PRÓLOGO

TAEHUYUNG
Tiene que haber otra manera, pensé por millonésima vez.
Mis zapatos repiquetearon contra el pavimento del callejón oscuro. Era espeluznante, y me sentiría incómodo caminando por él sin mi pistola o sin Jungkook. Aunque nunca se lo diría al frío y estoico imbécil que tenía al lado.
Un lugar sin pretensiones y un edificio sencillo. Nunca adivinarías que había un club de sexo para fetichistas en esta calle tranquila y oscura. Una gran casa de ladrillo de dos pisos de altura, el lugar se veía oscuro y tranquilo. No había coches alrededor ni tráfico. Me recordó a un callejón sin salida, sucio como el de las películas de terror, donde los asesinos en serie llevaban a sus víctimas para torturarlas, violarlas o matarlas.
Un escalofrío me recorrió la espalda; la inquietante quietud de la noche solo se veía interrumpida por el ruido apenas coordinado de mis zapatos. Aún no tenía claro qué nos esperaba allí adentro una vez que entráramos por la puerta del club.
—Ni siquiera practicamos —murmuré en voz baja, con el corazón retumbando de nervios. Me habría sentido mejor yendo al combate que a un maldito club de sexo—. ¿Seguro que no hay otra forma de hacerlo? —siseé por lo bajo.
Me estaba volviendo loco mientras Jeon Jungkook actuaba como si fuéramos a tomar un helado. Más bien un cono de témpanos, pensé con ironía. El hombre nunca mostraba ninguna maldita emoción.
—Sí. —Su respuesta fue concisa, muy cortante. No me sorprendió. El hombre apenas hablaba y era frío como el hielo. Estoico como una maldita estatua.
No me sentía cómodo con ese plan. Se hablaba de la posibilidad de actuar para engañarlos. ¡Actuar! No era un actor, demonios. Era una agente del FBI. Nunca soñé con ir a un club de sexo como parte de mi trabajo. Sin embargo, ahí estábamos, de camino a ello.
Lamentablemente, no podía dejar escapar la oportunidad de capturar a Ivan Petrov. Él era mi caso. Y supuestamente había un hombre que dirigía el club que sería nuestro pase para llegar a él. ¡Teníamos que llamar la atención de Chul! Un imbécil que favorecía a Ivan.
Bajé la vista hacia mi atuendo y alisé la tela roja que se ceñía a mi cuerpo.
La camisa de satén brillaba bajo la luz, ajustándose a mi torso como una segunda piel. Los primeros botones permanecían desabrochados, dejando al descubierto parte de mi pecho y aportándole un aire descaradamente provocador. Era, sin duda, la prenda más atrevida que había usado jamás. El pantalón rojo oscuro era igual de ajustado, marcando cada movimiento de mis piernas y caderas. No dejaba mucho a la imaginación, algo que me hizo removerme con cierta incomodidad. Completé el conjunto con unos zapatos de vestir negros de acabado brillante, que contrastaban perfectamente con el intenso color rojo del resto del atuendo. Era llamativo, audaz y difícil de ignorar. Justo el tipo de conjunto que atraía miradas desde el instante en que entrabas en una habitación.
No elegí nada de eso; venía con la asignación. Cortesía del maldito Jeon Jungkook. Prefería agarrar los jodidos zapatos y tirárselos a su cara bonita.
¡No entendía cómo un hombre tan sombrío y tan frío, podía elegir algo tan atrevido! Pero entonces, no era él quien llevaba puesto esa mierda. Era yo.
Caminamos uno al lado del otro, sus pasos más lentos para permitirme mantener el ritmo. Era la primera vez que lo veía de traje. Normalmente, llevaba sus pantalones cargo negros, camisas negras lisas y botas de combate. El hombre no me caía bien y su aspecto físico no era algo en lo que me fijara... con regularidad. Sin embargo, ese día era más difícil de lo normal.
Que. Se. Joda. Esta. Mierda.
Me tembló el tobillo al dar un paso en falso y casi pierdo el equilibrio. Pero antes de que pudiera tropezar, su mano entintada rodeó la parte superior de mi brazo y me atrapó. Mis ojos se dispararon hacia donde su tacto me abrasaba la piel, enviando ondas calientes a través de mi sangre.
