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The Kiss I didn't Give You

Summary

La historia que la humanidad conoce es errónea, una fábula que Dios creó para proteger y esconder el dolor de su amado hijo Adam, aquel que se enamoró de Luzbel; aquel ángel que decidió caer ante los encantos de Lilith. Una historia que jamás tendrá un final feliz, porque Adam se casará con Alastor, aquel demonio redimido que se convirtió en la felicidad de quien traicionó y destruyó. 🏮 Este fanfic se actualiza cada Lunes y Jueves.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

A life of suffering

Cuando los tiempos del Edén fueron dichosos, Lilith estaba lista para unirse con Adam, el hombre hecho para ella, ambos creados para ser felices y ser padres de la humanidad. Sin embargo, aun con su belleza innata y divina, aun cuando las flores que adornaban su cabello la hacían parecer un ángel, él jamás la tocó.

El poco tiempo de diferencia con la que fueron creados fue suficiente para que Adam se enamorara de un serafín, Luzbel, ese encantador ángel soñador que los visitaba y alegraba sus días.

Lilith, se derrumbó en llanto cuando Adam le dijo que no podía verla como su esposa, pero sí como su amiga, como su confidente y su igual. Se corrompió cuando su propio creador aceptó la petición de Adam de permitirles crear hijos como él, los había creado a ellos.

Sus ojos crispaban en ira, cada que veía a ese par sonriente y planeando una vida juntos. Su divino padre incluso le propuso crear a otro hombre para ella, pero se sintió ofendida. La primera mujer pecó de orgullosa y rencorosa.

Lo que convirtió su esperanza y amor, en mero rencor, fue cuando escuchó a Adam y Luzbel negociar sobre los nombres que tendrían sus hijos. Adam apreciaba a ese ángel, como debería hacerlo con ella. Adornaba su cabello rubio con flores, mientras el ángel se sonrojaba y reía por lo bajo.

Luzbel, disfrutaba todo lo que debería ser para ella, los halagos, los mimos, las sonrisas, los besos y el amor de Adam. Cegada por la ira, fingió aceptar la situación, volviéndose cercana a ese ingenuo ángel, quien más temprano que tarde, cayó en sus encantos.

Luzbel, intentó por todos los medios serle fiel a Adam, aquel que lo miraba como Dios miraba su creación y sus pequeños. El hombre de ojos dorados, lo amaba con todo lo que su existencia podía dar y aun así, se sintió confundido y hechizado por los encantos de Lilith.

Una tarde, la mujer se veía aún más hermosa de lo que ya era, cayó hipnotizado por su dulce voz, por sus ojos pícaros e inocentes a la vez, por su presencia casi divina. Gracias a ella, Adam lo notaba distante, no era él mismo y aunque el hombre quiso saber qué le pasaba, Luzbel era arisco con él.

Todo por los encantos de una mujer, esa hermosa mujer que lo besó y lo hizo delirar, lo hizo cometer pecado, lo hizo traicionar a su amado, quien prometió quedar casto hasta que ambos lograran casarse en el cielo.

Dios, le enseñaba a Adam a crear vida a través del barro, cuando ambos notaron que algo estaba mal, los animales enloquecieron y conducían al amoroso hombre entre las hierbas del Edén solo para encontrarse con la traición que derrumbó su mundo, que lo hizo romper en llanto y gritar con todo lo que daban sus pulmones.

Aquel ingrato ángel no pudo justificarse o tan siquiera pedir perdón, Adam había sido traicionado por las dos personas que más amaba. Su padre divino envió serafines a la tierra y él fue conducido ante la presencia de su creador.

Aquel que lo miró con dulzura y en completo silencio, consoló a su destruido hijo, quien consternó a los ángeles por sus gritos tan desgarradores. Lucifer, por su parte, fue expulsado del cielo y Lilith se victimizó a sus ojos, así que ambos fueron desterrados.

Adam se había visto destruido a tal magnitud que le pidió a su padre, destruirlo y crear un ser más fuerte que él, todo con tal de olvidar el dolor que sufría al tener la imagen de su traición en la mente.

