómo sus paredes internas cedían ante la invasión más profunda que hubiera experimentado jamás. No era solo el tamaño, podía sentir la intención detrás de cada centímetro que reclamaba Jungkook; era una declaración de posesividad.

Sus dedos se apretaron sobre la tela que cubría su cama y su mirada desorbitada del asombro fue a parar hasta donde podía ver lo poco de la unión de sus cuerpos.

Jungkook soltó un bufido ronco, enterrando el rostro en el cuello del omega mientras sus caderas se asentaban firmemente contra los glúteos ajenos. Estaba tan jodidamente apretado que le dolía, pero la sensación de estar por fin dentro de su omega, mientras sus dedos seguían pellizcando con crueldad el pezón contrario para mantenerlo abrumado, era el cielo mismo.

Sin esperar a que Seokjin se acostumbrara al tamaño, el alfa comenzó a embestir de costado, golpes lentos pero profundos que buscaban reclamar cada rincón de ese cuerpo que ya le pertenecía.

No se explicaba cómo el peso del brazo del alfa bajo su espalda, forzaba el ángulo para que cada estocada golpeara ese punto profundo y sensible que lo hacía ver estrellas. Sus pezones, fueron nuevamente maltratados por la boca y los dedos del alfa, ardían con una intensidad que se mezclaba con el roce rudo de su miembro contra su propio abdomen golpeando en cada embestida.

Estaba atrapado en una prisión de placer: la plenitud abrasadora en su interior, la succión voraz en su pecho y la manipulación del alfa dominandole, dejaron al omega con el cerebro frito.

—Más... m-más profundo... —suplicó Seokjin, echando la cabeza hacia atrás y exponiendo su garganta ante el voraz apetito del menor.

Sus ojos se pusieron en blanco cuando sintió que el menor aceleraba, perdiendo el ritmo de la respiración. Ya no sabía dónde terminaba él y dónde empezaba el alfa; solo sabía que el sabor de Jungkook aún permaneciendo en su boca, el aroma que desprendía el sudor de su piel, y la forma en que lo llenaba, eran lo único que necesitaba para romperse por completo.

El roce constante en su punto dulce, aquel que había maltratado hace unos minutos con sus dedos, ahora era sobreestimulado haciendo que fuertes corrientes de placer viajarán desde su cabeza hasta la punta de los dedos, dejándole fuera de este plano solo teniendo una cosa en cuenta: Jungkook follaba delicioso.

Sentía su boca devorar cada parte de piel expuesta, desde el cuello paseando con ferocidad por su pecho y besando el dorso de su mano mientras era observado por esos grandes ojos cautivados.

Seokjin tomó entre su puño los cabellos chocolate del alfa y en una súplica silenciosa, sus labios volvieron a juntarse, entre gemidos y gruñidos, ambos estaban sellando aquel acto con ese amor que nunca habían profesado por el otro. Ese amor que se había sentido incorrecto en el pasado, pero que ahora parecía lo más lógico del mundo.

—Te a-amo Hyung… —aquel lamento que susurró Jungkook sorprendió mucho al omega pero lo llevó a los cielos.

La confesión del castaño fue el detonante que terminó por romper la tensión que se había acumulado en el vientre del omega.

El peso de esas palabras, cargadas de la vulnerabilidad que por fin se estaban permitiendo y combinadas con la fricción implacable dentro de él, crearon una tormenta perfecta en el cuerpo de Seokjin. Su mente se desconectó por completo de la realidad, entregándose al instinto más primitivo y puro de su naturaleza.

El cuerpo de Seokjin se tensó de golpe, arqueándose sobre el colchón con los ojos semi abiertos, volteando los hasta convertirse en blancos. Su entrada se contrajo en un abrazo asfixiante y rítmico alrededor del alfa, aprisionando su polla en un agarre asfixiante mientras su propio miembro, sin siquiera ser tocado, comenzó a expulsar chorros densos de su esencia sobre su vientre.

Seokjin soltó un grito sordo que se ahogó en la garganta del castaño, temblando de la cabeza a los pies mientras el clímax lo sacudía en oleadas devastadoras, dejándolo flotando en un universo de pura satisfacción.

Al sentir las contracciones del orgasmo del omega, el instinto de Jungkook rugió con una fuerza indomable. Una oleada de calor abrasador bajó por su espina dorsal y, de repente, la base de su miembro comenzó a hincharse de manera alarmante.

Iba a anudarlo.

