Capítulo 1: Estás viendo un Dios.
Quiero probar este tipo de escritura y fanfic, algo más agresivo, deja tú opinión , las leo todas.
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La conexión en los juegos online MMORPG de realidad virtual no tenían tal cosa como un botón de pausa, aunque si que contaba con un Sistema de Suspensión de Actividad (SSA), este mismo, no era más que un icono junto al nombre del jugador que le decía a los compañeros de gremio, aliados o a los NPC, que se detuvieron mientras los jugadores atendían algo en el mundo real. Para volverlo más eficiente, los desarrolladores agregaron la función del SSA que convertía al jugador en un NPC al estar bajo ataque, de esta forma el jugador no se quedaría quieto hasta morir. Solo utilizaba los valores de las estadísticas, los patrones de ataque, hechizos básicos, y trataba de huir a la zona segura en caso de una emboscada. Dentro de un juego online, ocuparse en la vida real podría costarte la partida, por eso el SSA fue agradecido por los jugadores.
Así le pasó a Satoru, quien luego de conectarse para despedirse del gremio, caminar por los pasillos y leer la configuración de Albedo con ajustes vergonzosos, fue interrumpido...alguien llamó a su puerta. El conteo ya estaba en sus últimos cinco minutos, además le pareció una tontería visitar a alguien tan tarde durante la noche, pensó que no pudieron elegir un peor momento.
-¿Quién será a esta hora?-preguntó irritado. Se bajó de su silla de juego soltando un resoplido y caminó hacia la puerta.
Antes de abrir, dos personas ya discutían del otro lado, con una dinámica familiar que le hizo sonreír extrañado.
"No me importa si eres famosa, ¡arruinaste otro juego! dijiste que no sabías nada del Eroge! "- Era la voz de un joven, quizás de la misma edad de Satoru. Sin la interferencia de un micrófono, él pudo distinguirla de inmediato.
"Nos hacen decir eso todo el tiempo, cierra la boca"-Respondió una chica. - "Momonga-kun vive aquí ¿cierto?"
-"Hmm no lo sé, la dirección que me dio hace mucho estaba en mi chat... pero no decía número de departamento"- La voz de un hombre mayor resonó con un tono casi militar.
-"Ha, ya te dije que pregunte en la recepción, solo hay un Satoru Suzuki joven, debe ser aquí"-contestó una cuarta persona, en ese instante Satoru abrió la puerta.
-¡No puede ser! ¿¡Ustedes son!? - Gritó Satoru deteniéndose en seco. Quizás no eran los monstruos que esperaba encontrarse en Yggdrasil, pero de cierta forma los reconoció de inmediato.
Touchme, un hombre mayor, con el Cabello negro y algunas canas, ulbert otro hombre de mediana edad, muy delgado con un Cabello tan negro que parecía la tunica azabache de Momonga, en el centro estaba Peroroncino y bukubukuchagama, tan Jovenes como el, con un rostro alegre.
-¡Líder, venimos a despedir la noche! ¡Venga!-Gritó Ulbert extendiendo su mano y tomando a Satoru del cuello.
-¿¡Qué haces!?- preguntó Satoru entre divertido y extrañado.
Touchme sujetó su hombro y lo empujó con gentileza al pasillo. Chagama lo atrapó por el brazo y le sonrió con picardía a escasos centímetros del rostro.
-Touch-san solo tiene libre mañana, mi hermano y yo hasta el fin de semana, y ulbert no tengo idea. -explicó ella emocionada.
-Oye... - respondió el archidemonio que ahora parecía un oficinista a tiempo parcial. A pesar de la edad, aún tenía una abundante cantidad de cabello.
-Si vamos a despedir Ainz Ooal Gown, ¡debe ser en un nuevo juego luego de un par de copas!-señaló ella.
-Hablas como toda una alcohólica-dijo Peroroncino.
Satoru no supo qué decir, sin embargo se sujetó del hombro de Bukubukuchagama.
-¡Vamos!-respondió, pues aunque no eran los monstruos con los que solía tratar, sus voces le llenaron de la calidez de los gloriosos días de Ainz Ooal Gown.
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En la gran tumba subterránea de Nazarick, el avatar de Momonga observaba en primer plano a la súcubo arrodillada, la pantalla de datos ya estaba guardada, el último comentario decía; "Está muy enamorada de momonga". Mientras los ojos vacíos del no-muerto se posaban sobre ella, fríos y distantes como una escultura abandonada por el tiempo.