Eva vino luego, como un regalo divino para él, la mujer pudo curar su corazón a pequeños pasos, aquella que se ganó su amor, aquella que provocó que Adam le implorara a los ángeles y a su divino padre, olvidarse del amor por ese traicionero ángel. Una petición que fue cumplida.

Eva fue entonces su esposa, su amada, la madre de sus hijos, la mujer a la que le entregó todo el amor que podía dar y que, alguna vez, estuvo destinado a alguien más. Ambos vivián enamorados, felices en su mundo perfecto, anhelando la llegada de sus primeros hijos. Sin embargo, Lucifer logró colarse al Edén, quería disculparse con su amado, intentar reconstruir las cosas, aunque solo encontró que él ya lo había olvidado.

Una noche, ese atractivo hombre, miraba las estrellas y él se presentó corriendo a sus brazos protectores mientras repetía que lo sentía, que lo perdonara, que aún podían cumplir todos los planes que tenían juntos.

Algo irónico, considerando que sus sentimientos por Lilith habían crecido un poco más en ese tiempo.

— ¿Quién eres?, ¿mi padre ya se enteró de las buenas noticias?

El ángel se quedó petrificado ante sus palabras, no lograba entender por qué Adam lo trataba de esa manera. La sonrisa preciosa y perfecta del hombre aparecieron por unos segundos antes de mencionar las palabras que destruyeron su mundo.

—Eva y yo estamos agradecidos por la bendición que nos regaló. No puedo ser más feliz.

Lucifer entonces supo de qué se trataba, lo supo en solo unos segundos y aun cuando besó a Adam con desesperación repitiéndole, que sus planes de tener a su pequeña Charlie, aún podían seguir, el hombre pareció horrorizarse por sus actos y palabras. Su cabeza liberó nuevamente su dolor y decepción por lo acontecido.

Esos ojos dorados se llenaron de lágrimas y cuando el ángel quiso acercarse nuevamente, el hombre lo maldijo y le exigió distancia. Convocó a su padre y Eva apareció debido a sus gritos, el ángel cegado por la ira, intentó por todos los medios lastimar a la mujer que, aseguraba, se había robado a su amado.

Ella no lo lastimó y nunca le dedicó alguna mirada mala, pero su enojo era demasiado y solo pudo volver a ser el mismo cuando Adam le propinó un golpe y todo para proteger a su amada chica de pelo negro.

Lucifer se negaba a creer que lo había perdido, se negó a creer que Adam no estaría ahí para él. Adam protegió a Eva, entonces Lucifer hizo un acto egoísta, mordió el fruto prohibido; ellos también serían condenados por su vil acto, pero no de la manera que pensó.

Dios lo expulsó junto a Lilith a la oscuridad del infierno, negándole poder volver a la tierra. Adam y Eva se retiraron del paraíso del Edén, debido a que temían por el pequeño que crecía en el vientre de la amorosa mujer. Aun cuando debían pagar por el pecado del otro, prefieren eso a seguir al alcance del ángel caído.

Eones después, Adam seguía igual de enamorado que su amada Eva, pero entonces Lilith nuevamente apareció y al ver que Adam pudo amar a otra mujer, pero no a ella, desató su ira demoniaca contra la preciosa mujer. Esa mujer que era la luz de luna de Adam, su amada esposa, el aire que respiraba.

Eva fue asesinada ante sus propios ojos, con tal poder que su alma volvió a ser uno con su amado padre, Adam, entonces, luchó contra la demonio, aun cuando sus ojos se llenaron de lágrimas. Ese Demonio le quitó nuevamente, el amor de su vida, la atacó sin piedad hasta dejarla tan lastimada que no pudo defenderse más, solo entonces Adam hizo lo que juraba, jamás haría, matar a esa mujer.

El cuerpo de su amada, Eva, fue llevado al cielo, los gritos de Adam hicieron eco por todo el cielo, la amada mujer, la madre de la humanidad, muerta a manos de un demonio. Adam intentó por todos los medios pedirle a su padre que le devolviera a su Eva; que su amada ángel no lo abandonara.

