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Hyoudou Issei (Invencible)

Summary

Está historia tratara de como Issei después de ser traicionado renace como el futuro héroe que protegerá la tierra

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

La caída y el nacer de Invencible

En aquellos días, Issei Hyoudou entrenaba sin descanso en las profundidades de la mansión Gremory. Después de la derrota de Rizevim, el demonio había usado sus últimas fuerzas para debilitar los sellos que mantenían prisionero a **Triexa**, el Dragón del Apocalipsis. Según los cálculos de Azazel y Sirzechs, faltaba aproximadamente un año para que la bestia se liberara por completo. Issei, decidido a proteger a todos, se empujaba más allá de sus límites día tras día.

Issei: Estos entrenamientos sí que cansan… —murmuró, jadeando mientras se limpiaba el sudor de la frente con el dorso de la mano. Su cuerpo estaba cubierto de moretones y quemaduras por el intenso entrenamiento Boosted Gear.

**Ddraig**, el Dragón Rojo del Apocalipsis, habló desde dentro del Sacred Gear con voz grave y preocupada:

Draig: Compañero, tómate un descanso. Estás agotado. Si sigues así, ni siquiera llegarás al día de la batalla en plenas condiciones.

Issei soltó una risa cansada.

Issei: Tienes razón… Iré a buscar a las chicas. Tal vez quieran salir en una cita. Después de tanto esfuerzo, me merezco un poco de tiempo con ellas.

Lo que Issei no sabía era que, desde las sombras de los sellos que lo contenían, **Triexa** lo observaba. A medida que sus cadenas se debilitaban, el Dragón Apocalíptico había extendido un fragmento de su conciencia al mundo exterior. Al ver el esfuerzo incansable del joven Red Dragon Emperor, una chispa de curiosidad nació en la antigua bestia.

Issei caminó por los amplios pasillos de la mansión, llamando a Rías, Asia, Akeno, Koneko, Xenovia y las demás. No las encontró. Suponiendo que habrían salido a la ciudad, decidió ir al parque para refrescar su mente y sus recuerdos.

Se detuvo frente a la fuente donde todo había comenzado: el lugar donde Rías lo revivió como demonio. Una sonrisa nostálgica apareció en su rostro.

Issei: Qué recuerdos… —susurró.

**Ddraig** respondió con tono suave:

Draig: Es verdad, compañero. Aquí empezó tu nueva vida.

Issei siguió caminando por los senderos arbolados, disfrutando del aire fresco, hasta que escuchó risas y voces conocidas. Se acercó con curiosidad… y el mundo se le cayó a los pies.

Allí estaban.

Rías, abrazada por un joven alto y de cabello oscuro llamado Ryu, lo besaba apasionadamente mientras él manoseaba uno de sus pechos sin pudor, arrancándole gemidos suaves.

Rias: Mi Ryu… esa cita fue increíble —ronroneó con voz melosa.

Ryu: Ni lo digas, mi Rías —respondió él, apretándola más contra su cuerpo.

Un poco más allá, Asia se aferraba al brazo de un chico llamado Daniel, sonrojada.

Asia: Daniel-san… ¿qué haremos ahora? —preguntó con timidez.

Daniel: Vamos a un hotel a divertirnos. ¿Qué dicen, chicos? —propuso con una sonrisa arrogante.

Todas las chicas —Akeno, Koneko, Xenovia, Rossweisse e incluso Irina— estaban allí, acompañadas de otros jóvenes. Entre risas y caricias, aceptaron la propuesta y se marcharon juntas, sin percatarse de la figura que las observaba desde las sombras.

Issei se quedó paralizado.

Se tambaleó hasta una banca cercana y se dejó caer. Las lágrimas brotaron sin control mientras un dolor desgarrador le atravesaba el pecho. No era solo el corazón roto… era algo mucho peor.

Draig: Compañero… cálmate. No lo valen —intentó consolarlo, pero su voz sonaba tensa.

Issei: Yo… hice tanto por ellas… Las protegí, morí por ellas, luché contra dioses y demonios… ¿y así me pagan? —sollozó, con la voz quebrada.

De pronto, tosió con violencia. Un chorro de sangre oscura salpicó el suelo frente a él.

Issei: ¿Qué… me pasa? —balbuceó, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Más sangre.

Ddraig guardó silencio por un segundo eterno antes de hablar con gravedad:

Draig: Compañero… estás sufriendo la **Caída del Dragón**.

Issei: ¿Qué es eso? —preguntó, asustado.

Draig: Es el castigo más cruel para un Dragón cuando su pareja lo traiciona. Tu poder, tu esencia misma, se está volviendo veneno contra ti. En condiciones normales, tendrías un año de vida… pero como posees un **harem**, la maldición es mucho más agresiva. Solo te quedan **seis horas**.

Issei se quedó en silencio, procesando la sentencia de muerte. Intentó levantarse, pero sus piernas fallaron y cayó de rodillas.

Issei: ¿Hay… alguna forma de revertirlo? —preguntó con voz débil.

Draig: Existe un ritual antiguo… pero dura un día completo. No tienes tiempo suficiente.

Issei cerró los ojos. Una sonrisa amarga y resignada apareció en sus labios.

Issei: Entonces moriré… por amor. —Soltó una risa corta y triste—. Bueno… si voy a morir, al menos haré unas cuantas cosas antes de irme. Lo bueno de morir es que pronto me reuniré con los que realmente importaron.

Se puso de pie con esfuerzo, limpiándose las lágrimas y la sangre del rostro. Sus ojos, aunque llenos de dolor, ardían con una determinación nueva.

Después de dejar el parque

Issei caminó con pasos pesados pero decididos. Tenía muy poco tiempo y quería cerrar algunos capítulos antes de partir. Sus pies lo llevaron casi por instinto hasta la escuela Kuoh. El edificio estaba casi vacío a esa hora, pero sabía exactamente dónde encontrarlas.

Se dirigió al salón del club de Kendo y tocó la puerta con suavidad.

La puerta se abrió de golpe. Una chica castaña con dos coletas lo miró y soltó un grito agudo:

Murayama: ¡Es la Bestia Pervertida!

En cuestión de segundos, varias chicas del club salieron armadas con espadas de madera, rodeando a Issei con expresiones hostiles.

Katase: ¿Qué quieres, Hyoudou? —preguntó una pelirroja con tono amenazante—. Si vienes a espiarnos otra vez, lo vas a lamentar.

Issei bajó la cabeza, con la mirada clavada en el suelo. Su voz salió tranquila, pero cargada de arrepentimiento sincero.

Issei: No… No vengo a eso. Vengo a disculparme.

Todas se quedaron en silencio, sorprendidas. La tensión en el aire era palpable.

Issei: Murayama… Katase… y todas ustedes —continuó Issei, levantando lentamente la mirada—. Siento mucho haberlas espiado cuando se cambiaban, junto con Matsuda y Motohama. Fue una estupidez imperdonable. No tengo excusa. Solo quería pedirles perdón de corazón.

El silencio se volvió aún más pesado. Murayama frunció el ceño, sin bajar la guardia.

Murayama: ¿Cómo podemos creerte? Después de todo lo que has hecho…

Issei: Créame o no, es su decisión —respondió con una sonrisa triste—. Pero será la última vez que nos veamos. Así que… gracias por todo.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida. Las chicas se miraron entre sí, desconcertadas. Murayama y Katase sintieron un extraño dolor en el pecho, una punzada que no esperaban.

Katase: ¡Espera! —exclamó confundida—. ¿Qué quieres decir con que será la última vez?

Issei se detuvo un momento, sin girarse del todo.

Issei: A veces pienso que, si las cosas hubieran sido diferentes… podríamos haber sido amigos. Pero mi perdón es todo lo que puedo ofrecerles ahora. Cuídense.

