El Latido Oculto 《Charlie Babe》 by Vanesa at Inkitt
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El latido oculto 《CharlieBabe》

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Summary

Babe (alfa especial) y Charlie (Enigma) luchan por superar las sombras de su pasado, las mentiras, los experimentos peligrosos y las amenazas externas. En medio del caos, surge un lazo aún más profundo que los obliga a enfrentar sus miedos, proteger lo más valioso y construir juntos una nueva vida llena de amor, desafíos y ternura....

Genre
Drama
Author
Vanesa
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ONE SHOT

El latido oculto

El laboratorio subterráneo de Pete estaba envuelto en el habitual zumbido de máquinas y el olor metálico de reactivos. Babe entró con paso firme, la chaqueta de cuero aún puesta, aunque su expresión era más grave de lo habitual. Pete, Chris y varios de los chicos del equipo X Hunter ya lo esperaban. Charlie no estaba; Babe se había asegurado de eso.

—Chris.— dijo Babe directamente, sin preámbulos.— quiero que experimentes conmigo. Necesitamos esa poción disolvente de habilidades. Si alguien puede encontrar la forma de quitárselas a Charlie…soy yo.

Pete frunció el ceño, cruzado de brazos.

—¿Estás seguro? Tony ya te usó como conejillo de indias. No quiero que vuelvas a pasar por eso.

—Esta vez es mi decisión.— respondió Babe, mirando al científico extranjero.— Charlie no puede seguir cargando con ese poder. Es una maldición. Haré lo que sea necesario.

Chris ajustó sus gafas y asintió con seriedad.

Era un hombre alto, de acento marcado y mirada analítica.

—Bien. Empecemos con los análisis de sangre y un escaneo completo para evaluar tu condición actual. Siéntate.

Babe se quitó la chaqueta y se acomodó en la camilla. Los chicos observaban en silencio, tensos. Chris conectó los sensores y comenzó a tomar muestras. El proceso fue meticuloso: extracción de sangre, escáneres de ondas, análisis hormonales. Todo transcurría en un silencio incómodo roto solo por el pitido de las máquinas.

De pronto, Chris se detuvo. Sus cejas se alzaron ligeramente mientras revisaba los resultados en la pantalla.

—Babe…— su voz sonó cautelosa.— Los niveles de hCG están elevados. Muy elevados para un alfa.

Babe parpadeó, confundido.

—¿Qué significa eso?

Chris giró la pantalla hacia él, señalando los valores.

—Estás embarazado. Aproximadamente tres semanas.

El silencio que cayó sobre el laboratorio fue ensordecedor. Babe se quedó congelado, con la boca ligeramente abierta. Su mano subió instintivamente hacia su abdomen plano, como si necesitara confirmar que aquello era real.

—¿Embarazado…?— repitió en un susurro ronco.

Un flash lo golpeó: la noche en el apartamento de Charlie, después de descubrir las mentiras de Charlie. La discusión que terminó en besos desesperados, ropa tirada en el suelo y Charlie moviéndose dentro de él con esa intensidad que solo un Enigma podía tener.

Esa noche en la que ambos se entregaron sin barreras, sin saber que sería la última antes de que todo se rompiera.

Uno de los chicos soltó una maldición por lo bajo.

Pete se pasó una mano por la cara, visiblemente sorprendido.

Chris esperó unos segundos antes de hablar con calma profesional.

—¿Estás listo igual para hacer las pruebas, Babe? El procedimiento será invasivo. Hay riesgos.

Babe se tocó el abdomen con más firmeza, sintiendo una calidez extraña bajo sus dedos.

Su instinto alfa rugía protectoramente. Cerró los ojos un momento, respirando profundo, y luego levantó la mirada con determinación.

—Sí, lo haré.— dijo con voz firme pero baja.— Solo haz lo posible en no lastimar a mi bebé.

Chris lo observó en silencio. No estaba de acuerdo, era evidente en su expresión, pero respetó la decisión.

—Entendido. Haré los ajustes necesarios en el protocolo. Todo se centrará en minimizar cualquier impacto en el feto.

Babe asintió, aún con la mano sobre su vientre.

Chris continuó, midiendo sus palabras:

—¿Qué harás con Charlie? ¿Se lo dirás? Es el padre también.

Babe levantó la vista. Sus ojos brillaban con una mezcla de dolor y resolución férrea.

—Esto es sobre su vida.— respondió.— En cuanto al bebé…no debe saberlo. Él me terminó, así que no es su responsabilidad. Es solo mía.

El tono de Babe no admitía discusión. Chris apretó los labios, claramente en desacuerdo, pero guardó silencio por respeto. Tras unos segundos, añadió:

—Haremos las pruebas. Y en cuanto al bebé, no te preocupes. Haré todo lo posible en no lastimarlo. Monitorearé sus signos vitales constantemente.

Babe soltó un suspiro tembloroso y lo miró con gratitud sincera.

—Gracias, Chris.

El científico inclinó la cabeza y volvió a sus instrumentos, ajustando parámetros en el sistema.

—Empezaremos con una dosis controlada. Quédate quieto.

Mientras las máquinas volvían a zumbar, Babe mantuvo la mano sobre su abdomen, protegiendo instintivamente lo que crecía allí.

Un nuevo secreto que añadir a todos los demás. Un bebé de un Enigma. El ser más poderoso de la cadena alimenticia…y él, un alfa especial, ahora cargaba con su hijo en secreto.

La prueba comenzó, pero el peso real ya no estaba solo en sus habilidades. Estaba en el pequeño latido que apenas empezaba a formarse dentro de él.

Días de silencio y resistencia

Los días siguientes en el laboratorio subterráneo se convirtieron en una rutina tensa y agotadora. Babe llegaba temprano cada mañana, con ojeras marcadas pero la mandíbula firme. Solo Chris, Pete y un pequeño grupo de los chicos de X Hunter estaban presentes: Alan, North y Sonic, quienes se turnaban para darle apoyo moral.

Nadie más sabía lo que ocurría allí abajo, y mucho menos Charlie.

La primera prueba del segundo día consistió en una serie de inyecciones controladas con un suero experimental. Babe estaba recostado en la camilla, con sensores pegados al pecho y al abdomen. Chris revisaba constantemente los monitores que controlaban no solo sus signos vitales, sino también los del bebé.

—Los latidos fetales son estables.— informó Chris con voz calmada mientras ajustaba una dosis.— El suero parece compatible por ahora, pero voy a reducir la concentración un 15% para mayor seguridad.

Babe asintió, con una mano descansando sobre su abdomen plano. Aún no se notaba nada, pero él podía sentirlo: una calidez constante, una presencia diminuta que lo hacía más consciente de cada movimiento.

—Haz lo que tengas que hacer.— murmuró Babe.— Solo…protégelo.

North, sentado a un lado, le pasó una botella de agua y apretó su hombro.

—Estás aguantando como un campeón, Babe. Si necesitas parar, solo dilo. No eres un maldito experimento.

—Estoy bien.— respondió Babe, aunque su voz sonaba más ronca de lo normal.— Esto tiene que funcionar. Charlie no puede seguir así…con esa carga. Si puedo quitarle aunque sea una parte, valdrá la pena.

Sonic, desde el otro lado de la habitación, cruzó los brazos y miró a Chris.

—¿Cuántos días más de esto?

—Al menos una semana de pruebas escalonadas.— contestó el científico sin levantar la vista de sus notas.— Estamos midiendo cómo reacciona su cuerpo alfa especial al disolvente. El embarazo complica los parámetros, pero estamos avanzando con cuidado.

Pete observaba todo desde la puerta, con expresión preocupada.

—Babe, si en algún momento sientes algo raro…mareos, dolor, lo que sea…paramos. No me importa cuánto tardemos.

Babe cerró los ojos un momento mientras otra ronda de análisis comenzaba. Las máquinas zumbaban suavemente. Recordaba fragmentos de la noche con Charlie, pero los apartaba con fuerza. Ese bebé era suyo. Solo suyo. Charlie había cerrado esa puerta; él no iba a arrastrarlo de vuelta solo por responsabilidad.

Al tercer día, durante una sesión más intensa de escáneres, Babe sintió una leve náusea.

Se incorporó ligeramente, respirando profundo.

—Chris…

—Estoy viéndolo.— dijo Chris de inmediato, ajustando el equipo.— Es leve, probablemente por el suero. El bebé sigue estable. Te voy a dar algo para estabilizarte.

Alan le acercó una compresa fría y se quedó a su lado en silencio, solo acompañándolo.

Ninguno de los chicos preguntaba demasiado. Sabían que Babe no quería hablar del tema del embarazo más allá de lo necesario.

—Gracias…a todos.— dijo Babe en voz baja cuando la sesión terminó esa tarde. Estaba exhausto, pero su mirada seguía siendo decidida.— Esto no es solo por Charlie. Es por todos nosotros. Nadie debería cargar con tanto poder en contra de su voluntad.

Chris se acercó y le entregó un informe impreso.

—Los resultados preliminares son prometedores. Tu cuerpo está respondiendo mejor de lo esperado, y el feto no muestra signos de estrés. Seguiremos así.

Babe se tocó el abdomen con discreción, como había empezado a hacer cada vez que terminaba una prueba. Un gesto protector que ya se estaba volviendo instintivo.

—Bien. Mañana continuamos.

Mientras salía del laboratorio acompañado por los chicos, el peso de los secretos crecía.

Las pruebas continuarían, el bebé seguiría creciendo en silencio y Babe mantendría su decisión: Charlie nunca sabría de esa vida que ahora latía dentro de él. Era su responsabilidad. Solo suya.

Y por ahora, en medio de tubos, monitores y el apoyo silencioso de sus amigos, eso era suficiente para seguir adelante.

Orgullo, ira y deseo

Charlie introdujo el código en la puerta principal. No había sido cambiado. El familiar pitido de confirmación le apretó el pecho mientras entraba a la casa que una vez compartió con Babe. El lugar seguía igual, pero el olor de Babe estaba más intenso, mezclado con algo nuevo, más dulce y profundo. Su instinto de Enigma lo reconoció al instante: embarazo.

Jeff se lo había contado todo esa misma tarde. La rabia y la alegría chocaban dentro de él mientras caminaba hacia la sala. Babe estaba en la cocina, de espaldas, solo con una camisa blanca fina y casi transparente que dejaba ver la silueta de su cuerpo. Chris lo había mandado a descansar después de las últimas pruebas. Se veía cansado, pero seguía siendo el mismo Babe terco y hermoso.

Babe se tensó al sentir la presencia. Se giró lentamente y se dirigió a la sala de estar, cruzándose de brazos.

—¿Qué haces aquí?— preguntó con voz fría.

Charlie lo miró fijamente, los ojos ya estaban empezando a teñirse de rojo.

—¿Por qué me ocultaste lo del embarazo?

Babe se sorprendió visiblemente, abriendo los ojos.

—¿Cómo lo supiste?

—Me lo dijo Jeff.— respondió Charlie, dando un paso más cerca.— Si no fuera por él, jamás lo habría sabido.

Babe soltó un quejido de frustración y se pasó una mano por el cabello.

—No tendría porqué haber abierto su boca…No es su asunto.

Charlie rio con amargura, pero sus ojos brillaban con intensidad.

—Pero sí es el mío.

Babe negó con la cabeza, firme.

—No lo es.

Charlie arqueó una ceja, acercándose más.

—¿No lo es? Es mi hijo también, no lo hiciste solo.

Babe refutó con voz cortante:

—Que no lo es…Es solo mi bebé, mi responsabilidad. Me terminaste, así que no es necesario que tomes un rol que no te corresponde.

Los ojos de Charlie se volvieron completamente rojo carmesí, su aura de Enigma llenando la habitación.

—Estás equivocado, Babe…Por más que haya terminado contigo, el bebé es mío también. Es mi responsabilidad y peor aún te sometes a ser el experimento de Chris…¿En qué carajos estás pensando?

Babe dio un paso atrás.

—No es asunto tuyo.

Charlie rectificó con voz grave y peligrosa:

—Pero sí el de mi hijo. Estás poniendo en riesgo su vida…Eso no lo voy a permitir.

Babe sintió un pinchazo fuerte en el pecho.

Por un segundo, el dolor le nubló la vista.

Charlie solo se preocupaba por el bebé, no por él. Con ironía amarga, respondió:

—Me había olvidado…como soy la puta incubadora es normal que solo te preocupe nuestro hijo… Mi vida no vale para ti. No te preocupes que no voy a permitir que le pase nada a mi bebé…Quédate tranquilo, ahora vete de mi casa.

Babe se dio la vuelta para subir las escaleras hacia su habitación, pero Charlie lo detuvo agarrándolo del brazo y lo volteó con fuerza controlada.

—No vas a seguir haciendo eso, Babe.

Babe forcejeó, intentando ignorar cómo su cuerpo, más sensible por el embarazo, reaccionaba al contacto de Charlie.

—Sí, lo haré.

Charlie lo atrajo bruscamente contra su cuerpo. Babe jadeó contra su boca. El brazo fuerte de Charlie rodeó su cintura.

—Eres tan terco.— murmuró Charlie, mirando fijamente los labios de Babe.

Babe se puso nervioso y trató de apartarlo.

—Charlie, suéltame…Si realmente no te importo, solo vete…Te prometo que el bebé estará bien.

Charlie gruñó, su voz ronca.

—¿En serio piensas eso?

Babe murmuró, con la respiración agitada:

—Es lo que parece.

Charlie lo atrajo aún más cerca. Babe jadeó de nuevo al sentir el calor del cuerpo del Enigma contra el suyo.

—Me importan ambos. Tanto tú como el bebé son mi prioridad…Joder, te amo, mi amor.

Babe abrió la boca para responder, pero Charlie lo devoró en un beso hambriento, lleno de amor, necesidad y frustración acumulada. Babe gimió contra sus labios y se aferró a los hombros de Charlie. Este último lo levantó sin esfuerzo, haciendo que Babe enredara sus piernas alrededor de su cintura, y lo presionó contra la pared más cercana.

Mientras lo besaba con intensidad, Charlie murmuró contra su boca:

—El puto orgullo que me da el saber que llevas a mi hijo dentro de ti, mi amor…

Sus manos bajaron posesivamente hasta las caderas de Babe, apretándolo más contra su cuerpo. Babe jadeó, sintiendo cómo su camisa transparente se subía y dejaba su piel expuesta. Charlie deslizó una mano debajo de la tela, acariciando su abdomen aún plano con reverencia.

—Nuestro hijo…— gruñó Charlie contra su cuello, mordiendo suavemente la piel sensible.— Y tú…joder, Babe, no sabes cuánto te necesito.

Babe gimió más fuerte, arqueándose contra él. Sus manos se enredaron en el cabello de Charlie mientras este lo besaba más profundo, lengua explorando con urgencia.

Charlie lo sostuvo con un brazo mientras la otra mano bajaba, acariciando el interior de sus muslos y subiendo hasta rozar su entrada ya húmeda por el calor del embarazo y el deseo.

—Charlie…— jadeó Babe, voz entrecortada.— No…deberíamos…

—Shh.— susurró Charlie, mordiendo su labio inferior.— Déjame sentirte. Déjame cuidar de los dos.

