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La Jauría de Nave

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Summary

Eliza una maestra de literatura en San Petersburgo, experimente una peligrosa aventura por los hechos de su pasado poniéndose en riesgo sin haberle citado la verdad a sus dos queridos amigos y compañeros de trabajo, ella no era solo una maestra, dejo en visto el error mas grande para aquellos que la quieren desvivir pero no contaran con lo ágil que puede ser una mujer para sobrevivir en secreto.

Genre
Action/Drama
Author
Avel
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Estaba en una habitación oscura. La única luz tenue del foco resultaba ser la única en iluminarme, percatándome de mis manos atadas.

Tres hombres se posaron frente a mí, riéndose mientras sostenían objetos…

El primero sostenía un bate de beisbol.

El segundo un calibre 50

Y el tercero un tubo de acero…

No reconocía, las palabras que salían de su boca.

Hasta que el segundo agarró el arma y le dio fin a mi vida…

Me desperté sobresaltada; mi cuerpo intacto pero helado. Al salir del shock observe por mi ventana, la clara nieve que caía, esto le dio un alivio a mi ser.

Aún estaba con vida…

Solo habría sido un maldito sueño…

Cerré la cortina al separarme del vidrio, miré el reloj anunciándome las 5:30am. Ideal para darme un baño y llegar a mi trabajo.

La mente de mis alumnos me espera. Todavía creen que el mundo tiene sentido.

Ordene mi cama, de tal manera como si un homicida limpiara su obra de arte.

Me parecía ridículo, la muerte me alcanzo en mi sueño, pero al despertar volvió a buscarme.

Sali de mi departamento, note a dos alumnos caminando juntos, tal vez contándose chistes, tal vez hablando sobre sus experiencias, tal vez confesándose algo.

Algo que no muchos hacen, por miedo a la traición…

La confianza, era parte de mi antigua vida.

Pero que estoy diciendo, esa vida termino y soy alguien nueva.

Me divierto tanto mintiéndome, que hasta llego a aceptar mis propias ocurrencias.

San Petersburgo, la Venecia occidental… mi hogar.

Con sus obras, y cultura. Me envolvía cada día sin resentir ninguna otra emoción que no sea orgullo.

Entre caminos largos, tome el corto y llegue a mi trabajo…

Mi compañero, hablo al verme;

— Hey, Guten tag, Eliza. – me dijo mientras revisaba las anotaciones para las actividades de hoy, ese compañero mío perfeccionista desde la cuna, aunque su rostro demostraba cansancio, él aun tenia la mente y el alma pura para saludarme.

— Guten tag, Alekei. – le respondí al estar frente de él. Fue el único que no se apartó de mi cuando llegue a esta ciudad.

— ¿Lista para las clases? – pregunto, sosteniendo una leve sonrisa en su rostro realmente, este hombre habría sido el primero en tratarme como con valor en vez de ser otra más entre las maestras.

— Si, estoy lista. – Le respondí, siendo lo más sincera posible.

— Me sorprende que este aun aquí, mexicana…- recalco Eldar, algo molesto, siendo maestro creí que solamente estaría enojado por el rompimiento del trato soviet-nazi. No que, por ser mexicana, sería una molestia para él.

— Las mejores pesadillas siempre vuelven, sin importar el tiempo ruso. – le respondí algo sarcástica. Queriendo sacarlo a golpes de la habitación, pero él tenía un punto.

— ¿Tú, una pesadilla? No, las pesadillas dan miedo. Tú solo decepcionas. – contesta de vuelta como si no tuviera otra cosa mejor que decir.

— ¿Asi que para ti soy una pesadilla? – concluí para retirarme del salón acompañada de Alekei

— Tks… imbécil. – fue lo ultimo que escuche de él antes de salir.

— No, entiendo por que te sigue molestando si han trabajado en conjunto. – me dijo Alekei mientras caminábamos recordando las veces que había trabajado junto a Eldar.

— La mente humana, es difícil, y mas si se trata de un imbécil como él. – dije con cierta ironía.

— Tienes razón, vamos que te invito un café. – respondió siendo consiente de mi gusto por la cafeína. Aunque no resolvería todos los problemas, en cambio las volvía más tolerables.

Después de comprar los cafés, nos sentamos en una banca cercana a los salones, el frio ya no era algo de tolerar sino de ser.

— ¿Cuándo será el día que te vea acompañada de un buen hombre? – me pregunto fingiendo preocupación.

— Cuando dejen de ser unos imbéciles. – le respondí a tal pregunta, desde que llegué a San Petersburgo, el romance me parecía una guerra perdida.

— Mjm, querida Eliza, alguien tiene que estar interesado en ti, por ahí debes tener un soñador que desea tomar tu mano. – Recito, como si fuera el inicio de un cuento de hadas.

— ¿Y según tú quien es ese soñador? - Le pregunte con ironía, como si fuera a creerme su respuesta.

— Eldar. – dijo mirándome como si descubriera el tesoro más grande.

El silencio no duro tanto ante tal respuesta, sin antes soltar una carcajada.