Y se fue.

Más tarde

Issei se encontró con un grupo inesperado cerca del centro comercial. Sus amigos estaban reunidos: Matsuda y Motohama, Kiba, Gasper, Vali, Sairaorg y Saji.

Saji: ¡Hola, Issei! ¿Qué haces por aquí? —saludó con una sonrisa.

Issei: Solo… paseando —respondió Issei, forzando una sonrisa—. ¿Y ustedes?

Sairaorg: Relajándonos y pasando un día de chicos —dijo con su habitual sonrisa confiada—. ¿Quieres unirte?

Issei: Claro. Me encantaría.

Pasaron las siguientes horas juntos. Rieron, contaron chistes absurdos, recordaron batallas pasadas y compartieron anécdotas tontas. Por un momento, Issei olvidó el dolor y la cuenta regresiva. Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía realmente ligero.

Estaban en un restaurante, entre risas y platos vacíos, cuando Issei se levantó.

Issei: Me la pasé muy bien con ustedes, chicos… pero tengo que irme.

Vali (arqueó una ceja): Vamos, la noche todavía es joven.

Issei: Lo siento. Tengo que regresar con las chicas —mintió con una sonrisa suave.

Saji le dio una palmada en la espalda.

Saji: Entendido. Cuídate, Issei.

Issei: Sí… Y chicos, vuélvanse más fuertes. Todos ustedes. Prométanmelo.

Esa última frase sonó extraña para ellos, pero decidieron ignorarlo y siguieron con la noche. Issei se marchó sin mirar atrás.

Subió hasta una colina solitaria que daba a la ciudad. Se sentó en el pasto, observando cómo el sol se hundía en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y púrpuras. Era un atardecer hermoso.

Issei: Ddraig… ¿cuánto me queda? —preguntó en voz baja, mirando el guantelete rojo en su brazo.

Ddraig: Solo cincuenta minutos, compañero —respondió el dragón con gravedad.

Issei soltó una risa débil.

Issei: ¿Y por qué no te vas con otro portador? Alguien más fuerte…

Ddraig: Si tú mueres, yo también moriré —declaró Ddraig con firmeza—. No me importa la rivalidad con el Hakuryuukou. Tú eres el único que me ha tratado como un amigo y no como un arma. Moriré contigo, Issei Hyoudou.

Issei: Gracias, Ddraig… —susurró Issei, con los ojos húmedos—. Entonces estemos en silencio hasta el final.

Se recostó contra un árbol, contemplando el atardecer junto a su compañero. Sacó una hoja de papel y un lápiz del bolsillo y escribió algo con mano temblorosa. Cuando terminó, dobló la nota y la guardó cuidadosamente.

Los cincuenta minutos pasaron en paz.

Cuando el sol desapareció por completo y solo quedó la noche estrellada, Issei exhaló su último aliento. Murió con una sonrisa serena en el rostro.

En ese instante, su alma se elevó del cuerpo. Detrás de él apareció la imponente figura etérea de Ddraig, un dragón rojo majestuoso y brillante. Issei subió a su espalda sin decir nada. El gran dragón extendió sus alas y tomó vuelo hacia el cielo nocturno, desapareciendo entre las estrellas.

Ese día murió el pilar de la alianza, el portador del Emperador Rojo, el Oppai Dragon, el Sekiryuutei…

**Issei Hyoudou**, el héroe del mundo sobrenatural y humano.

A la mañana siguiente

Sirzechs Lucifer decidió visitar la mansión Hyoudou. Quería hablar con Issei sobre los últimos reportes de los sellos de Triexa y, de paso, ver cómo seguía su cuñado después de tanto entrenamiento intenso. Sin embargo, al llegar, el lugar estaba extrañamente silencioso. No encontró a Issei por ninguna parte.

Sirzechs: Qué raro… —murmuró, frunciendo el ceño.

Recorrió toda la mansión junto a Grayfia, su fiel Reina y esposa. Revisaron cada habitación, el sótano de entrenamiento, la sala de estar… Nada. Ni rastro de Issei ni de las chicas del grupo.

Preocupado, Sirzechs decidió salir a caminar por los alrededores con Grayfia, esperando encontrarse con él. Mientras avanzaban, notaron algo extraño: varias personas caminaban apresuradamente hacia el bosque cercano, murmurando entre sí.

Sirzechs: Eso no es normal — Intercambió una mirada con Grayfia y decidieron seguirlos discretamente.

Al llegar a un claro en lo alto de una colina, la escena los dejó congelados.

El cuerpo sin vida de Issei yacía sobre la hierba, rodeado de forenses y policías. Uno de ellos comentaba en voz alta:

Forense: Parece un infarto masivo. Pobre chico, tan joven…

Sirzechs actuó con rapidez. Con un gesto de su mano, lanzó un hechizo amplio que sumió a todos los presentes en un sueño profundo y alteró sus recuerdos, haciendo que olvidaran lo sucedido y creyeran que el cuerpo nunca había sido encontrado allí. Con cuidado, tomó el cuerpo de Issei en brazos y, junto a Grayfia, abrió un círculo mágico y desaparecieron.

De vuelta en la mansión Gremory, Grayfia revisó inmediatamente el pulso de Issei. Sus dedos temblaron al no encontrar nada.

Grayfia: Sirzechs… —susurró, con la voz quebrada.

Sirzechs: ¿Cómo está? —preguntó él, aunque ya sabía la respuesta.

Grayfia solo pudo negar con la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a caer. Sirzechs la abrazó con fuerza, consolándola en silencio mientras el dolor los invadía a ambos.

Después de un rato

Sirzechs convocó a todos los Maous y líderes aliados. Uno a uno fueron llegando: Serafall, Ajuka, Falbium, y también Michael, Azazel, y otros. Cuando vieron el cuerpo de Issei sobre la mesa, el impacto fue devastador.

Las primeras en reaccionar fueron Serafall, Gabriel, Penemue, Rossweisse, Irina, Ravel, Kuroka, Lefay, Ophis, Yasaka y la pequeña Kunou. Todas corrieron hacia él.

Yasaka: ¡Issei! ¡Issei, reacciona! —gritó sacudiendo suavemente su cuerpo.

Kunou: ¡Otou-sama! —sollozó abrazándose con fuerza al pecho frío de Issei.

Gabriel: Por favor, Issei… despierta —suplicó entre lágrimas.

Penemue: Issei… prometiste que estarías con nosotras… —gritó rompiendo en llanto descontrolado.

Serafall tomó su muñeca, buscando un pulso que ya no existía.

Serafall: ¡Issei-kun, por favor! —lloró.

Todas las chicas se abrazaron al cuerpo de Issei, llorando desconsoladamente. El dolor era palpable en el aire.

Gran Rojo (el verdadero Apocalipsis Dragon), quien había sido llamado por la gravedad del asunto, se acercó. Tomó el pulso y observó el brazo izquierdo de Issei. Su expresión se endureció.

Gran rojo: Está muerto. No solo él… también Ddraig murió junto con su portador.

El silencio que siguió fue sepulcral.

Gran Rojo pidió espacio para examinar mejor el cuerpo. Las chicas se negaron al principio, aferradas a Issei. Azazel y Michael tuvieron que apartarlas con suavidad, mientras Sirzechs tomaba a Kunou en brazos.

Al inspeccionar el pecho de Issei, Gran Rojo encontró varios puntos negros que se extendían como veneno.

Gran rojo: Tal como lo sospeché… Murió por la **Caída del Dragón**.

Todos: ¿Caída del Dragón? —preguntaron al unísono, confundidos.

Gran rojo: Es una maldición antigua que afecta a los Dragones cuando su pareja (o parejas, en este caso) les es infiel. Su propio poder se vuelve veneno contra ellos. Por lo que veo, Issei llevaba muerto unas 12 horas. Apostaría que solo tuvo 6 horas de vida una vez que la maldición se activó.