Empujó lentamente dentro de Babe, arrancándole un gemido largo y entrecortado.

Charlie lo sostuvo contra la pared, moviéndose con ritmo profundo pero controlado, sus ojos rojos fijos en los de Babe.

—Eres mío…los dos lo son.— gruñó mientras entraba y salía, una mano protectora sobre el abdomen de Babe.— Dime que lo sientes, mi amor.

Babe asintió entre gemidos, aferrándose más fuerte, piernas temblando alrededor de su cintura.

—Sí…joder, Charlie…lo siento…

Los movimientos se volvieron más intensos, Charlie susurrando promesas y declaraciones de amor entre cada embestida, besando su cuello, su pecho, protegiendo instintivamente el vientre donde crecía su hijo. Babe se dejó llevar por completo, el placer y la emoción mezclándose mientras ambos alcanzaban el clímax juntos, Charlie enterrado profundamente dentro de él, repitiendo su nombre como una plegaria.

Cuando bajaron de la ola, Charlie lo sostuvo con cuidado, besando su frente sudorosa.

—No vas a hacer esto solo nunca más, Babe. Ni las pruebas, ni criar a nuestro hijo. Estamos juntos en esto.

Babe, aún jadeando contra su cuello, el orgullo derritiéndose bajo el peso del amor y la posesión del Enigma.

Lágrimas, leche y posesión

Babe recuperó el aliento con dificultad, aún sostenido contra la pared por el cuerpo fuerte de Charlie. Sus piernas seguían enredadas en la cintura del Enigma, y el calor de su liberación aún palpitaba dentro de él. Levantó la mirada, los ojos vidriosos, y susurró con voz ronca:

—Pero yo quiero ayudarte…Déjame hacerlo, Charlie.

Charlie negó con la cabeza, firme, mientras sus manos seguían sosteniendo las caderas de Babe.

—No lo harás, Babe.

Babe insistió, terco como siempre:

—Quiero serte útil, estoy seguro que lo lograré.

La voz de Charlie cambió de inmediato. Ese tono profundo, autoritario y cargado de poder de Enigma llenó el espacio:

—No.

Babe se encogió visiblemente ante el mando, su cuerpo reaccionando instintivamente al aura dominante. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Me gritaste…— murmuró con voz temblorosa.

Charlie, sin inmutarse, respondió con calma:

—No lo hice.

Babe intentó apartarlo, empujando sus hombros.

—Lo hiciste…ya no me amas, por eso eres así conmigo.

—Babe, escúchame.— dijo Charlie, tratando de sujetarlo mejor.

Babe negó con la cabeza mientras una lágrima gruesa se deslizaba por su mejilla.

—Suéltame…salte de mí ya…

Charlie gruñó bajo y lo besó con fuerza para calmarlo. Babe soltó un sollozo ahogado contra su boca, intentando girar la cara para escapar del beso.

—Solo quiero serte útil, Cachorro…— susurró con la voz rota.

Charlie respiró hondo, su frente pegada a la de Babe, y aclaró con voz más suave pero aún dominante:

—Con que tú y el bebé estén bien ya me estás ayudando, mi amor…Mi mayor prioridad es el bienestar de ambos. Solo eso.

Sin darle tiempo a protestar más, Charlie rompió la camisa blanca transparente de un tirón seco, dejando el torso de Babe completamente expuesto. Bajó la cabeza y capturó uno de sus pezones hinchados con la boca, chupando con fuerza. Un chorro de líquido blanco y tibio salió inmediatamente.

Babe jadeó agudamente, arqueando la espalda.

—¡Ahh! Charlie…¿qué…?

Charlie levantó la mirada, sus ojos ahora de un rojo carmesí intenso, brillando con hambre y posesión. Lamió el líquido de sus labios.

—Estás produciendo leche, mi amor.

Babe se sonrojó violentamente, intentando cubrirse con los restos de la camisa rota, avergonzado.

—N-no…para…

Charlie sonrió con una mezcla de ternura y lujuria oscura, apartando las manos de Babe.

—¿Qué pasa, mi amor?

—Nada…solo quiero dormir.— murmuró Babe, mirando hacia otro lado.

Charlie rio bajo, un sonido ronco y peligroso, y descubrió nuevamente los pezones de Babe.

—No me vas a prohibir esto, mi amor.

—No, Charlie…— protestó Babe débilmente.

Pero Charlie ya estaba embistiendo de nuevo dentro de él con fuerza, profundo y brusco, mientras su boca volvía a cerrarse alrededor de un pezón. Chupó con avidez, tragando la leche dulce que salía con cada succión. Babe soltó gemidos agudos y entrecortados, el sonido volviéndose música para la audición superior de Charlie.

—Joder…esos sonidos que haces solo para mí.— gruñó Charlie contra su pecho, mordiendo suavemente el pezón antes de chupar más fuerte.— Mírate…llevando a mi hijo, produciendo leche…tan jodidamente mío.

Sus embestidas eran profundas y posesivas, golpeando ese punto dentro de Babe que lo hacía gritar. Charlie lo sostenía contra la pared con un brazo, la otra mano presionando posesivamente sobre el abdomen aún plano de Babe.

—Charlie…ahh…demasiado…— gimió Babe, las lágrimas aún corriendo por sus mejillas, mezclándose con el placer.

—Vas a tomar todo lo que te dé.— ordenó Charlie con esa voz de Enigma, acelerando el ritmo, follándolo con fuerza bruta pero cuidando que su mano protegiera el vientre.— Eres mío. Este cuerpo, este bebé, esta leche…todo mío.

Bajó la boca al otro pezón, chupando con hambre mientras su cadera chocaba contra Babe sin piedad. Babe se aferraba a sus hombros, uñas clavándose en la piel, gimiendo alto cada vez que Charlie entraba hasta el fondo.

—Dime que lo entiendes.— exigió Charlie, mordiendo su cuello y dejando marcas rojas.

—S-sí…soy tuyo…— sollozó Babe de placer, el cuerpo temblando.

Charlie lo besó con brutalidad, mordiendo sus labios, su lengua invadiendo su boca mientras seguía embistiendo sin parar. Luego bajó de nuevo a sus pezones, alternando entre chuparlos, lamer la leche que escapaba y morderlos suavemente, arrancando más gemidos agudos de Babe.

—Tan sensible…tan perfecto para mí.— gruñó, aumentando la velocidad, follándolo más duro contra la pared.— Vas a correrte otra vez mientras te lleno, mi amor.

Babe gritó cuando el orgasmo lo golpeó, su cuerpo contrayéndose alrededor de Charlie.

Este último lo siguió poco después, enterrándose profundamente y derramándose dentro de él con un gruñido animal, sin salir, manteniéndolo lleno.

Charlie no lo bajó inmediatamente. Siguió besando su cuello, sus pezones hinchados y sensibles, lamiendo los restos de leche mientras Babe jadeaba exhausto contra él.

—Te amo, Babe. A ti y a nuestro hijo. No vuelvas a dudarlo.— susurró contra su piel, posesivo y dominante.— Y no vas a volver a ese laboratorio sin mí.

Babe, demasiado cansado y sensible para discutir, solo pudo asentir débilmente, aferrado al cuello de su Enigma.

Promesas en el espejo

Una hora después, ambos habían salido de la ducha. Babe llevaba una camisa holgada de algodón y unos shorts cómodos para dormir.

Charlie vestía un pantalón de chándal gris y una remera negra simple que se ajustaba a su torso. El Enigma había preparado una cena ligera para los dos: arroz, verduras salteadas y pollo a la plancha, algo fácil de digerir para Babe y el bebé.

Comieron en un silencio cómodo, intercambiando miradas ocasionales. Al terminar, lavaron los cubiertos juntos en la cocina, hombro con hombro, como en los viejos tiempos. Charlie secó el último plato mientras Babe guardaba los vasos.

Luego, Charlie fue a buscarlo y lo encontró en el baño principal, frente al espejo. Babe se había levantado la camisa con ambas manos y observaba su vientre aún plano con una mezcla de fascinación y preocupación. Sus pezones, visibles a través de la tela clara, estaban más hinchados y oscuros, endurecidos por la producción de leche que empezaba a producir.

Charlie se cruzó de brazos en la puerta, observándolo en silencio con una sonrisa divertida. Babe hacía pequeñas muecas al mirarse los pezones, tocándolos con cuidado y frunciendo el ceño.

—¿Qué haces, mi amor?— preguntó Charlie, sobresaltándolo.

Babe bajó la camisa de inmediato, nervioso.

—Nada.

Charlie arqueó una ceja, acercándose.

—¿Nada? Yo vi que te mirabas mucho los pezones.

Babe se sonrojó ligeramente, cruzando los brazos sobre el pecho.

—No estoy acostumbrado a ellos…a la leche que estoy produciendo.

Charlie sonrió con ternura y miró directamente hacia donde Babe intentaba ocultar.

—Pues a mí me encantan.

—Deja de mirarme así.— protestó Babe, ruborizado.

Charlie rio bajo y se lamió el labio inferior.

—Voy a mirarte como yo quiero, mi amor.

Babe suspiró y lo miró a los ojos.

—¿Qué haremos?

Charlie parecía confundido.

—¿Hacer qué?

Babe aclaró, con voz más seria:

—Sobre lo nuestro ¿Seremos padres y novios a la vez? ¿O solo padres y tú vendrás a follarme cuando quieras sin ser algo oficial?

La expresión de Charlie cambió por completo.

Su mandíbula se tensó.

—¿Así qué eso piensas?

Babe lo encaró, sincero y vulnerable.

—Solo quiero saber en qué me estoy metiendo, Charlie…Es verdad, te amo, pero no por eso voy a ser tu puta personal cuando te sientas caliente.

Charlie se enojó visiblemente y lo regañó con firmeza:

—Babe, deja de llamarte así.

Babe lo ignoró y presionó:

—¿Y bien?

Charlie se acercó hasta quedar cara a cara con él. Notó la inseguridad en los ojos de Babe y suavizó su tono.

—Estamos juntos.

Babe preguntó, dudoso:

—¿En qué sentido?

—Eres mi novio, mi pareja y el padre de nuestro hijo.— aseguró Charlie con convicción.

Babe lo miró fijamente.

—Yo no volveré a hacer las pruebas, pero tú no debes dejarme otra vez…Hazlo, no volverás a saber de mí y de nuestro hijo, Charlie. Eso te lo aseguro.

Charlie soltó una advertencia baja:

—Babe…

—Babe nada…Ya me has ido, he pasado por esa mierda dos veces, dos veces, Charlie…No habrá una tercera vez.

Charlie observó sus ojos y no encontró ninguna mentira en ellos. Suspiró profundamente y respondió:

—No volveré a hacerlo. Te lo prometo.

Babe lo miró con ojos vidriosos; las hormonas del embarazo lo volvían más sensible.

—¿Lo dices en serio?

Charlie asintió y lo tomó suavemente de la cintura. Babe posó sus manos en los brazos fuertes de Charlie.

—Es en serio, mi amor…Y deja de mirarme con esos ojos tristes, me duele verte así.

Babe hizo un puchero y apoyó su mejilla contra el pecho de Charlie.

—Entonces no vuelvas a dejarme. No lo hagas.

Charlie acarició su espalda con ternura y le aseguró:

—No lo haré, mi amor…Además, si te escaparas de mí, te encontraría. Y lo sabes.

Babe rio suavemente contra su pecho.

—Lo sé. Eso es lo que me encanta y me fastidia de ti.

Charlie sonrió, tomó su mejilla con una mano y lo besó con lentitud y profundidad, lleno de promesas y amor. Babe se derritió en el beso, rodeando su cuello con los brazos, dejando que el calor de Charlie lo envolviera.

Cuando se separaron, Charlie apoyó su frente contra la de Babe y susurró:

—Vamos a la cama. Necesitas descansar…los dos lo necesitan.

Babe asintió, permitiendo que Charlie lo guiara de la mano hacia la habitación. Por primera vez en mucho tiempo, el peso en su pecho se sintió un poco más ligero. Habían hablado. Habían prometido. Y por ahora, eso era suficiente.

Protección y nuevos comienzos

Al día siguiente, después de levantarse, ducharse juntos y desayunar algo ligero que Charlie preparó con cuidado, ambos se dirigieron al laboratorio subterráneo. Babe insistió en acompañarlo, pero aceptó esperar en el coche cuando Charlie le pidió que descansara. Se quedó sentado en el asiento del pasajero, con una mano descansando protectoramente sobre su abdomen, observando la entrada del edificio.

Dentro del laboratorio, Charlie enfrentó al grupo con expresión seria y autoritaria. Pete, Chris, Dean, North, Sonic y Alan estaban presentes.

—¿Cómo carajos permitieron que Babe se sometiera a esas pruebas estando embarazado?— regañó Charlie, su voz grave y cargada de reproche.— Es un riesgo innecesario. Podría haberle pasado algo a él o al bebé.

Los chicos se miraron entre sí. North fue el primero en defenderse, cruzado de brazos.

—Es Babe, Charlie. Es un terco de primera. Además, da miedo cuando se enoja…y peor aún estando embarazado. Tú también le tienes miedo, no lo niegues.

Charlie se quedó en silencio unos segundos, sabiendo que era verdad. Murmuró por lo bajo:

—Babe enojado es como tener cinco leones ante ti…Pero igual debieron ser más firmes y no dejarlo hacer tal cosa.

Pete suspiró, pasándose una mano por la nuca.

—Intentamos convencerlo, pero ya lo conoces.

Charlie asintió lentamente y continuó:

—En cuanto a Tony y su organización, junto con el bastardo de Willy, debemos ver la manera de acabar con todos ellos para poder vivir en paz de una vez.

Los chicos asintieron con determinación. La tensión en el ambiente era palpable, pero había un objetivo claro.

Entonces Chris habló, ajustándose las gafas:

—En cuanto a la poción, creo que estoy cerca de lograrla. Solo dame más tiempo, Charlie. Con los datos de las pruebas de Babe, estoy afinando la fórmula para que sea segura.

Charlie lo miró y asintió con respeto.

—Gracias, Chris. Tómate el tiempo que necesites, pero prioriza la seguridad.

Alan agregó con una sonrisa tranquilizadora:

—En cuanto a las prácticas y las carreras, dile a Babe que no se preocupe. Su prioridad ahora es su embarazo y que esté bien. Nosotros nos encargamos del resto.

Charlie asintió, agradecido.

—Se lo diré. Gracias a todos.

Se despidió del grupo con un gesto firme y salió del laboratorio. Localizó el auto, abrió la puerta y entró. Sus ojos se conectaron inmediatamente con los de Babe. El alfa lo miró con una mezcla de curiosidad y cansancio.

—¿Cómo fue?— preguntó Babe en voz baja.

—Los regañé por dejarte hacer las pruebas.— respondió Charlie, arrancando el motor.— Pero ya está. Chris está cerca de la poción. Y los chicos dijeron que no te preocupes por las carreras ni las prácticas. Tu prioridad es descansar y cuidar de nuestro bebé.

Babe suspiró, apoyando la cabeza contra el asiento.

—Bien…Vamos a la cita con el obstetra entonces.

