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Pasaporte para olvidar

Summary

¿Cómo se sobrevive a un ruptura amorosa? Jimin está a punto de descubrirlo en un viaje paradisíaco a con destino a Tailandia.

Genre
Lgbtq/Romance
Author
Ferlm
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Junio

¿Cómo se sobrevive a una ruptura amorosa?

¿Cómo le explico a mi corazón que nos dejaron de querer? Mi mente intenta entenderlo… pero es inútil… más aún si ni siquiera me explicaron el porqué…

Una ruptura se siente como un fracaso. Como si de pronto todo lo que construimos quedara reducido a una sola pregunta ¿Qué fue lo que hice mal? Creí que todo estaba bien… que esto nunca tendría fin… porque mi amor por él aún sigue ahí, intacto… y estos sentimientos se niegan a abandonarme.

Dicen que una ruptura amorosa tiene su propio duelo… que atravesamos de la tristeza a la rabia, a la negación y con suerte a la aceptación… Pero ¿en qué etapa estoy? Pues no sé… mi cabeza es un torbellino en este momento.

Y aunque tuviera las respuestas, solo sé con certeza que al corazón no se le convence con argumentos… porque el amor no desaparece de la noche a la mañana… solo necesita transitar un día a la vez.

Solo faltaba un mes para nuestro matrimonio… entonces, ¿cómo fue que llegamos a este punto?

Quizás él ya estaba despidiéndose de mí mientras yo seguía aferrándome ciegamente. Quizás él ya había vivido su propio duelo mucho antes de que yo siquiera notara que algo estaba cambiando.

Aunque nunca lo sabré.

Porque él simplemente desapareció de mi vida sin dejar el más mínimo rastro y eso es lo que más me destroza el alma: pensar que alguien que prometió quedarse pudo sacarme de su vida sin previo aviso.

Junio, el mes en el que se supone que celebraríamos nuestra boda.

Lo elegimos porque sería verano, con un clima cálido y hermoso, y también porque sería mucho más fácil que nuestros familiares y amigos pudieran asistir al evento “más importante” de nuestras vidas.

Pero ahora solo me toca hundirme en la vergüenza de explicarles yo solo que ya no sería necesaria su asistencia.

Devolví todos los regalos. Aunque mis amigos insistieron en que me los dejara… no quise; no quería nada que me lo recordara.

Admito que fue un mes difícil. Hubo días en los que ni siquiera quería levantarme de la cama; otros en los que odié al mundo, y algunos en los que ni siquiera sabía quién era.

Porque sí… también sentía que había perdido una parte de mí.

Me levanté temprano, pero, a decir verdad, no había dormido en toda la noche. Pasé de largo.

Miré el departamento… todo estaba en silencio. Miré a mi gato… tranquilo, todavía dormido. Me dirigí hacia la cocina y me preparé un café bien amargo; lo necesitaba.

Fui hasta mi pequeña terraza. El aire estaba fresco y la brisa del mar tenía ese sabor salado que tanto me gustaba de Busan.

Siempre que tomaba un café ahí, pensaba en lo afortunado que era, pero ahora todo se sentía irreal… extraño.

Me sentía vacío.

Mi celular sonó; era la agencia de viajes, recordándome que la luna de miel aún estaba en pie y que ya no podía pedir la devolución del dinero. Creo que estuve tan inmerso en mi dolor que olvidé que la semana pasada se cumplía el plazo.

Terminé la llamada. No quería pensar; lo resolvería luego.

Fénix, mi gato, se acercó ronroneando, dio un pequeño salto y se acomodó en mi regazo. Al menos él continuaba ahí… conmigo. Dicen que los gatos son fríos, egocéntricos y ariscos; Fénix no. Él era meloso, tanto que hasta me seguía al baño cuando me duchaba.

Y ahí estaba ahora, frente al vidrio, observando las gotas que chocaban, una a una en él. Mientras tanto, yo aprovechaba ese momento para soltar las lágrimas que se disimulaban con el agua… y aunque sabía que estaba solo y que nadie me juzgaría, ese era el único instante en el que me permitía llorar.

Mi mejor amigo Taemin me había invitado a almorzar esa tarde. Sé que estaba haciendo todo lo posible por subirme el ánimo y acepté… después de casi cinco intentos.