El shock fue total. Las chicas que amaban a Issei (Serafall, Yasaka, Gabriel y las demás) pasaron del dolor a la furia en un instante. Miradas asesinas se dirigieron hacia donde se suponía que estaban Rías y las otras.

Sirzechs bajó la cabeza, apesadumbrado.

Sirzechs: ¿Por qué no nos dijo nada…?

Gran rojo: Probablemente no quería ver a nadie triste —respondió con seriedad—. Decidió pasar sus últimas horas divirtiéndose, rodeado de sus verdaderos amigos.

Serafall: Yo lo habría ayudado… —sollozó.

Yasaka: También yo… —añadió con la voz rota.

Las chicas: Nosotras lo habríamos salvado… —dijeron entre lágrimas.

Sirzechs suspiró profundamente.

Sirzechs: Le diré a sus amigos y padres sobre su muerte. No se lo tomarán bien.

Con un círculo mágico, hizo aparecer a Matsuda, Motohama, Murayama, Katase, Kiba, Gasper, Vali y Sairaorg.

Al ver el cuerpo de Issei, el caos estalló:

Kiba: ¡ISSEI! —gritó acercándose y moviéndolo desesperadamente, solo para confirmar la terrible verdad.

Gasper: ¡Issei-sempai! —lloró cayendo de rodillas.

Murayama y Katase palidecieron al instante. Ahora entendían perfectamente por qué Issei se había disculpado el día anterior. Ambas se acercaron, pidiendo perdón entre sollozos.

Vali se quedó rígido.

Vali: ¿Qué le pasó?

Gran rojo: Sufrió la Caída del Dragón —explicó Gran Rojo.

Matsuda, con los ojos inyectados en furia, apretó los puños.

Matsuda: ¿Quiénes fueron los responsables?

Zeus, quien también había sido convocado, respondió con gravedad:

Zeus: Tenemos la teoría de que fueron sus propias parejas.

La revelación golpeó a los amigos como un rayo. Sin perder tiempo, Matsuda, Motohama, Kiba, Gasper, Vali y Sairaorg se miraron con determinación.

Vali: Vamos a darles la cara —dijo con voz fría.

Los demás asintieron. La ira y el dolor los impulsaban hacia una confrontación inevitable.

El grupo, lleno de furia y dolor, siguió el rastro de energía demoníaca hasta un lujoso hotel en las afueras de la ciudad. Varios círculos mágicos se abrieron en la entrada. De ellos emergieron no solo Sirzechs, Grayfia y los Maous, sino también:

- Baraquiel, padre de Akeno.

- Griselda, maestra de Xenovia.

- Los padres de Issei: Gorou y Miki Hyoudou.

- Las chicas que realmente amaban a Issei (Serafall, Gabriel, Penemue, Rossweisse, Irina, Ravel, Kuroka, Lefay, Ophis, Yasaka y Kunou).

- Venelana y Zeoticus Gremory, padres de Rías.

- El equipo completo de Vali.

- Ophis y Gran Rojo en su forma humana.

Venelana, con expresión gélida, fue la primera en hablar:

Venelana: Aquí es.

Sirzechs: Así es, Okaa-san —confirmó Sirzechs con voz seria.

Entraron al hotel con determinación. Obligaron al portero a revelar la habitación donde se encontraban Rías y las demás. El hombre, intimidado por la presión abrumadora, les dio el número sin dudar.

Al llegar al pasillo, los sonidos de gemidos y placeres desenfrenados se filtraban a través de la puerta. Sin decir una palabra, Gran Rojo dio una poderosa patada que destrozó la puerta por completo.

La escena que vieron fue repugnante.

Rías, Akeno, Asia, Xenovia, Koneko y las demás estaban en medio de una orgía con sus nuevos amantes. Los cuerpos desnudos se entrelazaban sin vergüenza.

El silencio que cayó sobre el grupo fue mortal.

Rías, al verlos, intentó hablar con los ojos muy abiertos:

Rias: No es lo que… —

**¡Plaf!**

Una fuerte cachetada de Venelana la hizo callar. La mano de la matriarca Gremory temblaba de rabia.

Venelana: Yo no te eduqué así, Rías —dijo con voz temblorosa de furia contenida.

Zeoticus dio un paso adelante y también abofeteó a su hija con fuerza.

Zeoticus: ¡Yo no crié a una cualquiera! —rugió, con los ojos inyectados en decepción y vergüenza.

Otra cachetada resonó. Miki Hyoudou había golpeado a Asia con lágrimas de rabia.

Miki: ¿Cómo pudiste? ¡Issei te dio todo! ¡Su vida, su corazón, su protección! ¿Y así le pagas? —gritó intentando darle otra, pero Gorou la detuvo suavemente.

Gorou: No lo vale, Miki… —murmuró él, abrazándola mientras su esposa rompía en llanto sobre su hombro.

Asia extendió la mano con lágrimas.

Asia: Oto-san… Okaa-san, yo…

Gorou: No nos llames así nunca más —la cortó con voz fría y dolorida—. A partir de hoy, estás muerta para nosotros.

Asia se derrumbó llorando desconsoladamente.

Cuatro cachetadas más sonaron casi al mismo tiempo: Michael, Gabriel, Irina y Griselda golpearon a Xenovia.

Michael: Esto es imperdonable para el Cielo —dijo con asco—. Me da náuseas saber que confiamos en ti.

Gabriel: Creí que eras fiel en una relación… pero solo resultaste ser una cualquiera —añadió Gabriel con decepción.

Irina: Te consideraba mi hermana… Íbamos a estar juntas con Issei —dijo molesta y herida.

Griselda la miró con desprecio:

Griselda: Yo no te enseñé a ser una puta. Desperdicié cuatro años de mi vida contigo. Ya no significas nada para mí de hoy olvidó tengo una hija.

Xenovia solo pudo llorar en silencio, destrozada por las palabras de las personas que más respetaba.

Baraquiel se acercó a Akeno y le dio una cachetada tan fuerte que la hizo caer sobre la cama. Su mirada era de puro hielo.

Baraquiel: A partir de hoy, estás muerta para mí. La única hija que tuve murió junto con Shuri.

Akeno rompió en llanto, cubriéndose el rostro.

Kuroka se acercó a su hermana menor y también la abofeteó.

Kuroka: Pensé que habías cambiado gracias a Issei… Él te ayudó a aceptar lo que eres y a reconstruir nuestra relación de hermanas. Pero veo que no fue suficiente. Me decepcionas, Koneko.

La nekoshou blanca lloró amargamente.

Las traidoras estaban destrozadas, llorando mientras sus amantes intentaban defenderlas.

Daniel: ¡Oigan, idiotas! ¿Quiénes se creen para insultar a nuestras novias? —gritó poniéndose de pie.

Ryu: Seguro ese joven era un don nadie para que ellas prefirieran estar con nosotros —añadió Ryu con arrogancia.

Ese fue su último error.

En un instante, la habitación se llenó de poder abrumador. Vali, Sairaorg, Azazel, Sirzechs, Gran Rojo y los demás los ejecutaron de formas crueles y rápidas. No quedó ninguno vivo.

Sirzechs llamó a varios demonios de confianza.

Sirzechs: Llévenselas. No importa cómo estén.

Los demonios arrastraron a Rías y las demás fuera de la habitación, desnudas y humilladas, sin piedad.

Al día siguiente, la noticia corrió como pólvora:

**Issei Hyoudou, el Sekiryuutei, el Oppai Dragon, había muerto.**

En la Academia Kuoh, las capitanas del club de Kendo, Murayama y Katase, lloraron desconsoladas. Ahora entendían completamente su disculpa y no pudieron dársela. Aika Kiryuu también derramó lágrimas; había empezado a sentir algo especial por él. Sona y Tsubaki, que poco a poco se habían estado enamorando del castaño, lloraron en privado, con el corazón roto.