Charlie extendió la mano y tomó la de Babe, entrelazando sus dedos con firmeza mientras conducía.

—Vamos a ver cómo está nuestro hijo.— dijo con voz suave pero protectora.— Todo va a estar bien, mi amor. Ahora estamos juntos en esto.

Babe apretó su mano, permitiéndose una pequeña sonrisa. El camino hacia la clínica transcurrió en un silencio cómodo, roto solo por alguna conversación ligera sobre cómo Babe se sentía esa mañana. Por primera vez en días, el peso de los secretos y las preocupaciones parecía un poco más ligero.

El Enigma y su alfa especial se dirigían hacia una nueva etapa, juntos, protegiendo la vida que crecía entre ellos.

Aire fresco y latidos tranquilos

Después de salir de la consulta con el obstetra, tanto Charlie como Babe se sentían más tranquilos. El médico les había confirmado que el bebé estaba en perfectas condiciones para las tres semanas de gestación: latido fuerte, tamaño adecuado y sin señales de riesgo. Les dio indicaciones claras: Babe debía descansar lo suficiente, evitar esfuerzos físicos intensos, alimentarse con comidas ricas en nutrientes (frutas, verduras, proteínas magras y lácteos), tomar las vitaminas prenatales y controlar cualquier náusea o cansancio con reposo.

Salieron de la clínica con una sensación de alivio. Charlie conducía con una mano en el volante y la otra entrelazada con la de Babe.

—Escuchaste al doctor.— dijo Charlie con voz suave pero firme.— Nada de pruebas, nada de estrés. Solo cuidarte.

Babe asintió, mirando por la ventana con una pequeña sonrisa.

—Lo sé. Por primera vez en días me siento…más tranquilo. El bebé está bien. Eso es lo que importa ahora.

Charlie detuvo el auto en un parque cercano, uno tranquilo con árboles altos y senderos sombreados. Babe había pedido parar allí para tomar un poco de aire antes de volver a casa.

Caminaron despacio por uno de los caminos. Babe respiraba profundamente, llenando sus pulmones con el olor a hierba fresca y tierra húmeda. Charlie lo seguía de cerca, protector, con una mano en la parte baja de su espalda.

—Se siente bien estar aquí.— murmuró Babe, deteniéndose bajo la sombra de un árbol grande.— Todo ha sido tan caótico…las pruebas, los secretos, Tony…y ahora esto.

Charlie se colocó frente a él y lo miró con ternura, sus ojos rojos suavizados.

—El bebé está perfecto, mi amor. El doctor dijo que todo va según lo esperado. Solo tienes que comer bien, descansar y dejar que yo me ocupe del resto.

Babe se tocó el abdomen con suavidad, aún plano pero ya lleno de significado.

—Me dijo que coma más frutas y nueces…y que evite el café. También que camine un poco todos los días, pero sin exagerar.

Charlie sonrió y colocó su mano sobre la de Babe, cubriendo su vientre.

—Entonces haremos eso. Yo me encargo de la comida. Nada de comidas rápidas ni estrés. Y si sientes cualquier cosa, me avisas de inmediato.

Babe levantó la mirada y encontró los ojos de Charlie.

—Gracias por acompañarme hoy. No quería ir solo.

—No vas a hacer nada solo nunca más.— respondió Charlie con seriedad, acercándolo un poco más.— Eres mi pareja, el padre de mi hijo y mi prioridad. Vamos a hacer esto juntos.

Se quedaron un momento en silencio, disfrutando de la brisa suave. Babe apoyó la cabeza en el hombro de Charlie, quien lo rodeó con un brazo.

—Todavía no se nota nada.— susurró Babe.— pero ya siento que todo es diferente.

Charlie besó su sien con cariño.

—Pronto se notará. Y estaré ahí en cada paso. Cuando empieces a tener antojos raros, cuando te duelan los pies, cuando el bebé se mueva…todo.

Babe rio bajo.

—Vas a ser un padre sobreprotector, ¿verdad?

—Totalmente.— admitió Charlie sin vergüenza.— Un Enigma protegiendo a su familia. Nadie se va a acercar a ustedes dos.

Caminaron un poco más, tomados de la mano. Babe respiraba con calma, sintiendo que por primera vez en mucho tiempo el peso en su pecho se aligeraba. El parque estaba casi vacío, solo el sonido de hojas y pájaros los acompañaba.

—¿Quieres sentarte un rato?— preguntó Charlie, señalando un banco cercano.

—Sí, solo unos minutos más.— respondió Babe.— Necesitaba esto. Aire fresco…y un poco de paz antes de volver a casa.

Se sentaron juntos. Charlie pasó un brazo por los hombros de Babe y este se recostó contra él, cerrando los ojos por un momento. El sol filtrado entre las hojas calentaba suavemente su piel.

—Te amo, Cachorro.— murmuró Babe.

—Y yo a ti, mi amor.— contestó Charlie, besando su cabello.— A ti y a nuestro pequeño. Vamos a estar bien.

Permanecieron allí un rato más, disfrutando de la tranquilidad del parque, fortaleciendo el lazo que los unía antes de regresar a casa y enfrentar lo que vendría. Por ahora, solo existían ellos dos y la promesa silenciosa del futuro que crecía entre ambos.

Sospechas que se confirman

Unos días después, la información que Babe le había dado a Charlie resultó clave.

Siguiendo su indicación, Charlie envió a Alan y North a vigilar discretamente el sector del viejo distrito industrial, cerca de los almacenes abandonados. Les ordenó que no se acercaran demasiado, solo observar desde puntos seguros y reportar cualquier movimiento sospechoso.

La espera fue tensa. Charlie pasaba las noches revisando planos y coordinando con el resto del equipo X Hunter, mientras cuidaba de Babe en casa, asegurándose de que descansara y comiera bien. Babe, por su parte, parecía más calmado, aunque aún evitaba hablar demasiado del tema de Tony.

Esa noche, el teléfono de Charlie vibró. Era North.

—Charlie, los vimos.— dijo North en voz baja, casi susurrando.— Willy y Tony entraron juntos al edificio principal hace unos veinte minutos. Dos autos negros, varios guardias. Es el lugar, sin duda. Hay entrada subterránea y todo coincide con lo que Babe mencionaba.

Charlie apretó el teléfono con fuerza, sus ojos brillando con un rojo intenso por un segundo.

—Bien. No se expongan. Regresen ya. Mañana nos reunimos para planear la emboscada.

—Entendido, jefe.

Cuando colgó, Charlie se quedó un momento en silencio en la cocina. La confirmación era clara: el lugar que Babe había señalado “como un simple consejo” era exacto.

Demasiado exacto.

Más tarde, cuando los chicos se reunieron en un punto seguro lejos de la casa, la reunión fue directa. Pete, Dean, Sonic, Alan, North y Jeff estaban presentes.

—Confirmado.— anunció Charlie con voz grave.— Tony y Willy están usando ese almacén como base. Entrada principal vigilada, pero hay accesos laterales y subterráneos. Podemos aprovechar la noche del viernes, cuando suelen recibir suministros. Entramos por el lado oeste, cortamos las comunicaciones y los acorralamos en el laboratorio principal.

Alan asintió.

—Podemos usar el gas somnífero que Chris preparó. North y yo cubrimos las salidas. Jeff se encarga de las cámaras.

—Perfecto.— agregó Pete.— Esta vez no escaparán. Acabamos con Tony y su organización de una vez.

Charlie escuchaba y daba indicaciones precisas, pero su mente no dejaba de dar vueltas al mismo pensamiento. Babe sabía demasiado. No era una suposición casual; había señalado el lugar con seguridad, casi como si ya hubiera estado allí o tuviera información directa.

Cuando la reunión terminó y Charlie regresó a casa, encontró a Babe en la sala, recostado en el sofá con una mano sobre su abdomen.

El embarazo ya empezaba a notarse ligeramente, una curva suave bajo la camiseta holgada.

Charlie se acercó y se sentó a su lado, acariciando suavemente su cabello.

—Confirmamos el lugar.— dijo con tono casual, pero observando su reacción.— Alan y North vieron a Tony y Willy entrar esta noche. Vamos a planear la emboscada.

Babe levantó la mirada, sorprendido pero intentando disimular.

—¿En serio? Qué bueno…entonces podrán terminar con esto.

Charlie asintió lentamente, sus ojos fijos en los de Babe.

—Sí. El sitio que mencionaste…resultó ser exacto. Demasiado exacto para ser solo una corazonada, mi amor.

Babe se tensó ligeramente, desviando la mirada hacia la televisión.

—Solo fue un consejo…ya te dije que Tony prefiere ese tipo de zonas.

Charlie no presionó de inmediato. En cambio, tomó la mano de Babe y la apretó con suavidad.

—Babe…sé que me estás ocultando algo. Sabías dónde buscarlo. No quiero pelear, pero necesito que confíes en mí. Si Tony te hizo algo más de lo que me contaste, o si tienes información que no me has dicho… dímelo ahora.

Babe se mordió el labio, visiblemente incómodo. Las hormonas lo hacían más sensible, y sus ojos brillaron un poco.

—Charlie…solo quiero que esto termine. Por nosotros. Por el bebé. No quiero que sigas arriesgándote.

Charlie suspiró y lo atrajo hacia su pecho, abrazándolo con cuidado.

—Te amo, Babe. Y voy a protegerlos a los dos. Pero las mentiras entre nosotros no ayudan. Cuando estés listo…quiero toda la verdad.

Babe se quedó en silencio, acurrucado contra el Enigma, mientras Charlie acariciaba su espalda con ternura. La emboscada se acercaba, pero las sospechas de Charlie solo habían crecido. Sabía que Babe guardaba más secretos, y estaba decidido a descubrirlos…sin perderlo en el proceso.

Por ahora, se conformó con abrazarlo, protegiendo tanto a su pareja como al pequeño latido que crecía entre ellos.

Celos de Enigma

Esa noche, la casa estaba en silencio. Charlie bajó de su estudio y notó que Babe no estaba en la sala ni en la cocina. Frunció el ceño y subió las escaleras hacia la habitación principal. Al acercarse, escuchó la voz de Babe, baja pero claramente enojada.

Abrió la puerta y lo encontró de espaldas, hablando por celular.

—¿Con quién hablas?— preguntó Charlie con voz controlada pero firme.

Babe se sobresaltó y giró rápidamente para verlo.

—Con nadie.

Charlie arqueó una ceja, extendiendo la mano.

—Dame el celular, Babe.

Babe negó y escondió el teléfono detrás de su espalda.

—No es nada, Charlie.

—Dámelo. Ahora.

Después de unos segundos de tensión, Babe cedió y se lo entregó. Charlie lo tomó y se lo llevó a la oreja. Sus ojos se volvieron completamente negros al reconocer la voz de Willy del otro lado.

Sin decir una palabra, Charlie tiró el celular con fuerza contra la pared, rompiéndolo en pedazos. Babe dio un salto.

—¿Por qué carajos estabas hablando con él?— exigió Charlie, su voz grave y peligrosa.

Babe se mordió el labio inferior, nervioso.

—No deja de molestar aunque lo bloquee…

Charlie dio un paso más cerca.

—¿Cómo supiste la ubicación exacta de Tony? ¿Qué me estás ocultando, Babe?

Babe dudó unos segundos, bajando la mirada.

—Luego de lo sucedido en tu apartamento…busqué a Willy para que me llevara con Tony. Dejé que Tony me usara como experimento para poder ayudarte a desaparecer tus habilidades…Por eso hice las pruebas con Chris después.

Charlie negó con la cabeza, visiblemente afectado.

—¿Cómo pudiste hacer algo así? ¿Te das cuenta del riesgo en el qué te pusiste, Babe? Es un milagro que Tony no sospechara del embarazo en ese momento.

Babe asintió, culpable.

—Sí…lo sé.

Charlie lo observó con intensidad.

—¿Willy te pidió algo a cambio de llevarte? Porque yo no me olvido que ese bastardo está obsesionado contigo, Babe.

Babe confesó en voz baja:

—No…pero yo sí.

Charlie apareció frente a él en un segundo gracias a su velocidad de Enigma. Su mano sujetó el cuello de Babe con firmeza, sin lastimarlo, pero con clara posesión.

—¿Qué acabas de decir? ¿Estás de joda, verdad?

Babe suspiró, temblando ligeramente.

—No…es la verdad.

Charlie apretó la mandíbula.

—¿Te acostaste con él?

Babe lo miró directamente, sincero.

—No, no lo hice.

—¿Entonces?

—Estaba borracho y lo confundí contigo…pensé que estaba contigo. Casi lo besé.

Charlie gruñó, sus ojos volviendo a ese rojo carmesí intenso. Lo acercó más, nariz contra nariz.

—Eres mío, Babe. Nadie te toca. Nadie te besa. No vuelvas a ocultarme algo así.

Babe asintió, respirando agitado. Intentó alejarse, pero Charlie lo atrajo con más fuerza y devoró su boca en un beso brutal, lleno de celos y necesidad. Babe gimió contra sus labios, rindiéndose inmediatamente.

Charlie lo empujó hacia la cama, tumbándolo de espaldas. Se colocó entre sus piernas y empezó a despojarlos de la ropa con movimientos rápidos y dominantes, hasta dejarlos completamente desnudos. Su mano tomó su propio miembro duro y lo frotó contra la entrada ya húmeda de Babe.

—Charlie…— jadeó Babe.

—Mírame.— ordenó Charlie mientras empujaba lentamente dentro de él, centímetro a centímetro, profundo y controlado al principio.— Siente a quién perteneces.

Babe arqueó la espalda con un gemido largo cuando Charlie lo llenó por completo. El Enigma empezó a moverse con embestidas lentas pero brutales, saliendo casi del todo para volver a entrar con fuerza, golpeando ese punto sensible dentro de Babe una y otra vez.

—Ahh…Charlie…joder…— gimió Babe, rasguñando la espalda ancha de Charlie con las uñas.

Charlie gruñó de placer ante las marcas y bajó la cabeza, capturando uno de los pezones hinchados de Babe con la boca.

Chupó con fuerza, sacando leche dulce mientras seguía follándolo profundo y posesivo.

—Estos pezones…esta leche…todo es mío.— murmuró contra la piel, mordiendo suavemente antes de pasar al otro pezón.— Dime que eres mío, Babe.

—Soy tuyo…solo tuyo…— sollozó Babe de placer, piernas temblando alrededor de la cintura de Charlie.

Charlie aceleró el ritmo, embistiendo más duro, profundo y brutal, sosteniendo las caderas de Babe con fuerza mientras besaba, chupaba y mordía su boca, su cuello y sus pezones hinchados. Cada embestida hacía que Babe gimiera más alto, el sonido llenando la habitación.

—Nadie más te va a tener.— gruñó Charlie contra su cuello, mordiendo y dejando marcas rojas.— Ni Willy, ni nadie. Este cuerpo, este bebé, está boca…es todo mío.

—Sí…tuyo…por favor…más fuerte.— suplicó Babe, aferrándose a él, rasguñando su espalda mientras Charlie lo penetraba sin piedad, lento y profundo en cada empuje, pero con una fuerza que hacía temblar la cama.

Charlie lo besó salvajemente, tragándose sus gemidos, mientras una mano bajaba a acariciar el ligero bulto del abdomen de Babe.

