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Cada que yo entraba en esa escuela, ese salón, sentía cómo algo en mi cambiaba. No para bien, jamás fue para bien.
La presión de las miradas de todos me hacía sentir amenazada, tal vez a ellos no les importaba realmente verme entrar, así como a ninguno de nosotros realmente nos importaba. Pero el trauma de ser vista y juzgada en cada escuela ya era un programa presinstalado en mi inutil cabeza. ¿Por qué mi familia me amará? No aporto algo bueno para ellos. No soy lista, dejé de serlo después de estar en el cuadro de honor de primaria.
...Reviso el teléfono con la mirada cansada como de costumbre: Son las 4 de la mañana, no me bañé en la noche por miedo y flojera. ¿Realmente es flojera? Bueno, así me han llamado antes y se quedó tatuado en mis brazos, aunque solo yo pueda verlo.
Me levanté con toda la fuerza que cabía en mi y me quité la pijama tan comoda y caliente, la camisa holgada que cubria esa panza que tanto odiaba y mi cuerpo desnudo. Quité la toalla que cubria mi espejo (la colocaba ahí para no verme al pasar siempre) viendo mi rostro cansado, pesado, harto de todo buscando en su propio reflejo la respuesta de: por qué hago ésto? Podría quedarme en la cama acurrucada entre cobijas imaginando que la almohada a la que abrazo es mi ex cuando me amaba...Pero el miedo a lo que diría mi mamá o mi abela de mi me hacia preferir la miserabilidad de ir a la escuela. ¿Aprendo algo ahí? No, solo aprendo a controlar la horrible ansiedad que me nace al llegar ahi o simplemente pensarlo.
—Pero Odette, a ellos no les importa.
—Tanto miedo te da? Pero si yo te veo riendote.
...Que fastidio. Te amo mamá y abu, pero no quiero volver a intentar explicar que tan miserable me siento, hasta a veces se me olvida y solo siento esa pesadez en mi alma, en mi cuerpo.
Por fin logré meterme a bañar, escogiendo canciones que comenzaban a hartarme porque sentía la presión ya de salir, apenas secarme el cabello y ponerme crema si es que no me sentía tan desmotivada para hacerlo. No lo hice.
Era un buen día, un mejor día para ser correctos, era miércoles, mi día preferido después de que el año pasado fuera el martes, esos días no tocaba matemáticas, la clase de inicio era canto y tocaba natación para finalizar.
O al menos era mi día preferido cuando cada miercoles empecé a cuestionarme: ¿Que tiene hoy de especial, si me sigo sintiedo igual de sucia?
Es mi piel con esa enfermedad tan horrible y los comentarios de supuestas amigas.
— Odette? Pero que te pasó en los brazos? Tienes mucha resequedad verdad?
Si, si lo que digas. No me interesa. (No entré a natación por el disgusto que me dio mi piel.)
El unifome holgado jamás lograba favorecer mi cuerpo que me gustaba solo con ropa más pegada, ¿Soy una puta? No, pero las manos que me tocaron a los 8 o 9 años me hicieron creerlo. ¿Mi cuerpo es como la mayoría de hombres cegados por el porno quieren? Definitivamente no.