Mi mirada se clavó en su rostro. La misma expresión estoica e inmóvil. Los mismos ojos azul pálido que destilaban frialdad pura. Era la primera vez que me tocaba. Me concentré en su cuerpo inquietantemente cerca del mío; tan cerca que podía oler su colonia. Una extraña mezcla de cítricos y pino. La verdad era que olía muy bien.
Tragué saliva.
—Gracias —musité suavemente, con la voz ligeramente entrecortada. ¿Cómo era posible que un calor tan abrasador y sofocante pudiera desprenderse de una persona tan fría?
No hubo respuesta. Apenas un asentimiento.
Continuamos, nuestros pasos ligeramente más lentos. Clac. Clac. Clac.
Transcurrieron otros diez pasos antes de que nos detuviéramos frente a la discreta puerta negra. Una fugaz mirada en mi dirección por parte de aquellos pálidos ojos azules, y me tragué el nudo en la garganta. Si a él no le molestaba, a mí tampoco.
Un movimiento brusco de cabeza por mi parte y llamó a la puerta. Una. Dos. Tres.
—Una más —dije con voz ronca. Arqueó una ceja—. Tres da mala suerte —expliqué.
Llamó una vez más y la puerta se abrió de golpe.
Delante de nosotros había una mujer vestida con un extravagante traje de cóctel negro. Todo en ella era completamente pulcro: desde su vestido ceñido, sus joyas, maquillaje, hasta sus zapatos. Todo era perfecto.
Sus ojos marrones se clavaron en Jungkook. En ellos parpadeaba el deseo. ¡Y reconocimiento!
Lo miré de reojo, preguntándome cuántas veces vendría ese hombre por aquí. Cuando volví a mirar a la mujer, me encontré con sus ojos fijos en mí, evaluándome. Asintió y dio un paso atrás para dejarnos entrar.
La mano de Jungkook se acercó a mi espalda, su toque me quemaba la tela de la camisa mientras me empujaba hacia adelante. Esto no me gusta, repetía mi mente una y otra vez. Mis pasos eran vacilantes mientras avanzaba, pero ya no había vuelta atrás. La puerta se cerró detrás de nosotros con un ruido sordo y mi corazón se aceleró.
Escaneé la habitación a cada paso. Las paredes estaban pintadas de negro, pero la recepción era de mármol blanco, lo que hacía que el contraste fuera muy marcado.
—Bienvenido a Eve´s Apple. —Ronroneó la mujer, con los ojos hambrientos puestos en Jungkook. ¡Y su sonrisa! Era tan brillante que podría iluminar todo el club.
Una risa estrangulada burbujeó en mi garganta, pero me la tragué rápidamente. ¡Ese maldito nombre era tan estúpido!
La gran mano de Jungkook en la parte baja de mi espalda me empujó hacia adelante. Di un paso hacia un pasillo de paredes borgoñas y techo de espejos. Las luces tenues le daban un aire de estudio de películas porno.
Seguimos caminando hasta que llegamos al final del pasillo, donde se abría a una gran sala con un bar a la derecha. La sala estaba pintada de negro y tenía detalles de color carmesí oscuro, desde las gruesas alfombras orientales que colgaban de las paredes hasta los suelos de mármol rojo y el candelabro de cristal que colgaba del techo.
Mi mirada recorrió a la gente de la habitación. Estaban mezclados, los ojos de los hombres hambrientos en las mujeres y donceles, como si estuvieran de compras.
—¿Quieres una bebida? —La gélida voz de Jungkook atrajo de nuevo mi atención hacia él. Asentí, cuando en realidad solo quería gritar—: ¡FBI hijos de puta!, ¿dónde está el maldito Chul?
Caminamos entre la multitud, y era imposible no notar las miradas lascivas de mujeres, donceles y hombres por igual. A pesar de que no me agradaba Jungkook, me acerqué más a él. No quería que nadie se hiciera una idea equivocada, y más le valía no ponerse a improvisar un plan y dejarme solo ni un maldito segundo.
Cuando nos sentamos en los taburetes, le hizo una señal al camarero.