11:59:59...12:00:00...12:00:01
El fuego carmesí en los ojos del Overlord se incendió en el abismo sin fondo de su mirada.
Un rugido espantoso llenó la sala del trono, el aura negra del Overlord brotó como un torrente de energía maldita que empujó a todos salvó a Sebas y Albedo, quienes lo miraron confundidos. Albedo apretó los dientes y se apresuró a envolver a su amo en un abrazo por la cintura.
-¡Momonga-sama! ¡Momonga-sama! - gritó desesperada, la energía maldita de su señor le quemaba la piel, no le hacía demasiado daño, pero ardía como el hierro hirviendo. - ¿¡Qué sucede Momonga-sama!?
Tan pronto como está explosión de miesma negra ocurrió, fue diluyéndose junto con el ensordecedor alarido del Overlord, quien a pesar de ser un no-muerto, parecía jadear de dolor. Aun con la súcubo abrazada de su cintura él la ignoró y contempló sus manos, repletas de joyas preciosas. Al cerrar el puño los huesos parecieron acomodarse pues crujieron con fuerza.
-¿¡Está bien!? ¡Momonga-sama! - masculló la supervisora de los guardianes al borde de las lágrimas.
El no-muerto se giró en silencio a observar a la demonio que lo abrazaba. Sus ojos derramaban lágrimas pero él jamás la había visto así...tan expresiva...
Extendió ambas manos y la sujetó del rostro, inspeccionando su piel. Albedo abrió mucho los ojos confundida, para el Overlord, la mujer tenía una piel suave y elástica, le abrió la boca y comprobó sus dientes y su lengua.
-Fascinante... - murmuró con una voz gruesa.
Albedo miró de reojo a Sebas Tian, el mayordomo de cabello plateado observó a su señor confundido. Tan ruborizado como Albedo por el abrupto cambio de actitud de su amo.
-Hay algo derramándose sobre Nazarick... el tiempo, el mundo, las estrellas... - continuó el no-muerto, acariciando el cabello de la súcubo. Entrelazando sus dedos detrás de su nuca.
Albedo explotó en un color rojizo, sin embargo seguía muy asustada.
-Momonga-sama... ¿Qué le sucedió hace un momento? - se esforzó en preguntar.
-Silencio. - ordenó el no-muerto, sin dejar de inspeccionar su rostro de ojos ámbar. - El supremo Tabula te ha hecho perfecta...
Albedo intentó balbucear palabras ininteligibles, pero se obligó a guardar silencio. Momonga se giró a ver a Sebas.
-Trae a todo el mundo aquí. - ordenó sin titubeos. - a todos los seres pensantes de Nazarick con excepción de los guardianes Victim y Gargantua.
Sebas nunca recibió una orden tan distinta, asintió con fervor y salió de la sala del trono observando por sobre su hombro a su amo inspeccionando a la supervisora de los guardianes.
«¿Por qué me da tanto miedo?» se preguntó el mayordomo.
Momonga continuó inspeccionando a la mujer, jamás supo cómo se sentía la piel, su tacto quemaba la pálida piel de Albedo pero el no-muerto veía fascinado cómo sanaba en tiempo real.
-Probablemente estés confundida. - señaló el no-muerto con calma. - Siento que acabo de despertar de un sueño...
Hizo una pausa y acercó su rostro a la cara sonrojada de la guardiana, que más que aterrada parecía emocionada, se quedó muy quieta. Sus piernas perdieron fuerzas, se doblaron y cayó de rodillas pero el Overlord no dejo de inspeccionar su bello rostro, reflejándose en su mirada.
-¿Tienes activada una habilidad de regeneración pasiva?- interrogó metiendo un dedo a la boca de la súcubo, tocando su mejilla por dentro y por fuera. Sin importarle empaparse de su saliva.
Albedo lo pensó bien antes de responder, quizás era un efecto pasivo de sus ropas. Cómo tanque, el vestido blanco le daba acceso a una regeneración lenta de HP. Pero su amo ya sabía eso.
Negó con la cabeza.
-Conoces los efectos de los objetos que utilizas...- mencionó el no-muerto. Recordaba a sus amigos silenciosos creandolos, un conjunto de magia o algún tipo de ciencia inexplicable que los formaban con algo llamado [datos] pero ahora eran de carne y hueso, pensantes- De verdad fascinante...
La soltó y Albedo cayó debilitada justo delante del trono de los reyes, tocio un poco cubriéndose la boca con el revés de la mano. Levantó la vista y el ser supremo se dirigió de regreso a su trono, hizo un movimiento elegante con su capa y se sentó con gracia sobre su trono.