—Vas a correrte sintiéndome dentro, mi amor. Solo yo puedo hacerte sentir así.

Babe gritó cuando el orgasmo lo golpeó con fuerza, contrayéndose alrededor de Charlie.

Este último lo siguió poco después, enterrándose hasta el fondo y derramándose dentro de él con un gruñido animal, manteniéndolo lleno mientras seguía moviéndose lentamente, prolongando el placer.

Charlie no salió de inmediato. Siguió besando su cuello y pezones, lamiendo la leche que escapaba, posesivo y dominante incluso después del clímax.

—No vuelvas a ocultarme nada, Babe.— susurró contra sus labios, aún enterrado profundamente.— Te amo, pero no toleraré más secretos.

Babe, exhausto y temblando, solo pudo asentir y acariciar la espalda marcada de Charlie.

—Te lo prometo, no más secretos …Cachorro.

Celos, sueños y leche dulce

Aún recuperando el aliento, con Charlie todavía enterrado profundamente dentro de él, Babe levantó la mirada y lo observó con una pequeña sonrisa traviesa. Quería aligerar el ambiente pesado que habían dejado los secretos y los celos.

—Entonces tú no me ocultes nada tampoco.— dijo Babe en tono bromista, pasando los dedos por la espalda marcada de Charlie.— Sé que estuviste con una mujer llamada Kiara en tu apartamento.

Charlie parpadeó, confundido, deteniéndose en seco.

—¿Kiara? Jamás estuve con ella y no conozco a alguien con ese nombre.

Babe soltó una risita baja.

—Lo hiciste.

Charlie iba a protestar, frunciendo el ceño, pero Babe continuó rápidamente:

—En mi sueño.

Charlie se quedó en silencio unos segundos, procesando las palabras, y luego soltó una carcajada ronca y genuina que hizo vibrar su pecho contra el de Babe. La tensión en sus hombros desapareció por completo.

—Joder, Babe…— rio, negando con la cabeza.— Cómo te amo cuando me sales con algo así.

Babe sonrió, aliviado de ver que el Enigma se relajaba.

—Lo sé, Cachorro.

De pronto, Babe jadeó agudamente cuando Charlie bajó la cabeza y capturó uno de sus pezones hinchados con la boca, chupando con hambre lenta y deliberada. Un chorro de leche tibia llenó su boca.

—Ahh…Charlie…— gimió Babe, arqueando la espalda.

Charlie sonrió contra su piel, lamiéndose el labio inferior con satisfacción mientras una gota blanca escapaba por la comisura de su boca.

—Estás obsesionado con la leche de mis pezones, Cachorro…— susurró Babe, voz entrecortada y divertida.

—Es que me fascina el cambio en tu cuerpo, mi amor.— respondió Charlie con voz ronca, ojos rojos carmesí brillando de deseo.— Estos pezones hinchados, produciendo leche solo para nuestro bebé …tu vientre que empieza a crecer..…Todo me vuelve loco.

Sin salir de dentro de Babe, Charlie comenzó a moverse de nuevo, esta vez con embestidas lentas, profundas y deliberadas.

Cada empuje hacía que su miembro grueso rozara ese punto sensible dentro de Babe, arrancándole gemidos suaves y prolongados.

—Charlie…más despacio…— jadeó Babe, aferrándose a sus hombros.

—No.— gruñó Charlie posesivamente, chupando el otro pezón con fuerza mientras seguía follándolo lento pero brutal.— Quiero saborearte. Quiero sentir cada centímetro de ti.

Succionó con avidez, tragando la leche dulce que salía con cada chupada, alternando entre un pezón y el otro. Sus caderas se movían en círculos profundos, saliendo casi completamente para volver a hundirse hasta el fondo, llenando a Babe por completo.

—Joder…tan apretado…tan mojado para mí.— murmuró Charlie contra su pecho, mordiendo suavemente el pezón sensible antes de lamerlo.— Dime cuánto te gusta que te chupe, mi amor.

—Me gusta…ahh…demasiado.— gimió Babe, rasguñando la espalda de Charlie mientras sus piernas se enredaban más fuerte alrededor de su cintura.— Me vuelves loco cuando haces eso…

Charlie levantó la cabeza, besándolo con hambre, compartiendo el sabor dulce de su leche en el beso. Su lengua invadía la boca de Babe mientras sus embestidas se volvían más intensas, profundas y controladas, golpeando ese punto una y otra vez.

—Eres mío.— gruñó contra sus labios, una mano bajando para acariciar con reverencia el ligero bulto del abdomen de Babe.— Este cuerpo cambiando por mi hijo…esta leche…esta entrada que me aprieta tan perfecto…Todo mío.

—Sí…tuyo, Cachorro…solo tuyo.— sollozó Babe de placer, entregado por completo, moviendo las caderas para encontrarse con cada embestida lenta y brutal.

Charlie aceleró ligeramente el ritmo, follándolo más profundo, una mano sujetando su cadera mientras la otra pellizcaba y tiraba suavemente de un pezón, haciendo que más leche saliera. Bajó la boca de nuevo, chupando con fuerza, gimiendo de satisfacción al beber.

—Quiero que te corras así.— ordenó Charlie, voz oscura y dominante.— Sintiendo cómo te lleno mientras bebo de ti.

Babe gritó cuando el orgasmo lo atravesó, su cuerpo contrayéndose alrededor del miembro de Charlie, leche escapando de sus pezones mientras Charlie seguía chupando y embistiendo sin parar. El Enigma lo siguió poco después, derramándose profundamente dentro de él con un gruñido gutural, manteniéndolo lleno mientras seguía moviéndose lentamente, prolongando el placer de ambos.

Charlie finalmente se derrumbó sobre Babe con cuidado, aún dentro de él, besando su cuello y pezones con ternura posesiva.

—Te amo, Babe.— susurró contra su piel sudorosa.— Sueños, secretos, celos…nada va a cambiar esto. Eres mío. Los dos lo son.

Babe, exhausto y temblando, solo pudo acariciar su cabello y sonreír débilmente.

—Y tú eres mío, Cachorro…aunque sueñe tonterías.

Charlie rio bajo y lo besó una vez más, lento y profundo, mientras sus cuerpos seguían conectados en la calidez de la habitación.

El fin de la cadena y la libertad

Días después, todo se puso en marcha.

Con la información precisa que Babe le había dado, Charlie y el equipo X Hunter ejecutaron el plan a la perfección. Esa misma noche, en el viejo distrito industrial, Alan y North bloquearon las salidas secundarias, Jeff desactivó las cámaras y el sistema de comunicaciones, mientras Dean y Sonic cubrían el perímetro. Charlie entró como una sombra letal.

La emboscada fue rápida y brutal. Los guardias de Tony cayeron uno tras otro.

Cuando Tony intentó escapar por el túnel subterráneo, Charlie lo interceptó. Los ojos del Enigma brillaron rojos carmesí mientras terminaba con él de forma definitiva. Willy, que intentaba huir por otro pasillo, no tuvo tanta suerte.

Charlie lo alcanzó personalmente. Lo acorraló contra una pared del laboratorio, su voz baja y cargada de odio.

—Esto es por todo lo que le hiciste a Babe…y por atreverte a respirar el mismo aire que él.

Willy apenas tuvo tiempo de suplicar antes de que Charlie acabara con él. No hubo piedad.

Una hora más tarde, el laboratorio de Tony ardía en llamas controladas y toda su organización yacía destruida. El equipo se reunió en el punto de extracción, exhaustos pero victoriosos.

—Se acabó.— dijo Dean, limpiándose las manos.— Tony, Willy…todos sus hombres clave. Ya no hay amenaza.

Charlie asintió, respirando agitado pero con una mirada de alivio.

—Bien hecho, chicos. Volvamos.

En cuanto terminaron, Charlie se dirigió directamente al laboratorio donde Chris lo esperaba. El científico extranjero tenía una jeringa preparada sobre la mesa, junto con los resultados finales.

—Charlie.— saludó Chris con una sonrisa cansada pero satisfecha.— La poción está lista. Probada con los datos de Babe. Disolverá específicamente las habilidades de absorción y la visión del futuro que tomaste de Jeff. Las demás quedarán intactas.

Charlie se quitó la chaqueta y se sentó en la camilla sin dudar.

—Hazlo.

Chris inyectó la sustancia con cuidado. Al principio no pasó nada, pero a los pocos minutos Charlie sintió un calor intenso recorriendo su cuerpo, seguido de un vacío extraño en su mente. Las imágenes del futuro que lo atormentaban constantemente desaparecieron. La capacidad de absorber habilidades ajenas se apagó como una luz que se extingue.

Cerró los ojos y respiró profundamente.

—Se fueron…— murmuró.— Ya no las siento.

Chris verificó los monitores.

—Confirmado. Las dos habilidades están neutralizadas. Eres libre de ellas, Charlie. Ya no tendrás que cargar con esa visión del futuro.

Charlie se quedó sentado un momento, procesando la sensación de ligereza. Por primera vez en mucho tiempo, su cabeza estaba en silencio. No había voces, ni visiones repentinas, ni el peso constante de robar poderes.

—Gracias, Chris.— dijo con voz ronca, levantándose y estrechando la mano del científico.— Esto…significa mucho.

Chris asintió.

—Ve con Babe. Él también se merece saber que todo terminó.

Charlie salió del laboratorio con paso firme.

Mientras conducía de regreso a casa, sintió que un capítulo oscuro se cerraba definitivamente. Tony ya no existía. Sus habilidades malditas habían desaparecido.

Ahora solo quedaba construir el futuro junto a Babe y su hijo.

Al llegar a casa, encontró a Babe esperándolo en la sala, con una mano sobre su abdomen ya ligeramente redondeado. Charlie se acercó, lo abrazó con cuidado y besó su frente.

—Se acabó, mi amor.— susurró contra su cabello.— Tony, Willy…todo su imperio. Ya no nos molestarán más. Y Chris…la poción funcionó. Ya no tengo esas dos habilidades.

Babe levantó la mirada, sorprendido y aliviado, abrazándolo más fuerte.

—¿De verdad? ¿Estás bien?

—Estoy mejor que nunca.— respondió Charlie con una sonrisa genuina.— Ahora solo somos tú, yo y nuestro bebé. Sin sombras del pasado.

Babe sonrió, apoyando la cabeza en su pecho, mientras Charlie lo sostenía protectoramente. Por primera vez, el futuro se sentía realmente libre.

Antojos nocturnos y cuidados de Enigma

Habían pasado varias semanas desde que todo terminó. La casa estaba más tranquila, y el embarazo de Babe ya era visible: una suave curva redondeada en su abdomen que crecía poco a poco. Las hormonas lo hacían más sensible, y los antojos aparecían en los momentos más inesperados.

Era pasada la medianoche cuando Babe se removió inquieto en la cama. Charlie despertó de inmediato al sentirlo moverse.

—¿Qué pasa, mi amor?— preguntó Charlie con voz adormilada pero atenta, incorporándose sobre un codo.

Babe se tocó el abdomen y suspiró.

—Tengo un antojo horrible…Quiero helado de mango con pepinillos en vinagre. Y…no sé, algo picante. Como papas fritas con salsa de chile bien fuerte.

Charlie parpadeó un segundo, procesando la combinación, pero sonrió con ternura sin dudarlo.

—Entendido. Quédate aquí, no te levantes. Yo te lo traigo.

Babe lo miró con culpa.

—Es muy tarde…puedo esperar hasta mañana.

—No.— dijo Charlie firmemente, ya poniéndose de pie y besando su frente.— Mi hijo y tú quieren algo ahora, pues lo tendrán ahora. Descansa.

Charlie bajó a la cocina. Revolvió el congelador hasta encontrar helado de mango, cortó unos pepinillos en rodajas finas y los colocó en un plato aparte. Calentó unas papas fritas del congelador y preparó una salsa picante casera con chile que Babe tanto toleraba últimamente. Sirvió todo en una bandeja junto con un vaso de agua con limón.

Cuando regresó a la habitación, Babe estaba sentado en la cama, con una mano acariciando su vientre.

—Aquí tienes, mi amor.— dijo Charlie, colocando la bandeja con cuidado sobre sus piernas.— Helado de mango con pepinillos y papas con salsa extra picante. Come despacio.

Babe tomó una cucharada del helado mezclado con un trozo de pepinillo y gimió de satisfacción al probarlo.

—Dios…esto está perfecto. Gracias, Cachorro.

Charlie se sentó a su lado, observándolo comer con una sonrisa suave. Pasó una mano por el cabello de Babe.

—¿Quieres más? Puedo prepararte otra cosa si esto no alcanza.

Babe negó con la cabeza mientras mordía una papa con salsa.

—Está delicioso. Últimamente todo me sabe mejor cuando tú lo preparas. Ayer quería ramen a las tres de la mañana y hoy esto…Debes estar cansado de mis antojos raros.

Charlie rio bajo y acarició su abdomen con reverencia.

—No me canso nunca. Me encanta verte comer y saber que nuestro bebé está creciendo sano gracias a esto. Aunque sea helado con pepinillos a medianoche.

Babe tomó otra cucharada y le ofreció un poco a Charlie.

—¿Quieres probar? Está raro pero rico.

Charlie probó un poco y arrugó la nariz ligeramente, pero sonrió.

—Definitivamente un antojo de embarazo. Pero si a ti te gusta, me alegra.

Babe se recostó mejor contra las almohadas, comiendo con más calma.

—También quiero fresas con chocolate mañana…y quizás algo salado por la tarde. ¿Crees qué estoy exagerando?

—Para nada.— respondió Charlie, tomando su mano y besando sus nudillos.— Estás creando vida. Puedes pedir lo que quieras, cuando quieras. Yo estaré aquí para complacerte.

Babe lo miró con ojos brillantes, las hormonas haciendo que se emocionara fácilmente.

—Te amo, Charlie. A veces siento que no merezco que seas tan paciente conmigo.

Charlie se acercó y lo besó suavemente en los labios, con mucho cariño.

—Tú y nuestro hijo son lo mejor que me ha pasado. Cumplir tus antojos es lo mínimo que puedo hacer. Ahora termina de comer y duerme. Mañana te prepararé el desayuno que quieras.

Babe asintió, terminando su helado con una sonrisa satisfecha. Charlie retiró la bandeja y Babe fue a cepillarse los dientes.

Luego Charlie apagó la luz y se acostó junto a él, abrazándolo por detrás con una mano protectora sobre su vientre.

—Descansa, mi amor.— susurró Charlie contra su nuca.— Los dos están a salvo conmigo.

Babe entrelazó sus dedos con los de Charlie sobre su abdomen y cerró los ojos, sintiéndose completamente cuidado y amado.

Dulce madrugada de fresas

A la noche siguiente, alrededor de la una de la mañana, Babe despertó de nuevo con otro antojo.

—Charlie…— llamó en voz baja.

—¿Mmm?— Charlie despertó al instante.

—Fresas…con chocolate derretido y un poco de crema. Muchas fresas.

Charlie sonrió en la oscuridad, besó su hombro y se levantó sin quejarse.

—Voy por ellas.