—Spritz de vodka para el joven y coñac para mí. —La voz de Jungkook era desinteresada y fría, pero tenía un tono distintivo, mis ojos se desviaron hacia los suyos, la pequeña cicatriz en su labio me fascinaba. A menudo me preguntaba cómo se la había hecho.
En cuanto trajeron las bebidas, estiré la mano por la mía como si fuera un salvavidas y le di un trago. Lo necesitaría esa noche. Eché un vistazo a la habitación y de repente sentí los labios de Jungkook en el lóbulo de mi oreja.
—Nada de contacto visual. —Su aliento era caliente contra mi piel—. De lo contrario, es una invitación.
Mis ojos se abrieron de par en par e inmediatamente volví a mirarlo. Estábamos ahí como una supuesta pareja. Eso ya era bastante malo; no me interesaba atraer más atención de otros hombres.
Me pusieron otra bebida delante.
—Jesús, María y José —murmuré en voz baja. Me bebí el segundo trago. Antes de que pudiera abrir la boca, me pusieron una tercera copa delante. No la tomé; de lo contrario, estaría a punto de emborracharme.
—Jeon Jungkook. —Una voz con un acento muy marcado vino de detrás de nosotros y una mano grande se posó en mi hombro. Me estremecí ante el tacto desconocido.
Jungkook pronunció algo en ruso, su voz sonaba estable y el frío tenor de su voz era inconfundible. Un escalofrío me recorrió la espalda. Antes de que pudiera parpadear, la mano del hombre se retiró de mi hombro.
—¿Están disfrutando del club? —nos preguntó a los dos, pero sus ojos no se apartaron de mí. Me miraba lascivamente y ni siquiera intentaba ocultarlo.
Me aclaré la garganta.
—Es genial —respondí, forzando una sonrisa.
Jungkook permaneció inmóvil, con los ojos clavados en el hombre con desinterés profesional.
—Preséntanos, Jungkook.
—Taehyung. Chul. —La forma en que mi nombre salió de los labios de Jungkook me hizo sentir algo.
Su mirada me dio escalofríos. Chul mirón me estaba desnudando con sus ojos. Jungkook debió de ver lo mismo, porque su mano se posó en mi muslo y su calor me hizo estremecer de excitación.
Espera. ¿Qué?
—¿Te gustaría un recorrido, Taehyung? —Ofreció Chul, sin dejar de mirarme.
Mi mano cubrió la de Jungkook y la acaricié torpemente.
—Ah, gracias. Jungkook ya se ha ofrecido. —Sonreí con dulzura. Al menos esperaba que fuera una sonrisa pasable y dulce.
Sonrió, pero el gesto no le llegó a los ojos. ¿Quién era este Chul? Había algo en él que me daba mala espina. Repasé mentalmente el expediente de Ivan Petrov y no recordaba el nombre de Chul ni su rostro en los registros.
Según los hombres de Jeon, Chul era la clave para llegar a Ivan Petrov, porque supuestamente formaba parte del círculo íntimo de Ivan Petrov. La parte que me preocupaba era que no conocía la conexión entre los hombres de Jeon y este tipo. El FBI nunca había oído hablar de él.
Por supuesto, el caso me había llegado hacía poco y sospechaba que era porque era el único doncel menor de treinta años que no estaba casado. Mi tierna edad de veinticinco años normalmente jugaba en mi contra, hasta que necesitaban a alguien para un club sexual. ¡Desgraciados!
Escudriñé a Chul memorizando sus rasgos. Más tarde consultaría la base de datos del FBI para ver si conseguía alguna coincidencia. Tenía el cabello oscuro, corto y de estilo militar. No tenía mal aspecto, hasta que lo mirabas a los ojos. Estos eran oscuros, casi negros, y había algo inquietante en su mirada que no me daba buena espina.
Entonces recordé lo que dijo Jungkook. No hagas contacto visual, de lo contrario era una invitación.
Inmediatamente giré la cabeza y me centré en el rostro serio de Jungkook. Aquellos ojos fríos podrían parar el derretimiento de las zonas polares.
