Sunny starscout - A lo normal

Summary

humano llego a Maritime bay , y tratara de convivir con Sunny starcout

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Único cap


El sol se hundía lentamente en el horizonte, tiñendo el mar de tonos dorados y rosados. Sentada en un banco de madera al final del muelle de Maritime Bay, Sunny Starscout observaba el punto donde el cielo se fundía con el océano. Su pelaje naranja claro parecía brillar bajo la luz del atardecer, pero su expresión era distante, casi sombría. El viento salado agitaba su melena lila, y ella no hacía nada por apartársela del rostro.

Unos pasos suaves sobre la madera la sacaron de su ensimismamiento. Erick, el humano que había llegado a Equestria hacía dos meses, se acercó con las manos en los bolsillos, sintiendo la brisa húmeda contra su piel.

—Hola, Sunny —saludó con voz cálida.

Ella ni siquiera giró la cabeza.

—Ah, eres tú —respondió con tono plano.

Hubo un breve silencio, solo interrumpido por el romper de las olas. Sunny balanceó una pata trasera contra el suelo, visiblemente incómoda.

—¿Qué quieres, Erick?

Él se detuvo a su lado, observándola con una mezcla de preocupación y esa sonrisa traviesa que ella ya empezaba a reconocer.

—Quería darte un beso —dijo sin rodeos, con tono ligero.

Sunny se tensó al instante. Sus orejas se aplastaron contra su cabeza y giró la mirada hacia él, con los ojos lila entrecerrados por la sorpresa y el desconcierto.

—¿Qué demonios te pasa? —soltó, elevando la voz—. No puedes llegar y decir algo así como si nada. Estamos en público, Erick.

Se levantó del banco, dándole la espalda un segundo antes de encararlo de nuevo. Su expresión era severa, pero el ligero rubor que tiñó sus mejillas delataba que la frase la había afectado más de lo que quería admitir.

Erick sonrió con suavidad, sin apartar la mirada.

—Te he visto varios días con esa cara larga. Preocupas a tus amigos… Pipp especialmente. Solo quería hacerte sonreír.

Sunny soltó una risa seca y se dejó caer de nuevo en el banco.

—¿Ahora también eres mi psicólogo? Qué conveniente —murmuró con ironía. Sin embargo, su voz perdió fuerza al continuar—. Es solo cansancio. Todo el peso de Maritime Bay… siento que depende de mí estar bien, de ser la pony que todos esperan. A veces prefiero estar sola.

Erick se sentó a su lado, respetando su espacio, pero sin alejarse demasiado.

—Entiendo —dijo con sinceridad—. Pero no tienes que cargar con todo tú sola.

Sunny lo miró de reojo, escéptica.

—¿Y tú qué sabes?

—Sé que tienes las hormonas un poco alborotadas —respondió él con una media sonrisa juguetona.

Sunny arqueó una ceja y se puso de pie bruscamente, acortando la distancia entre ambos. El rubor en sus mejillas se intensificó.

—¿Perdón? ¿A qué te refieres exactamente con eso?

Su voz sonó cortante, pero había una grieta en su armadura. Erick no retrocedió. En cambio, la miró con ternura y un toque de picardía.

—Solo digo que te veo tensa… y que tal vez un poco de cariño te vendría bien.

—Ni se te ocurra irle con el cuento a Pipp —advirtió ella, dando un paso más cerca, bloqueándole el camino—. No le digas nada.

Erick levantó las manos en señal de rendición, pero no pudo evitar sonreír.

—Tranquila, no le diré nada. —Se apartó unos pasos, como si fuera a marcharse, pero solo dio unos metros antes de regresar con sigilo.

Sunny había vuelto a sentarse, encorvada y con la mirada perdida en el mar. De pronto escuchó su voz muy cerca otra vez.

—En serio… ¿no quieres que te dé un beso?

Ella dio un respingo y se giró con indignación.

—¡¿Pero tú no tienes vergüenza?! ¡Eres un pesado insoportable, Erick!

A pesar de sus palabras, no se alejó. Erick se acercó un poco más, bajando la voz.

—No oí un “no” claro como respuesta.

Sunny se quedó congelada, con el corazón latiéndole con fuerza. El rubor cubrió sus mejillas y orejas por completo.

—Estás loco… —susurró, aunque su voz temblaba.

—¿Segura? —preguntó él, acercándose aún más hasta que el espacio entre ellos era mínimo—. Quizás un poco de cariño te haga sentir mejor.

Sunny retrocedió hasta chocar contra el respaldo del banco. Su respiración se volvió rápida y superficial. Cuando Erick levantó una mano con delicadeza y sujetó suavemente su mandíbula, guiándola hacia él, ella soltó un pequeño jadeo.

—Erick… —murmuró, con los ojos muy abiertos.

Él se inclinó hasta que sus labios estuvieron a un susurro de los de ella.

—Es simple… solo un besito en estos labios —susurró contra su oreja, haciendo que un escalofrío recorriera todo el cuerpo de Sunny.

Ella cerró los ojos con fuerza, temblando. El calor que subía por su vientre era nuevo, intenso y desconcertante. Sus cascos se aferraron al borde del banco.

—Eres un idiota… —susurró sin convicción.

Erick sonrió y rozó suavemente su mejilla con los dedos, acariciando el pelaje suave.

—¿Sientes mejor? —preguntó con voz baja y cariñosa.

Sunny soltó un gemido suave, casi inaudible, y dejó caer la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello. Su cuerpo se relajó contra el banco.

—Sí… —admitió en un hilo de voz—. Sigue… por favor.

Después de un momento de dulce tensión, Erick acortó la distancia restante y le dio un beso tierno en los labios. Fue suave, cálido y lento, lleno de esa curiosidad y cariño que había estado creciendo entre ellos. Sunny se tensó al principio, pero luego se rindió al contacto, respondiendo con timidez.

Cuando se separaron, ella tenía los ojos brillantes y una sonrisa pequeña y avergonzada asomando en sus labios.

—Idiota… —repitió, esta vez con ternura.

Erick acarició su melena lila con delicadeza y apoyó su frente contra la de ella.

—No tienes que cargar con todo sola —susurró—. Estoy aquí. Y si necesitas que te recuerde que eres maravillosa… puedo hacerlo todos los días.

Sunny soltó una risita suave, casi tímida, y apoyó su cabeza contra el pecho de él, cerrando los ojos mientras el sol terminaba de esconderse en el horizonte. El viento marino los envolvió como una manta, y por primera vez en muchos días, la pesada carga sobre sus hombros se sintió un poco más ligera.

En ese momento, bajo el cielo teñido de violeta, solo estaban ellos dos: una pony soñadora y un humano que había llegado a su mundo para recordarle que también merecía ser cuidada.

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