Carretera maldita
.Caminaba por una carretera solitaria, rodeada por la inmensidad de un bosque denso y oscuro que parecía no tener fin. Era ese tipo de lugar donde juras que estás a salvo con tus propios pensamientos, donde el silencio te envuelve por completo. De pronto, me desvié un poco, merodeando por la zona, buscando algo que ni yo misma sabía qué era.
Fue entonces cuando el horror cobró forma. Detrás de un camper abandonado a la orilla del camino, apareció él: Myers. El pánico me congeló la sangre. Asustada, busqué con la mirada a Fabi y a Edson, esperando encontrar refugio en ellos, pero al voltear, el terror se multiplicó. Sus rostros ya no eran los mismos; estaban cubiertos con esas caras disfrazadas de maleantes, frías y amenazantes.
—Por favor, no jueguen... —les supliqué, con un hilo de voz.
Pero la mirada de ellos me dio la respuesta más amarga: no estaban jugando. El impacto fue tan fuerte que mi mente se apagó y me desmayé.
Al despertar, la pesadilla pareció disolverse. No había pasado nada. Me encontraba sola en medio de la nada, con el silencio del bosque como único testigo. Me levanté, agarré mi mochila —sin siquiera recordar en qué momento la había traído conmigo— y comencé a caminar. A los pocos metros, el panorama cambió; me encontré con personas normales que paseaban tranquilamente a sus perros. Dejé salir el aire acumulado en el pecho. Todo parecía normal, me dije a mí misma que lo peor ya había pasado y que estaba sola en mi camino.
Sin embargo, algo dentro de mí me obligó a mirar atrás. Volteé para ver si me estaban observando. Y ahí estaban. Aquellas personas aparentemente normales se habían detenido en seco, estáticas, esperando pacientemente el momento exacto en el que yo regresara la mirada. Sus ojos eran dos focos rojos, brillantes y malévolos, clavados directamente en mí.
El miedo me dio la última lección. Me obligué a dar la vuelta hacia el frente, clavé la mirada en el camino y decidí no pensar en nada. En cuanto mi mente se negó a alimentarlos con el pensamiento, una neblina espesa y blanca lo cubrió todo, borrando el mundo a mi alrededor.