—Tengo una sala vip preparada para ti —añadió Chul, rompiendo un silencio ligeramente tenso e incómodo. A Jeon Jungkook no le incomodaba el silencio. A mí sí. Me volvía jodidamente loco. Al crecer en una casa grande, con cuatro hermanos, nunca había silencio. Podías esconderte en el baño y aun así no tendrías privacidad.
—Do svidaniya. —Jungkook despidió a Chul con una palabra. ¿O eran dos en ruso?
Con una última mirada hacia mí, Chul se fue. Lo vi desaparecer entre la gente por la pista de baile del centro. En cada esquina de la pista había una pequeña plataforma elevada con una bailarina desnuda que agitaba su cuerpo como si su vida dependiera de ello.
Varias parejas se sentaron en sillones al borde de la pista de baile, observando cómo bailaban mujeres y hombres. Seguí sus miradas y se me salieron los ojos de las órbitas. Una de ellas se levantó el vestido hasta la cintura, mostrando a todos su trasero desnudo.
Me volví hacia Jungkook para ver si también se había dado cuenta, pero en su cara no había ninguna reacción. Su rostro entintado, con ese inusual cabello rubio y aquellos ojos azul pálido, era una máscara inmutable. Al igual que su hermano, Donghae, Jungkook rezumaba esa oscuridad por todos los poros de su cuerpo.
—¿Quién es ese tipo? —le pregunté a Jungkook.
—Nadie bueno.
Asentí levemente, manteniendo nuestra conversación al mínimo. Para mi desgracia, mi sexto sentido me erizó la espalda y sentí cómo la atmosfera se espesó. Un grupo de hombres se acercó al bar, hablando en voz baja y con los ojos fijos en mí. Me sentí como una presa expuesta para ser cazada.
—Sala vip. Ahora. —De acuerdo, tal vez Jungkook no permitiría que se dieran una temporada de caza con mi cuerpo. Su voz era fría, oscura; un tono que me hizo preguntarme cuál era su verdadera historia. Todo lo que sabía era lo que decía su expediente, pero tenía la sensación de que había mucho más.
Aunque no era algo que debiera preocuparme.
Se levantó y me ofreció la mano. La agarré, sin hacer ningún comentario, y pasamos entre todos los hombres, mujeres y donceles boquiabiertos. No se me escapó que había hombres derritiéndose por mi acompañante.
No, no mi acompañante, me corregí rápidamente.
Jungkook me condujo por el corto pasillo y luego a través de la puerta. A nuestra suite vip. La habitación tenía el suelo de mármol negro brillante, tres paredes de terciopelo rojo y una pared hecha de espejos unidireccionales.
En una de las paredes había una cruz de San Andrés. Tragué saliva y miré al hombre estoico que estaba detrás de mí.
—Ni si quiera lo pienses —advertí, con la voz temblorosa.
—Relájate. —Sus respuestas de una sola palabra me estaban volviendo loco Me estaba desmoronando y este tipo... nada. Nada. Cero.
Mi mirada se desvió hacia el resto de la habitación, con la esperanza de calmar mis nervios. Había una silla negra con un marco de madera dorada, frente a la ventana que daba al escenario. Vi cómo se desabrochaba la chaqueta y luego se la quitaba, arrojándola descuidadamente sobre la mesa auxiliar.
Se sentó en la silla, como un rey. Nervioso, me moví de un pie a otro. ¿Dónde debía sentarme? Las luces tenues daban a toda la situación un aire de bow-chick-a-wow-wow.
—Siéntate. —Una orden de una sola palabra, con su voz indiferente y, sin embargo, me produjo escalofríos.
—¿Dónde? —Me ahogué.
No contestó. Probablemente pensó que era estúpido. Este era un club de parejas, según me explicó. Se esperaba cercanía.
Di un paso hacia él. Y otro más. Me di la vuelta, lentamente como si me envolviera una neblina y me senté en su regazo. Con la espalda rígida, mis ojos parpadearon hacia la ventana y se clavaron en una mirada oscura y penetrante. ¡Chul!
—Está mirando —murmuré en voz baja.
—Da. —Maldición, su voz en ruso era más sexy que en inglés.