Entre las ventanas del segundo piso, Eldar seguía con la mirada el abrigo oscuro de Eliza mientras se alejaba junto a Alekei. Sus risas, amortiguadas por el grosor del vidrio y la nieve que comenzaban a acumularse en el marco, le resultaban insoportables. Un ruido estridente en una sinfonía que él se esmeraba por mantener perfecta.

<< ¿De qué se ríen? >>, se preguntó, apretando los dientes. << El idiota de Alekei la cuida como si fuera de su familia, algunas veces le he escuchado decirle… hermana. ¿Acaso no lo ves Alekei? Ella no es parte de tu familia… es una extranjera. Una tonta e inútil extranjera…>>

No toleraba su presencia. No toleraba la forma en que caminaba por los pasillos de la escuela, con esa maldita seguridad de quien cree que el mundo le debe algo, cuando en realidad no era mas que una intrusa en una tierra que no le correspondía. Una mexicana. ¿Qué hacia alguien como ella enseñando allí? Para Eldar, el orden del mundo se estaba desmoronando, y la presencia de Eliza era el recordatorio diario de esa decadencia.

El pacto se había roto, las tensiones políticas se respiraban en el aire congelado de la ciudad, y, sin embargo, ella seguía ahí, respondiéndole con sarcasmo en lugar de mostrar el miedo que debería de sentir.

<< “Las mejores pesadillas siempre vuelven” >>, repitió en su mente, imitando el tono irónico de la mujer. Una mueca de desprecio se dibujó en su rostro.

Ella se creía una pesadilla, pero no era más que una distracción barata. Lo que realmente le enfurecía no era su origen, o al menos eso se decía a si mismo para justificar la opresión en su pecho; era el hecho de que Alekei, un hombre mente pura y trabajo impecable, desperdiciara su valioso tiempo y su simpatía en alguien que solo traería problemas.

Eldar bajó la mirada hacia los planes de su clase sobre su escritorio, pero las letras parecieron borrarse.

Su mente regresó a la ventana. La forma en que ella sostenía la taza de café, la inclinación de su cabeza cuando Alekei decía algo gracioso… Había un magnetismo irritante en su apatía.

Él quería verla quebrarse.

El timbre que anunciaba el inicio de las clases resonó en el edificio, rompiendo el hilo sus pensamientos, Eldar se acomodo el cuello de la chaqueta, tomo sus carpetas con una rigidez militar y salió de su oficina. Al incorporarse al pasillo principal, atestado de estudiantes que se apresuraban a entrar a sus respectivas aulas, su mirada busco automáticamente el abrigo oscuro. No tardo en encontrarla. Al final del corredor, Eliza y Alekei se detenían a la puerta del salón de ella.

Eldar acorto la distancia con pasos firmes, oculto entre el flujo de los alumnos. Justo antes de separarse, vio a Alekei sonreír con esa calidez que tanto le irritaba, inclinarse ligeramente y darle a Eliza un beso pausado en la cabeza.

Para Eldar, sin embargo, aquello fue como una bofetada. Sintió un vuelco de indignación en el estómago, <<Inaudito. Una total falta de decoro en los pasillos de la academia>>, se justico internamente, apretando sus carpetas hasta que los nudillos se le tiñen de blanco.

Alekei dio media vuelta y se perdió en el ala contraria del edificio, dejándola sola.

Ella avanzo los últimos metros hacia su aula, Eldar acelero el paso, posicionándose justo detrás de ella, lo suficientemente como para percibir el olor a café y el frio de la calle que se desprendía de su ropa. Pero manteniendo la distancia justa para no ser imprudente, la siguió como una sombra silenciosa por el pasillo. Deseaba que ella se girara, que sintiera la presión de su presencia, pero Eliza siguió caminando con esa maldita indiferencia suya, ajena al escrutinio de sus ojos.

Al llegar al umbral de su salón, Eliza se detuvo en seco y entro sin mirar atrás. Eldar por su parte se obligo asi mismo a continuar de largo, paso frente a la puerta abierta de la mexicana una última mirada gélida hacia el interior, antes de caminar los pocos pasos que lo separaban de su propia aula.

Entro cerrando la puerta tras de si con un golpe seco y miro a sus estudiantes, quienes guardaron silencio inmediato al ver la severidad en el rostro de su maestro, hasta que uno de ellos le pregunto;

— Profesor, ¿se encuentra bien? – pregunta uno de sus alumnos aun desconcentrado al tal acción.

<< ¿Estas bien?>>, esa pregunta resonó en su cabeza << No, no estoy bien…>>, se dijo asi mismo alzando su cabeza, con su mirada fija a ese alumno.

— ¿De dónde vienes? – Le pregunto con un tono seco.

— Moscú. – respondió su alumno algo preocupado.

Esa respuesta, por razones que el mismo no alcanzaba a comprender del todo, le otorgó una calma insignificante. Un recordatorio de que, a pesar de las grietas en el sistema y de la presencia extranjera indeseables en la Venecia del norte, la patria seguía firme en las mentes de la nueva generación.

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