Llegué al restaurante, que estaba frente al mar. Taemin ya estaba sentado, revisando el menú mientras tomaba un mojito cubano.

Al verme, sonrió. Yo, en cambio, lo intenté.

Por dentro me sentía culpable… él solo quería traerme de vuelta, mientras yo aún no sabía cómo.

—¡Jimin! ¡Por fin nos vemos, amigo! Te he extrañado tanto. ¿Cómo estás?

Dejé mi bolsa en la silla de al lado y me senté.

—Bien, amigo. Todo bien. ¿Ya pediste?

Taemin se quedó mirándome con una expresión de compasión. Lo último que quería era que la gente que amaba sintiera lastima por mí, porque eso me recordaba lo roto que estaba.

—Solo un mojito. ¿Te parece si pedimos una entrada de mariscos?

Asentí con una pequeña sonrisa.

Taemin hablaba y hablaba sin parar sobre su jefa. Traté de ponerle atención, lo juro que sí… pero había momentos en los que me perdía en mis propios pensamientos.

—Ya me tiene harto. Creo que voy a renunciar —comentó, dando un largo suspiro— Jimin… ¿estás aquí?

Parpadeé varias veces y luego solo reí.

Reí…

Hacía rato que no lo hacía, pero no fue una risa de felicidad… fue por inercia, por nervios o tal vez por costumbre.

—Sí, amigo, está loca, pero debes pensarlo bien; ya sabes que encontrar trabajo en nuestra área es difícil.

—Lo sé. Para nosotros los fotógrafos encontrar un trabajo estable es como sacarse la lotería… Estoy atado. Aunque quizás mañana ya no la odie, tú sabes que me da por temporadas.

Mi celular vibró.

Era un correo electrónico de la compañía aérea.

“Ya puede realizar el check-in para su viaje a Tailandia”.

Solté un suspiro.

—¿Qué pasó? —preguntó Taemin con preocupación.

—No, nada. Solo un correo recordándome que el viaje a Tailandia sigue ahí… olvidé pedir la devolución. Perdí el dinero.

Taemin me miró unos segundos.

—Pues ve. Si ya está pagado y no puedes cambiarlo, deberías ir.

—¿Solo?

—¡Pues sí! Si tuviera el dinero, te acompañaría. Pero creo que ese viaje podría hacerte bien, amigo. Aprovéchalo… sal, conoce Tailandia, conoce gente nueva. Quizás necesitas alejarte un poco de todo esto.

—Lo voy a pensar…

—¿Qué vas a pensar? Ese viaje debe ser en menos de 48 horas. ¡Toma la decisión aquí y ahora!

Taemin siempre había sido así… impulsivo.

No era el mejor dando consejos porque él vivía bajo su propia filosofía: “Si me equivoco, no importa. Yo asumiré mis errores”.

Taemin seguía mirándome expectante.

Tomé mi mojito y le di un sorbo largo; estaba tan frío que me llegó a doler la cabeza. Quizás eso mismo me dio el impulso que necesitaba para responder.

—Está bien. Iré.

Taemin dio un salto y me abrazó emocionado.

—¿Sabes lo que eso significa? ¡Tenemos que ir de compras! Necesitarás muchos atuendos.

Mi amigo pidió otra ronda de mojitos y partimos al centro comercial.

Pasamos por varias tiendas. Taemin me ayudó a elegir trajes de baño, zapatos, trajes y todo lo necesario para un viaje a un destino tan paradisíaco como Tailandia.

Cuando llegamos a la caja para pagar, abrí mi billetera y me quedé en silencio. Ahí seguía la tarjeta de crédito adicional que me había dado Namjoom.

Taemin me miró y sin pensarlo dos veces, la sacó.

—Dame la clave.

—No, Taemin. Estás loco…

—Ay, no importa. Seguro es la misma que le pones a todo.

Y por supuesto que lo era.

La máquina emitió el sonido de aprobación y la boleta salió impresa.

—Es lo mínimo que se merece —dijo, tomando las bolsas mientras caminaba hacia la salida.

Creo que los dos mojitos me habían afectado, porque después de quedarme unos segundos asimilando lo que Taemin acababa de hacer, sentí que quizás tenía razón.

Era lo mínimo que se merecía.

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