Jungkook aunque arrasado por el orgasmo que estaba sintiendo, supo que sería muy doloroso anudar a su hyung fuera del celo, así que con la poca cordura a su disposición sacó su polla que ya soltaba hilos de esencia en el interior de su omega.

Los pesados y profundos gemidos del alfa inundaron el espacio donde estaban, siendo el omega el que soltó un quejido bajito, sintiendo el vacío en su interior, pero Jungkook no se alejó. Manteniéndose de costado, pegado al cuerpo tembloroso del omega, el castaño llevó su mano hacia la base de su miembro para contener la presión del nudo. Con la frente pegada al hombro de su mayor, destilando una adoración infinita, Jungkook dejó que su hombría derramará su semilla sobre el pelinegro.

Los chorros densos y ardientes salpicaron la pelvis de Seokjin, deslizándose como hilos de oro blanco sobre su entrada dilatada y la curva de sus muslos.

Era una marca visual de su unión, un lazo líquido que manchaba la piel pálida del omega.

Ambos se desparramaron sobre la cama, aunque lo más cerca posible del otro mientras recuperaban las energías y sus mentes del arrebato carnal que los había consumido.

Sus pieles sensibles se buscaban, Jungkook fue el primero en tomar acción atrayendo hacia sus brazos el laxo cuerpo del omega en un abrazo amoroso y protector. Mientras Seokjin se dejó hacer, escondiendo su rostro entre la curvatura de su cuello y apoyando su mejilla en el trabajado pecho dejándose mimar por las caricias amables que brindaba el menor en sus cabellos azabaches que ahora se encontraban más que despeinados.

La habitación olía a sus feromonas, a sudor y sexo. Una combinación que llenaba de satisfacción los corazones de los mejores amigos.

Se sentía bien. Se sentía correcto. Se sentía como estar en casa después de tanto tiempo fuera.

—Hyung… —el murmuro trajo de vuelta a Seokjin al presente.

—Hmn…

—¿Qué pasará ahora? —Jungkook parecía inseguro en sus palabras aunque eso no evitaba que atrajera mucho más cerca el cuerpo del omega.

—Mhmn… —el mayor tenía sueño, pero sabía que esa plática no podía retrasarse más. No cuando mucho estaba en juego y realmente no estaba listo para perder a Jungkook de su vida—. Creo que lo adecuado sería que pensaramos en cómo decirle a nuestros papás sobre lo nuestro.

Un silencio invadió la habitación, no esperaba esa respuesta por parte del alfa. Teniendo en cuenta lo hablador y expresivo que era, esperaba entusiasmo, miedo o hasta pánico por sus palabras pero nada… ni un solo sonido.

Las manos de Jungkook alejaron de su cuerpo al pelinegro y ambos se vieron después de su encuentro directamente a la cara. Seokjin tenía las mejillas algo sonrosadas, el cabello despeinado y los labios maltratados de un color carmín que hacían al alfa querer besarlo nuevamente. Y Jungkook no estaba en un muy diferente estado: sus labios parecían haber sido torturados, su ondulado cabello parecía apuntar a todas partes y su rostro algo sonrosado mostraba los signos de alguien que había sufrido el mejor de los orgasmos.

—¿Qué pasa, Jungkookie? —buscó saber el mayor, pasando en una caricia suave sus dedos por sobre la mejilla del alfa.

—¿Lo nuestro, eh? ¿Acaso ahora somos una pareja? ¿Una pareja real? —preguntó con una ilusión inocente que estrujó el corazón de Seokjin.

No pudo soportarlo, con su agarre en la mejilla, el mayor junto sus labios contra los ajenos sellando el momento en un beso lleno de cariño y pasión que fue correspondido al instante. Las manos de Jungkook no se quedaron quietas, claro que no, el alfa aprovecho que ahora con esa acción tenía la confirmación de lo que siempre deseo, así que paseó sus palmas por toda la piel disponibles, apretujando sus dedos sobre la tierna piel sintiendo como un gemido ajeno vibraba entre sus labios.

Los cuerpos de ambos hombres se buscaron con la vehemencia de alguien que no había visto a su amor por décadas, enredando sus piernas en la búsqueda de cercanía y sus labios profesaron ese amor que con palabras no se habían dicho.

—Te amo Hyung. —Jungkook admitió en un jadeo mientras sus labios buscaban más del otro—. Siempre… —un beso fue robado—. Te he amado… —otro beso—. Tanto tanto Kim Seokjin. —otro más—. Te amo tanto que duele… No te imaginas cuanto.