En el Inframundo, Seekvaira Agares se encerró en su habitación y lloró amargamente. Issei era uno de los pocos que conocía su secreto otaku y la visitaba para leer mangas con ella. Se había enamorado en silencio.

En la facción griega, Nyx, la diosa de la noche, vestida con su Godly Virgin Killer Clothes, lloraba en la oscuridad. Su aura oscura se volvió aún más pesada por el dolor.

En el territorio de los vampiros, Elmenhilde Karnstein, con su vestido rojo medieval y su belleza de muñeca pálida, lloró en silencio por el héroe que había tocado su corazón.

Incluso en el lejano territorio azteca, Quetzalcóatl, la gran serpiente emplumada, derramó lágrimas por la muerte del joven dragón.

Al día siguiente

Se llevó acabó un juicio solemne en una gran sala del Inframundo. Todos los Maous estaban presentes, junto con los líderes de las distintas facciones. Frente a ellos, encadenadas y con expresiones destrozadas, se encontraban Rías Gremory y su séquito: Akeno, Asia, Xenovia y Koneko.

Sirzechs Lucifer se levantó con expresión fría y voz firme que resonaba en toda la sala:

Sirzechs: Comenzaré yo. Rías Gremory, junto con tu grupo, provocaste la muerte de Hyoudou Issei. Por este crimen, serás degradada a demonio de clase baja, destituida como heredera del Clan Gremory. Se te quitarán todos los poderes de la Destrucción y serás enviada al Tártaro, la prisión más profunda del Inframundo, por toda la eternidad.

Rías rompió en llanto y suplicó desesperadamente:

Rias: ¡Hermano, por favor! ¡No! ¡No me lleven!

Pero sus súplicas fueron ignoradas. Demonios guardianes se acercaron para llevárselas. Antes de que pudieran hacerlo, Serafall, Yasaka, Sona, Seekvaira, Tsubaki, Murayama, Katase y Aika se abalanzaron sobre ellas y les dieron una brutal golpiza. Los golpes resonaban sin piedad, descargando todo el dolor y la rabia por la muerte de Issei.

Azazel fue el siguiente:

Azazel: Akeno Himejima. Se te prohíbe entrar en territorio Grigori por el resto de tu existencia. Nunca podrás acercarte a ningún lugar de los Ángeles Caídos, y se te prohibe visitar la tumba de tu madre.

Akeno suplicó entre lágrimas, pero fue arrastrada por soldados aztecas. De camino, recibió una paliza feroz de Penemue, Gabriel, Elmenhilde, Nyx y Quetzalcóatl.

Michael tomó la palabra con voz severa:

Michael: Xenovia Quarta. Por la muerte de Hyoudou Issei, ya no eres portadora de Durandal. Se te prohíbe rezar y se te niega el acceso a cualquier territorio del Cielo.

Griselda extendió la mano con frialdad:

Griselda: Dame a Durandal.

Xenovia, llorando, entregó la espada sagrada. Fue llevada inmediatamente.

Kuroka miró a su hermana menor con absoluta frialdad:

Kuroka: Adiós, hermana. Espero no volver a verte nunca.

Unos magos se acercaron a Koneko. Pronunciaron antiguas palabras y runas brillantes la rodearon, absorbiendo su poder nekoshou y parte de su esencia. Koneko gritó de agonía, como si le arrancaran el alma. Cuando terminó, era prácticamente humana.

Sirzechs sentenció finalmente:

Sirzechs: Todas ustedes serán enviadas al Tártaro… para siempre.

Los guardias se las llevaron mientras suplicaban y lloraban.

En el Tártaro, su existencia se convirtió en un infierno eterno. Desnutridas, golpeadas, violadas y torturadas diariamente por los guardianes y visitantes que buscaban “venganza”. Cada día se arrepentían amargamente de haber traicionado a Issei solo para “ganar experiencia” con otros. Pero ya era demasiado tarde.

Ese mismo día fué el funeral de Issei en el Cielo. Su tumba fue erigida junto a la fuente donde comenzó su vida en el mundo sobrenatural. Tres esculturas hermosas fueron colocadas: una de Issei normal, otra con su armadura completa de Red Dragon Emperor, y la última mostrando a Issei junto al imponente Ddraig.

Habían pasado varios meses.

La tensión crecía. Todos habían decidido que, tras despertar Triexa al día siguiente, también ajustarían cuentas definitivas con las traidoras. Preparaban sus tropas y planeaban transmitir en vivo el castigo.

En las profundidades del Tártaro, varios guardias fueron a buscar a las infieles. Las encontraron en un estado lamentable: demacradas, llenas de moretones, violadas y rotas tanto física como mentalmente. Sufriendo eternamente por su error.

Un tiempo después

En la mansión, las chicas que realmente amaban a Issei seguían deprimidas. Grayfia apareció de repente con algo en la mano.

Grayfia: Rossweisse, escuchen todas —dijo con voz suave—. Antes de que Issei muriera, encontramos esta carta en su bolsillo. Es para ustedes.

Las chicas se reunieron alrededor. Grayfia leyó en voz alta con lágrimas contenidas:

> *Chicas, si están leyendo esto, es porque ya no me queda tiempo. Sé que ustedes no me traicionaron. Quise estar con ustedes, pero la Caída del Dragón solo me dio unas pocas horas de vida. Por eso no quise que sufrieran por mí. Sigan adelante. Si mi alma reencarna… tal vez nos volvamos a ver. Quiero que vivan sin cargar con mi partida. Las amo. Adiós.*

Las chicas sonrieron entre lágrimas, con el corazón lleno de una nueva determinación.

Las chicas: Prometemos esperarte, Issei —dijeron al unísono—. Estaremos juntas de nuevo.

Habían pasado varios años desde la muerte de Issei Hyoudou y la condena de las traidoras al Tártaro. El mundo sobrenatural había cambiado. La alianza se fortaleció, Triexa seguía sellado pero su despertar era inminente, y las chicas que realmente amaron a Issei seguían adelante con su promesa, esperando algún milagro.

Mientras tanto, en otra parte del mundo, muy lejos de Kuoh, el Inframundo y las facciones sobrenaturales…

En un hospital de una gran ciudad estadounidense, una mujer coreana de cabello negro corto y ojos oscuros iguales yacía en una cama, exhausta pero radiante. Su nombre era **Debbie Grayson**.

A su lado estaba su esposo: un hombre alto, de tez clara, ojos azules penetrantes y cabello negro recortado. Lucía un bigote grueso pero bien cuidado, ligeras arrugas en el rostro y la mitad inferior del cabello canosa. A pesar de parecer un hombre pasado de moda, poseía una presencia imponente, un físico robusto y poderoso. Su nombre era **Nolan Grayson**.

De pronto, el llanto fuerte y vigoroso de un bebé llenó la habitación.

Médico: Es un niño —dijo con una sonrisa, entregándoselo a la madre.

Debbie cargó al pequeño con lágrimas de felicidad. El bebé era sano, con una mata de cabello negro y una vitalidad sorprendente para recién nacido.

Un rato después, Debbie descansaba recostada en la cama, sosteniendo a su hijo contra su pecho. Nolan estaba a su lado, observando al pequeño con una mezcla de orgullo y algo más profundo en su mirada.

Nolan: ¿Cómo se llamará nuestro hijo, Debbie? —preguntó Nolan con voz suave.

Debbie sonrió, acariciando la mejilla del bebé.

Debbie: Se llamará **Mark Grayson**.

Lo que nadie en esa habitación sabía —ni Debbie, ni Nolan, ni siquiera los médicos— era que ese niño no era un alma común.