—Mi amada Eva, por favor, cariño despierta. Esposa mía, por favor, abre los ojos —las lágrimas llegaban a confundirse con su saliva —Por favor levántate, ¡por Dios, Eva despierta!

Fueron los gritos que desgarraron su garganta y la presencia divina de su amada convertida en estrellas, lo que destruyó su corazón nuevamente. Cuando Lucifer fue a negociar la exterminación, pudo ver que Adam se escondía detrás de una fachada de arrogancia y desinterés.

Lo miraba con rencor, podía sentir como cada insulto se clavaba en su corazón, la pérdida de Eva, había llevado a Adam a buscar destruirse, siendo detenido solo por los ángeles. Lucifer aún albergaba sentimientos y promesas que se habían hecho al estar enamorados, pero Adam solo lo veía como el ser que le quitó todo. Aquel que intentó destruir a sus hijos y la humanidad entera por algo que el mismo había provocado por sus propias manos.

.

.

Cuando vio a Charlie, supo que algo iba a cambiar, algo había cambiado el habitual juego. Verla lo lastimaba, porque llevaba el nombre que tanto había deseado ponerle a su primera hija; ella era el resultado de una traición que llenó su vida de desgracias.

La hija de quien asesinó a su amada y le quitó a quien entonces, juraba, sería su único amor.

No quiso escuchar palabra alguna, no caería en mentiras de redención y palabras vacías, las mismas que Lucifer solía usar con él.

Cuando atacó el hotel se vio contraatacado por una muralla de magia que destruyó fácilmente, luego peleó contra un ser diferente a cualquier otro demonio y pecador, no solo porque era algo arrogante, sino porque pudo sentir a través de su magia, el dolor y desesperación que albergaba su existencia.

Él había nacido para ser como un cervatillo, hermoso, delicado, un ser concebido bajo la idea de lograr grandes cosas, pero que cayó en las manos de un ser asqueroso como lo era su padre.

Mientras luchaban, pudo sentir el dolor que experimentó en vida a manos de su padre alcohólico, quien destruyó su poca fe en el cielo cuando su madre estuvo a punto de morir por los golpes propinados.

Pudo sentir la desesperación que sintió al morir a manos de su padre, mientras era su madre, quien gritaba horrorizada por el acto, pudo sentir la desesperación que siente al no saber si su madre fue al cielo o al infierno.

Sentimientos que ablandaron a Adam y lo hicieron replantear tantas cosas, gracias a todo lo que sabía, sentía que lo conocía de toda la vida, una conexión y necesidad de apaciguar su ira y desesperación surgieron como un remolino no anunciado.

Lo derrotó y lastimó, lo suficiente como para que solo pudiera alejarse de la batalla para no morir. Luchó contra Lucifer, quien pareció sentir algo de emoción al sentirlo tan cerca de él y de no ser por uno de sus ángeles, Niffty lo hubiera matado.

Adam entonces decidió retirarse, no sin antes encontrar al malherido Alastor quien había perdido la consciencia por lo herido que estaba, el hedor a sangre era más fuerte, pero incentivaba la necesidad del castaño por ayudarlo.

Lo llevó al cielo y pese a que Sera quiso impedir su paso al cielo, su padre decidió escuchar sus razones primero. Lute le decía que no debía hacer eso, que sería darle la razón a la blasfema hija de sus enemigos, pero la poca esperanza que brillaba en los ojos del comandante, fue suficiente para que la teniente callara sus objeciones.

Adam entonces se presentó ante su padre, con el demonio en brazos, un alma que había nacido como un milagro, pero que, su propio padre, despreció. Dios quiso objetar, quiso marcar un límite, pero notó como su hijo volvía a sonreír y preocuparse por alguien, tan genuinamente como cuando Eva estaba viva.

Entonces Dios, decidió aceptar su silenciosa petición, tomó el cuerpo del demonio y rompió la cadena que condenaba su alma al infierno, limpió la maldad y los pecados de su ser, su forma física se volvió una masa brillante y Dios hizo lo mismo que con Adam, lo volvió a crear.