Las palabras de Jungkook flotaron en el aire, cargadas de una devoción tan densa, constante y real que el pecho de Seokjin dolió, pero de una forma maravillosamente reveladora. Ver los ojos del alfa brillar con esa mezcla de vulnerabilidad y esperanza, desnudando un alma que claramente había llevado esa carga en silencio durante casi veinte años, provocó un sismo en el interior del omega

De pronto, con cada beso tiernamente robado, todas las piezas del rompecabezas encajaron en la mente de Seokjin con una claridad demoledora.

A sus más de treinta años, con la madurez que la vida les había impuesto, el omega entendió por fin el verdadero significado de su historia. Cómo ignoraba los celos que le invadían cada vez que Jungkook conseguía una nueva novia o cuando se había casado, aquellos que excuso como celos de fraternidad; o la necesidad obsesiva de cuidarlo cada vez que llegaba el alfa a contar sus experiencias fallidas en relaciones; o tal vez esa comodidad absoluta que siempre llamó "cariño familiar" o "una fuerte amistad" eran, en realidad, un amor incondicional que había echado raíces, y no solo con su hijo sino, en lo más profundo de su ser, esperando pacientemente el momento de florecer.

No era un simple afecto de hermanos; realmente habían formado un lazo de por vida.

Ese lazo incondicional que siempre justificó como "una amistad a prueba de todo" o "el apoyo del mejor amigo del mundo" era realmente, un amor profundo y arraigado que había estado escondido bajo llave. Se sintió un tonto por haber tardado media vida y haber necesitado un accidente lactante para abrir los ojos, pero la revelación lo inundó con una calidez arrolladora: su mejor amigo y el padre de su hijo siempre había sido el amor de su vida.

Aunque también era increíblemente afortunado de que Jungkook lo amará de una manera tan leal e incondicional como para haberlo esperado todo este tiempo.

Seokjin se separó apenas unos milímetros tras el último beso, lo justo para mirar a Jungkook directamente a los ojos. Sus propias pestañas estaban húmedas y una sonrisa trémula, llena de una ternura infinita y un nuevo entendimiento, se dibujó en sus labios carmines. Con ambas manos, acunó el rostro del alfa, delineando con sus pulgares sus pómulos, sintiendo las facciones firmes del hombre que lo había amado en silencio desde la adolescencia.

—Perdóname por haber sido tan ciego, Jungkookie —susurró Seokjin, con la voz rota por la emoción, dejando que su aroma a omega se expandiera por la habitación con una nota de disculpa y total entrega—. Dios, fui tan tonto. Estaba tan aferrado a la seguridad de nuestra amistad. Tan concentrado en mis propios miedos, que no me di cuenta de lo que realmente había aquí dentro. Pensaba que era un cariño inocente, gratitud o familiaridad, pero no lo es. Ahora lo sé, con cada fibra de mi cuerpo. Me tomó años entenderlo, pero este amor siempre estuvo aquí, escondido, esperándote.

Al escuchar la confesión y el reclamo instintivo de su omega, el pecho de Jungkook vibró con un gruñido bajo, un sonido que mezclaba el alivio y la absoluta incredulidad de ver su sueño más antiguo finalmente correspondido. Las lágrimas que el alfa había contenido durante años de silenciosa espera amenazaron con salir. Así que escondió el rostro en el hueco del cuello de Seokjin, aspirando su aroma con una desesperación para distraerse, también dejando besos húmedos y devotos justo sobre su glándula, marcándolo de forma invisible.

Seokjin enredó sus dedos en los cabellos ondulados del menor, arqueando sutilmente el cuello para darle mejor acceso, entregándose por completo al cortejo que debió suceder hace más de una década. Sentía el corazón de Jungkook latir desbocado contra su propio pecho, a un ritmo idéntico al suyo.

—Dilo Seokjin. Por favor dilo… —suplicó con voz amortiguada que erizó cada centímetro de piel del mencionado.

—Te amo, Jungkookie. —Seokjin sintió como un peso que no sabía que cargaba, se liberaba de su ser.

Esa presión existente en su pecho, aquella ansiedad que lo albergaba sin explicación alguna o esa sensación de falta en su vida, desapareció con esa palabras.

Jungkook alzó la mirada, con los ojos encendidos por una adoración tan pura que hizo que Seokjin se derritiera. El alfa no esperó más; selló la confesión atrapando los labios del omega en un beso que ya no tenía la urgencia de la lujuria descontrolada, sino la profunda, madura y calmada certeza de que, después de media vida esperando, finalmente su amor era correspondido.

Y todo por un pequeño accidente con la lactancia de su hyung.

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