Dos latidos y sus manos llegaron a mi cintura. Apretó lo justo, tentándome a girarme para verle la cara. Aunque sabía que no encontraría nada allí. Ese hombre era demasiado bueno escondiéndose tras su máscara.
Sus manos se deslizaron por mi cintura y mis muslos. Se me puso la piel de gallina y apreté los dientes para contener un gemido. Jungkook era el hombre más frío que había conocido, un criminal. Entonces, ¿por qué me ardía el cuerpo? Sentía que estaba en llamas, la sensación del cuerpo duro de Jungkook detrás de mí hacía que un dolor palpitara entre mis muslos.
Esto es solo para aparentar, me recordé a mí mismo. Teníamos que dar la impresión de ser una pareja de verdad. Sin embargo, su toque era real, demasiado real. Centré la mirada fuera de la ventana, donde dos hombres y una mujer nos ofrecían un espectáculo en primera fila.
Observé cómo los dos hombres tocaban a la mujer rubia como si sus vidas dependieran de ella, mis ojos fijos en los tres. Tenía la falda ceñida a la cintura y un tirante suelto, dejando al descubierto un pecho. Las manos de los hombres estaban sobre su cuerpo, hambrientas y ásperas. La expresión de su cara era de pura felicidad. La sangre de mis venas ardía como un infierno; mi piel zumbaba con una sensación desconocida. No podía respirar, el aire era demasiado denso, sentía como si estuvieran apretando mis pulmones.
De un solo empujón, uno de los hombres la penetró y el gemido de la mujer vibró a través del cristal. Mi suave jadeo resonó en el oscuro espacio. La electricidad crepitó en la habitación y se me secó la boca mientras la observaba.
Sus palmas se aplastaron contra el cristal. Jesucristo, deberían conseguirse una habitación, no hacerlo al aire libre, pensé. Aunque el propósito del club sexual era hacerlo a la vista de todos. ¡Qué Dios me ayudara a salir de ese lío!
Sus gemidos se volvieron agudos, los oí alto y claro desde mi posición. Uno de los hombres la rodeó con la mano, sus dedos le pellizcaron el pezón y su gemido entrecortado me recorrió. Juraría que también había sentido el pellizco.
Me moví, tratando de ponerme cómodo, sintiendo demasiado calor para mi propio bien. Entonces volví a moverme, mi trasero se rozó ligeramente contra Jungkook y me quedé helado.
Jungkook estaba duro.
Volví la cabeza hacia su rostro. La misma expresión se cruzó con la mía. El corazón me latía con fuerza contra las costillas, respiraba con dificultad y aquel hombre no mostraba nada. Ninguna emoción. Ningún destello de deseo.
Excepto que está duro. El pensamiento atravesó mi cerebro infundido de deseo.
Todos los pensamientos se evaporaron de mi mente, dejándome solo con esa llama de lujuria que lamía mi piel. Me moví sobre su regazo y un destello de hambre depravada brilló en sus ojos. Llamas en su mirada azul pálida que amenazaban con tragarme.
Y entonces perdió el control. Un segundo estaba sentado en su regazo y al siguiente con las palmas de las manos contra la ventana, inclinado y con el pantalón y bóxer en mis tobillos y trasero al aire.
Jungkook
Estaba tan jodidamente duro, que mi polla se tensó contra su culo. En el momento en que se apretó contra mí, no pude contenerme. Mi sangre rugió en mi cerebro y corrió directamente a mi ingle. Perdí el control, maldición.
Lo incliné, con sus manos apoyadas en el cristal, y empujé su pantalón y ropa interior hacia sus tobillos, mostrando su culo a mi vista. Apreté mi cuerpo contra el suyo para que pudiera sentir mi polla contra la suave curva de su trasero.
Apretando los labios contra su frágil cuello, disfruté de su suave piel, del pulso acelerado bajo mi boca. Lamí la piel de su clavícula y llevé mis manos a su culo redondo.
—¿Listo? —pregunté. Un pequeño gemido escapó de su boca, su respiración entrecortada.
Miró por encima de su hombro y nuestros ojos se cruzaron. Esos profundos y cálidos ojos marrones. Del color del chocolate. También olía a chocolate.
—¿Listo, malysh? —Era su última oportunidad de detenerme.