Regresó quince minutos después con un plato grande de fresas frescas, chocolate derretido tibio y crema batida. Se sentó junto a Babe en la cama y esta vez lo alimentó personalmente, llevándole una fresa cubierta de chocolate a la boca.

—Come, mi amor.

Babe mordió con gusto, cerrando los ojos de placer.

—Están tan dulces…El bebé debe estar feliz ahora.

Charlie rio suavemente y limpió una gota de chocolate de la comisura de sus labios con el pulgar.

—Mientras tú estés feliz, él también lo está. ¿Quieres más?

Babe asintió y se acurrucó contra el pecho de Charlie mientras seguía comiendo.

—Eres el mejor padre y pareja del mundo, Cachorro.

—Y tú eres el alfa más terco y hermoso que existe.— respondió Charlie, besando su cabello.— Come todo lo que quieras. Yo estoy justo aquí.

La habitación se llenó de una calma dulce y doméstica, solo interrumpida por los pequeños sonidos de satisfacción de Babe y las cariñosas palabras de Charlie. Los antojos continuarían, pero también el amor y la dedicación inquebrantable del Enigma hacia su familia.

Antojo de medianoche y helado salado

Habían pasado unos días más y los antojos de Babe seguían apareciendo sin aviso. Esa noche, alrededor de las dos de la madrugada, Babe se removió inquieto en la cama y sacudió suavemente el hombro de Charlie.

—Cachorro…despierta.

Charlie abrió los ojos de inmediato, alerta como siempre.

—¿Qué pasa, mi amor? ¿Estás bien? ¿El bebé?

Babe se tocó el abdomen, que ya se notaba más redondeado.

—Estoy bien…pero tengo un antojo terrible. Quiero helado de vainilla…pero con papas fritas trituradas por encima y un poco de salsa de soja. Suena raro, lo sé.

Charlie sonrió con ternura, sin una pizca de queja, y besó su frente.

—No suena raro. Suena a que nuestro hijo tiene gustos interesantes. Quédate aquí, te lo traigo.

Babe lo miró con culpa.

—Es muy tarde…puedo esperar.

—Ni hablar.— respondió Charlie mientras se ponía una camiseta.— Tú y el bebé mandan ahora.

Bajó a la cocina y preparó todo con cuidado: sacó el helado, frió unas papas hasta que estuvieran crujientes, las trituró ligeramente y las espolvoreó encima. Agregó un chorrito de salsa de soja y lo mezcló un poco. Regresó con la taza grande y una cuchara.

—Aquí tienes.— dijo sentándose en la cama y entregándoselo.— Prueba y dime si necesita más salado.

Babe tomó una cucharada grande y cerró los ojos de placer.

—Está perfecto…justo como lo quería. Gracias, Charlie. Eres demasiado bueno conmigo.

Charlie pasó un brazo por sus hombros y lo atrajo contra su pecho mientras Babe comía.

—Me encanta hacer esto. Verte comer con esa cara de felicidad hace que valga la pena a cualquier hora. ¿Quieres qué te prepare algo más ligero después?

—No, esto está bien.— murmuró Babe con la boca llena.— A veces me siento ridículo pidiendo cosas tan extrañas.

Charlie acarició su vientre con suavidad.

—No eres ridículo. Estás gestando a un pequeño Enigma o alfa fuerte. Es normal. Y yo estoy aquí para complacer cada antojo.

Babe lo miró con ojos brillantes y le ofreció una cucharada.

—¿Quieres probar?

Charlie aceptó y arrugó ligeramente la nariz, pero sonrió.

—Interesante combinación. Definitivamente un antojo de embarazo.

Ambos rieron bajo en la habitación en penumbras, compartiendo el momento íntimo y tranquilo.

Salida con los chicos y protección

Un sábado por la tarde, Charlie y Babe salieron a reunirse con los chicos. Habían elegido un restaurante al aire libre tranquilo, con mesas en una terraza sombreada. Dean, Sonic, North, Alan y Jeff ya estaban allí cuando llegaron.

—¡Miren quiénes aparecen!—.exclamó Sonic con una gran sonrisa, levantándose para abrazar a Babe con cuidado.— ¡Mírate! Ya se te nota bastante el vientre.

Babe se sonrojó un poco pero sonrió, tocándose el abdomen.

—Sí…crece rápido últimamente.

Charlie colocó una mano protectora en la espalda baja de Babe mientras lo ayudaba a sentarse.

—Siéntate cómodo, mi amor. ¿Quieres agua primero?

Jeff, el hermano menor de Charlie, miró a Babe con una mezcla de cariño y preocupación.

—¿Cómo te sientes? ¿Los antojos siguen fuertes?

—Demasiado.— respondió Babe riendo.— Anoche quería helado con papas y salsa de soja. Charlie me lo preparó sin quejarse.

North soltó una carcajada.

—Charlie convertido en chef personal de antojos. Nunca pensé que vería eso.

Alan sonrió y le pasó el menú a Babe.

—Pide lo que quieras. Hoy invitamos nosotros. Es nuestra forma de celebrar que todo terminó con Tony y que vienen tiempos más tranquilos.

Dean asintió, mirando a Charlie.

—Y que tú ya estás libre de esas habilidades. Se te ve más relajado, hermano.

Charlie se sentó muy cerca de Babe, casi pegado a él.

—Estoy mejor que nunca. Lo único que me importa ahora es que Babe y el bebé estén bien. Nada de riesgos.

Sonic se inclinó hacia adelante con curiosidad.

—¿Ya saben si es niño o niña?

—Todavía no.— contestó Babe.— La próxima ecografía nos dirán. Aunque Charlie dice que siente que es un varón fuerte.

Charlie sonrió con orgullo y acarició el vientre de Babe por encima de la camiseta.

—Sea lo que sea, va a ser terco como su papá y poderoso como su otro papá.

Los chicos rieron. Jeff levantó su vaso de refresco.

—Brindemos por la nueva familia. Y porque Babe deje de hacer pruebas peligrosas y se cuide.

Babe puso los ojos en blanco pero sonrió.

—Está bien, está bien. Ya aprendí la lección.

La comida transcurrió entre risas y conversaciones ligeras. Charlie no dejaba de vigilar que Babe comiera bien y estuviera cómodo, trayéndole agua o ajustando el parasol cuando el sol se movía. En un momento, Babe tuvo un pequeño antojo repentino y susurró algo al oído de Charlie.

Charlie se levantó de inmediato.

—Voy a pedirte unas fresas con chile en polvo. No tardó.

North sacudió la cabeza, divertido.

—Está completamente perdido por ti, Babe.

Babe miró hacia la espalda de Charlie con una sonrisa suave.

—Lo sé…y yo por él.

Alan levantó su vaso de nuevo.

—Se los merecen. Después de todo lo que pasaron, verlos así es genial.

Jeff añadió con cariño:

—Y yo voy a ser el mejor tío. Ya estoy practicando.

La tarde continuó llena de bromas, apoyo y momentos cálidos. Charlie regresó con las fresas y se las dio a Babe, quien las comió con gusto mientras los chicos seguían charlando y planeando salidas futuras más tranquilas.

Regreso a casa y mimos

De vuelta en casa esa misma noche, Babe estaba recostado en el sofá con los pies sobre las piernas de Charlie.

—Fue lindo salir con ellos.— dijo Babe, suspirando contento.— Me alegra que todos estén bien.

Charlie masajeaba suavemente sus tobillos hinchados.

—Sí. Pero me gusta más tenerte solo para mí después. ¿Quieres algo? ¿Otro antojo?

Babe rio y negó con la cabeza.

—Ahora solo quiero quedarme así…contigo.

Charlie se inclinó y besó su vientre con ternura.

—Entonces nos quedamos así. Tú, yo y nuestro pequeño. El resto del mundo puede esperar.

Babe entrelazó sus dedos con los de Charlie, sintiéndose completamente en paz. Los días de antojos, salidas con amigos y la nueva vida que construían juntos apenas comenzaban.

Malee: La pequeña luz

La sala de ecografías estaba en penumbras, solo iluminada por la pantalla del aparato. Babe estaba recostado en la camilla con la camiseta subida, dejando ver su vientre ya notablemente redondeado. Charlie estaba a su lado, sosteniendo su mano con fuerza, los ojos fijos en la imagen que aparecía en el monitor.

El obstetra movió el transductor con cuidado y sonrió.

—Todo está perfecto. El crecimiento es excelente. ¿Quieren saber el sexo?

Babe y Charlie se miraron al mismo tiempo, nerviosos y emocionados.

—Sí, por favor.— respondieron casi al unísono.

El médico amplió la imagen y señaló con el cursor.

—Felicidades. Es una niña.

El silencio duró solo un segundo antes de que una sonrisa enorme apareciera en el rostro de ambos.

—Una niña…— susurró Babe, con la voz entrecortada. Sus ojos se llenaron de lágrimas.— Vamos a tener una hija, Charlie.

Charlie apretó su mano con más fuerza, sus ojos rojos brillando con una emoción profunda y protectora. Se inclinó y besó la frente de Babe, luego apoyó su frente contra la de él.

—Una niña…Joder, mi amor. Vamos a tener una princesita. Estoy tan feliz.

El obstetra les imprimió varias imágenes y les dio recomendaciones adicionales para el segundo trimestre. Babe se limpió las lágrimas mientras Charlie guardaba con cuidado las fotos en su chaqueta, como si fueran el tesoro más valioso del mundo.

Al salir del consultorio, caminando por el pasillo de la clínica, ambos hablaron al mismo tiempo:

—Se llamará Malee.

Se detuvieron en seco y se miraron. Una risa sincera y ligera brotó de los dos al mismo tiempo.

—¿Tú también pensaste en Malee?— preguntó Babe, aún riendo mientras se limpiaba otra lágrima.

Charlie asintió, rodeando la cintura de Babe con un brazo para acercarlo.

—Sí. No sé por qué, pero desde que vi la imagen en la pantalla, ese nombre vino a mi mente. Malee…significa flor, ¿verdad? Nuestra pequeña flor.

—Exacto.— dijo Babe, apoyando la cabeza en el hombro de Charlie mientras caminaban hacia el auto.— Me encanta. Suena fuerte y dulce al mismo tiempo. Como ella va a ser.

Charlie abrió la puerta del coche para Babe y lo ayudó a subir con cuidado.

—Nuestra hija…Malee. Ya la amo con todo mi ser y todavía ni siquiera ha nacido.

De camino a casa, Babe no dejaba de mirar las imágenes de la ecografía.

—Va a ser terca como yo y protectora como tú.

—Y hermosa como su papá.— añadió Charlie, tomando su mano y besando sus nudillos.— Voy a malcriarla tanto…pero también voy a enseñarle a defenderse. Nadie va a acercarse a nuestra niña sin que yo lo permita.

Esa misma tarde, convocaron a los chicos en la casa. Dean, Sonic, North, Alan, Jeff y Pete llegaron cargados de curiosidad.

—¿Y bien? ¿Qué les dijeron?— preguntó Sonic apenas cruzó la puerta.

Babe y Charlie se miraron con una sonrisa idéntica. Charlie pasó un brazo por los hombros de Babe y anunció:

—Es una niña.

Los chicos explotaron en gritos de alegría. North levantó los brazos.

—¡Una sobrina! ¡Vamos a tener una princesita!

Jeff se acercó y abrazó a su hermano mayor con fuerza.

—Felicidades…Una niña. Ya estoy imaginando lo sobreprotector que vas a ser, Charlie.

—Lo soy.— admitió Charlie riendo.— Y se va a llamar Malee.

—Malee…— repitió Alan, probando el nombre.— Me encanta. Suena precioso.

Sonic sacó su teléfono.

—Tenemos que celebrar. Voy a comprar todo de color rosa…o tal vez morado. ¿Qué color le gusta a Malee?

Babe soltó una carcajada.

—Aún no ha nacido, Sonic. Pero gracias. Significa mucho que estén aquí con nosotros.

Pete, más calmado, sonrió con orgullo.

—Después de todo lo que pasaron, verlos así…felices, esperando a su hija. Se lo merecen.

Charlie miró a Babe con tanto amor que era casi tangible.

—Malee va a crecer rodeada de tíos locos y dos padres que la van a amar con todo. No podría pedir nada mejor.

Babe se tocó el vientre con ternura y susurró:

—Bienvenida, Malee. Papá y Cachorro ya te están esperando.

Los chicos se quedaron un rato más, llenando la casa de risas, planes para la habitación de la bebé y bromas sobre cómo Charlie iba a volverse aún más protector. Por primera vez en mucho tiempo, el futuro se sentía lleno de luz, amor y una pequeña flor llamada Malee que ya tenía a todos enamorados.

El miedo de un padre

Babe ya llevaba siete meses de embarazo. Su vientre era grande y redondo, y aunque a veces se sentía cansado y pesado, la felicidad era constante. Cada patadita de Malee le recordaba que todo valía la pena.

Charlie lo consentía más que nunca, y los chicos pasaban a visitarlos frecuentemente, trayendo regalos y bromas para alegrar la espera.

Sin embargo, esa tarde todo cambió de repente.

Babe estaba en la sala, sentado en el sofá con una mano descansando sobre su abdomen, cuando sintió un dolor agudo y punzante en la parte baja de su panza. Se dobló ligeramente, respirando con dificultad.

—Tranquilo…solo es una contracción…— se dijo a sí mismo, intentando calmarse. Pero el dolor no disminuía. Al contrario, se intensificó.

De pronto, sintió un chorro de líquido caliente bajando por sus piernas y empapando el sofá y el piso.

—No…no puede ser…— murmuró Babe, pálido. Miró hacia abajo y vio el líquido claro.— Rompí fuente…Malee aún no es tiempo. Solo tienes siete meses…

El pánico lo invadió. Su corazón latía descontrolado. Se levantó como pudo, sosteniéndose del respaldo del sofá.

—¡Charlie!— gritó con voz quebrada, llena de miedo.— ¡Charlie, ven rápido!

Charlie apareció en menos de diez segundos, bajando las escaleras a toda velocidad. Al ver a Babe pálido, el líquido en el piso y la expresión de terror en su rostro, entendió todo al instante.

—Babe…¿rompiste fuente?— preguntó, ya moviéndose hacia él.

—Sí…duele mucho y…Malee es muy pequeña todavía. Solo siete meses, Charlie…¿y si le pasa algo?— la voz de Babe se quebró, y las lágrimas empezaron a caer.— Tengo miedo…no quiero perderla.

Charlie no perdió ni un segundo. Su instinto de Enigma y protector se activó al máximo.

Tomó a Babe en brazos con facilidad, como si no pesara nada, y lo sostuvo contra su pecho.

—Respira, mi amor. Estoy aquí. Vamos al hospital ahora mismo. Malee es fuerte, como tú. Va a estar bien.— dijo Charlie con voz firme, aunque sus ojos rojos mostraban su propia preocupación.— No voy a dejar que les pase nada a ninguno de los dos.

Babe se aferró a su cuello, respirando entrecortado por el dolor y el miedo.

—Duele…y tengo mucho miedo, Cachorro. Es muy pronto…

—Lo sé, mi amor. Pero vamos a llegar rápido. Respira conmigo, ¿sí? Inhala…exhala…Eso es.

