Día nublado (Otro)
—Soy quien soy...
La voz poco entonada de mi nieto llega desde la cocina donde me está preparando un café para pasar el frío de este día nublado.
—¡Yo no soy el hijo de Hernandez! —Grita desde lo más profundo de su alma.
Es irónico que el hijo de mi hijo cante con tanta pasión a un padre ausente, su padre ha logrado ser todo lo que mi propio esposo jamás intentó siquiera ser.
Las nubes se arremolinan en el azul pálido, que amenaza con llorar otra vez. Los árboles del jardín resisten el fuerte viento que los ladea y pasa entre sus ramas silbando, cómo burlándose de ellos.
Los días aquí son completamente diferentes a la ciudad de México... cuando llegamos a vivir allá le decían DF, luego le cambiaron el nombre. Cómo a todo en este país.
Lo único que no cambia es el nombre del municipio que me recibió junto a mi pequeña familia y mi eterna tristeza.
—Ten abue, tomate esto y vamos a acostarnos a ver una película.
—¿Acostarse a esta hora? No mi'jo hay mucho que hacer —la absurda propuesta de mi nieto me obligo a dejar de mirar por el gran ventanal de la sala, por donde suelo ver la vida pasar—. Mira cómo las hojas ya ensuciaron todo, hay que barrer el patio y la banqueta, limpiar acá adentro y hacer la comida para tus tíos.
—¿No se cansa de repetir la misma rutina todos los días?
—Aunque me aburra, el quehacer nunca se acaba.
—Oiga abue —es raro que este niño me hable de usted y es más raro que la voz le salga con dudas—. ¿Por qué dice que mis tíos? ¿Cómo supo que mi tío era así?
De nuevo me vi obligada a dejar de ver al patio.
Mi niño no me pregunta sobre su tío, me pregunta sobre él. Quiere saber si ya note que se parece a su tío en algo más que la altura o el color de los ojos.
—¿Cómo que cómo? La pregunta es, ¿cómo no iba yo a saber?
—Abue y, ¿no le costó aceptarlo o no dejar de quererlo?
—Lo prefiero mil veces joto, que muerto.
Lo dije con la misma seriedad que hace casi 30 años cuando mi muchacho trajo a un amigo y me dijo que iban a rentar juntos por "que salía más barato".
Pensaron los dos que me podían engañar.
—JAJAJAJA Abuela, eso ya no se dice, es homofobico.
—Será el sereno, pero así se lo dije a ellos y así te lo digo a ti. Y si tú padre o tu madre dicen lo contrario mi avisas para que te vengas a vivir acá y lo desconozca cómo hijo.
—Gracias abue, eres la primera a quien le cuento. —Otra vez me habla de tú.
La voz de mi niño salió cómo un hilo de agua, bajita pero feliz y melodiosa.
《Mil veces joto que muerto》
Puede que ofenda a la gente en estos tiempos, pero es la única verdad, nada es peor que perder un hijo.