-Ya puedes hablar. - anunció mirando las banderas fijas en el alto techo del décimo piso de la gran tumba subterránea de Nazarick.
-Momonga-sama... ¿Se encuentra bien? - preguntó con ambas manos en el corazón, su respiración lenta y pesada trataba de controlar su excitación lo suficiente para tomar la prioridad principal, el bienestar de su amo por sobre el placer.
-Algo cambió a nuestro alrededor... quiero que revises cuánto antes el exterior de la tumba, envía a alguien. - hizo un ademán con su mano para que la mujer se apresurara.
Albedo tardó un segundo en reaccionar, sin embargo, hizo una reverencia rápida y salió de la sala del trono tan rápido como pudo sin correr.
El overlord meditó en silencio lo que estaba pasando, de alguna manera sintió que emergió de la nada, de un abismo sin fondo de oscuridad directo hacia la gran tumba subterránea de Nazarick, sin embargo, conocía cada detalle de la tumba, de la magia, de Yggdrasil. Un sin fin de conocimiento fue puesto en su mente como explosión mágica de súpernivel.
Sentía el tacto sin tener piel, sentía la humedad y el aliento de Albedo y también podía ver sin ojos normales. No sentía miedo por sus alrededores, tampoco sentía que fuera otra persona. No tenía idea de porque sentía como si acabase de despertar de un profundo sueño, la realidad parecía mezclada y tortuosa, sentía que algo importante se había perdido pero no tenía idea de que.
«¿Quién soy yo?» se preguntó en silencio y se puso de pie, el miesma de muerte se deslizó por los escalones del trono derramándose en el suelo. «Inquietud» meditó tocando el objeto mundial con su mano.
Extendió esa misma mano hacia las banderas que colgaban en el techo, sus amigos estaban ahí, los otros seres supremos, silenciosos por todo Yggdrasil completaron misiones con una sinergia perfecta, aunque ninguno hablara. De cuando en cuando, burbujas de pensamiento aparecían con expresiones de tranquilidad, diversión o miedo, pero jamás una sola palabra dicha... solo escritas.
Él era uno de ellos, no, él era el líder de todos ellos. Metió su mano en un espacio oscuro que se abrió en el aire, extrajo una corona y la miró con atención.
[Corona del dios de la muerte] un objeto simple de nivel legado. Recordó cuando Ulbert Alain Odle se la dió, agregó una nota que rompió-como en contadas veces-su silencio.
«Momonga-Kun, si usas esto como Lich, obtendrás una potencia extra en tus hechizos ofensivos, solo la puedes usar tú"» Recordaba sus palabras con precisión quirúrgica, será que el otro ser supremo, el mago continental, ¿lo estaba reconociendo como dios? Él no lo sabía, pero ¿Y si eso era el? Un Dios de la muerte.
Su mente estaba llena de recuerdos de sus preciados amigos, pero también de una profunda ausencia durante algunos años en que sin pronunciar palabra entregaron todo de ellos y se desvanecían en el aire.
«¿Murieron?» se preguntó indiferente para su sorpresa. «¿Trascendieron?»
Las puertas de la sala del trono se abrieron una vez más, Albedo volvía a su puesto, aún a lo lejos, el overlord contemplaba en ella la duda y una vacilación extraña.
«¿Porque la obligue a amarme?» se preguntó.
Era una creación perfecta, de eso no tenía dudas, pero no le provocaba nada mirarla. Más y más guardianes entraron, todos excepto una. La vampiresa guardiana del primero al tercer piso de la tumba subterránea de Nazarick.
Albedo no tuvo que explicar nada.
El entendía que la asignó para la inspección exterior por su capacidad de usar [Gate] y al estar más cerca de la salida principal. Solo asintió hacia Albedo quien bajó la cabeza y se colocó de rodillas, más guardianes llegaron y la imitaron en silencio.
Momentos después Shalltear llegó a la sala del trono.
-¡~Ahh ~ Momonga-sama~ su belleza excede todas mis expectativas!
Ella extendió los brazos como si recitara una sonata, sin embargo, el overlord en el trono extendió su mano e hizo una señal fuerte para que se arrodillara.
-Demando silencio, Shalltear Bloodfallen. - rugió el no-muerto indicando que se inclinara con insistencia.
El rostro de Shalltear se ruborizó por completo.