En el preciso momento en que el alma de Issei Hyoudou abandonó su cuerpo aquel atardecer, junto a Ddraig, algo extraordinario ocurrió. Su esencia, fortalecida por el poder del Dragón Rojo y la bendición oculta de Triexa que lo observaba desde los sellos, encontró un nuevo recipiente. Un cuerpo humano perfecto, fuerte y con un potencial ilimitado.

**Issei Hyoudou había reencarnado como Mark Grayson.**

Dentro de ese pequeño cuerpo dormía el espíritu del Sekiryuutei, el Oppai Dragon, el héroe que una vez protegió dos mundos. Y ahora, apuntaba a nacer como el nuevo protector invencible de la Tierra.

Un héroe que, con el tiempo, despertaría poderes que harían temblar incluso a los Viltrumitas… y que algún día se encontraría de nuevo con su pasado, con Triexa, y con las chicas que aún lo esperaban.

Mark Grayson lloró con fuerza, como si ya supiera que su nueva vida apenas comenzaba.

Habían pasado varios años. El mundo seguía girando. Mientras las chicas leales seguían esperando una señal de Issei y las facciones se preparaban para el despertar de Triexa, en otro lugar, muy lejos del mundo sobrenatural, una nueva vida florecía.

En una casa suburbana de Estados Unidos, se podía ver a un joven de 17 años sentado en el sofá del salón. Vestía una camisa azul, chamarra azul marino con dos rayas blancas, pantalón color crema y tenis blancos con detalles rojos. Su cabello negro estaba algo despeinado. Era **Mark Grayson**.

Mark desayunaba mientras veía las noticias en la televisión. Mostraban los daños en la Casa Blanca tras un ataque.

Mark: Creo que papá salvó la Casa Blanca… —murmuró con la boca llena.

Debbie, su madre, apareció desde la cocina.

Debbie: ¿Solo? —preguntó.

Mark: Con los Guardianes del Globo.

Debbie: ¿Contra quién? Ah… los Demoledores. Parece que esta mañana no desayunaremos juntos. Lástima.

Mark: Es la Casa Blanca, mamá. Es importante.

Debbie suspiró con una sonrisa irónica.

Debbie: La reconstruyen dos veces al año por lo menos. No es como si fuera un terremoto, gente lagarto o algo peor. Dudo que el presidente llegue a vivir mucho tiempo en paz.

En ese momento, la puerta principal se abrió. Entró **Nolan Grayson**, más conocido como **Omni-Man**. Su presencia imponente llenaba la habitación.

Nolan: No es tarde. Voy a ducharme —dijo mientras cerraba la puerta.

Debbie: No tan rápido, ven aquí, cariño —lo detuvo con una sonrisa coqueta.

Se acercó y lo besó apasionadamente. Mark los miró avergonzado y apartó la vista.

Mark: Por favor, no me obliguen a separarlos… —gruñó.

Los padres rieron y se dirigieron hacia su habitación.

Debbie: Ven, vamos a quitarte ese traje —dijo Debbie con voz juguetona.

Mark se levantó rápidamente, dejando el plato en la mesa.

Mark: ¡Límites, Dios! La puerta de los baños se cierra por una razón, y los padres no deberían hablar de sexo frente a sus hijos —protestó mientras subía las escaleras.

Debbie le gritó desde abajo:

Debbie: ¡Deberías alegrarte de ver a tus padres expresando su amor apasionadamente! Deja de quejarte y ve a la escuela.

Mark: Podrían esperar hasta que me vaya a la universidad… —respondió entrando en su habitación.

Desde abajo se escuchó la voz de Debbie:

Debbie: ¿Qué se te ocurre, París?

Nolan: De hecho, quería ir a esa cafetería en Berlín. Muero de ganas por comer salchichas —contestó él.

Mark asomó la cabeza desde las escaleras:

Mark: ¿En serio irían a Best & Worst? Me encanta ese lugar.

Nolan: Ve a la escuela —dijo a él—. Cuando tus poderes se activen, podrás ir por tu cuenta.

Mark: Sal en la herida, papá… —murmuró antes de marcharse.

Nolan: No falta mucho. Será pronto, hijo. Hasta los tardíos desarrollan sus poderes antes de cumplir dieciocho. Ya verás.

Debbie: No lo ilusiones —le advirtió.

Pero Nolan, en el fondo, estaba ansioso por ver despertar el verdadero potencial de su hijo.

Mark salió de la casa y vio a sus padres elevarse por los aires.

Mark: Adiós, diviértanse. Yo caminaré sobre el suelo… con mis pies —dijo con tono resignado.

Intentó volar una vez más, dando un gran salto, pero solo logró caer de nuevo. Suspiró y comenzó a caminar hacia la universidad.

En la universidad, Mark abrió su casillero. Detrás de él apareció su mejor amigo, **William Clockwell**.

William: Los Demoledores atacaron la Casa Blanca, loco. ¿Viste eso? —exclamó él.

Mark: Lo sé.

William: No puedo creer que los Guardianes del Globo les permitieran acercarse tanto al presidente.

Mark: No entraron al edificio. Además, Omni-Man estaba ahí.

William sonrió con picardía.

William: Eres un Omni-maníaco. Apoyas a los más débiles, eres fan de los Yanquis… No, claro, eres muy atractivo y ese bigote.

Mark soltó una carcajada.

Mark: Ja, ja, ja.

William: Lo siento, okay. ¿Estás listo para jugar hoy? Quiero conseguir la armadura nivel 43.

Mark: Sabes que hoy no puedo…

William: No digas que tienes trabajo, Mark. No seas aburrido.

Mark: Cuando fue la última vez que compraste un cómic… Esas cosas son caras. Publicarán uno nuevo el verano.

William: Te gustan las cosas más estúpidas.

De pronto, escucharon una discusión cercana.

Alumno: Ya basta, Todd.

Vieron a un chico musculoso de cabello claro llamado **Todd**

Acosando a una chica rubia de ojos celestes, vestida con camisa roja, sudadera verde y pantalones blancos: **Amber Bennett**

Todd: Vamos, déjate de rodeos. Sé que estás loca por mí, Marcy me lo dijo —insistió

Amber: Eres grande y fuerte, ¿y qué? —respondió con fastidio.

Todo: Claro que sí.

Amber: Y crees que eso te da derecho a acosarme.

Todd la agarró del brazo.

Todd: Oye, si eres lesbiana, dilo.

Amber: Por Dios, eso quisiera, así me dejarías en paz —replicó Amber, intentando soltarse—. Suéltame, iré a besar a una chica.

Mark quiso intervenir, pero William lo detuvo.

William: Es demasiado grande…

Mark: Tal vez tú puedas quedarte aquí tranquilo. Yo no.

William: Puedo porque no soy Omni-Man. Y tú tampoco.

Mark: ¡Veamos! —dijo avanzando.

Se acercó con decisión.

Mark: Creo que Amber te dijo muy claro lo que quiere, Todd.

Todd: ¿En serio, Grayson? —gruñó Todd.

Todd lanzó un puñetazo. Mark lo esquivó por instinto, pero el segundo golpe lo alcanzó en el abdomen y lo tiró al suelo. Cuando Todd iba a rematarlo, Amber le dio una fuerte patada en la entrepierna desde atrás.

Amber: ¡Déjalo en paz!

Todd se alejó adolorido entre risas de los demás estudiantes. William ayudó a Mark a levantarse.

Amber: Gracias, Mark —dijo con una sonrisa.

Mark: No fue nada.

Amber: Bueno, me tengo que ir. Se me hace tarde.

Mientras se alejaba, William comentó:

William: Oye, me sorprendió cómo esquivaste el primer golpe de Todd.

Mark: No sé… Cuando el golpe venía, por instinto lo esquivé.