Charlie lo llevó hasta el auto sin soltarlo, lo acomodó con mucho cuidado en el asiento del pasajero y puso el cinturón con suavidad alrededor de su vientre. Luego corrió al lado del conductor y arrancó a toda velocidad, activando las luces de emergencia.

Mientras conducía con una mano en el volante y la otra sosteniendo la de Babe, marcó rápidamente al grupo.

—Pete, es Charlie. Babe rompió fuente. Vamos camino al hospital. Siete meses. Está con dolores fuertes. Avísales a los demás.

Del otro lado se escuchó la voz preocupada de Pete.

—Entendido. Vamos para allá ahora mismo. Mantennos informados.

Charlie colgó y apretó la mano de Babe.

—Los chicos ya vienen. Todo va a estar bien, Babe. Malee va a nacer y vamos a conocerla hoy. Es nuestra hija, es fuerte.

Babe apretó los dientes por otra contracción y gimió, lágrimas corriendo por sus mejillas.

—No quiero que le pase nada…Es muy chiquita todavía. Prométeme que va a estar bien, Charlie.

—Te lo prometo.— respondió Charlie con voz ronca, aunque sabía que no podía controlar todo.— Voy a estar contigo en cada segundo. No estás solo. Somos un equipo, los tres.

Llegaron al hospital en tiempo récord. Charlie bajó corriendo, tomó a Babe nuevamente en brazos y entró gritando por ayuda.

—¡Mi pareja está en trabajo de parto prematuro! ¡Siete meses! ¡Rompió fuente!

Las enfermeras y médicos salieron rápidamente con una camilla. Mientras colocaban a Babe en ella, Charlie no soltó su mano ni un segundo.

—Estoy aquí, mi amor. No te suelto.— susurró besando su frente sudorosa.— Respira. Malee va a estar bien. Te amo.

Babe, aterrado pero aferrándose a la mano de Charlie, solo pudo asentir entre lágrimas mientras lo llevaban hacia la sala de partos de emergencia.

La espera y la lucha por traer a Malee al mundo apenas comenzaban, pero el Enigma y su alfa no pensaban separarse ni un instante.

El latido que casi se apaga

En la sala de observación contigua al quirófano, Charlie estaba de pie detrás del vidrio grueso, con los puños apretados y la mandíbula tensa. Babe había sido completamente sedado para la cesárea de emergencia. Su cuerpo yacía inmóvil sobre la mesa quirúrgica, el vientre expuesto y cubierto con paños esterilizados.

—Todo va a estar bien…— se repetía Charlie en voz baja, aunque su instinto de Enigma rugía de preocupación.

El equipo médico trabajaba con rapidez. El cirujano hizo la incisión con precisión. Charlie observaba cada movimiento, el corazón latiéndole con fuerza. Hubo complicaciones casi de inmediato: Malee estaba en posición difícil y su prematuridad la ponía en riesgo.

—Presión baja en el feto…¡Vamos, pequeña!— dijo el doctor principal.

Charlie contuvo la respiración. Los minutos se sintieron eternos. Finalmente, tras varios intentos tensos, el llanto débil pero claro de una bebé llenó la sala.

Malee había nacido.

Charlie sintió que el alivio lo inundaba al escuchar ese primer llanto. Sus ojos se humedecieron.

—Está viva…mi hija está viva…— susurró, apoyando una mano en el vidrio.

Las enfermeras se la llevaron rápidamente a una incubadora para limpiarla, revisarla y estabilizarla. Pero entonces todo cambió.

Charlie, gracias a su audición superior de Enigma, lo escuchó con claridad desgarradora: los latidos fuertes y constantes del corazón de Babe empezaron a ralentizarse…y luego se detuvieron por completo.

El pitido continuo y monótono de la máquina de monitoreo atravesó la sala como un cuchillo.

—¡Paro cardíaco! ¡Perdió mucha sangre! ¡Inicien reanimación!— gritó el doctor.

Charlie se quedó congelado un segundo, el mundo deteniéndose a su alrededor.

—No…Babe…¡Babe!— golpeó el vidrio con la palma de la mano.

Una enfermera que estaba a su lado lo sujetó del brazo con firmeza pero con compasión.

—Señor, por favor. Babe perdió mucha sangre durante la cesárea. Su cuerpo estaba muy debilitado por el embarazo prematuro y las complicaciones. Estamos haciendo todo lo posible.

Charlie observaba horrorizado cómo el equipo trabajaba frenéticamente sobre el cuerpo inerte de Babe. Presionaban su pecho, inyectaban medicamentos, usaban el desfibrilador.

—¡Carga a 200! ¡Despejen!

El cuerpo de Babe se arqueó con la descarga, pero el pitido plano continuaba.

Otra descarga.

—Otra vez…¡300!

Nada.

Charlie sentía que su propio corazón se rompía. Las lágrimas corrían por su rostro sin control.

—Babe…mi amor, no me hagas esto…— murmuró contra el vidrio.

Los doctores intercambiaron miradas graves.

Uno de ellos negó lentamente con la cabeza.

La enfermera junto a Charlie bajó la mirada con tristeza visible.

—Lo siento mucho…hicimos todo lo que pudimos. Su pareja…

—No.— gruñó Charlie, apartándola con cuidado pero firme.— ¡No termines esa frase!

Empujó la puerta y entró corriendo al quirófano, ignorando las protestas del personal.

—¡Babe!— gritó, llegando hasta la mesa. Se aferró al cuerpo aún cálido de su pareja, sosteniendo su rostro entre las manos temblorosas.— Babe, abre los ojos…por favor, mi amor. No me dejes. Malee te necesita…yo te necesito. No puedes irte ahora, mi amor. Te amo, joder…despierta. ¡Despierta!

Su voz se quebró en un sollozo mientras apoyaba la frente contra la de Babe, ignorando la sangre y los cables.

—Por favor…no nos dejes solos. Malee acaba de nacer…es nuestra hija. No puedes perderte esto. Babe…por favor…

Pasaron minutos agonizantes. El pitido plano seguía sonando. Charlie no dejaba de hablarle, suplicándole, acariciando su rostro y sus manos.

De pronto, un bip…bip…débil.

Luego más fuerte.

El monitor mostró un latido. Luego otro. Y otro.

El corazón de Babe volvió a latir.

Charlie levantó la cabeza de golpe, respirando entrecortado.

—Ese es mi chico…— susurró con voz rota de alivio.— Sigue, mi amor. Sigue latiendo.

El doctor se acercó de inmediato, revisando los signos vitales.

—Está volviendo. Ritmo irregular pero se está estabilizando. Rápido, cosan la incisión y prepárenlo para la UCI. Necesita transfusión y monitoreo intensivo.

Charlie no soltó la mano de Babe mientras el equipo trabajaba para cerrar la herida de la cesárea y estabilizarlo. Sus lágrimas caían sobre la sábana.

—Te tengo, Babe. Estoy aquí. No te suelto.— repetía una y otra vez, voz ronca y llena de amor.— Vamos a salir de esto juntos. Tú, yo y Malee. Te lo prometo.

Poco a poco, llevaron a Babe a una habitación especial de cuidados intensivos.

Charlie caminó a su lado sin soltar su mano, el alivio mezclándose con el miedo residual.

Malee estaba estable en la neonatal, pero en ese momento, Charlie solo podía pensar en su alfa. En su pareja. En el hombre que casi le arranca el alma al dejar de latir.

—Te amo, Babe…no vuelvas a asustarme así.— susurró besando sus nudillos mientras lo acomodaban en la cama.

Los monitores mostraban un ritmo cardíaco débil pero constante. Babe seguía inconsciente, pero vivo. Y eso, por ahora, era suficiente para que Charlie siguiera respirando.

El despertar

Una semana después del complicado parto, Babe abrió los ojos lentamente en la habitación de cuidados intensivos. La luz era suave y el pitido constante de los monitores lo acompañaba. Lo primero que vio fue a Charlie sentado a su lado, con ojeras profundas pero una expresión de puro alivio al notar que estaba despierto.

—Babe…— susurró Charlie, incorporándose rápidamente y tomando su mano con fuerza. Sus ojos rojos brillaban con lágrimas contenidas.— Mi amor…por fin despertaste.

Babe sonrió débilmente, aún cansado pero feliz de verlo. Apretó su mano con lo poco de fuerza que tenía.

—¿Estás bien? Tuvo que haber sido muy difícil para ti estos días…

Charlie negó con la cabeza, soltando una risa incrédula y llena de emoción.

—¿Cómo puedes preocuparte por mí en este momento? Fuiste tú quien estuvo entre la vida y la muerte. Tu corazón se detuvo, Babe…dejó de latir por varios minutos. Creí que te perdía.

Babe sonrió con dulzura, acariciando con el pulgar el dorso de la mano de Charlie.

—Lo sé…pero sé que tuviste que ser fuerte por Malee también. Los tres batallamos, Cachorro…Quiero ver a mi bebé. ¿Cómo está ella?

Charlie iba a responder cuando la puerta se abrió y entró el doctor con una sonrisa amplia.

—Señor Babe, qué bueno verlo consciente.— El médico se acercó y comenzó a revisarlo: revisó pupilas, signos vitales y la herida de la cesárea.— Todo está dentro de parámetros aceptables. Ha sido un milagro, considerando el paro cardíaco. Está estable.

Babe suspiró aliviado.

—¿Y mi hija?

—Está muy bien para ser prematura. La traeremos ahora mismo.

El doctor salió y, pocos minutos después, una enfermera entró empujando una pequeña cuna. La mujer apenas miró a Babe; sus ojos se fijaron directamente en Charlie con una sonrisa coqueta.

—Aquí está la pequeña. Es preciosa, como su padre.— dijo la enfermera, claramente dirigiéndose solo a Charlie.

Babe, a pesar de su debilidad, se incorporó con esfuerzo en la cama y frunció el ceño.

—Dame a mi hija.— exigió con voz firme, aunque ronca.

La enfermera lo miró sorprendida, como si recién notara su presencia, y le entregó a la bebé con reticencia. Babe la tomó con cuidado en sus brazos, sosteniéndola contra su pecho. Malee era pequeña, con cabecita cubierta de suave cabello oscuro y mejillas rosadas. Babe sintió una oleada inmensa de amor.

Antes de que la enfermera se fuera, Babe la miró con seriedad.

—La próxima vez que me ignores y andes mirando con otras intenciones a mi novio, haré que te corran de este lugar. Esto es un hospital y tu trabajo es tratar a tus pacientes con respeto. Si no sabes algo tan básico, entonces te equivocaste de profesión. Puedes irte.

La mujer se sonrojó violentamente, avergonzada, y salió de la habitación sin decir una palabra.

Charlie observó toda la escena en silencio, con una mezcla de orgullo y ternura. Babe acomodó mejor a Malee y liberó sus feromonas alfa, envolviendo a la bebé en un aroma protector y cálido que gritaba “mía”.

—Quiero a mi hija conmigo, Charlie.— dijo Babe mientras se subía con cuidado la bata del hospital, dejando al descubierto uno de sus pezones hinchados.— No toleraré que esté con ese tipo de personas.

Malee buscó instintivamente y Babe la acercó a su pecho. La bebé se prendió con fuerza y comenzó a mamar con pequeños sonidos ansiosos. Babe hizo una mueca de leve dolor al principio, pero luego suspiró de alivio y ternura.

—Ahí está, mi princesita…come, Malee. Papá te tiene.— susurró Babe, acariciando suavemente la cabecita de su hija mientras la alimentaba.

Charlie se acercó más a la cama, sentándose en el borde y rodeando con un brazo los hombros de Babe. Observaba con reverencia cómo su pareja alimentaba a su hija.

—Eres increíble.— murmuró Charlie, besando la sien de Babe.— Incluso recién despertado y débil, sigues siendo el alfa más protector y terco que existe. Te amo tanto.

Babe levantó la mirada hacia él, sonriendo con cansancio pero lleno de amor.

—Y yo a ti, Cachorro. Gracias por quedarte a mi lado…por cuidar de ella cuando yo no podía. Ahora los tres estamos juntos.

Charlie extendió una mano y acarició con extrema delicadeza la mejilla de Malee mientras esta seguía mamando.

—Es perfecta…se parece a ti. Tiene tu fuerza.

Malee soltó un pequeño sonido de satisfacción y Babe ajustó su postura para que siguiera comiendo del otro lado. Sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad.

—Nuestra hija…después de todo lo que pasamos. No pienso separarme de ella ni de ti nunca más.

Charlie apoyó su frente contra la de Babe, cuidando de no molestar a la bebé.

—Nunca más, mi amor. Los tres contra el mundo. Descansa ahora. Yo estoy aquí vigilando.

Babe asintió, cerrando los ojos por un momento mientras continuaba dando de mamar a Malee, rodeado del calor protector de Charlie y el aroma familiar de su pequeña familia. El miedo del parto quedaba atrás; ahora solo quedaba sanar y amar.

Visitas y promesas dulces

Horas más tarde, la habitación del hospital se llenó de voces alegres y risas contenidas. Los chicos del equipo X Hunter— habían llegado cargados de globos, peluches y regalos para Malee y Babe.

—¡Por fin!— exclamó Sonic apenas entró, acercándose con cuidado a la cama.— Babe, hermano, nos tenías muertos de preocupación. ¡Pero mírate! Ya estás despierto y con mejor cara.

North se acercó también, sonriendo ampliamente.

—Y mira a la princesita…Malee es preciosa. Se parece un poco a ti, Babe.

Babe, aún recostado en la cama pero visiblemente más recuperado, sonrió con cansancio pero con mucho orgullo mientras sostenía a su hija en brazos.

—Gracias por venir, chicos. Significa mucho. Malee está bien a pesar de todo…es fuerte.

Jeff se inclinó para ver mejor a la bebé y luego abrazó suavemente a su hermano Charlie.

—Felicidades de nuevo. Estuviste a punto de perderlo todo…pero aquí están los tres. Eres un maldito afortunado, Charlie.

Charlie, que no se había separado ni un centímetro de la cama de Babe, asintió con una sonrisa suave pero protectora.

—No lo cambio por nada. Babe es más fuerte de lo que cualquiera imagina.

Los chicos se quedaron un buen rato, contando anécdotas ligeras, bromeando sobre cómo Charlie iba a volverse un padre sobreprotector insoportable y prometiendo ayudar con lo que necesitaran. Alan fue el más serio, recordándoles que ahora tocaba descansar y recuperarse.

Después de casi una hora, se despidieron uno por uno con abrazos cuidadosos y promesas de volver pronto.

Cuando la habitación quedó en silencio nuevamente, Malee empezó a llorar con fuerza, moviendo sus pequeñas manitas.

—Shh, mi vida…— murmuró Charlie, levantándola con extrema delicadeza de la cunita y acercándosela a Babe.— Creo que tiene hambre otra vez.

Babe se incorporó con cuidado, ignorando el leve dolor de la herida, y subió su bata para dejar al descubierto su pecho. Malee se prendió inmediatamente a su pezón, mamando con ansias y pequeños sonidos satisfechos. Babe suspiró de alivio y acarició la cabecita de su hija con ternura.