-¡Si!- exclamó y cayó de rodillas aunque aún estaba algo lejos del trono. Comenzó a mover sus piernas en frotes suaves que Momonga no comprendía del todo hasta que la vio sujetar su entrepierna.
Aura Bella Fiora quien estaba justo detrás de la supervisora de los guardianes soltó un carraspeó, la elfo oscura soltó un gemido suave y su hermano -Mare Bello Fiora- la observó de reojo, pues temió que su amo la regañara.
El Overlord los observó en silencio, el guardián del 7mo piso tenía una sonrisa marcada en la comisura de sus labios y el guardián gélido parecía estoico y firme. Ambos arrodillados. Las pléyades también estaban ahí, un grupo de sirvientas de batalla que servían como último bastión para proteger Nazarick ante invasores, comandadas por Sebas Tian. Momonga estaba complacido porque al igual que Albedo, todos eran creaciones perfectas.
-Shalltear Bloodfallen nos dirá que vio ahí afuera.
-¡Ah! ¿Si? ¡Si! - exclamó la Vampira, su amo clavó su mirada en ella con interés, lo que la hizo temblar.
A diferencia de él, ella se ruborizaba y parecía emocionarse o serenarse. Ella era la creación de Peroroncino, por lo que esperaba cierta vivacidad, pero recordaba que tenía bastantes datos cuestionables en su ficha de información. También recordaba con bastante precisión la ficha de cada uno de los seres de Nazarick, aunque el Satoru real solo las hubiera visto una vez, aunque hubiera deslizado con rapidez, el Overlord lo recordaba todo. Cómo un monolito de memorias vivientes.
-La gran tumba subterránea de Nazarick está rodeada por solo pradera, mis familiares dicen que hay un pueblo a algunos kilómetros de aquí. Me parece que humanos normales, además de eso, me temo que no sabemos más... parece un área remota... - ella habló con rapidez y de forma falsamente elocuente, el Overlord asintió satisfecho.
-Vayan al pueblo con precaución y traigan algunos humanos, tengo que hacer algunas preguntas... - ordenó al ser supremo mirando hacia abajo sin mover su cabeza.
Un recuerdo cruzó fugaz por su mente y entonces se le ocurrió algo mejor.
-Neuronist Painkiller obtendrá los resultados de forma más eficiente.- agregó el Overlord. - El líder de la aldea de preferencia. No necesito un campesino ignorante.
Sebas Tian apretó los puños esforzándose en ocultar su desacuerdo momentáneo. La primera orden en un terreno desconocido tenía sentido que fuera la recopilación de información... pero enviarlos a Neuronist.
El mayordomo levantó la cabeza y observó a la figura de la muerte misma mirándolos, un sudor frío recorrió la espalda del hombre de cabello plateado.
No podía decidir si estaba orgulloso o aterrado hasta lo más profundo de sí. Sin embargo, tenía una extraña sensación de miedo persistente, era como si su cuerpo quisiera ponerse defensivo.
-Albedo, eleva la seguridad de la tumba al máximo- El Overlord levantó una mano y luego hizo un ademán fuerte al dictar su orden.
-¡Si, Momonga-sama! - respondieron al unísono con una sincronía perfecta.
Ese breve instante Momonga recordó a uno de sus amigos, uno que le dió un libro escrito por él mismo, repleto de información relevante sobre las invasiones y las defensas de la fortaleza.
«"Para el jefe de Nazarick, una guía de como proteger la tumba y no matarnos en el proceso"» Punitto Moe.
-El terreno nos ha desfavorecido con la vista recta y las miradas aéreas, Mare Bello Fiora. - pronunció Momonga con fuerza.
-¿¡Si!‽ - exclamó el nervioso gemelo de Aura.
-Usa tu magia para ocultar Nazarick de la vista. - Momonga metió su mano a un espacio oscuro una vez más y extrajo uno de los anillos de Ainz Ooal Gown- La eficiencia y rapidez serán claves para evitar un enfrentamiento temprano, no te detengas hasta que termines, cubre Nazarick y el área alrededor con el suelo mismo. Aunque tengas que crear montañas y valles, Nazarick no debe ser vista.
-¡Si, Momonga-sama!
El ser supremo hablaba con una voz tan fuerte y terrible que los guardianes temblaban en su sitio con cada una de sus palabras. Sin embargo, todo lo que salía pronunciaba resultaba en órdenes limpias y eficientes. Cargadas a una autoridad propia de un dios, el miedo se acentuaba en los corazones de los guardianes a la par de un respeto y devoción crecientes.