*(Mark, en su mente): ¿Será que estoy despertando mis poderes?*

Más tarde

En su trabajo de medio tiempo, Mark cargaba dos enormes bolsas de basura hacia el contenedor. Tiró una dentro sin problema, pero al agarrar la segunda, la lanzó con fuerza sin pensarlo. La bolsa voló una distancia imposible y cayó lejos del contenedor.

Mark se quedó mirando su mano, sorprendido.

Mark: Ya era hora...

Una sonrisa decidida apareció en su rostro. El poder del Sekiryuutei comenzaba a despertar dentro de Mark Grayson.

En la casa de los Grayson, ya entrada la noche, Mark regresaba caminando desde su trabajo. Apenas abrió la puerta, el delicioso aroma a comida casera lo recibió.

Debbie: ¡Bienvenido mi hijo favorito! —exclamó con una gran sonrisa—. Preparé pollo asado y calenté unas salchichas alemanas especialmente para ti.

Mark entró sonriendo, aunque aún procesando todo lo ocurrido.

Mark: Hoy tuve un día bastante interesante, mamá…

En ese instante, un borrón azul y rojo cruzó la puerta a toda velocidad. Nolan Grayson (Omni-Man) apareció en el salón, quitándose parte de su traje.

Nolan: Lamento llegar tarde, se los juro. Un dragón estaba atacando Hong Kong y tuve que detenerlo —explicó con naturalidad.

Al oír la palabra **“dragón”**, Mark sintió un fuerte dolor de cabeza. Por un segundo, imágenes borrosas y un nombre intentaron abrirse paso en su mente: *Triexa… Ddraig…* Pero todo desapareció tan rápido como llegó.

Debbie levantó una ceja, impresionada.

Debbie: Wow, ¿un dragón? Genial. Bueno, Mark iba a contarnos cómo le fue en su día.

Mark respiró hondo y sonrió con orgullo.

Mark: Adivinen quién empezó a tener poderes.

Nolan lo miró fijamente.

Nolan: ¿Estás seguro?

Mark: Sí. Acabo de lanzar una bolsa de basura… prácticamente al espacio.

Debbie pisó suavemente el pie de Nolan para que reaccionara.

Nolan: Es fantástico, hijo —dijo Nolan con una amplia sonrisa, poniendo una mano sobre el hombro de Mark—. Si quieres, mañana haré tiempo para entrenarte.

Debbie: Esto es impresionante —añadió emocionada—. Mañana a primera hora asegúrate de dormir bien, ¿entendido?

Mark: Ja, seguro —respondió riendo.

Más tarde, en su habitación, Mark no podía conciliar el sueño. Daba vueltas en la cama recordando las historias que su padre le había contado sobre su planeta de origen, Viltrum, cómo llegó a la Tierra y cómo un día él también desarrollaría sus propios poderes.

Mark: Voy a poder volar… —susurró con determinación.

Se levantó, abrió la ventana de su habitación y salió al techo. El viento nocturno golpeaba su rostro. Cerró los ojos y respiró profundamente.

Mark (mente): *Tranquilo… Hay que tener paciencia. Papá dice que es como un reflejo. No debo pensar en caer… solo concentrarme en volar.*

Mark se puso de rodillas en el techo, tal como había visto en sus entrenamientos mentales. Tomó impulso con las piernas y, con toda su voluntad, saltó hacia el cielo.

Por un segundo sintió el vacío… y entonces **voló**.

El viento rugía a su alrededor mientras ascendía con torpeza pero con creciente confianza. Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro. Dio unas cuantas vueltas en el aire, disfrutando la sensación de libertad absoluta, antes de regresar a casa y entrar por la ventana.

Mark se dejó caer en la cama, exhausto pero eufórico.

Mark: Ya puedo volar… —murmuró, mirando el techo con los ojos brillantes.

Se recostó completamente, cerrando los ojos. Sabía que apenas estaba comenzando. Mañana entrenaría más duro. El poder dentro de él —el legado del Sekiryuutei y algo mucho más antiguo— empezaba a despertar.

Unas horas después

Todavía de madrugada, Mark se levantó de la cama con energía. El entusiasmo por sus nuevos poderes no lo dejaba dormir. Apenas terminó de vestirse, Nolan entró en su habitación ya completamente equipado con su traje de Omni-Man.

Nolan: Vístete, hijo. Es hora de entrenar —dijo con tono firme pero orgulloso.

Mark: Sí, papá —respondió, poniéndose de pie rápidamente.

Nolan: Te espero abajo preparando café.

Ya afuera, en un campo desierto lejos de la ciudad, Mark le demostró a su padre lo que había logrado durante la noche. Se elevó con soltura, haciendo giros controlados y manteniendo el equilibrio en el aire. Nolan lo observaba con los brazos cruzados, visiblemente sorprendido.

Nolan: Muy bien, hijo. Dominas el vuelo mejor de lo que esperaba. Ahora que puedes moverte libremente… es hora de que aprendas a pelear de verdad.

Mark aterrizó frente a él con una sonrisa decidida.

Mark: Perfecto. ¿Por dónde empezamos?

Ambos chocaron sus antebrazos en señal de respeto. La tensión en el aire aumentó.

Mark: Creo que ya lo sé —murmuró

Nolan: ¿Estás listo, Mark? —preguntó con seriedad.

Mark: Estoy listo.

El entrenamiento comenzó de forma intensa. Nolan lanzó un golpe directo. Mark lo esquivó por puro instinto, como si su cuerpo recordara miles de batallas pasadas. Sus sentidos se habían agudizado drásticamente. Ambos empezaron a intercambiar golpes y esquives a gran velocidad bajo el cielo estrellado.

Por un momento, se quedaron frente a frente, puños cerrados y miradas fijas, respirando con fuerza. El aire crujía a su alrededor.

Mark sonrió con adrenalina.

Mark: Wow, no esperaba que hicieras eso…

La distracción le costó caro. Nolan aprovechó el momento y le lanzó un potente golpe en el abdomen. El impacto fue brutal, acompañado de un destello de energía viltrumita.

Mark salió volando hacia atrás y cayó de rodillas en el suelo, agarrándose el estómago con ambas manos.

Mark: Ah… Papá… eso sí que dolió… —jadeó, con la voz entrecortada.

Nolan se acercó rápidamente, con expresión arrepentida.

Nolan: Lo sé, hijo. No debí golpearte tan fuerte. Lo siento.

Mark se levantó con esfuerzo, todavía doblado por el dolor.

Mark: No… está bien. Era necesario. Tenía que probar si podía aguantar los golpes.

Nolan puso una mano sobre su hombro.

Nolan: Mark, si quieres ser como yo, debes estar preparado para cualquier cosa. Ningún villano tendrá piedad. Ninguno.

Mark respiró hondo, se puso en posición de combate otra vez y asintió con determinación.

Mark: Está bien, papá. Sigamos.

Más tarde

Cuando regresaron a casa, Debbie los esperaba en la sala con los brazos cruzados. Mark, exhausto pero satisfecho, subió directamente a su habitación para descansar.

Debbie miró a Nolan con preocupación.

Debbie: Veo que tuvieron un mal día.

Nolan: No, todo fue bien —respondió—. Mark estuvo muy ansioso durante el entrenamiento. Lo presioné un poco… necesitaba eso.

Debbie: ¿No será que lo presionaste demasiado? —preguntó frunciendo el ceño.

Nolan levantó la voz de repente:

Nolan: ¡¿Me estás cuestionando?!

Debbie retrocedió un paso, sorprendida por su tono.

Debbie: ¡¿Qué rayos te sucede?!

Nolan se pasó una mano por la cara, intentando calmarse. Su expresión se volvió más oscura y conflictuada.