Charlie se sentó en el borde de la cama, observando la escena con un orgullo inmenso en la mirada. Sus ojos rojos brillaban con amor puro.

—Nunca me voy a cansar de ver esto.— susurró Charlie, pasando un dedo suavemente por la mejilla de Malee mientras esta seguía alimentándose.— Eres increíble, Babe. Mirándote así…alimentando a nuestra hija…joder, te amo más cada día.

Babe levantó la vista y sonrió con dulzura.

Charlie se inclinó y lo besó en los labios, un beso lento, profundo y lleno de gratitud.

Cuando se separaron, Charlie apoyó su frente contra la de Babe y murmuró con voz ronca:

—Espero que me amamantes a mí también en casa, mi amor.

Babe soltó una risa baja y negó con la cabeza, aún sosteniendo a Malee contra su pecho.

—La leche es solo para nuestra hija, Cachorro. No te hagas ilusiones.

Charlie sonrió con esa malicia característica, sus ojos recorriendo el pecho expuesto de Babe y deteniéndose en el pezón que Malee succionaba.

—Para ambos, Babe…Créeme que yo también beberé de ti, mi amor. Cuando estemos en casa, solos, voy a probar cada gota que produzcas.

Babe se sonrojó ligeramente pero no pudo evitar reír de nuevo, negando con la cabeza.

—Eres imposible…— susurró, dejando un beso suave y prolongado en los labios de Charlie.— La leche es de Malee. Tú tendrás que conformarte con otras cosas.

Charlie profundizó el beso por un momento, cuidadoso de no molestar a la bebé, y luego mordió suavemente el labio inferior de Babe antes de separarse.

—Ya veremos, mi alfa terco…— murmuró contra su boca, voz baja y prometedora.— Pero por ahora, solo verte así ya me tiene loco.

Babe rodó los ojos, pero su sonrisa era enorme mientras seguía alimentando a Malee. Charlie pasó un brazo por sus hombros, abrazándolos a ambos con posesión y amor infinito.

Los tres juntos, sanando, creciendo y empezando su nueva vida familiar.

Alta hospitalaria y miradas posesivas

Semanas después, por fin llegó el día del alta.

Tanto Babe como Malee habían sido dados de alta después de un monitoreo exhaustivo.

La pequeña ya había ganado suficiente peso y Babe se recuperaba bien de la cesárea y el paro cardíaco.

Charlie sostenía a Malee con extremo cuidado en sus brazos, envuelta en una manta suave rosa claro. Sus ojos rojos no se despegaban de Babe, quien estaba terminando de vestirse en la habitación del hospital. Babe se puso unos jeans ajustados que marcaban sus piernas y una remera manga larga un poco holgada, tal como Charlie le había pedido expresamente. El Enigma no quería que nadie más viera los cambios en el cuerpo de Babe, especialmente sus pezones aún sensibles y productores de leche.

Babe se ajustó la remera frente al espejo y se giró hacia Charlie. Notó inmediatamente la intensa mirada de su pareja recorriéndolo de arriba abajo. Se mordió el labio inferior con nerviosismo y sonrió.

—¿Me veo bien, Cachorro?— preguntó Babe, pasando las manos por la tela de la remera.

Charlie tragó saliva, mordiéndose el labio inferior con fuerza mientras sus ojos brillaban con deseo y posesión. Ajustó un poco mejor a Malee contra su pecho y asintió lentamente.

—Te ves bellísimo, mi amor…como si nunca hubieras estado en cinta.— respondió con voz ronca y sincera.— Esos jeans te quedan perfectos. Y esa remera…me gusta que sea holgada. Nadie más que yo debería verte así.

Babe soltó una risa suave, sonrojándose ligeramente mientras se acercaba a ellos.

—Eres tan posesivo…Lo pediste tú, ¿verdad? Para que no se me marquen los pezones.

Charlie no lo negó. Se acercó más, inclinándose para besar la frente de Babe con ternura, cuidando de no apretar a Malee entre ellos.

—Exacto. Eres mío, Babe. Tu cuerpo, tus cambios…todo. No quiero que nadie más se fije en lo que es solo para mí y para nuestra hija.

Babe levantó una mano y acarició la mejilla de Charlie, luego bajó la mirada hacia Malee, que dormía plácidamente en los brazos de su padre.

—Los dos son míos también.— murmuró Babe con una sonrisa suave.— Vamos a casa, Cachorro. Ya quiero estar en nuestra cama, con los dos.

Charlie asintió, pasando un brazo libre alrededor de la cintura de Babe para atraerlo con cuidado.

—Vamos. En casa voy a cuidarte como te mereces. Nada de esfuerzos, nada de estrés. Solo descanso, buena comida y mucha atención para ti y para Malee.

Babe se apoyó un momento contra el pecho de Charlie, respirando su aroma reconfortante.

—Gracias por todo…por quedarte conmigo en el hospital, por cuidar de ella cuando yo no podía. Te amo, Charlie.

—Y yo te amo más, mi alfa terco y fuerte.— susurró Charlie contra su cabello, besándolo suavemente en la sien.— Ahora salgamos de aquí. Nuestra familia ya puede empezar de verdad.

Salieron de la habitación juntos. Charlie con Malee en brazos y Babe caminando a su lado, tomados de la mano. El camino a casa se sentía como el comienzo de una nueva etapa: más tranquila, más llena de amor y con la pequeña Malee como centro de su mundo.

Al llegar al auto, Charlie acomodó a la bebé en su sillita con sumo cuidado mientras Babe lo observaba con una sonrisa llena de cariño.

El Enigma posesivo y protector había encontrado su mayor propósito: cuidar de los dos amores de su vida.

Nuestra nueva vida juntos

Habían pasado unas semanas desde que llegaron a casa. La rutina de la familia de tres se estaba asentando poco a poco en su hogar. Las mañanas empezaban con los suaves lloriqueos de Malee, las noches terminaban con Charlie y Babe turnándose para mecerla, y los días estaban llenos de pequeños momentos que atesoraban.

Esa tarde, el sol entraba suavemente por las ventanas de la sala. Babe estaba recostado en el sofá, con Malee en brazos, dándole de mamar. Se había subido la camiseta holgada y la bebé succionaba con ansias, emitiendo pequeños sonidos satisfechos.

Charlie entró desde la cocina con dos vasos de jugo fresco y se detuvo un momento en la puerta, observando la escena con una sonrisa llena de orgullo y amor.

—Nunca me voy a cansar de ver esto.— dijo en voz baja, acercándose y sentándose con cuidado al lado de Babe.— Luces tan hermoso alimentando a nuestra hija.

Babe levantó la mirada y sonrió con ternura.

—Ven aquí, Cachorro. No te quedes mirando desde lejos.

Charlie se acercó más, pasó un brazo por los hombros de Babe y besó su sien. Luego bajó la mirada hacia Malee, acariciando suavemente su cabecita con un dedo.

—¿Cómo está hoy nuestra princesita? ¿Comiendo bien?

—Como siempre.— respondió Babe con una risita.— Tiene un apetito fuerte. Creo que va a ser tan terca como yo.

Charlie rio bajo y besó la frente de Malee.

—Bien. Que sea fuerte como su papá y protectora como yo. Aunque voy a tener que espantar a muchos cuando crezca.

Babe rodó los ojos, divertido.

—Vas a ser el padre más sobreprotector del mundo, ¿verdad?

—Absolutamente.— afirmó Charlie sin vergüenza.— Nadie se acerca a mi alfa ni a mi hija sin mi permiso.

En ese momento, Malee soltó el pezón con un pequeño suspiro de satisfacción y Babe se acomodó la camiseta. Charlie tomó una toalla suave y ayudó a hacer el eructo de la bebé, sosteniéndola contra su hombro con maestría.

—Se te da muy bien esto.— comentó Babe, observándolo con cariño.

—He practicado bastante estas semanas.— respondió Charlie, meciendo suavemente a Malee.— Quiero que todo sea perfecto para ustedes dos.

Un rato después, sonó el timbre. Eran los chicos: North, Sonic, Alan y Jeff, que venían de visita como casi todas las semanas.

—¡Llegamos con regalos!— anunció Sonic al entrar, cargando una enorme jirafa de peluche.— ¿Dónde está mi sobrina favorita?

North se acercó directamente a Charlie, que aún sostenía a Malee.

—Déjame cargarla un rato. Mira qué grande está ya.

Charlie se la entregó con cuidado, aunque no sin antes advertir:

—Con cuidado, North. Apóyale bien la cabecita.

Jeff se sentó junto a Babe y le dio un suave abrazo.

—¿Cómo te sientes, cuñado? ¿Ya estás descansando lo suficiente?

—Mucho mejor.— contestó Babe sonriendo.— Charlie no me deja hacer casi nada. Me trata como si fuera de cristal.

—Porque lo eres para mí.— intervino Charlie desde el otro lado, cruzando los brazos.— Después de todo lo que pasaste, mereces que te consientan.

Alan rio mientras observaba a Malee en brazos de North.

—Es preciosa. Se parece a los dos. Tiene los ojos de Babe y esa expresión seria de Charlie cuando algo no le gusta.

Los chicos se quedaron un buen rato, compartiendo risas, contando anécdotas y ayudando con pequeños detalles. Sonic insistió en tomar fotos de todos juntos, mientras North y Alan bromeaban sobre cómo Charlie había pasado de Enigma peligroso a padre devoto en tiempo récord.

Cuando los chicos se fueron al atardecer, la casa volvió a quedar en silencio. Charlie cerró la puerta y regresó al sofá, donde Babe estaba recostado con Malee dormida sobre su pecho.

—Son buenos chicos.— murmuró Babe.— Me alegra que vengan.

Charlie se sentó a su lado y los abrazó a ambos con cuidado.

—Sí. Pero me gusta más cuando estamos solos los tres. Esto…nuestra familia. Es todo lo que quería.

Babe giró la cabeza y lo besó suavemente en los labios.

—Yo también, Cachorro. Después de todo lo que pasamos…esto es perfecto.

Charlie profundizó el beso un momento, lleno de amor y gratitud, y luego apoyó su frente contra la de Babe.

—Te amo, Babe. Y amo a nuestra hija. Vamos a construir una vida hermosa juntos.

Malee soltó un pequeño suspiro dormido entre ellos, como si aprobara las palabras.

Babe y Charlie se miraron y sonrieron, disfrutando de la paz que tanto les había costado conseguir.

La nueva vida como familia de tres apenas comenzaba, pero ya estaba llena de amor, protección y promesas de un futuro brillante.

Instinto protector en el parque

Semanas después de instalarse en su nueva rutina familiar, Charlie y Babe decidieron sacar a Malee al parque para que tomara aire fresco y no estuviera siempre encerrada en casa. El día estaba soleado y agradable.

Charlie había ido a comprar dos helados mientras Babe paseaba con la bebé en brazos, caminando de un lado a otro en una zona tranquila.

—Mirá qué bonito está el cielo hoy, mi princesita.— le hablaba Babe suavemente a Malee, meciéndola con cariño.— Papá y Cachorro te trajimos para que veas el mundo un poquito. Eres tan chiquita y ya eres la más fuerte…

Sonrió al ver cómo su hija lo observaba con sus ojitos curiosos. De pronto, al girar en una esquina, Babe chocó suavemente contra alguien.

—Perdón.— dijo Babe de inmediato, ajustando mejor a Malee en sus brazos.

El hombre, de unos treinta años, se disculpó también con una sonrisa.

—No, disculpa tú. Iba distraído.— Sus ojos bajaron hacia la bebé y su expresión se suavizó.— Vaya, qué niña tan bonita. Tiene unos ojos preciosos.

Babe sonrió con orgullo.

—Gracias. Es mi hija.

El hombre lo miró de arriba abajo y añadió con tono halagador:

—Y el papá también es bastante atractivo. Se nota que la maternidad te ha sentado bien.

Babe agradeció cortésmente, pero se sintió incómodo. De repente, notó que la mirada del hombre bajaba a su pecho. La camiseta que llevaba se había pegado ligeramente por el calor, marcando claramente sus pezones aún hinchados por la lactancia.

Babe se sonrojó y se cubrió rápidamente con la chaqueta ligera que llevaba sobre los hombros.

—Disculpe, tengo que seguir.— dijo girándose para alejarse.

El hombre lo detuvo agarrándolo del brazo.

—Espera un momento, solo quería…

Babe se soltó con un movimiento brusco.

Malee, sintiendo la tensión y la presencia incómoda del desconocido, empezó a llorar con fuerza.

—Shh, shh, mi vida…tranquila, papá está aquí.— intentó calmarla Babe, meciéndola mientras se alejaba.

En ese preciso momento apareció Charlie, con los dos helados en la mano. Al ver la escena —el hombre intentando acercarse a Babe y a su hija, y Malee llorando— su lado Enigma despertó al instante. Sus ojos se volvieron rojo carmesí y en menos de un segundo estaba entre ellos.

—Quítale las manos de encima a mi familia.— gruñó Charlie con voz peligrosa, empujando al hombre con fuerza controlada pero firme, apartándolo varios pasos.— No vuelvas a tocarlos. Ni a mirarlos.

El hombre retrocedió, intimidado por la presencia imponente y el aura amenazante de Charlie.

—Solo estaba siendo amable…

—No me interesa.— cortó Charlie, su tono no admitía discusión.— Aléjate.

El hombre murmuró algo y se fue. Charlie se giró inmediatamente hacia Babe, quien se había alejado unos metros y seguía calmando a Malee.

Babe suspiró aliviado al verlo y se acercó rápidamente.

—Abrázame, Cachorro…— pidió con voz baja.

Charlie no dudó. Pasó un brazo alrededor de sus hombros con cuidado, atrayéndolo contra su pecho junto con Malee, y los envolvió en su aroma protector.

—¿Estás bien, mi amor?— preguntó Charlie, besando su sien mientras su mano libre acariciaba la espalda de la bebé.

Babe asintió, aún un poco tenso.

—Sí, lo estoy…Si no tuviera a Malee en brazos, ya lo hubiera golpeado.

Charlie sonrió con orgullo, aunque aún estaba molesto.

—Sí, lo sé. Sé que mi terco alfa no se queda callado.

Babe levantó la mirada hacia él.

—¿Podemos irnos? Luego de que ese tipo se me quedó mirando el pecho, me puso muy incómodo.

Charlie arqueó una ceja, visiblemente molesto y celoso.

—¿Verte qué?

Babe le dio un beso suave en los labios para tranquilizarlo.

—Ya pasó, Cachorro…Estoy bien, estamos bien. Solo vamos a casa.

Charlie respiró hondo, controlando su instinto posesivo, y asintió. Besó la frente de Malee, que ya empezaba a calmarse entre los brazos de sus padres, y luego besó los labios de Babe con más ternura.

—Nadie tiene derecho a mirarte así. Eres mío. Los dos son míos.— murmuró contra su boca.— Vamos a casa. Allí nadie los molesta.

Caminaron juntos hacia el auto. Charlie llevaba a Malee en un brazo y con el otro rodeaba protectoramente la cintura de Babe.

El incidente quedó atrás, pero reforzó el lado protector y posesivo del Enigma.

—Te amo.— susurró Babe mientras subían al coche.— Gracias por llegar justo a tiempo.