El amado hijo de Dios, se sentó, atento a lo que su padre alguna vez intentó enseñarle, el pequeño Adam era como un niño que espera que mamá arregle su peluche favorito. El ser divino creó nuevamente a esa alma, la maldad se fue esfumando como el humo de un cigarro.

Cuando su pequeña creación fue culminada, solo le susurró: Ve y sé feliz, estás a salvo, hijo mío.

Entonces, entre las hermosas manos de Dios, la luz divina iluminó el templo entero, Adam recibió entre sus brazos un bulto en forma de huevo, resguardado entre brillantes alas blancas. Ese sentimiento agradable que invadió su cuerpo al conocer a Eva, volvió a recorrerlo, cuando tuvo entre sus brazos a ese redimido demonio.

El padre de la humanidad, Adam, salió del templo principal del cielo, sonriente, con sus alas doradas moviéndose divinamente. Con una sonrisa deslumbrante y con una energía burbujeante que hacía a todos sentirse plenos.

Adam entonces se dirigió a sus aposentos, su enorme hogar, aquel que no volvió a hacer eco de una risa genuina desde la muerte de Eva. Adam lleva a ese ángel renacido a una de las habitaciones principales.

Lo acomoda con delicadeza, entre las pulcras sábanas e intenta que el huevo, no caiga. Aunque su padre había limpiado sus pecados y su maldad, era su decisión dejar de lado su rencor y renacer como un ángel redimido, digno de la gracia divina o volver a su vida antigua.

Adam sonreía de manera genuina y de manera natural, besó las alas blancas, mientras pedía en completo silencio que decidiera renacer.

Los meses pasaron, Adam solía platicar con ese huevo con cascarón de alas, Lute incluso le había tomado cariño y lo cuidaba cuando Adam caía dormido, quien por su parte había iniciado una reciente búsqueda.

A través de su magia había entendido cuán importante era la madre de Alastor, el cómo sufrió por dejarla sola, así que decidió, activamente, iniciar una búsqueda en el enorme cielo, todos sus ángeles iban en busca de la mujer, la adoración del hombre.

El hijo predilecto de Dios, realizó cientos de retratos de aquel redimido y las colgó justo al lado de los retratos de Eva, Se tomó fotografías, registrando el tiempo que le tomaba a la consciencia de Alastor tomar una decisión.

Cuando la fecha de una nueva purga se acercaba, Lute anunciaba que la madre de Alastor había aparecido, una mujer de piel morena, hermosa y angelical, gran admiradora de Adam, el gran protector del cielo.

El hombre entonces le preguntó sobre su hijo, los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas, culpándose de no ser lo suficientemente fuerte para protegerlo y avergonzó al padre de la humanidad cuando se arrodilló y besó su túnica en agradecimiento de salvar a su hijo de la condena del infierno.

Adam disfrutaba la compañía de la mujer, que le dijo que, seguramente, su hijo le guardaría un poco de rencor y deseaba que mientras ella se preparaba mentalmente, él pudiera cuidarlo. Le enseñó su famosa Jambalaya, le enseñó algunas manías de su hijo y algunos secretos que compartían.

Lute pudo darse cuenta de que Adam había creado un apego unilateral hacia Alastor, quien aún no tenía un futuro definido, intentó advertirle, pero la sonrisa genuina y felicidad que volvía a mostrar el castaño, la hicieron desistir nuevamente.

Adam incluso había logrado volver a su figura original, gracias a que tenía “charlas” descaradas con el huevo, lo que lo llevó a seguir clases de pilates y yoga. Dejó de lado su máscara de arrogancia y volvió a ser ese alegre hombre, aquel que antes solía caminar de la mano de su esposa.

Una semana antes de la purga en el infierno, el cascarón comenzó a moverse y quebrarse, Adam había hecho costumbre el dormirse en el mismo nido que el huevo, por lo que estaba ahí cuando sucedió.

Una noche de verano, cuando las estrellas brillaban con absoluta gracia, el cascarón comenzó a romperse en pequeños pedacitos que se desvanecían como polvo de estrellas cuando tocaban las sábanas.

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