"Es ese el amo de la tumba, es él quien se quedó con nosotros hasta el final"
Aquel ser esquelético apretó su puño contra el respaldo del trono de los reyes, un golpe seco de su puño cerrado se escuchó haciendo sacándolos a todos de sus pensamientos.
-El tiempo es valioso para mí. No me hagan esperar. - rugió el no-muerto.
-¡S-si!- respondió Albedo poniéndose de pie. - Demiurge lleva a los generales demonios al primer piso, Shalltear supervisa los alrededores de la tumba, asegúrate que no haya enemigos ocultos o patrullas de ciudades cercanas, flotantes o subterráneas. Cocytus, tu prepara las fuerzas internas en caso de invasión y lleva a victim al primer piso. Aura protege a Mare en sus deberes.
Mientras Albedo repartía las tareas recién dadas por su amo, le pareció sentir la vista del ser supremo clavada en su espalda como una estaca, a diferencia del terror frío que sabía que podría llegar a sentir. Ella sentía calor. Una fuerte presión le sacudía el pecho, la guardiana quería demostrar de lo que era capaz. Quería mostrarle que era lo que podía hacer para ser valiosa a su lado, de cierta forma, sabía que los guardianes pensaban lo mismo, pues todos tenían una expresión decidida.
Cuando terminó de dar las órdenes con Sebas y las pléyades patrullando los niveles de la tumba, ella se giró de nuevo a ver a su amo.
Quien ahora veía las pantallas del sistema de seguridad de Nazarick. Con uno de sus esqueléticos dedos en el mentón, inmóvil igual a una escultura.
-Momonga-sama... ¿Hay algo en lo que pueda servirle yo?- preguntó la supervisora.
-No. - contestó el Overlord tajante, por un segundo Albedo se sorprendió.- Estoy complacido con las órdenes que diste, por ahora hemos terminado... no estoy seguro de porqué tienes asignado el cuarto del trono como habitación, puedes tomar los aposentos de Tabula Smaragadina-san como propios para que descanses.
-P-pero...
El Overlord se giró a verla. Albedo tembló en su sitio bajando la cabeza.
-Disculpe mi insolencia mi señor, pero con Nazarick en alerta máxima no puedo permitirme descansar... - respondió la guardiana con rapidez y entonces lo miró a los ojos.
El Overlord la miró en silencio un largo rato hasta que se levantó y se acercó a ella. Colocó una mano entre sus cuernos y aunque el gesto era cálido, Albedo sintió el daño de su aura oscura quemando su piel, un dolor suave al tacto.
-Debes vigilar a los guardianes cada veinte minutos. - añadió Momonga con un tono más respetuoso, sin embargo, no estaba seguro de porqué lo hacía. Extrajo un segundo anillo de Ainz Ooal Gown y se lo dio. - Con esto no importa donde estés, vendrás a mí de inmediato a reportar, tu deber es el monitoreo, no me hagas repetirme, llevas de pie junto al trono por al menos diez años. Descansa un poco y después supervisa a los guardianes.
Albedo apretó el anillo contra su pecho, atónita. El ser supremo que le ordenó amarlo, ahora le daba actos de cariño. Titubeó mientras se colocaba el anillo en el dedo nupcial.
-Deberías aprovechar ahora que tienes un momento, dependerá mucho de lo que digan los humanos sobre los alrededores, pero puede que debamos explorar fuera de la tumba. - Momonga miró hacia arriba.
Su voz se tornó más profunda, Albedo se sintió aplastada de pronto, por una presencia envolvente y terrible, aún ella que era un ser de maldad pura, se encontró titubeante al ser salido de lo más profundo del abismo. Más allá del infierno, dónde lo más siniestro repta en la oscuridad.
-Nuestro avance y victoria es solo la suma del tiempo, llevaré a los no-muertos a todos los rincones de este mundo, como Dios de la muerte y entidad que nunca perece vigilare la vida - Pronunció con resignación, un resultado inevitable por una mente incomprensible para Albedo.
-¡Seguiré sus órdenes sin vacilar, Momonga-sama!- respondió Albedo, sus ojos resplandecieron cual estrellas.
Ella se inclinó ante su amo y se colocó el anillo, manteniendo la cabeza agachada, sus labios temblaban debajo. En algún lado del 9no piso de la tumba, el grito de felicidad de la supervisora de los guardianes hizo temblar los cimientos de Nazarick.