—Y yo te amo a ti, mi amor.— respondió Charlie, mirándolos con devoción.— A los dos. Vamos a casa, donde nadie más que nosotros tres importa.

Malee soltó un pequeño gorgojeo, como si estuviera de acuerdo, y la familia regresó a su hogar, más unida y protegida que nunca.

Deseo reprimido y posesión nocturna

Cierto día, después de que Malee terminara de tomar su leche, Charlie la mecía con paciencia en sus brazos hasta que la pequeña se durmió profundamente. Con mucho cuidado, la recostó en su cuna, le dio un beso suave en la frente y encendió el monitor de bebé.

—Duerme bien, princesita.— susurró antes de apagar la lámpara principal, dejando solo una luz tenue.

Charlie se dirigió a la habitación principal y se detuvo en la puerta. Babe acababa de salir de la ducha. Llevaba solo una camisa de dormir y un boxer negro ajustado. Se estaba secando el cabello frente al espejo cuando sintió la presencia de Charlie.

Babe sonrió al verlo a través del reflejo y dejó el secador.

—¿Malee ya se durmió?— preguntó girándose hacia él.

Charlie asintió, acercándose con pasos lentos y depredadores.

—Sí, está durmiendo.

Babe se acercó y lo abrazó, aspirando profundamente su aroma cálido y reconfortante. De pronto, sintió los labios de Charlie posarse en su cuello, besando y mordiendo suavemente la piel sensible.

—Te extrañé tanto, mi amor…— gruñó Charlie contra su cuello, voz ronca de deseo acumulado.

Babe jadeó, inclinando la cabeza para darle mejor acceso.

—Yo también, Cachorro…

Charlie desabrochó con habilidad los botones de la camisa de Babe, abriéndola por completo. Sus ojos se oscurecieron al ver los pezones hinchados y enrojecidos.

—Joder…mírate.— murmuró con hambre, bajando la cabeza.

Babe negó rápidamente con la cabeza, poniendo una mano en su pecho.

—No, Charlie…me duelen mucho hoy.

Charlie lo miró con intensidad posesiva, lo tomó de la cintura y lo tumbó de espaldas sobre la cama. Le bajó el boxer negro de un tirón y se colocó entre sus piernas abiertas, presionando su cuerpo contra el de Babe.

—Te va a doler más si no los chupo, mi amor.— susurró con voz oscura, rozando su miembro duro por encima de la ropa contra la entrada de Babe.— Déjame cuidarte.

Babe rio bajo, aunque ya respiraba agitado.

—Maldito obsesionado…

Charlie sacó su miembro grueso y caliente, frotándolo contra la entrada húmeda de Babe antes de empujar lentamente dentro de él.

Babe se mordió el labio con fuerza, arqueando la espalda al sentir cómo lo llenaba centímetro a centímetro.

—Ahh…Charlie…tan grande…— jadeó Babe.

Charlie tomó ambas manos de Babe y las sujetó por encima de su cabeza contra el colchón, dominándolo por completo. Bajó la boca hasta uno de sus pezones y lo chupó con avidez a pesar de la protesta inicial. Un chorro de leche tibia llenó su boca.

—Charlie…duele…— gimió Babe, pero su cuerpo se arqueó hacia él.

—Shh…relájate, mi amor.— gruñó Charlie contra su pecho, chupando más profundo mientras empezaba a moverse con embestidas lentas pero brutales, saliendo casi por completo para volver a hundirse hasta el fondo.— Esta leche es mía también. Todo tu cuerpo es mío.

Sus caderas chocaban con ritmo profundo y posesivo, follándolo lento y duro, golpeando ese punto sensible dentro de Babe con cada empuje. Charlie alternaba entre besar, morder y chupar sus pezones, tragando la leche dulce mientras lamía y succionaba con hambre.

—Eres tan jodidamente mío, Babe…— gruñó contra su cuello, mordiendo la piel y dejando marcas rojas.— Llevando mi marca, alimentando a nuestra hija…y ahora abriéndote para mí.

Babe gemía alto, las piernas enredadas alrededor de la cintura de Charlie.

—Charlie…más fuerte…por favor…

Charlie sonrió con malicia y aceleró el ritmo, embistiendo más profundo y brutal, sujetando sus muñecas con más fuerza mientras devoraba su boca en un beso salvaje, mordiendo sus labios.

—Dime a quién perteneces.— exigió, saliendo casi por completo y entrando de golpe.

—A ti…solo a ti, Cachorro…¡Ahh!— gritó Babe de placer.

Charlie bajó de nuevo a sus pezones, chupando con fuerza uno y luego el otro, sin dejar de follarlo lento y profundo. Cada embestida era poderosa, haciendo que la cama crujiera y que Babe se deshiciera debajo de él.

—Tan apretado…tan mojado para mí.— gruñó Charlie, mordiendo suavemente un pezón antes de lamer la leche que escapaba.— Vas a correrte sintiéndome hasta el fondo, mi amor.

Babe asintió entre gemidos, el cuerpo temblando. Charlie soltó sus muñecas para sujetar sus caderas con ambas manos y embistió más brutalmente, profundo y constante, besando y mordiendo su cuello y boca sin parar.

Cuando Babe llegó al clímax con un grito ahogado, contrayéndose alrededor de él, Charlie lo siguió poco después, derramándose profundamente dentro con un gruñido animal, manteniéndose enterrado hasta el fondo mientras seguía moviéndose lentamente, prolongando el placer.

Charlie no salió de inmediato. Siguió besando y chupando suavemente sus pezones sensibles, lamiendo los restos de leche mientras Babe jadeaba exhausto debajo de él.

—Te amo…— susurró Charlie contra su pecho, posesivo y saciado.— A ti y a cada cambio en tu cuerpo. No te imaginas cuánto.

Babe acarició su cabello con ternura, aún recuperando el aliento.

—Y yo a ti, mi Enigma obsesionado…Aunque me duela después, siempre vas a conseguir lo que quieres.

Charlie rio bajo y lo besó en los labios con lentitud.

—Porque eres mío.

Se quedaron así un rato más, conectados y abrazados, disfrutando de la intimidad que tanto habían extrañado en medio de su nueva vida familiar.

Hambre insaciable

Charlie seguía abrazando a Babe con fuerza, sus cuerpos aún conectados y sudorosos después del primer round. De pronto, sintió una humedad cálida y pegajosa en su pecho, justo donde los pectorales de Babe se presionaban contra él.

Se levantó ligeramente sobre sus codos y bajó la mirada. Los pezones de Babe estaban hinchados, rojos y goteando leche blanca que corría por su torso.

Babe se sonrojó violentamente al darse cuenta y se quejó, avergonzado:

—Otra vez…joder.

Intentó apartar a Charlie con las manos, pero este ni se movió. Los ojos del Enigma se volvieron de un rojo carmesí intenso, brillando con puro hambre animal mientras observaba los pechos llenos de su pareja.

—Joder, Babe…se nota que tus pezones andan muy llenos por la lactancia.— murmuró Charlie con voz ronca y oscura, lamiéndose los labios.— Están hinchados, pesados…goteando solo para mí.

—Charlie, no…— intentó protestar Babe, pero su voz salió débil.

Charlie no le dio oportunidad. Bajó la cabeza con rapidez y capturó uno de los pezones con la boca, chupando con fuerza y avidez. Un chorro abundante de leche tibia inundó su lengua. Babe arqueó la espalda con un gemido agudo.

—¡Ahh! Charlie…duele…pero…joder…

Charlie gruñó posesivamente contra su piel, succionando más profundo mientras su mano apretaba el otro pecho, haciendo que más leche saliera.

—Son míos.— dijo con la boca llena, tragando audiblemente.— Esta leche, estos pezones hinchados, este cuerpo que trajo al mundo a mi hija…todo mío.

Sin salir de dentro de Babe, Charlie empezó a moverse de nuevo. Embestidas profundas y bruscas, saliendo casi por completo para volver a clavarse con fuerza brutal. La cama golpeaba contra la pared con cada empuje.

Babe gimió alto, aferrándose a la espalda de Charlie mientras este alternaba entre chupar un pezón y luego el otro, mordiéndolos suavemente y lamiendo la leche que escapaba.

—Charlie…más fuerte…— suplicó Babe, las hormonas y el placer volviéndolo desesperado.

—Así te gusta, ¿verdad?— gruñó Charlie, dominante, sujetando las caderas de Babe con ambas manos para follarlo más duro y profundo.— Abriéndote para mí mientras te bebo. Eres una maldita tentación, mi amor.

Bajó la boca al cuello de Babe, mordiendo y chupando dejando marcas oscuras, luego devoró su boca en un beso salvaje, compartiendo el sabor dulce de su propia leche. Sus caderas no se detenían: embestidas brutales, profundas, golpeando ese punto dentro de Babe una y otra vez sin piedad.

—Dime que eres mío.— exigió Charlie contra sus labios, mordiendo el inferior.

—Soy tuyo…solo tuyo, Cachorro…¡Ahh!— gritó Babe cuando Charlie chupó con fuerza uno de sus pezones al mismo tiempo que entraba hasta el fondo.

Charlie aceleró el ritmo, follándolo con fuerza animal, profundo y brusco. Una mano bajó para masturbar a Babe mientras seguía bebiendo de sus pechos, alternando mordidas, succiones y lamidas.

—Vas a correrte mientras te lleno, y voy a seguir bebiendo de ti.— prometió Charlie con voz ronca.

Babe se corrió primero con un grito ahogado, contrayéndose fuertemente alrededor del miembro de Charlie. Este último lo siguió segundos después, enterrándose hasta el fondo y derramándose dentro de él con gruñidos guturales, sin dejar de chupar sus pezones sensibles.

Incluso después del orgasmo, Charlie siguió moviéndose lentamente, prolongando el placer, mientras lamía y succionaba con calma los pechos de Babe, tragando hasta la última gota.

—Tan delicioso…tan lleno para mí.— murmuró satisfecho, mordiendo suavemente un pezón hinchado.

Babe jadeaba exhausto, el cuerpo temblando, pero con una sonrisa débil en los labios.

—Eres un maldito obsesionado con mi leche, Charlie…

Charlie levantó la cabeza, los labios brillantes de leche, y lo besó profundamente.

—Y tú eres mío para obsesionarme. Cada parte de ti. Nunca voy a tener suficiente.

Se quedaron abrazados, Charlie aún dentro de Babe, besando perezosamente su cuello y pechos mientras recuperaban el aliento. La conexión entre ellos era más intensa que nunca.

Hermosa, caótica y nuestra

Meses después, la vida en casa de Charlie, Babe y Malee se había convertido en una hermosa mezcla de caos y pura felicidad.

Malee ya tenía casi seis meses, gateaba por todas partes con una energía inagotable y llenaba la casa de risitas y gorgojeos que derretían a sus padres.

Era una tarde tranquila que rápidamente se volvió caótica. Malee estaba en su corralito en la sala, pero de pronto empezó a llorar porque se le había caído su peluche favorito. Babe, que estaba preparando la papilla en la cocina, corrió hacia ella.

—Ay, mi princesita, ¿qué pasó?— dijo Babe con voz suave, levantándola en brazos y besando sus mejillas regordetas.— ¿Extrañas a tu conejito? Papá te lo busca.

Charlie entró desde el jardín, donde había estado arreglando unas cosas, y sonrió al ver la escena.

—Otra vez el drama del peluche, ¿eh?— comentó divertido, acercándose para ayudar.— Ven aquí, pequeña terrorista.

Malee extendió los bracitos hacia Charlie y este la tomó con facilidad, levantándola alto y haciéndola reír con esa risa contagiosa de bebé.

—Esa es mi niña.— dijo Charlie con orgullo, besando su pancita.— Ya estás grande y fuerte, ¿verdad?

Babe los observaba desde el sofá con una sonrisa enorme, limpiándose las manos en un paño.

—Se parece a ti cuando quiere algo.— bromeó Babe.— Terca y con esa mirada que dice “papá, hazlo ya”.

Charlie se sentó junto a Babe con Malee en su regazo. La bebé inmediatamente quiso agarrar el cabello de su otro papá, tirando con fuerza.

—¡Auch! Malee, cariño, eso duele.— rio Babe, haciendo una mueca pero sin apartarla.— Eres tan brava como tu papá alfa.

—Como los dos.— corrigió Charlie, pasando un brazo alrededor de los hombros de Babe y atrayéndolo contra su costado.— Ven aquí, mi amor.

Babe se acurrucó contra él, apoyando la cabeza en su hombro mientras Malee jugaba con los dedos de ambos.

—Esto es perfecto.— murmuró Babe, mirando a su hija con ternura.— Hace unos meses pensé que no llegaríamos a esto…y ahora míranos. Caos total, pero no cambiaría ni un segundo.

Charlie besó su sien y luego la cabecita de Malee.

—Yo tampoco. Despertarme con sus lloriqueos a las tres de la mañana, verte dando de mamar con esa cara de sueño, las visitas de los chicos que terminan en desastre…Todo. Te amo, Babe. Y amo a nuestra pequeña flor.

Malee soltó un gorgojeo feliz y palmeó la mejilla de Charlie, como si estuviera de acuerdo. Los tres se rieron.

De pronto, Malee hizo una cara rara y Babe arrugó la nariz.

—Oh no…creo que acaba de hacer popó. Te toca cambiarla, Cachorro. Yo hice la última.

Charlie soltó una carcajada y se levantó con la bebé en brazos.

—Siempre me toca lo peor, ¿eh? Pero está bien. Por mis dos amores hago lo que sea.

Mientras Charlie llevaba a Malee al cambiador, Babe lo siguió con la mirada, el corazón lleno. Desde la otra habitación escuchó a Charlie hablando con la bebé:

—Mira que eres sucia, princesita. Pero papá te quiere igual. Vamos a limpiarte para que sigas conquistando la casa.

Babe sonrió y se acercó a la puerta, apoyándose en el marco.

—Eres un buen papá, Charlie. El mejor.

Charlie giró la cabeza y le guiñó un ojo.

—Y tú eres el mejor alfa y el mejor papá del mundo. Ven, ayúdame a vestir a esta revoltosa.

Los tres terminaron en el suelo de la habitación, jugando juntos. Malee gateaba entre ellos, riendo cuando sus papás hacían caras tontas o le hacían cosquillas. En medio del caos de juguetes, risas y algún que otro llanto, Charlie tomó la mano de Babe y la apretó.

—Esto es lo que siempre quise.— dijo en voz baja, mirándolo con amor profundo.— Tú, yo y nuestra hija. Hermoso, caótico y feliz.

Babe entrelazó sus dedos y se inclinó para besarlo suavemente.

—Y es nuestro. Para siempre, Cachorro.

Malee se lanzó sobre ellos, exigiendo atención, y los tres terminaron en un abrazo lleno de risas y besos. La vida no era perfecta, pero para Charlie y Babe era exactamente como debía ser: hermosa, caótica y completamente suya.

¡FIN!

Dedicado a @Hye–Sueng el segundo ONE SHOT que me habías pedido…Disculpa la demora, espero que te guste….

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Strong Dialog

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author

Los chicos no esperaron la cuarentena? 🤭 Ya veo a Babe embarazado nuevamente! Gracias

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