Nolan: No lo sé… Lo siento. Desarrolló sus poderes muy tarde y yo no estaba preparado. Las cosas están cambiando. Aunque veo que tiene potencial… a veces pienso que habría sido mejor que nunca despertara sus poderes.

Debbie se quedó en silencio, preocupada por el cambio repentino en su esposo. Mientras tanto, arriba en su habitación, Mark se recostó en la cama con una sonrisa cansada, ajeno a la discusión. En su interior, algo más antiguo y poderoso comenzaba a removerse.

Al día siguiente

Mark caminaba por los pasillos de la universidad junto a William. Estaba distraído, con la mirada perdida mientras su mente repasaba todo lo ocurrido la noche anterior.

William: Te ves mal, Mark. ¿Todavía te duele la paliza que te dio Todd? ¿Qué pasa? —preguntó preocupado.

Mark: No… estoy bien —respondió con voz baja.

William: Okay… te ves muy raro, pero si tú lo dices.

De repente, una voz molesta resonó detrás de ellos.

Todd: ¡Eyyy! ¡Es Mark Grayson! —se acercó con una sonrisa burlona—. Y no veo que Amber esté cerca para protegerte esta vez.

Mark suspiró profundamente.

Mark: Todd, por favor, no me…

Antes de que pudiera terminar, Todd lo agarró del cuello de la chamarra y lo estrelló con fuerza contra los casilleros. El impacto resonó en todo el pasillo.

Todd: ¿Qué? ¿Crees que no te voy a azotar de nuevo? ¿Me estás amenazando? ¿Quieres una repetición de la última vez, idiota? —gruñó.

Mark sintió la rabia subir, pero en lugar de pelear, sonrió internamente. Quería probar su nueva resistencia. Quería saber hasta dónde había cambiado.

Mark: Golpéame —dijo con voz calmada—. Hazlo tan fuerte como puedas.

Todd lo miró desconcertado un segundo, luego sonrió con malicia y le lanzó un puñetazo directo al rostro. El golpe fue fuerte… pero Mark ni siquiera se inmutó. Su cabeza apenas se movió.

Mark: Otra vez —exigió.

Todd, enfurecido, empezó a golpearlo repetidamente en el estómago, el pecho y la cara. Cada impacto era más fuerte que el anterior. Sin embargo, Mark permanecía firme, como si estuviera recibiendo palmaditas. No sentía dolor. Solo una leve presión.

Todd retrocedió jadeando, con los nudillos enrojecidos.

Mark: Eres… anormal —murmuró, visiblemente asustado, antes de darse la vuelta y marcharse rápidamente.

William se quedó con la boca abierta.

William: Mark… ¿qué te está pasando?

Mark se tocó el estómago y sonrió con una mezcla de emoción y nostalgia.

Mark: Creo que he cambiado.

A partir de ese día

Mark comenzó un entrenamiento intenso y riguroso. Se levantaba antes del amanecer y entrenaba hasta la noche. Levantaba pesas cada vez más pesadas, practicaba artes marciales, estudiaba técnicas de combate cuerpo a cuerpo y mejoraba su control del vuelo. Corría largas distancias a velocidades sobrehumanas, golpeaba rocas hasta convertirlas en polvo y practicaba esquives y contraataques sin parar.

Era un entrenamiento brutal, similar al que una vez había visto en viejos animes que le gustaban: constante, disciplinado y sin descanso. En su mente, a veces aparecían flashes borrosos —un guantelete rojo, una voz grave llamándolo “compañero”, un dragón inmenso— pero los atribuía al cansancio.

Después de un mes completo de esfuerzo incansable, Mark había mejorado drásticamente. Su fuerza, velocidad, resistencia y técnica habían crecido a un nivel impresionante. Su cuerpo ya no era el de un chico normal.

Una tarde, de pie en un claro apartado, Mark miró sus puños cerrados y sintió el poder latiendo dentro de él.

Mark: Creo que ya es momento… de probar de verdad mis habilidades.

Una sonrisa confiada apareció en su rostro. El Sekiryuutei que dormía en su interior estaba despertando cada vez más.

Al día siguiente

Mark se encontraba en la cima de un edificio alto, vigilando la ciudad con su traje casero hecho a mano. Llevaba una camiseta roja ajustada, pantalones azules con una línea amarilla, botas rojas, guantes amarillos y una bandana amarilla que le cubría la mitad inferior del rostro, junto con gafas protectoras. Era un look improvisado, pero servía para ocultar su identidad mientras probaba sus poderes.

Mark: Parece que todo está tranquilo… —murmuró observando el horizonte.

De pronto, varios disparos resonaron a lo lejos.

Mark: ¡Un tiroteo cerca del banco! Vamos.

Se lanzó al vacío y voló a toda velocidad hacia el lugar.

En un callejón oscuro, dos ladrones armados corrían mientras un enorme hombre de piedra los seguía. Era **Titan**, un villano con cuerpo rocoso y fuerza brutal.

Ladrón 1: ¡No te adelantes, idiota! Quédate atrás para cubrirnos mientras escapamos.

Titan: Me trajiste para protegerlos de la policía. ¡No puedo hacerlo si me quedo atrás recibiendo balazos!

Ladrón 1: ¡Cállate y ayúdanos a saltar la cerca!

Titan agarró a ambos ladrones y se preparó para saltar, pero fue recibido por un fuerte golpe en el pecho que lo mandó a volar, destrozando la cerca de metal.

Mark aterrizó frente a ellos con confianza.

Mark: Creíste que ibas a salir de aquí tan fácil.

Titan se levantó lentamente, sacudiéndose los escombros, y miró al joven enmascarado.

Titan: ¿Quién eres tú?

Mark dudó un segundo, todavía sin decidir su nombre.

Mark: ¡Yo soy… Superboy! Aún no estoy seguro… suena un poco raro.

Titan soltó una risa burlona.

Titan: ¡Mejor te llamo “niño con un hueco en la frente”!

Titan cargó contra Mark con un puñetazo masivo. Mark esquivó con facilidad y contraatacó con una ráfaga de golpes rápidos. Titan intentó golpear repetidamente, pero Mark se movía como si ya hubiera peleado cientos de batallas. Finalmente, Mark se aburrió.

Mark: Ya me aburrí. Terminemos con esto.

Detuvo el puño de Titan con una mano y, con la otra, le lanzó un golpe poderoso directo al pecho. El impacto fue devastador: la armadura de piedra se resquebrajó y Titan cayó inconsciente al suelo.

Mark se miró el puño, sorprendido.

Mark: Solo con un golpe… Aún tengo que pensar en un buen nombre de superhéroe —dijo rascándose la mejilla.

De pronto, una voz familiar sonó detrás de él.

Nolan: Te ves algo ridículo con ese traje, ¿sabes? —dijo Omni-Man con tono burlón.

Mark se giró y vio a su padre apoyado en la pared del callejón.

Nolan: Un mes te tomó dominar tus poderes y ya sales con ese… atuendo.

Mark: Domino bien el vuelo y aprendí algunas técnicas de combate —respondió—. Este traje es solo temporal, para ocultar mi identidad mientras probaba mis habilidades.

Omni-Man (suspiró): Está bien. Pero no quiero verte con esa pinta ridícula. Vámonos, dejemos que la policía se encargue de ellos.

Ambos se elevaron en el aire.

Mark: ¿A dónde vamos? —preguntó.

Nolan: Te voy a presentar a alguien que puede ayudarte con un traje de verdad.

Un rato después llegaron a una tienda especializada en disfraces y trajes personalizados dentro de un centro comercial. Mark se quedó confundido.

Mark: ¿Me llevas de compras?

Nolan: Así es —respondió él.

Dentro, un hombre mayor llamado **Art Rosenbaum** estaba cosiendo un traje.

Al escuchar la puerta, levantó la vista.

Art: Los Grayson… —dijo con una sonrisa.