—S-sí. —Su voz era jadeante, tenía los labios rojos y sus ojos empañados de lujuria. No sabía si era por mí o por lo que había visto hacer a aquel trío.
El pequeño agente del FBI de cabello oscuro estaba lleno de sorpresas. No debería llevarlo demasiado lejos. Todo lo que yo tocaba acababa roto y arruinado. Sucio.
Pero si no jugábamos bien, Chul nos delataría y nuestro pase a Ivan se iría al maldito infierno. La forma en que lo miraba me molestó. Envió furia fría por mi espalda y me hizo querer asesinarlo.
Taehyung era mío. Su boca, sin embargo, no lo sería. Yo no besaba. Su culo. Su polla. Todo mío.
Metí la mano y separé sus muslos y deslizando el dedo por su polla. Estaba duro. Tan jodidamente excitado que mis dedos se empaparon en cuestión de segundos.
Que Dios me ayudara, pero era embriagador y enloquecedor al mismo tiempo. No se parecía a nadie que hubiera conocido antes.
Incluso su excitación olía a chocolate, como una droga que inhalas y permanece para siempre en tu organismo. Tanteé su agujero e introduje los dedos profundamente y se apretó alrededor de mis dedos. Su cabeza cayó hacia atrás, sus ojos me miraban por encima del hombro, a través de sus pesados párpados y sus mejillas enrojecidas.
Con la otra mano, le agarré el cabello y tiré hacia atrás, consciente de que otros miembros del club estaban mirando. Pero apenas podían vernos, solo la silueta, porque atenué las luces lo justo para que no pudieran vernos con claridad.
Su agujero seguía apretándose alrededor de mis dedos, deseoso de más mientras los metía y sacaba. Sus gemidos eran cada vez más fuertes y su trasero empujaba contra mí. Entonces, sin previo aviso, retiré los dedos y se los llevé a la boca. Sin que se lo pidiera, sus labios se abrieron y los chupó hasta dejarlos limpios.
¡Jodidamente hermoso!
Aún agarrándolo del cabello con una mano, me desabroché los pantalones y Deslicé mi polla, dura como una roca, contra su entrada caliente, tomándome apenas un segundo antes de hundirme en él de una sola embestida. Estaba tenso, su agujero se cerraba alrededor de mi miembro. Sus gemidos me llegaron al pecho mientras lo follaba con fuerza. Durante las dos últimas semanas, desde que abrió su boca descarada e inteligentemente, esto era todo lo que quería, y era mejor de lo que había imaginado.
Se sentía como en el cielo. Mi paraíso personal al que no tenía derecho, pero que probé de todos modos. Todo mi control se desintegró mientras lo follaba con fuerza y sin descanso. El correspondía a cada una de mis embestidas con un gemido.
Me preocupaba romperlo y me obligué a aflojar, pero su gruñido de advertencia me incitó a seguir.
—¡Más! —Acepté encantado, aceleré el ritmo y lo penetré sin piedad. Sus suaves gemidos se convirtieron en gritos jadeantes y urgentes. Estaba cerca. Lo sentí como si fuera mi propio orgasmo. Le giré la cabeza para verle la cara mientras se estremecía de placer. Por mí.
Sus ojos oscuros se vidriaron de deseo, su boca se entreabrió, y lo follé más rápido y más profundamente hasta que sentí que se derrumbaba, su agujero ordeñándome con todo lo que tenía. Era tan hermoso.
Un escalofrío me recorrió la espalda y eyaculé dentro de su apretado y caliente culo, y el orgasmo más potente de mi vida me atravesó.
Jódeme.
Su cuerpo se hundió en mí, como si buscara que lo reconfortara. Pero el no sabía que yo solamente causaba daño. Nunca reconfortaba.
Usé mi mano para girar su cabeza hacia mí, y por primera vez en mi vida, estuve tentado de besar a alguien. No a alguien; a este doncel.
Debió sentir el mismo impulso, porque sus ojos se detuvieron en mi boca.
Estaba jodido. ¡Tan jodido!









comenzamos fuerte bebé!! aquí vamos vo esta nueva historia😍📖
adelante Malish 💗