1. Un encuentro inesperado
Un nuevo curso empezó en Sunnysand, el último de la carrera para Raven, así como para mayoría de sus amigos en la facultad. Casi todo eran caras conocidas, aunque también echaba en falta a algunos de sus compañeros: algún estudiante se había tomado el año sabático, algún otro se estaba dedicando a estudiar aquel año las asignaturas pendientes de otros años, y alguno más se encontraba de estancia de intercambio.
Ethan era una de las novedades. Decía haber estudiado en Oregon los primeros años, decidiendo mudarse a Silverbridge simplemente por amor.
—Si hubiera seguido allí, solo me faltaría una asignatura para graduarme, pero… —decía él mientras mascaba chicle de sabor menta
—Eso te honra —le decía Raven—, no todo el mundo tiene el valor suficiente como para dar ese paso.
—¿Y tú? ¿Tienes novio? —le preguntaba él mientras salían de clase.
—Sí, de hecho, es ese de allí —decía ella, señalando a Alistair con su carpeta—. Hoy ha venido a recogerme.
—¿Alistair? ¿No será Alistair Sterling Nightshade?
—Sí, ¿cómo lo has sabido?
—Su cara sale en los periódicos. Ha ganado un premio al mejor empresario del año, ¿no?
—Puede… Bueno, te veo mañana —le dijo Raven a Ethan inquieta por el curso que estaba tomando la conversación, esperando que su interlocutor se olvidara lo antes posible del tema de la misma y la considerara así una más en Silverbridge.
Pero al día siguiente, Ethan no se había olvidado de Alistair, y en el momento en que vio aparecer en el aula a Raven se sentó junto a ella, y le dijo:
—Con que Alistair Sterling Nightshade…
—Sí…, ¿qué pasa?
—Nada, nada, pero no negarás que es un partidazo.
—Eso no tiene nada que ver con nuestra relación. Nos queremos. Eso es todo.
—Ya…, y dime, ¿qué tiene en ese termo que siempre lleva consigo? —le dijo él con una sonrisa.
—¿Qué? —Raven se sobresaltó por un momento, hasta que se dio cuenta de que la pregunta podía ser más inocente de lo que a primera vista le había parecido— ¿Por qué?
—Porque algo especial tendrá que llevar. Si quisiera café, no tendría que llevarlo consigo. Lo venden en todas las cafeterías…
—Sí, es una bebida que le encanta… No la venden en cafeterías… Juega en otra liga, ya sabes.
—¿Qué bebida? —insistía él.
—Té de hierbabuena —concluyó Raven justo cuando entró la profesa en el aula, diciéndole lo primero que se le ocurrió a Ethan, asumiendo entonces que tendría una tregua en la que ya se estaba convirtiendo en una tensa conversación.
Eve Cleverland, la profesora de Arqueología Subacuática, encendió su portátil y comenzó a explicar:
—Entendedlo bien, chicos: un pecio no es un montón de maderas podridas y azulejos rotos en el fondo del mar. Es una cápsula del tiempo hermética. Cuando un barco se hunde, la historia se congela en un segundo exacto. La vajilla de la tripulación, el cargamento de ánforas, las monedas olvidadas en el camarote..., todo se queda justo donde estaba hace siglos. Mientras que, en la superficie, las ciudades se destruyen y se reconstruyen una y otra vez, ahí abajo, bajo metros de arena y agua, el pasado se mantiene intacto, esperando a que bajemos a leerlo. Supongo que todos estaréis pensando en el Titanic, pero tenéis que acostumbraros a ir mucho más allá. En la actualidad hay más de tres millones de barcos hundidos en todo el mundo, acumulados desde el siglo XX antes de Cristo, hasta nuestros días —Raven no pudo emitir un «guau» en voz baja por su sorpresa.
Aquel día, Alistair iba a recoger de nuevo a Raven a la salida de las clases, pero esta había quedado antes con Skylar para que esta pudiera devolverle unos pendientes que le había prestado a su amiga, para que pudiera lucirlos en una cita, pues Skylar había roto con Hunter y estaba desesperada buscando un buen novio, buscando y aceptando citas. Mientras tanto, Alistair esperaba apoyado en uno de los poyetes de la entrada de Sunnysand. Iba a beber del termo cuando Ethan se cruzó con él chocando con su brazo.
—¿Pero qué haces? —le increpó Alistair, moviendo hábilmente el recipiente para evitar que el líquido se derramase escandalosamente.
—Lo siento… He debido tropezarme. ¿Estás bien? —le dijo Ethan tocándole el brazo.
—Claro que estoy bien. Suéltame.
Alistair vio a lo lejos a Raven, y sin más preámbulos se dirigió a ella, abrazándola al llegar a su posición.
—¿Qué hacías hablando con Ethan? —le dijo ella extrañada.
—¿Ethan? ¿Quién? ¿Ese?
—Sí.
—¿Quién es?
—Es nuevo, va a mi clase.
—Realmente no estábamos hablando. Se tropezó conmigo. Es un poco torpe…, un patoso. Venga, vamos —dijo finalmente Alistair, dirigiendo a Raven hacia el coche.