Omni-Man le estrechó la mano.

Nolan: Con quién crees que hablas.

Art (rio): Lo siento, lo siento. Debo preguntar: ¿trajes de fiesta de día y supertrajes con poderes nucleares de noche? —Miró a Mark—. Soy Art Rosenbaum, un placer conocerte. He escuchado mucho sobre ti.

Mark: Igualmente —respondió, observando los impresionantes trajes expuestos.

Art (sonrió): Tu papá nunca me había mencionado, ¿verdad?

Art: Bueno, yo…

Nolan: Es adolescente, Art. Apenas recuerda lo que ve en el espejo todas las mañanas —bromeó Omni-Man.

Mark se acercó a los trajes.

Mark: Me sorprenden estos diseños… ¿Significa que ya tendré uno propio, parecido al de papá?

Art (rio): Este chico es muy listo.

Nolan: No puedo dejarte andar por ahí en pijama —dijo Omni-Man.

Mark se probó el traje que Art le tenía preparado: un diseño amarillo y rojo con discos en el pecho, hombros y cintura, además de gafas amarillas.

Art: ¿Qué te parece? —preguntó

Mark: No estoy seguro… Los colores son muy llamativos y ¿qué son estos discos tan raros?

Art: Son baterías solares. Rediseñé el traje pensando que tus poderes y los de tu padre estaban basados en energía solar.

Mark miró a su padre.

Mark: ¿Qué opinas, papá?

Nolan: No es tu mejor trabajo, Art —comentó Omni-Man.

Art: No me culpes por intentar mover mercancía que no he vendido —replicó.

Mark se miró en el espejo.

Mark: Me gustan las gafas, me protegerán del viento al volar… pero estoy esperando algo más emblemático.

Art (asintió): Por supuesto. Todos quieren algo emblemático, un símbolo. Basándonos en tu padre puedo hacer un esfuerzo, pero necesitaré tu ayuda. ¿Ya te decidiste por un nombre?

Mark: Al principio pensé en Superboy, pero sonaba ridículo. Todavía estoy pensando.

Art: Pues tener un nombre a la oscura… la tiene las oscuras. “Furia Roja” es una furia roja cuando corre a tu lado, ¿entiendes? Dame algo con qué trabajar y lo haré emblemático. Piénsalo bien y lo hablamos.

Mark (sonrió): Está bien.

Esa misma noche

Mark aterrizó suavemente en el jardín trasero después de un largo entrenamiento. Debbie lo esperaba en la puerta con los brazos cruzados y expresión preocupada.

Debbie: Mark, ¿ya viste la hora que es?

Mark: Sí, mamá… se me pasó una hora. Prometo que la próxima vez regreso más temprano.

Debbie: Mark, necesitas descansar. Es casi medianoche, mañana tengo que ir a trabajar y tú tienes escuela.

Mark: Lo sé… pero todavía estoy pensando si realmente estoy listo para esto.

Debbie suspiró y su mirada se suavizó.

Debbie: ¿Recuerdas cuando eras niño y hablábamos todas las noches antes de dormir? Tú me contabas sobre el idiota que se burlaba de tu pelo y yo sobre mis compañeras de clase para que te sintieras mejor… No puedo volar contigo por las nubes, pero sigo aquí. Éramos solo tú y yo… y tu alocado y súper poderoso padre salvando mundos. Ahora son él y tú… y tu aburrida mamá normal.

Mark se acercó y la abrazó.

Mark: Ay mamá, no te pongas así…

Debbie: Descuida, cariño. Lo entiendo. Tienes que alejarte un poco de la vida normal conmigo y acostumbrarte a ser algo más… como tu papá.

Mark: Sí… eso me preocupa. No soy como papá. Es como llevar una doble vida: la normal y la heroica. A veces pienso que nunca estaré a su altura.

Debbie lo miró fijamente y tomó su rostro entre sus manos.

Debbie: ¿Quién dice eso? No tienes que ser el mejor Omni-Man de la historia. Solo tienes que dar lo mejor de ti.

Mark: ¿Y si mi mejor yo no es suficiente?

Debbie: Mark, no seas tonto. ¿Cómo no va a ser suficiente tu mejor tú?

Mark sonrió con calidez.

Mark: Gracias, mamá. Siempre te amaré siendo normal. Nunca olvidaré lo que era antes de tener poderes.

Debbie: Y yo siempre te amaré, hijo.

Se abrazaron con fuerza bajo la luz de la luna.

Al día siguiente

Mark y Nolan entrenaban en el aire, lanzándose una pelota a gran velocidad.

Nolan: Te ves muy cansado —comentó Nolan.

Mark: Estoy bien… solo tengo muchas cosas en la cabeza.

Nolan: ¿Y qué cosas? —preguntó, lanzando la pelota con fuerza.

Mark: Es que… no sé si puedo hacer esto. Aunque ya domino mis poderes, hay algo que me mantiene confundido.

Nolan: ¡La oyes!

Mark: Sí.

Nolan: Prepárate.

La pelota voló a una velocidad increíble. Mark la atrapó con precisión.

Nolan: ¿Nervioso? —preguntó.

Mark: No tanto.

Nolan: Pero la tienes.

Mark: Así es.

Nolan sonrió con orgullo.

Nolan: Ser un superhéroe no es muy distinto. Este es solo el comienzo de una larga aventura para ambos. En el camino tendrás que hacer cosas que no quieres o que crees que no puedes. Está bien tener miedo, es natural dudar de uno mismo… pero si puedes superarlo y hacer lo que debes hacer, estarás bien. ¿Crees que puedes hacerlo?

Mark: Sí —respondió con determinación, lanzando la pelota con mucha más fuerza.

Nolan la atrapó y lo miró con seriedad.

Nolan: Hijo, los adolescentes creen que son invencibles… y eso los vuelve imprudentes. Pero tú, Mark… tú realmente eres **Invencible**.

Esas palabras resonaron profundamente en Mark. Una idea clara se formó en su mente.

Mark regresó al taller de Art Rosenbaum.

Mark: ¡Ya lo tengo! Sé cómo llamarme.

Art sonrió.

???: De acuerdo, vamos a trabajar.

En la ciudad, sentado en la cornisa de un edificio alto, ahora vestía un traje completamente nuevo: negro y azul con detalles dorados, máscara integrada y gafas protectoras.

Mark se lanzó al cielo, probando su nuevo traje. El viento fluía perfectamente mientras volaba con confianza. De pronto, una fuerte explosión sacudió la zona.

???: ¡Rayos, hay problemas!

Voló a toda velocidad hacia el origen del caos.

En el lugar de la explosión, un villano con armadura negra y un enorme cañón láser en el brazo causaba destrucción. Su nombre: **Killcanon**.

Killcanon: ¡No crean que soy demasiado para ustedes! Ese edificio tiene un agujero, ¿ven? —gritó, señalando el daño mientras recibía disparos de la policía.

Preparó su cañón para destruir los vehículos policiales. Justo cuando iba a disparar, un fuerte impacto lo golpeó por el rostro sacandole unos dientes en el proceso.

Haciendo que se estrelle contra un edificio entero.

Invencible aterrizó con determinación.

???: Todo despejado.

Killcanon se levantó furioso y recibió otro golpe que lo mandó lejos. Invencible lo persiguió con una ráfaga de golpes precisos y poderosos, hasta que el villano se estrelló contra el pavimento.

Killcanon: ¿Quién eres tú? —gruñó Killcanon, sangrando.

Invencible se detuvo frente a él con una pose heroica.

???: Será mejor que te rindas. Yo soy…

La pantalla cambió, mostrando su nombre en grandes letras amarillas sobre fondo azul.

**INVINCIBLE**

Fin

Espero que les haya gustado no olviden comentar y votar para que siga con la historia, sin más que decir adiós.

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